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DIBUJO DE LA CASA DEL CORDÓN. -Por Modesto Herrera-

2013-05-14

-Expresamente enviado a Burgospedia por José García Velázquez-
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BURGOS INÉDITO: LOS AUSTRIAS VAN DE BODA. Por Francisco Blanco

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El 7 de noviembre de 1659, el cardenal Mazarino por parte de Francia y el conde de Haro por parte de España, firmaban, en la diminuta isla de los Faisanes, el acuerdo conocido como “Paz de los Pirineos”, que ponía fin a la “Guerra de los Treinta Años” entre ambos países.

En dicho tratado se estipulaba también el matrimonio del monarca francés, Luís XIV, con su prima carnal, la infanta Mª Teresa de Austria (el rey francés era hijo de Luis XIII y Ana de Austria, hermana del rey español). La novia aportaba a la boda la generosa dote de 500.000 escudos de oro, como compensación a la renuncia, por parte de ella y de su futuro esposo, a sus derechos a la corona española. Dicha dote nunca llegó a ser hecha efectiva por la casa real española, razón por la cual, al morir sin herederos Carlos II de Austria, Luís XIV defendió y apoyó los derechos de su nieto, Felipe de Anjou, quien, tras siete años de guerra civil, se sentó en el trono español con el nombre de Felipe V, instaurando en nuestro país la dinastía borbónica.

Pero lo que se trata de referir a continuación es la larga, suntuosa y variopinta caravana que, desde la corte madrileña, se puso en marcha para acudir a la citada boda, que al igual que el tratado, se iba a celebrar en la isla de los Faisanes:

Esta pequeña isla, más bien islote, de apenas siete mil metros cuadrados de extensión, se encuentra muy cerca de la desembocadura del río Bidasoa, que marca con sus orillas la frontera entre España y Francia; actualmente es el más pequeño condominio del mundo, que se reparten los dos países cada seis meses. Históricamente se ha hecho famosa por las numerosas reuniones y tratados, de carácter político o militar, que en  ella se han celebrado a lo largo de varios siglos.

La real expedición que nos ocupa partió de Madrid el 15 de abril de 1660 y llegó a su destino el 26 de junio, nada menos que  tras 72 días de largo viaje.

El inmenso convoy, que transportaba a la familia real y la mayor parte de la Corte, con sus enseres y criados, caminaba lentamente, a un promedio de diez kilómetros por jornada y cuando se ponía en movimiento ocupaba una longitud de unos 32 kilómetros. Estaba integrado por 18 literas, 70 coches, 2100 acémilas, 72 caballos, 500 mulas de carga, 900 mulas de silla y 32 galeras; solamente para el ajuar de la novia, consistente en doce cofres de terciopelo y plata y veinte de marroquín, eran necesarias cuarenta mulas.

Dada la general escasez, que se había extendido por casi todos los esquilmados rincones del reino, esta caravana, en la que el lujo y la ostentación eran la nota dominante, necesitaba acarrear todo lo necesario para que la vida de los viajeros fuera lo más cómoda y agradable posible, desde los víveres para alimentarse, las camas con dosel para dormir y el agua para lavarse y para mitigar la sed  que provocaba el polvo de los caminos.

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Por los intransitables caminos de Castilla, que ponían en peligro a cada paso la seguridad de los vehículos y la integridad de los viajeros, aparecían de vez en cuando famélicos campesinos, que se quedaban boquiabiertos ante tan inusitado y nunca visto espectáculo, pero que no dejaban de admirar y aplaudir a sus señores, aquéllos, precisamente, que les esquilmaban.

Cuentan los cronistas que, durante el viaje, el rostro del soberano aparecía taciturno, como si las desdichas de su desdichado pueblo, que aparecían ante sus ojos cada dos por tres, le pesaran como propias.

A pesar de eso, tal vez para elevar el decaído ánimo del monarca, todo el trayecto estuvo jalonado de grandes festejos y celebraciones. Sin ir más lejos, en Alcalá, donde pernoctaron la primera jornada, se celebró una gran corrida de toros nocturna, otra de las grandes aficiones de Felipe IV, el Grande, o el “Rey Planeta”, como también se le conocía.

El 23 de abril llegaron a la ciudad ducal de Lerma, que había sido la Corte de recreo de su padre Felipe III, donde también hubo toros en honor de los reyes. En Burgos, donde entraron la tarde del 24, permanecieron seis días durante los que, a pesar de la persistente lluvia que acompañó a la real comitiva, se celebraron animadas cabalgatas y carreras de caballos, alegres comedias, grandes banquetes y, por las noches, espectaculares luminarias y fuegos artificiales. Cabe hacer especial reseña de la corrida de toros celebrada el jueves 29, en la Plaza Mayor de la ciudad; durante la lidia se desplomó una pared de contención, que causó la muerte a cuatro espectadores, además de numerosos heridos.

A pesar de este desgraciado accidente, puede decirse que la ciudad de Burgos se volcó en honrar y festejar a la familia real y su corte.

