PROGRAMA NOCHE BLANCA BURGOS 2012.

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COPIA DE LA BATALLA DE BAILEN EXPUESTO EN EL PALACIO DE CAPITANIA DE BURGOS. OBRA DE ALONSO DE VISO REPRODUCIENDO ORIGINAL DE CASADO DEL ALISAL.

           CUADRO ORIGINAL DE LA BATALLA DE BAILÉN

José Casado del Alisal (Villada (Palencia), 1832 – 1886),. Se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Palencia y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde estudió bajo la dirección de Federico Madrazo.

 En 1855 consigue, por su cuadro Resurrección de Lázaro, una beca para ir a Roma; posteriormente, se formó en París a partir de 1861. Obtiene medallas en las exposiciones nacionales de 1860 (por su cuadro Los últimos momentos de Fernando IV el Emplazado) y 1864 (por La rendición de Bailén). Fue director de la Academia Española de Roma y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Cultivó especialmente los temas históricos. Así, se le deben numerosos retratos de la alta sociedad de la época, como (Espartero, Isabel II, Alfonso XII, Castelar). Pero, sobre todo, es pintor representativo de una tendencia pictórica que domina la segunda mitad del siglo XIX: la pintura de grandes acontecimientos en relación con la historia de cada país. Se trata de “pintura de historia” o “realismo retrospectivo” en la medida en que trata de recrear con realismo hechos ocurridos en el pasado histórico.

 Además, realizó algunos cuadros de género, como Retrato de una dama francesa. Su estilo es un tanto frío, intentando conciliar el academicismo y los ideales románticos.

José Casado del Alisal realizó LA RENDICIÓN DE BAILÉN o La Capitulación de Bailén. 1864. Óleo sobre lienzo, 500 x 338 cm. Museo del Prado, típica pintura de historia con claras alusiones a la obra de Velázquez. Es representativo del género “realismo retrospectivo”: gran tamaño, luz velazqueña, actitud variada en los personajes y una notable verosimilitud general.

BATALLA DE BAILÉN (19 de julio de 1808). Primera derrota de un ejército del invicto Napoleón.

En el palacio de Capitanía de Burgos, en el rellano al que se llega tras subir la escalinata que va a dar al Salón del Trono, puede contemplarse una copia (imagen inferior) de la batalla de Bailén, realizada reproduciendo el original de Jose Casado del Alisal,  en este caso obra de Alonso de Viso realizada en 1928 (original 1864).

SANTA CASILDA DE TOLEDO -Venerada en su santuario de la Bureba como Santa Casilda-

SANTA CASILDA DE TOLEDO (fallecida en 1107) Hija de un rey moro de Toledo que debió reinar a mediados del siglo XI, en tiempos de Fernando I de Castilla, la figura de la gentilísima princesa Casilda parece escapar al rígido marco de la historia y acomodarse mejor en el de la poesía y la leyenda. Su nombre en árabe —casida— significa “cantar”. Un verso que vuela en alas de la música: algo delicado, fugaz e inaprensible.

Así fue Casilda en vida y sigue siéndolo en la memoria del pueblo cristiano. Cuanto a ella se refiere carece de contornos definidos y hállase envuelto en esa bruma de misterio que suele rodear a los seres que más vivamente han impresionado la imaginación popular. No hay acuerdo sobre el verdadero nombre del rey moro, su padre —¿Cano? ¿Almacrin? ¿Almamún?—, ni sobre el carácter y condición de dicho monarca, que unos imaginan feroz perseguidor de los cristianos y otros magnánimo, benigno y tolerante; mientras unos afirman que Casilda fue hija única, otros le atribuyen numerosos hermanos.

Todo es incierto y contradictorio. Pero hay algo que no ofrece duda, y es la profunda huella dejada en la memoria de nuestro pueblo por el paso leve y alado de una joven que, por amor a Cristo, trocó la fastuosidad y regalo de una corte morisca por las asperezas de una vida solitaria y penitente.

