Archivo mensual: marzo 2010

JESÚS BORRO FERNÁNDEZ -Escritor-

JESÚS BORRO FERNÁNDEZ nació en Burgos el 24 de febrero de 1972, Licenciado en Ciencias Económicas por Valladolid, viajero empedernido y escritor vocacional. Ya destacó en algún certamen literario en el Instituto Félix Rodríguez de la Fuente de Gamonal, donde compartió aulas con el genial Óscar Esquivias.

Publicó su primera novela, «Ondas Hertzianas» en 1998 con la Editorial Mira (Zaragoza), novela corta que fue merecedora el año anterior del Certamen Ciudad de Monzón, en la provincia de Huesca; se da la circunstancia de que es la primera novela negra ambientada en la ciudad de Burgos.

Posteriormente, publicó en 2002 el libro de relatos «Dos ecuaciones y tres incógnitas», cuentos repletos de agnosticismo e ironía con trasfondo universitario. Su última novela, «Mantener lejos del alcance de los niños», se editó en 2008 gracias al apoyo de Caja de Burgos y de la propia Editorial Mira. En 2011 publica con editorial Gran Vía -Arlanza Mágica y Embrujada- un ensayo sobre esta comarca burgalesa.

Colaborador de la entrañable revista literaria burgalesa «El mono de la tinta» entre 1994 y 1998; también ha colaborado con el «Mono Gráfico» y «Calamar», además de en medios de la prensa escrita como «Gente en Burgos» y «Diario de Burgos».

Entre los premios literarios con los que ha sido distinguido, destacan el primero que le fue concedido (y que le sirvió de espaldarazo para seguir escribiendo), en el Concurso de Cuentos de la Caja de Salamanca y Soria en Valladolid, en 1994; el Primer Premio del Certamen Provincial literario para jóvenes de la Diputación burgalesa, en 1997; el prestigioso Premio Hermes del Comercio 2004, concedido por la Federación de Comerciantes de Burgos por un trabajo sobre el pequeño comercio en Quintanilla de la Mata en los siglos XVIII y XIX; y últimamente, el Primer Premio del Certamen provincial de Cuentos organizado por El Correo de Burgos en 2010, con un relato de humor fúnebre.

Gran amante del terruño, con raíces en Pedrosa del Príncipe  (Burgos) y La Rúa de Valdeorras (Orense), colabora además con el Instituto de Estudios Valdeorreses de esta comarca vinícola del oriente gallego.

Puedes conocer sus obras.

DIEGO DE SILOÉ -Escultor renacentista-

DIEGO DE SILOÉ  (Burgos, hacia 1495 – † Granada, 1563), probablemente hijo del conocido escultor Gil de Siloé. Inicia su aprendizaje en su ciudad natal, marchando luego a Italia para trabajar en Nápoles, desde donde llega a Barcelona en el año 1517 para intervenir en la elaboración de la sillería del coro de su catedral.En 1519 se traslada a Burgos donde reside durante un tiempo realizando trabajos muy notables, como la Escalera Dorada de su catedral, obra de ese mismo año, y continua en Castilla con obras como las realizadas para el Colegio de los Irlandeses de Salamanca, trabajo que abandona para marcharse a Granada en 1528, donde es llamado por el duque de Sesa, y al parecer atraído por la fama de las obras del Monasterio de San Jerónimo que ya se realizaban en esta ciudad, patrocinadas por el emperador Carlos V.  

Gracias a su experiencia en sus obras castellanas consigue el cargo de director de las obras en dicho monasterio a la muerte de su antecesor Jacobo Florentino, y aquí realiza su primera gran obra, en la que destaca la espléndida bóveda de crucería casetonada que apoya sobre el crucero, donde pasa ingeniosamente de la planta cuadrada a la octogonal mediante trompas que soportan nichos avenerados con imágenes de los evangelistas; y su presbiterio en dos tramos, rectangular el primero y poligonal el segundo, con bóvedas finamente decoradas con casetones con figuras religiosas de alto contenido estético. 