El viernes 30 de abril la alegre caravana se pone de nuevo en movimiento, esta vez en dirección a Briviesca, donde fueron acogidos por la ilustre familia de los Velasco; durante los tres días siguientes, antes de atravesar el angosto desfiladero de Pancorbo y adentrarse en el país vasco, no cesaron los festejos en honor de los ilustres viajeros, consistentes en banquetes, corridas de toros y fuegos artificiales, principalmente ofrecidos por los ayuntamientos y los personajes principales de la burgalesa comarca de La Bureba.

El 3 de mayo llegaron a Vitoria, donde continuaron los festejos, recibiendo la novia una fuente de plata con 2.500 doblones de oro, espléndido regalo de la condesa de Escalante, amiga de la familia real, que acudió a rendirles pleitesía, acompañada por un numeroso séquito de eclesiásticos y gentileshombres.

El 11 de mayo llegaba la comitiva a San Sebastián, donde iban a tener lugar algunas de las ceremonias protocolarias previas al casamiento. No decayeron los festejos, sino que más bien fueron “in crescendo”. El día 14, por ejemplo, en el cercano puerto de Pasajes se organizó una singular fiesta marinera. La real comitiva fue recibida con las salvas de 200 cañones y las descargas de más de 2.000 mosquetes. El cronista Alelda nos la describe así: “El aspecto de las vecinas montañas, cubiertas de espesuras; los lugares de los lados, llenos de bulliciosa soldadesca; los tiros disparados desde las naves y del castillo del muelle; el contorno de la ensenada, adornado de agradable variedad; los ecos de la música, confundidos con las repetidas y estruendosas salvas; el mar, poblado de inquietos bateles; la diferencia de color de los bien ataviados remeros y de las remeras, graciosas y varoniles, que contendían con ardor por ganar el barlovento y vencer en la velocidad, todo formaba un peregrino y grandioso espectáculo”.

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El día 3 de junio, en una sencilla parroquia de San Sebastián, engalanada para la ocasión, merced a “los riquísimos tapices y adornos, reclamados para el mayor casamiento que se haya visto nunca en el mundo, Sus Majestades aparecieron allí, así como la Corte, en medio de una magnificencia deslumbradora”,  se celebró la ceremonia española del matrimonio real, oficiada por el obispo de Pamplona. El historiador M. Hume nos sigue comentando su desarrollo:…”La iglesia rebosaba de princesas, príncipes y nobles franceses, que, bajo un disfraz, se habían mezclado a los españoles. La misa pontificia, con sus ritos imponentes y su ceremonial grandioso, impresionó tanto el oído como la vista de aquella magnífica asamblea y San Sebastián alcanzó aquel día el apogeo de su gloria…..Mientras resonaban en la iglesia los acentos del Te Deum, en el exterior las salvas de artillería de los cañones gruesos de la fortaleza, que no lejos del santuario dominaba la costa brava del mar, llevaban a los dos reinos el anuncio de la feliz noticia: había ya una segunda princesa española reina de Francia”.

Finalizados los desposorios españoles, D. Luís de Haro, primer ministro español, que había actuado como representante de Luís XIV, en honor de la ya oficialmente reina consorte de Francia,  ofreció un gran banquete a los magnates de ambos países que habían asistido a la ceremonia.

Finalizado el ágape, la comitiva real española recorrió la penúltima etapa de su viaje hasta Fuenterrabía, instalándose en el Palacio-Fortaleza de Carlos V, que tantos embates franceses tuvo que resistir antes de firmarse la “Paz de los Pirineos”.

Finalmente, el día 6 de junio, en la isla de los Faisanes, se efectuó la entrega oficial de la infanta española, Mª Teresa de Austria, al rey de Francia, Luís XIV.

A una señal convenida, ambos monarcas, seguidos de sus respectivos séquitos, partieron hacia la isla, el español desde Fuenterrabía y el francés desde San Juan de Luz. Las dos orillas del Bidasoa  estaban ocupadas por varios regimientos de soldados, vigilantes de que la operación se realizase con éxito. Una muchedumbre de curiosos, apostados en las dos orillas y por los montes cercanos, intentaban, expectantes, contemplar el espectáculo que los dos regios cortejos ofrecían.

También en la sala de conferencias, preparada para el caso, a otra señal convenida, hicieron su simultánea aparición los dos monarcas. Luís XIV hizo ademán de arrodillarse ante su tío, pero Felipe IV no lo consintió, levantándole y fundiéndose en un abrazo. Con aquel abrazo, el monarca español se despedía para siempre de sus posesiones en el Rosellón y la Provenza francesas. 

El día 8, después de una breve pero tierna despedida entre ambas familias, Luís XIV y su nueva esposa se dirigieron a París y Felipe IV y su cortejo emprendieron el regreso a Madrid.