El relato más fidedigno de la vida de la Santa, en opinión de los Bolandos, es el que conserva en el santuario burebano que lleva su nombre, en su Breviario. Dice así:

“En los tiempos antiguos hubo un rey en Toledo llamado Cano. Poderoso y valiente en las armas, acostumbraba a dirigir sus ejércitos contra los cristianos, causando grave daño a la fe verdadera. Retenía en su reino a muchos cristianos cautivos. Por disposición divina, este enemigo terrible de la fe cristiana tuvo una hija única llamada Casilda, para que de un tallo tan malo brotara una flor de blancura admirable sobre la que descansara el Espíritu del Señor… El Espíritu deífico, por el incendio de la devoción, la levantaba hacia Dios; por la suavidad de la compasión la transformaba en Cristo, y por la piedad de la condescendencia la inclinaba al prójimo. De tal manera que a los afligidos, y principalmente si eran cristianos, aunque nacida de familia sarracena, se bajase hacia ellos con una ternura de intensísima compasión.

Tenía como ingénita la virtud de la clemencia, sobre la cual se posó la gracia de Dios duplicándola. Así que su piedad, de tal manera se derramaba tratando con los cautivos pobres, que a los que no podía alargar la mano alargaba su afecto. Tenía la costumbre todos los días sin falta —por las entrañas del amor a Cristo, por su reverencia a la suavidad de Jesús— de consolar a los cautivos cristianos con su grata presencia, y a ellos alargaba sus manos ayudadoras, llenas de dádivas…”

Mujer de gran corazón, la gracia halla en él terreno propicio para sus maravillosas transformaciones. Casilda debió ser instruida en la fe cristiana por los mismos cautivos a los que socorría, los cuales pagaban así, con el más alto bien espiritual, los dones materiales que de ella recibían. La semilla de la fe cayó en buena tierra y pronto dio el ciento por uno. Admírase de ello el piadoso cronista del Breviario de Burgos:

“¡Cosa admirable y nunca vista! Nacida de un acebuche, contra la naturaleza de su nacimiento se transformó en buen olivo para así dar óptimo fruto. ¿De dónde un árbol infructuoso pudo producir un ramo tan feraz de excelentes frutos? Porque así estaba predestinado por la bondad inmensa de Dios desde toda la eternidad.”

No se recataba Casilda de su manifiesta solicitud para con los cristianos que gemían en las mazmorras de su padre, cosa que mereció las censuras de los nobles palaciegos. Enterado el rey de la extraña conducta de su hija, comenzó a espiarla y la sorprendió un día en que se dirigía a visitarles. “¿Qué es lo que llevas recogido en tu enfaldo?”, preguntóle severamente. “Rosas”, contestó Casilda. Y, desplegando su manto, vio el rey que, efectivamente, eran rosas. Desconcertado, dejó el paso libre a su hija, que, llegándose con presteza a los prisioneros, pudo entregarles lo que en realidad eran sabrosas viandas y que sólo por un prodigio del Señor pudo parecer rosas a los ojos del enfurecido monarca.

La gracia de Dios iba trabajando el corazón de Casilda, inclinándola irresistiblemente hacia la religión cristiana. Ya su corazón pertenecía plenamente a Cristo. Pero ¿cómo podría ella, princesa mora, sujeta por tantos lazos a la religión del Islam, recibir el bautismo y hacer pública profesión de la verdadera fe? Un foso infranqueable parecía separarla de su generoso propósito, Sin embargo, la divina Providencia velaba.

Aconteció, pues, que la princesa contrajo una grave dolencia que fue marchitando poco a poco todos los encantos de su fragante juventud. Padecía flujo de sangre, y los rudimentarios recursos de físicos y curanderos se mostraron pronto impotentes para atajar el mal. Dios le hizo saber entonces, valiéndose de los cautivos cristianos que tanto la querían, que únicamente podría recobrar la salud bañándose en las milagrosas aguas de San Vicente, en la Castilla cristiana cerca de Briviesca. Así la Providencia disponía suavemente los caminos que debían conducir a Casilda hacia otras aguas regeneradoras, las del bautismo.