También en Granada interviene en la portada de la Iglesia del Salvador de 1543, realizada por Esteban Sánchez; una bella pieza compuesta por una puerta adintelada entre columnas jónicas estriadas, con un entablamento superior sobre el que dispone una hornacina entre columnas abalaustradas.  

En arquitectura civil destaca su patio clásico de la Real Chancillería de Granada, de 1546, considerado el mejor de la ciudad; realizado con galerías en dos plantas de altura, sus arcos muestran cartelas en su clave y medallones en las enjutas.También se tiene constancia de que diseñó la casa de los miradores en la Plaza de Bib-Rambla, y su propia vivienda, frente a la catedral, donde falleció, en el año 1563.  

Pero su trabajo más trascendente está asociado a la Catedral de Granada, cuyo diseño clasicista lo aprueba el emperador Carlos V en 1529 cuando ya se trabajaba en su construcción desde 1523 según un planteamiento inicial trazado por Enrique Egas a partir de una planta similar a la de la catedral de Toledo.

Las obras para la catedral de Granada se continúan siguiendo el modelo de Siloé que se organiza a partir de cinco naves con doble girola, crucero y dos torres a los pies, con soluciones grandiosas como la visión de su capilla central, redonda, de veintidós metros de diámetro, con sus siete arcos encasetonados que conducen a la girola. Asimismo en el exterior derrocha Siloé sus dotes arquitectónicas y maestría escultórica con la composición de su Portada del Perdón, una pieza valiosa del renacimiento en Andalucía.

Le sucede en las obras de esta catedral su discípulo Juan de Maeda.Fuera de Granada su obra más conocida es su diseño para la Iglesia del Salvador de Úbeda, destinada a capilla funeraria para don Francisco de los Cobos; uno de los monumentos más importantes de la arquitectura renacentista andaluza, con planta simétrica y bien proporcionada y soluciones compositivas de alto valor arquitectónico que se muestran al exterior con una acertada articulación de volúmenes. Su resultado final se debe a Andrés de Vandelvira, encargado de las obras tras ser destituido de ellas Siloé.

 Varias son las iglesias diseñadas por Diego de Siloé en la provincia de Granada, entre las que destacan algunas fundamentales. La Iglesia parroquial de Iznalloz fue diseñada en 1540, dirigiendo las obras Juan de Maeda entre 1566 y 1575. Organizada según una estructura muy racional, se compone de tres naves separadas por pilastras corintias y encerradas en un rectángulo, cubierta por bóvedas cuyas nervaduras forman círculos en una composición de líneas clásicas.  

La de Illora la diseña Siloé y la construye Martín de Bolívar entre los años 1545 y 1548. Cubierta con bóvedas de crucería, las capillas laterales cuentan con arcos de ingreso de líneas renacentistas; y la portada principal, de corte clásico, queda compuesta por un orden de columnas corintias con hornacina en un cuerpo superior. La iglesia de Montefrío se comienza en 1543. Consta de una sola nave cubierta con bóveda de crucería, con ábside poligonal cubierta por bóveda gallonada y capillas laterales bajo bóvedas de cañón casetonadas, y cuenta en el exterior con dos portadas de corte clasicista.  

La obra artística de Diego de Siloé es quizás la más importantes de las realizadas por un artista de su época en la zona de Granada; y su autor forma, junto con Andrés de Vandelvira en Jaén, y Hernán Ruiz II en Córdoba y Sevilla, parte del grupo de arquitectos del Renacimiento más importante de Andalucía. 

Puedes ver sus obras en vídeo.

EL PERDÓN DEL VIERNES SANTO DE LA CRUZ EN LA SEMANA SANTA DE BURGOS DE 1524

Existe en toda España la costumbre de indultar a un reo en estas fechas de Semana Santa, lo que muchos ignoran es que esta piadosa costumbre de nuestros reyes y posteriormente de las instituciones judiciales, fue creada aquí en Burgos por Juan II de Castilla, el Padre de Isabel la Católica, por una ley suya del año 1447, que dio en llamarse “El perdón del Viernes Santo de la Cruz”.