El viaje de regreso a la Corte, tal vez por haberse aligerado el equipaje, resultó mucho más rápido que el de ida. Prácticamente no se efectuaron paradas reseñables hasta llegar a Valladolid, patria chica del rey. Esto ocurría el 18 de Junio, permaneciendo en la antigua Corte hasta el 22. Durante estos días los vallisoletanos no cesaron de agasajar y festejar a su paisano el rey Felipe. Sabedores de su afición por la lidia de toros bravos, le organizaron una muy especial, que consistió en empujar las reses por una rampa, hasta hacerlas caer al Pisuerga, perseguirlas dentro del agua, acosándolas desde barcas con lanzas y rejones, hasta hacerlas volver a tierra, donde eran abatidas una a una por lidiadores de a pie y a caballo.

Por fin, el 26 de junio, después de una visita al Escorial, cumplidos 73 días desde su salida, Felipe IV el Grande, en medio de un entusiasta recibimiento, volvía a entrar en la capital de sus reinos. Su primera visita fue al santuario de Nuestra Señora de Atocha, donde se entonó un solemne Te Deum en acción de gracias por el feliz regreso de la nupcial expedición.

Felipe IV murió  alrededor de cinco años después de este viaje de bodas, sin haber vuelto a ver a su hija Mª Teresa. Le sucedió su hijo, Carlos II el Hechizado, el último rey de los Austrias, incapaz de tener descendencia, ni legítima ni bastarda.  Pero, a la postre, aquel famoso tratado de los Pirineos, tan lleno de concesiones para Francia, incluida la infanta, sirvió además para que su nieto, Felipe de Anjou, se proclamase Rey de España con el nombre de Felipe V.

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VUELOS DIRECTOS DESDE BURGOS A PALMA DE MALLORCA, IBIZA Y MENORCA CON GOOD FLY.

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DIBUJO DE LA PLAZA MAYOR DE BURGOS Y AYUNTAMIENTO 1784. -Por Modesto Herrera-

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-Expresamente enviado a Burgospedia por José García Velázquez-
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BURGOS INÉDITO. PESOS Y MEDIDAS BURGALESAS. -Por Francisco Blanco-

“Todas las cosas están sometidas a peso y medida”   (Del Conde Lucanor) as

El “Fuero Real” y “Las Siete Partidas” del rey de Castilla y León, Alfonso X el Sabio, tenían por objeto dotar a su reino de una estructura homogénea en todos los ámbitos socio políticos y económicos, que acabasen con el enorme caos dominante, propiciado por los numerosos fueros y privilegios de carácter municipal, nobiliario y eclesiástico, dispersos y diferentes, que convertían las tareas  administrativas en una verdadera  anarquía.

“El Fuero Real” fue derogado por la nobleza y “Las Partidas”, al no ser sancionadas por las Cortes, no entraron en vigor hasta el reinado de su biznieto Alfonso XI, que las declara legales y se convierten en la fuente principal del futuro Derecho Castellano. Pero a pesar de lo cual, y de haber publicado una Ley en el año 1347 sobre la unificación de pesos y medidas, la diversidad y la confusión siguieron siendo la norma más habitual hasta que en el siglo XVIII se puso en marcha por la Ilustración francesa el Sistema Métrico Decimal. (1) 

Entre las disposiciones que Alfonso XI puso en marcha a partir de 1347 para tratar de unificar pesos y medidas, se pueden encontrar las siguientes:

“Otrosí: Que el pan y el vino, y las otras cosas que se suelen medir, que se midan y vendan por la medida toledana, que es en la fanega doce celemines, y en la cántara ocho azumbres”.

“Otrosí: Que el paño y lienzo y sayal, y las otras cosas que se venden a varas, que se vendan por la vara castellana. Y declaramos que la vara castellana de que se ha de usar en todos estos Reynos, sea la que hoy tiene in ciudad de Burgos; y que para este efecto las ciudades y villas que son cabeza de partido hagan traer el padrón é marco de la vara castellana de la dicha ciudad de Burgos”.

Pero no parece que estas medidas obtuvieran el resultado positivo que se perseguía, pues el desorden y la diversidad de criterios siguieron estando a la orden del día.

Otros monarcas castellanos también lo intentaron sin conseguir unificar criterios. Así lo reconocía Enrique II, el primer monarca Trastamara, en una Pragmática dada en Burgos el año 1373: “Quánta desorden hay en estos nuestros Reynos por la diversidad y diferencia que hay entre unas tierras y otras en las medidas de pan y vino, que en unas comarcas y en unos lugares hay las medidas mayores y en otras menores, y aun nos es hecha relación que en un memo lugar hay una medida para comprar y otra para vender”.