Obtenido, no sin dificultad, el permiso paterno para realizar el viaje, despidióse Casilda de su anciano padre, que no debía volver a verla en la vida. Un brillante séquito dio escolta a la princesa mora hasta Burgos, donde a los pocos días de su llegada recibió solemnemente el santo bautismo. Poco tiempo se detuvo Casilda en la capital de Castilla. Reanudando su penosa marcha, dirigióse hacia los montes Obarenes, llegando, por fin, a los ansiados lagos de San Vicente, junto al lugar del Buezo, en los que, orando con fervor y confianza, alcanzó la salud perdida. Resuelta a consagrar a Cristo la virginidad de su cuerpo milagrosamente sanado, determinó Casilda pasar el resto de su vida en la soledad de aquellos parajes entregada a la oración y la penitencia. Y así lo cumplió con admirable fortaleza y constancia hasta el fin de sus días. Murió de muy avanzada edad, siendo sepultada en su misma ermita, que pronto se convirtió en lugar de peregrinación de innumerables devotos.

Sobre el cañamazo de esta primitiva narración, de transparente sencillez, han ido acumulando los años y el celo no siempre discreto de sus entusiastas biógrafos maravilla sobre maravilla. Sin embargo, no necesita nuestra Santa el espaldarazo de tales prodigios superfluos. El gran milagro de Santa Casilda es ella misma: su gran corazón capaz de amar a Dios y al prójimo hasta el total olvido de sí.

Puede colegirse cuál debió ser la fuerza de este amor en el alma de nuestra Santa ponderando la vida de completo y durísimo desprendimiento a que la llevó. La que pudo ser gala y ornato de una corte, criada entre blanduras y exquisiteces, vive ahora en una cueva que no logra protegerla contra las ventiscas del invierno ni los rigores del estío; sus delicadas plantas, que sólo pisaron suaves alfombras, huellan ahora, descalzas, los ásperos cantos de los pedregales; su alimentación y su vestido se reducen a lo estrictamente indispensable para subsistir. Y por encima de estas austeridades corporales está la que, para Casilda, debió ser la mayor de las privaciones: la soledad. Su corazón, exquisitamente femenino, hecho para la ternura y la compasión. debió sufrir enormemente al verse privado de cauce humano donde derramarse. Ya no la rodeaban los pobres, los cautivos, los afligidos, los pobrecitos de Cristo, tendiéndole sus manos suplicantes, ni ella podía ya alargarles las suyas portadoras de tantos beneficios.

Estaba sola. Casilda había hecho en sí y en torno a sí un vacío profundo. Pero la plenitud rebosante del amor de Dios iba a llenar pronto este abismo insondable hasta los bordes y, derramándose, alcanzaría su benéfico influjo a distancias insospechadas, donde jamás habría podido llegar su presencia física. Hay un prodigio, de los muchos que se atribuyen a la Santa, que parece ilustrar esto como un ejemplo: dícese que hombres y ganados podían andar seguros por las peligrosas laderas de los montes Obarenes mientras la Santa los habitó. Nunca ocurrió accidente alguno a pastores, peregrinos o viajeros que se arriesgaban por aquellas inhóspitas soledades: la presencia, aun lejana e invisible, de la Santa les protegía. Casilda continuaba así fiel a sí misma, solícita y maternal. Pero este prodigio, que tan bien le cuadra, no es más que una concreción material de la misión espiritual que toda alma santa tiene en el cuerpo místico de la Iglesia. Lo esencial es que haya santos; no que realicen prodigios. Su sola presencia nos protege, su existencia por si sola nos enriquece, puesto que todos no hacemos más que uno en Cristo Nuestro Señor.

El cuerpo de Santa Casilda reposó en su primitiva sepultura, cavada en la entraña de la roca, hasta 1529, en que fueron trasladados sus restos al santuario que sobre su misma tumba se edificó. En 1601 se llevaron parte de los venerandos despojos a la catedral de Burgos, parece ser que también en la catedral de Toledo se veneran algunas cenizas de la infanta mora. En 1750 el abad de San Quirce inauguró el nuevo altar dedicado a la Santa en la nave mayor del santuario y se trasladaron a él las reliquias, que desde entonces descansan en una urna rematada por su propia imagen yacente, obra de Diego de Siloé, La portada de la iglesia actual se atribuye a Felipe de Vigami, el Borgoñón. Desde muy antiguo el santuario es patronato del Cabildo de la catedral de Burgos, que mantiene en él un capellán encargado del culto permanente. Hay una hospedería al servicio de los peregrinos y carretera de fácil acceso al santuario desde Briviesca.