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Siguieron otras Pragmáticas  tratando de atacar el mismo problema: La de Juan II, dada el 1436 en Toro, la de Enrique IV, el 1462, otra vez en Burgos, y la de los Reyes Católicos, dada el 1496 en Madrigal de las Altas Torres, pero todas sin resultados positivos. El problema siguió subsistiendo, prácticamente de forma indefinida, hasta el reinado de Carlos IV, con Godoy de todo poderoso primer ministro, que en enero de 1801 ordenó “la igualación de pesos y medidas para todo el Reyno”, estableciéndose unos  patrones que seguían sin tener nada que ver con el Sistema Métrico Decimal, como se podrá apreciar fácilmente :

Longitud: Se establece  la vara que se conserva en el archivo de la ciudad de Burgos (es decir, la misma que impuso D. Alfonso XI en el siglo XIV), equivalente a 3 pies, que se divide en media, cuarta, ochava y media ochava. Pero también se establece el pie “como raíz de todas las medidas de intervalos ó longitud”, lo que da lugar a otros diferentes submúltiplos como el dedo, el medio dedo, la quarta y la ochava, y por otra parte está también la pulgada, que equivalía a 1/12 de pie. Además, como grandes medidas se utilizan la legua, y el estadal y la aranzada como medidas de superficie.

Áridos: La media fanega que se conserva en el archivo de la ciudad de  Ávila, y como submúltiplo el celemín, que a su vez se subdividirá en quarto o quartillo.

En algunos pueblos de la zona de pinares de Burgos, como Canicosa, Quintanar y Regumiel, para medir terrenos y fincas se utilizaba una medida de superficie propia, conocida como el Haz, que equivalía a 900 pies cuadrados. No se si actualmente se sigue utilizando.  

Granos: La fanega del archivo de Toledo, que se subdividirá en media fanega, quartilla, celemín, medio celemín, quartillo, medio quartillo, ochavo, medio-ochavo y ochavillo. Múltiplo de la fanega será el cahíz, equivalente a 12 fanegas.  

Líquidos : La unidad será la cántara o arroba, subdividida en media cántara, quartilla, azumbre, mediazumbre, quartillo, medio quarti1lo y copa. Como  múltiplos tendrá el moyo, equivalente a 16 cántaras o arrobas y el quintal de 4 arrobas. Para el aceite se utilizará además de la arroba y la media arroba, la libra, la media libra, el cuarterón, la panilla y la media panilla. Otra medida de peso será la onza, equivalente a 1/16 de libra, la media onza, la quarta, la ochava o dracma, el adarme y el tomín. En las boticas se utilizaba la llamada libra medicinal, que equivalía a 12 onzas.

Semejante profusión de formas de pesar y de medir no contribuyó precisamente a que se allanasen las dificultades existentes desde tiempos inmemoriales. La solución definitiva a este caos llegó durante el reinado de Isabel II, dentro de las reformas impulsadas por D. Alejandro Mon y el lermeño D. Ramón de Santillán (2). En el año 1849 se crea la Comisión de Pesos y Medidas con la misión de unificar las equivalencias entre las numerosas pesas y medidas existentes todavía en nuestro país y el sistema métrico vigente en Europa desde finales del siglo XVIII. El resultado de este trabajo se publicó tres años después, mediante la Real Orden del 9 de diciembre de 1852. Finalmente, ya durante el reinado del restaurado Alfonso XII, con Cánovas de presidente del Consejo y el marqués de Orovio de ministro de Hacienda, sale a la luz el Real Decreto del 14 de noviembre de 1879, en el que se establece la obligatoriedad de utilizar el Sistema Métrico Decimal a partir del día 1 de julio de 1880.  

NOTAS:  

(1) El S. M. D. pretendía precisamente unificar cada unidad de medida de forma que cada una estuviera relacionada entre si por múltiplos y submúltiplos de 10.

(2) Ramón de Santillán había nacido en Lerma el año 1791. Durante la invasión napoleónica luchó como teniente en la partida del famoso cura guerrillero Jerónimo Merino Cob, que también era natural de un pueblo muy cercano a Lerma. Durante la regencia de María Cristina fue ministro de Hacienda entre 1840 y 1841. Se le puede considerar como un destacado hacendista, impulsor de muchas de las reformas que se llevaron a cabo durante el reinado de Isabel II.

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BURGOS INÉDITO: MARÍA TERESA DE LEÓN GOIRI. VERBO Y FIGURA. -Por Francisco Blanco-

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“Moderna juglaresa de Castilla,

de sangre riojana y burgalesa,

cantó nuestras figuras más señeras,

y luchó por que España renaciera” 

La última crisis matrimonial de María Teresa León Goiri la llevó de nuevo a Madrid, donde se refugió en casa de su tía, María Goiri (1), esposa de D. Ramón Menéndez Pidal, eminente filólogo, historiador y medievalista. Difícilmente  podría encontrar una persona con tan fuertes inquietudes culturales como ella, un ambiente tan propicio para desarrollarlas como el círculo intelectual en el que se movían sus tíos. Especial influencia sobre María Teresa fue la ejercida por su prima, Jimena Menéndez Pidal Goiri, dos años mayor, formada en la Institución Libre de Enseñanza, que había heredado de sus padres la afición a los viejos romances castellanos, afición que pronto trasmitió a su prima. Esta influencia se manifiesta claramente en su novela biográfica sobre la mujer del Cid “Doña Jimena Díaz de Vivar, gran señora de todos los deberes”, un sentido y hermoso retrato de la esposa del héroe legendario, en el que destacan especialmente las virtudes y la fuerza que caracterizan a la mujer castellana. Doña Jimena fue para Mª Teresa un arquetipo de mujer, esposa y madre, pero también la figura de su marido la impresiona y la inspira otra de sus novelas biográficas: “El Cid Campeador”. D. Rodrigo Díaz de Vivar, el héroe perseguido, obligado a abandonar su hogar, su mujer y sus hijas, que lucha sin descanso hasta conseguir conquistar Valencia y ofrecerla un nuevo hogar a la orilla del mar. “Vente a ver el mar que nunca has visto”, exclama el Cid en su reencuentro.

Los destinos de Mª Teresa León y Rafael Alberti no tardarían en cruzarse. Se conocieron en la tertulia literaria de una amiga común, en la que el poeta gaditano estaba leyendo su obra “Santa Casilda”, un romance medieval de marcado sabor burgalés (2). No sé si en aquel primer encuentro se produjo el típico flechazo, o “amor a primera vista”, lo cierto es que al poco tiempo los caminos de ambos convergieron en uno sólo, que ambos compartieron durante una larga y fértil andadura. Prosa y poesía se unirán para producir un elevado número de obras literarias de todo tipo, realizadas en común (3). Alberti la recuerda así en su libro de memorias “La Arboleda perdida”: “Surgió ante mí, rubia, hermosa, sólida y levantada, como la ola que un mar imprevista me arrojara de un golpe contra el pecho”. Indudablemente María Teresa fue para Rafael mucho más que una amante y una esposa, fue su  sombra protectora y una inseparable compañera de fatigas, un motor incansable, una musa y una lámpara que inspiró e iluminó su vena poética durante más de cuarenta años.    

María Teresa León, un año más joven que Rafael Alberti pues había nacido en el año 1903, también pertenecía a una acomodada familia de la burguesía, pero no de comerciantes andaluces, como Rafael, sino de militares castellanos.  Había nacido en Logroño, donde su padre, militar de carrera, estaba destinado, pero su familia era burgalesa y en Burgos transcurrieron algunos años de su infancia y adolescencia, entre cuarteles, uniformes, toques de corneta y desfiles militares.

Pronto, muy pronto, las miradas de los soldados, de los oficiales, de los hombres en general, comenzaron a quedar prendidas en la perfección de las líneas de su cuerpo, en la hermosura de su rostro y la belleza cautivadora de sus ojos verdes, que además irradiaban simpatía. Pero la adolescencia de María Teresa duró poco. En 1920, con tan sólo 17 años, su familia la casa con Gonzalo de Sebastián, perteneciente a la más encopetada burguesía burgalesa y, al igual que su padre, militar de profesión. El matrimonio reside en Burgos, Barcelona, Madrid…….., en Barcelona nace el primer hijo, Gonzalo, el año 1921 y en el 1925, en Burgos, el segundo, Enrique, cuando ya el lazo conyugal está a punto de aflojarse definitivamente. El matrimonio está al borde del fracaso y surge la primera separación.

En 1924, de nuevo en el hogar paterno de Burgos,  María Teresa, prácticamente con su matrimonio roto, inicia su actividad como escritora. De forma sorprendente, tal vez influida por el ambiente cuartelero de su cercana adolescencia y por la figura de su padre, coronel de húsares (4), adopta el seudónimo literario de Isabel Inghirami, la heroína de Gabriele D´Annunzio, un aristócrata italiano poeta, escritor, político, militar y héroe de la Primera Guerra Mundial (5).

En el “Diario de Burgos” empiezan a aparecer sus primeros artículos, en cuyos contenidos sale abiertamente en defensa de la cultura, a la que considera como un bien común que debe de ser patrimonio de todos; defiende igualmente los derechos de la mujer, reivindicando su lucha por la igualdad de los sexos. Comparte redacción con María Cruz Ebro, otra escritora burgalesa, feminista y activista política y social, con la que pronto entabló una relación de amistad y colaboración profesional, una de sus novelas, “Un pecadillo de amor”, en la que relata los trances amorosos de un sacerdote, causó un gran escándalo en la cerrada y pacata sociedad burgalesa.

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La actividad intelectual de María Teresa durante su estancia en Burgos no se limita a sus artículos periodísticos, también da conferencias y escribe una primera serie de cuentos recogidos bajo el título de “Cuentos para soñar”, publicados en 1928 por la imprenta burgalesa “Hijos de Santiago Rodríguez”, en una primera edición financiada por sus tíos los Menéndez Pidal y prologada por su tía María. Se trata de una serie de cuentos en los que predomina lo fantástico y lo metafórico, escritos en un lenguaje altamente poético y luminoso. Todavía, en el año 1930, antes de marchar a la casa de sus tíos en Madrid, huyendo del definitivo naufragio de su matrimonio, publica su segundo libro de cuentos titulado “La bella del mal de amor”, editado también por “Hijos de Santiago Rodríguez”. Esta vez se trata de seis relatos largos, o novelas cortas, cuya temática se recoge como “cuentos castellanos” en los que intervienen elementos folklóricos y geográficos, combinados con tragedias familiares en las que están presentes el odio, el amor, la venganza, el orgullo, la envidia…, en la línea de “La tierra de Alvar González” de Antonio Machado. 