Santa Casilda es invocada en los casos de flujo de sangre, caídas y accidentes de todas clases. Es patrona de la comarca de Burgos y, en los últimos días de junio, acuden a su santuario, de todos los pueblos de la provincia, muchedumbres devotas que pregonan la eficaz intercesión de la santa princesa mora, que dejó en la bravía aridez de aquellas cumbres el buen olor de su vida contemplativa y penitente.

POR DOLORES GÜELL

-Puedes ver el monasterio en un vídeo.

PALACIO DE CAPITANÍA DE BURGOS.

En el siglo XVIII se establecieron Capitanías Generales de Distrito por el territorio peninsular a fin de organizarlo en una estructura militar; una de ellas fue la Capitanía General de Castilla la Vieja. En 1841, un Decreto de Espartero instituyó 14 Capitanías Generales, una de ellas Castilla la Vieja; la provincia de Segovia se encuadró en la Capitanía General de Castilla la Nueva, y se creó una Capitanía General de Burgos que comprendía Burgos, Santander, Logroño y Soria.

En 1859, la Capitanía General de Castilla la Vieja pasó a integrar el 4º Distrito Militar, junto con la Capitanía General de Galicia. La Capitanía General de Burgos fue suprimida en 1866, y su territorio pasó a formar parte del Distrito de Castilla la Vieja. Así, esta última comprendía los Gobiernos Militares de Ávila, Burgos, León, Logroño, Oviedo, Palencia, Salamanca, Santander, Soria, Valladolid y Zamora.

 En 1872 se restableció la Capitanía General de Burgos, por lo cual Castilla la Vieja perdió Burgos, Logroño, Santander y Soria. En 1893 se impuso la división militar de la Península en 7 Regiones Militares; la Séptima Región Militar quedó integrada por Castilla la Vieja y Galicia, pero en 1896 se creó una Octava Región Militar para Galicia, y la Séptima Región Militar ocupó tan sólo Castilla la Vieja.

Cuando en 1841 se establece por primera vez una capitanía general para Burgos, se designa vivienda para el Capitán General, oficinas y Estado Mayor, como era tradicional en inmuebles palaciegos, muy alejados de la estética austera habitual del ámbito militar. Después de varias y diferentes ubicaciones en 1902 se toma la decisión de ubicar la capitanía de Burgos en la llamada entonces Plaza de las Cuatro Torres. El antiguo nombre de Plaza de Cuatro Torres tenía su origen en que, en el solar que actualmente ocupa el palacio de Capitanía, se levantó hasta comienzos del siglo XX el Palacio de las Cuatro Torres perteneciente a la familia de Los Brizuela.

El 17 de Julio de 1903 el ayuntamiento toma la decisión de derribar el palacio de los Brizuela y, posteriormente, el 16 de Diciembre, el rey aceptó que fuera el mismo ayuntamiento el que construyese un palacio como sede de Capitanía. Ésta duro tres años siendo el arquitecto de la Capitanía General  Saturnino Martínez Ruiz, y es el 10 de agosto de 1907 cuando el ayuntamiento recepciona la obra que, un mes más tarde, para a ser utilizada por la capitanía General a un alquiler anual de 15000 pesetas.

Para que pasara a formar parte del patrimonio militar, tuvo que hacerse una permuta aprobada por Real Decreto en la que los terrenos que ocupaba el cuartel de caballería pasaban a formar parte de la ciudad, y el inmueble de la Capitanía General a la propiedad del Ministerio de Defensa.

Fue escenario de la constitución de la Junta de Defensa Nacional en 1936 y tomó posesión de su alto cargo el Jefe del Estado. Desde este edificio se realizó la emisión del último parte de guerra por el que finalizó la Guerra Civil española.
El edificio posee almenas, de acuerdo con su carácter militar. Encima de la balconada son de reseñar los escudos de España y de la ciudad de Burgos. El edificio contiene cinco puertas, una escalinata, un patio central y un Salón del Trono.

Desde sus orígenes y hasta 2002, en que las Regiones militares tradicionales desaparecen para pasar a organizarse  en unidades tácticas en función de los cometidos y misiones asignados, el palacio ubicado ya en la Plaza Alonso Martínez, ha albergado la sede de la Capitanía General y del Mando Regional, siendo ahora mismo sede de la Comandancia Militar de Burgos, Soria y Cantabria.