En Madrid aparece Rafael Alberti primero, con el que: “definitivamente, tanto ella como yo empezaríamos una nueva vida, libre de perjuicios, sin importarnos el qué dirán, aquel temible qué dirán de la España gazmoña que odiábamos”, poco después llegó la República del 14 de abril de 1931, que intentó transformar aquella España gazmoña que tanto detestaba Alberti.

Entre grandes controversias y fuerte oposición por parte del integrista conservadurismo español se aprobó la Ley del Divorcio, lo que permitió a María Teresa desligarse definitiva y legalmente de su matrimonio y casarse civilmente con Rafael Alberti, el gran amor de su vida, con el que tuvo una hija, Aitana Alberti, nacida en el exilio de Buenos Aires el año 1941. Sus hijos, Gonzalo y Enrique, quedaron en Burgos bajo la tutela paterna.

La actividad de la pareja durante la corta existencia de la II República se desarrolla de forma intensa dentro de un compromiso político con la democracia y con la cultura, siempre formando un magnífico e incansable equipo. Subvencionados por la “Junta para la Ampliación de Estudios”, con el objetivo de estudiar el teatro europeo contemporáneo, viajaron por diferentes países de Europa, incluida la Unión Soviética, donde conocieron de primera mano el movimiento cultural soviético, que les causó una profunda impresión y les afianzó aún más en su postura antifascista. En España, además de estrenar en Madrid diferentes obras de teatro, entre las que destaca “Fermín Galán”, escrita por Alberti y dirigida por Mª Teresa, fundaron la revista revolucionaria “Octubre” y participaron activamente en la labor desarrollada por la Alianza de Escritores Antifascistas (5), fundada el 30 de octubre de 1936, a los pocos días de haber estallado la rebelión militar, que acabaría destruyendo el proyecto republicano de modernizar España. Formaron parte también de la Junta de Defensa y Protección del Tesoro Artístico Nacional, cuyo patriótico celo permitió salvar de las bombas rebeldes un valiosísimo patrimonio artístico, sobre todo el de los fondos pictóricos del Museo del Prado.

Sobre esta frenética actividad desarrollada por la pareja, el propio Alberti tuvo que reconocer: “Yo no habría trabajado tanto sin la presencia estimulante y protectora de María Teresa”.

En 1939, con la República exhausta, acorralada y a punto de ser vencida, María Teresa y Rafael se ven obligados a emprender un exilio que iba a durar 40 años. A bordo de una avioneta  con destino a Orán, embargada el alma de pena y desesperanza, dijeron adiós a aquella España que tanto habían querido, pregonado y defendido. La propia Mª Teresa lo cuenta en su obra autobiográfica “Memoria de la melancolía”: “¡Qué poca tierra nos quedaba y cuantos continentes íbamos a tener que caminar los españoles leales! Eran los últimos latidos del corazón de España”.

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De nuevo viajeros por el mundo: Francia, Rusia, China, Méjico, Argentina, Italia……y siempre, España en el corazón. En 1941, huyendo esta vez de la invasión de Francia por los nazis, llegan a Buenos Aires, donde se unen a un numeroso grupo de compatriotas exilados, que intentan rehacer sus vidas, rotas por la guerra. El matrimonio Alberti, no sin dificultades,  reanuda su actividad artística y literaria, trabajando duramente en lo que les saliese o les ofreciesen: Radio, teatro, cine, traducciones………, pero, a pesar de tan diverso ajetreo, la actividad creativa de Mª Teresa no cedió. Siempre con el trasfondo de la España que se vio obligada a abandonar, dio a la luz varias novelas importantes, de carácter biográfico, sobre varios históricos personajes de su añorada patria: El Cid, su mujer Jimena, Cervantes, Bécquer………, al tiempo que iba convirtiendo su memoria en un libro autobiográfico de un extraordinario valor histórico, sentimental y narrativo, que concluyó con el título de “Memoria de la melancolía” durante su último exilio en Roma. (6)

Los veintitrés años de exilio argentino dieron para mucho. Además del nacimiento, en 1941, de su única hija Aitana, por los años cincuenta viajan por Europa, libre ya de la pesadilla nazi, y también por el inmenso continente chino. Pero lo más importante para Mª Teresa fue la llegada al muelle de Buenos Aires de su hijo mayor Gonzalo. Tras veinte años de obligada separación y alejamiento madre e hijo volvían a estar juntos, dispuestos esta vez a recuperar el tiempo perdido. (7)

Tampoco la memoria de su primer marido, Gonzalo de Sebastián Alfaro se perdió del todo, gracias, afortunadamente, a otra memoria prodigiosa, la de Pepín Bello, el último superviviente de la generación del 27, la que perdió la guerra, persona entrañable y  amigo de Lorca, Buñuel, Dalí Alberti, Cernuda………. Él mismo nos lo cuenta en sus memorias: “Durante los años de posguerra que pasé en Burgos al frente de un negocio familiar que fracasó tiempo después, la persona con quien tuve un trato más cercano fue con Gonzalo de Sebastián. Entonces se había enrolado en el Ejército. Eran unos años de gran dureza. Aquel hombre bebía sin demasiada mesura y me confesó que, aún entonces, seguía enamorado de ella”