-Puedes recorrer su entorno.

LUIS ATIENZA SERNA -Político y Gestor-

LUIS ATIENZA SERNA  nace en Trespaderne (Burgos) en 1957. Cursó Económicas en su juventud licenciándose en esta carrera tras haberse matriculado en tres universidades europeas: Concretamente y por orden cronológico en Deusto, Nancy y Bruselas.

Como docente ejerció como profesor en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, en el Instituto Internacional de Dirección de Empresas y en el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Deusto, de la cual había sido estudiante previamente.

Militante socialista desde su juventud a través de las agrupaciones del País Vasco formando también parte de su ejecutiva, accedió como parlamentario electo en las elecciones autonómicas, formando parte del parlamento regional entre 1990 y 1991, siendo vocal de su grupo.

es en 1994 cuando el presidente del gobierno español Felipe González Marquez le nombra ministro de Agricultura, Pesca y alimentación, sustituyendo a Vicente Albero Silla y puesto al que llegó desde el que ostentaba previamente como secretario de Estado de Energia durante 1992 y 1993.

Fue miembro de los Consejos de Administración del Instituto Nacional de Hidrocarburos (INH), de la Corporación Logística de Hidrocarburos (CLH) y del Ente Vasco de la Energía (EVE). Además fue Presidente del Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE), del Instituto Tecnológico Geominero de España y del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT).

Ha sido asimismo Presidente de la Fundación Doñana 21, cargo que ocupó hasta noviembre de 2008.

Su experiencia en asuntos energéticos hizo que en 2005 fuera nombrado presidente de Red Eléctrica de España, puesto que mantiene hasta la actualidad.

- Puedes escucharle en un discurso público.

MYRIAM DE RIU -Cantante Melódica-

MYRIAM DE RIU es una cantautora nacida en Burgos, que tuvo un  recorrido musical por la canción melódica a finales de los años 60 y principio de los 70 del siglo XX.

Sus canciones tienen un tono de romanticismo popular, campestre y no enfermizo, bucólico y no urbano; como en parte corresponde a los cantautores de aquella época 

Con arreglos de  Javier Iturralde, destacan en su obra temas dedicados a su ciudad natal como -Romance del mío Cid-.  Otros títulos destacados son -El pequeño ruiseñor- o -El amor no tiene nombre-.

Myriam de Riu compartió carrera en el tiempo con la célebre María Ostíz y, aunque la burgalesa quizá no tuvo el éxito de la navarra, sí es mucho más cálida en su canción y sincera la letra de sus temas, además de menos folclórica. Fue una de los 14 pre-seleccionados en el programa Voces a 45-Hacia el Eurofestival ’76, cuyo objetivo era elegir canción para el Festival de la Eurovisión La Haya ’76.

Comercializó su música con el sello músical Beverly Records, distribuido por CBS. Sigue en la actualidad cantando con su grupo en pequeños conciertos.


- Puedes escuchar uno de sus temas en vídeo.

SACO DE PASTA AL PESTO CON MORCILLA DE BURGOS.

INGREDIENTES

Pasta filo 330 ml de agua.

160 g de harina. sal.

Salsa pesto albahaca. piñones. aceite de oliva virgen. ajos.

ELABORACIÓN

1.- Mezclar el agua, la harina y la sal y reservar. Poner un recipiente con agua en el fuego y sobre éste una sartén antiadherente y cuando esté caliente, pintar con una brocha el fondo con la mezcla anterior.

2.- Cuando se vuelva transparente la masa volvemos a pintar encima, dejamos secar unos segundos y retiramos la lámina que se ha formado, repetir tres veces por saquito.

3.- Disponer tres discos de esta pasta, untados de mantequilla entre sí sobre el molde del saquito y hornear a 180º C, hasta dorar.

4.- Mezclar los ingredientes para el pesto en un mortero. Debe quedar una salsa ligeramente ligada.

5.- Desmigar la morcilla y calentarla en una sartén. Terminación y presentación: Disponer sobre un saquito la morcilla caliente y acompañar de la salsa pesto.