En 1963 se instalan en el Trastevere romano, donde todavía vivirán catorce años de madurez personal y creativa hasta que, en 1977, en España, que de nuevo intenta coger el paso de la modernidad, se dan las circunstancias propicias para su regreso. De nuevo la Patria, de nuevo la esperanza, de nuevo la lucha…………, las fuerzas están menguadas pero la ilusión todavía es grande. Pero, por desgracia, la desmemoria se apoderará rápidamente de María Teresa. Atacada por el Alzheimer es ingresada en un sanatorio de Majalahonda, donde fallecerá el 13 de diciembre de 1988. La última batalla también la ha perdido.

Con María Teresa León desaparece una mujer notable por numerosos conceptos: Su belleza, su inteligencia, su cultura, su espíritu libre y creador, su capacidad de lucha y de entrega a las causas que defiende, su amor a los suyos y a España y, por supuesto, su espléndida obra literaria.

Personalmente creo que su mérito como mujer luchadora y como escritora no han sido suficientemente valorados. Con lo que aquí queda expuesto trato de aportar mi granito de arena.    

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NOTAS 

(1) María Goiri era de origen vasco, pero nació en Madrid el año 1874. Fue educada por su madre, una mujer de gran cultura que hacía caso omiso de los numerosos convencionalismos de la época. En el curso 1891-1892 se matriculó como oyente en la Facultad de Filosofía y Letras, para lo que tuvo que pedir permiso al Ministerio de Fomento. El año 1896 consiguió la licenciatura y el 1909 el doctorado, siendo una de las primeras mujeres españolas en conseguir ambos títulos. En el 1900 se casó con D. Ramón Menéndez Pidal, dedicando ambos su vida a la investigación filológica e histórica. También realizó una gran labor en el campo de la docencia junto, a María de Maetzu y otros destacados pedagogos españoles. Su activismo feminista y político la obligó a exilarse, junto con su marido, durante la guerra civil. Al regresar a España fue apartada de la docencia, por lo que se dedicó exclusivamente a la investigación. Su obra bibliográfica es muy extensa. Murió en Madrid el año 1954. 

(2) En el pequeño pueblo burgalés de Salinillas, muy cerca de Briviesca, capital de la Bureba, sobre un escarpado peñasco se alza un monasterio en honor de Santa Casilda. En el altar Mayor del templo se puede admirar una artística imagen de la santa, obra del escultor burgalés Diego de Siloé. Desde finales del siglo XVIII cada año, por la festividad de la Ascensión del Señor, se organiza una popular romería al santuario, en la que se hace una rogativa a la santa conocida como “la Tabera”, en la que todos los romeros practican el burgalés juego de “la taba”  

(3) Son muy numerosos los trabajos y las obras llevadas a cabo conjuntamente por Mª Teresa y Rafael. Ante la imposibilidad de referenciarlas todas, destacaremos algunas de las más importantes:

-Revista “Octubre”, fundada en 1933 con R.Alberti.

-“Huelga en el puerto”. Teatro, con R. Alberti, 1933.

-“Rosa fría, patinadora de la luna”. Texto de M.T. León con dibujos de R. Alberti. Espasa Calpe 1934.

-Revista “El mono azul”, fundada el 27 de agosto de 1936, en la que colaboraron la mayoría de los escritores de la Generación del 27, como el propio R. Alberti, A. Machado, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Manuel Aitolaguirre, José Bergamín, María Zambrano y otros.

-“Numancia” Teatro, escrita por R. Alberti con dirección escénica de M. T. León. Madrid 1938

-“Romancero General de la Guerra Española”, junto con R. Alberti, Buenos Aires 1944.

-“Sonríe China” (1958) 

 (4) El padre de Mª Teresa, D. Ángel León, era un militar de alta graduación, coronel de un Regimiento de húsares, que apoyó al general Primo de Rivera en su aventura dictatorial.

(5) Gabriele D’Annunzio (1863-1938). Por su heroica actuación contra los austríacos en la 1ª Guerra Mundial fue condecorado por Benito Mussolini, que le concedió el título de Príncipe de Montenevoso. Por su ideario nacionalista es considerado como uno de los precursores del fascismo italiano. A su muerte fue honrado con funerales de Estado. También fue miembro de la Real Academia Italiana de la lengua. 

(5) El jueves 30 de julio de 1936 el diario madrileño de la noche, “La Voz”, publica un manifiesto de “La  Alianza de Escritores Antifascistas”, rechazando enérgicamente la rebelión de los militares, apoyados por la Iglesia y los viejos grupos oligárquicos, contra un gobierno libremente elegido por el pueblo español.

(6) La Editorial Castalia publicó en 1998 una esmerada edición de  “Memoria de la melancolía”, preparada por el catedrático D. Gregorio Torres Nebreda, en la que además del texto completo se incluye un amplio estudio sobre su vida y obra, junto con una selecta bibliografía. 

(7) Gonzalo de Sebastián León, el hijo mayor de María Teresa León, después de su viaje a Buenos Aires escribió un libro de memorias reivindicando la figura de su madre, que tuvo numerosos problemas de imprenta. 

Paco Blanco, Barcelona, mayo 2013

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COCINA TRADICIONAL BURGALESA. LENTEJAS MEDIEVALES. -Por Francisco Blanco-

                                                        “Venimos de la función
                                            y hemos comido lentejas
                                              con oreja de lechón”
                                                        (canción popular burgalesa)

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Según nos cuenta la Biblia, Isaac casó con Rebeca a la edad de cuarenta años y tardaron otros veinte en concebir dos hijos gemelos, Esaú y Jacob les llamaron. Esaú era virilmente atractivo, extrovertido y desinteresado, Jacob, por el contrario, era físicamente menos favorecido, reconcentrado, poco comunicativo y ambicioso; esta disparidad de caracteres llevó la relación entre los hermanos a un desenlace trágico, Jacob le cambió la herencia a Esaú por un plato de lentejas.

Rechazó la bendición de Dios, dice textualmente la Biblia. ¿Qué tendrán estas sencillas semillas forrajeras, lens culinarin para los romanos, capaces de ocasionar esa terrible discrepancia fraterna, induciendo a uno de los hermanos a renunciar a su herencia y rechazar la bendición de Dios?. Si las lentejas fueran de color dorado parecerían pequeñas pepitas de oro planas y achatadas, pero son pardas, como el color de la tierra que las germina. Burgos es tierra de lentejas, su cultivo es abundante, su producción alta y su calidad extraordinaria. Lógico es, por todo lo expuesto, que las lentejas ocupen un lugar destacado en las artes culinarias burgalesas.

De las dos presentaciones más populares en nuestra provincia, “lentejas a la burebana” y “lentejas medievales”, vamos a ofrecer esta última que, además de ser la más consistente, fue un plato obligado en la “III JORNADA GASTRONOMICA BURGALESA” del año 1.983 y que a mí, personalmente, me trae recuerdos muy entrañables: Preparación: La oreja, el rabo, la pata, la costilla y la careta del cerdo deben de estar adobados y puestos en remojo desde la víspera, se les cambia el agua y se pone todo a cocer durante cuarenta y cinco minutos aproximadamente, a continuación se añaden las lentejas y el chorizo y se deja que se vayan cociendo. Aparte se va preparando un sofrito con aceite caliente, cebolla picada fina, unos dientes de ajo enteros y pelados y laurel. Cuando la cebolla esté bien dorada se le añade pimentón dulce y se echa a las lentejas.

Unos minutos antes de que estén cocidas las lentejas se le añade la morcilla, pues si se echa antes corre el riesgo de romperse. Es imprescindible que la morcilla sea de Burgos. Antes de servir, probar de sal y rectificar si es preciso. Si se quiere reforzar el plato, se puede añadir, al mismo tiempo que la morcilla o un poco antes, el relleno, hecho con ajo y tocino bien picados y miga de pan, a ser posible de Burgos y de unos cuantos días, empapada en huevo batido. Se sirven primero las lentejas humeantes y en bandeja aparte, bien calientes, el resto de los ingredientes y que cada comensal decida si lo une todo ó lo saborea por separado. A disfrutar y buen provecho. Un vino: Sin la menor duda, este plato suculento debe estar acompañado por un vino de la tierra, no obstante, me permito sugerir que, en lugar de los crianzas y reservas, con demasiado cuerpo para una comida de tanta enjundia, se recurra los vinos tintos jóvenes de la Ribera del Duero. Un postre : Nada mejor para acabar una comida de tanta enjundia que un postre ligero y frío, pero sabroso.

Me atrevo a recomendar un buen plato de natillas cuya receta es como sigue : Natillas : Se pone a cocer durante unos diez minutos 1 litro de leche con canela en rama y una cáscara de limón troceada, dejando a continuación que se enfríe. En una cazuela aparte se echan dos huevos, tres cucharadas soperas de azúcar y se bate todo junto, añadiendo la leche fría, removiéndolo todo para que se mezcle bien. A continuación, esta cazuela se introduce en otra mayor con agua y se pone al baño María, removiendo continuamente. Hay que dejar que el agua del baño María hierva durante unos 5 minutos pero sin que hiervan las natillas. Se dejan enfriar, se vierten sobre una fuente honda, se espolvorean con canela en rama y se ponen a la mesa, la presentación también puede hacerse en tarrinas individuales. Como acompañamiento puede servirse unas galletas o, mejor aun, unos canutillos de barquillos. Buen provecho. (Esta receta puede servir para 6 comensales)

 EN ESTA RECETA SOLO SE UTILIZAN PRODUCTOS DE BURGOS Paco Blanco

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