EL EMPERADOR CARLOS I DE CASTILLA. RETRATO DE RUBENS.

Desde entonces muchos han sido los presos excarcelados, pero tal vez el más importante fue el Capitán General de los Comuneros, quien alcanzó esta benevolencia de manos del Emperador Carlos I, gracias a los buenos oficios cortesanos y diplomáticos del Condestable de Castilla D. Iñigo Fernández de Velasco, tío del encausado.

Sucedió en Burgos en la mañana del Viernes Santo de 1524, el César Carlos acompañado de los principales de su corte pasaba la Semana Santa en el Convento de Fredesval, el Condestable sabiendo la costumbre del Perdón aprovechó la ocasión para recordársela al Emperador, pero dejemos que sea la Crónica quien mejor nos lo relate:

“Ya en la mañana se acercó el Condestable D. Iñigo a D. Carlos diciéndole, con gran pesar y congoja, que su bisabuelo, D. Juan II de Castilla en unas sus Cortes de Burgos en 1447, había dado la Ley de “El Perdón del Viernes Santo de la Cruz”, por el cual Perdón se indultaba desde entonces, cada año a un reo, diciéndole que si bien quisiera pudiera exculpar al su sobrino D. Pedro Girón, hijo del Conde de Urueña que se había alzado contra él capitaneando la Revuelta Comunera, estando desde entonces preso, esperando la ejecución y ya que todos habían de morir que aún le llegase el indulto de su imperial gracia.


-JUAN II DE CASTILLA- ILUSTRACIÓN DE LA CRÓNICA DE JUAN DE MENA

Mesóse la barba el Emperador y también muy quedo contestóle de los muchos pesares que le habían causado a él y a toda Castilla aquellos nobles levantiscos, pero que si Dios Nuestro Señor quería perdonar a Nos y nuestros súbditos de nuestras muchas iniquidades, el otrosí haría perdonando a D. Pedro.”

De esta forma salvó la vida el Capitán General de los Comuneros, de la misma forma que el resto de los burgaleses que habían participado, que ya habían alcanzado la amnistía por una Real Cedula firmada por el Emperador en Worms el 16 de Diciembre de 1520.

-Texto expresamente cedido a BURGOSPEDIA.ORG por Yague Garcés. Visita su blog.

BELORADO

BELORADO está situado en el extremo oriental de la provincia de Burgos, en el límite con la de Logroño, muy cerca de Santo Domingo de la Calzada. La N-120 atraviesa el municipio.

El origen de Belorado es Celta, probablemente autrigón, como demuestra la arqueología y epigrafia (estelas, teselas hospitales, monedas), aunque se configura como villa  en la Edad Media siendo frontera entre Castilla y Navarra.

Era el paso natural del Valle del Ebro a la Meseta y para controlarlo se construyó, a comienzos de la Reconquista, el Castillo sobre un cerro a cuyo pie se transladó la población que tuvo su origen al otro lado del río en época romana.Las calles del casco antiguo, estrechas y tortuosas, con típicos pasadizos denotan la numerosa población que habitó dentro de sus murallas. Fue plaza fuerte del Cid, como dote de Fernando (primer rey castellano), al casarse con Jimena. Hoy del castillo apenas queda un murallón terroso desde el que se divisa una bella panorámica.

El apogeo económico de Belorado fue temprano como cruce de caminos entre el valle agrícola y la sierra ganadera, entre reinos distintos que favorecían a la villa para atraerla.En el siglo X, el primer conde castellano independiente, como agradecimiento  a que en Belorado le libraron de los hierros con que le tenían preso el Rey de Navarra (como dice el poema de Fernán González), concedió a la villa el privilegio de celebrar mercado los lunes costumbre que anima todavía la Plaza Mayor porticada.En 116, Alfonso I el Batallador (rey navarro-aragonés), le concedió el fuero y entre los privilegios que recoge, le permite celebrar una  feria que es la más antigua documentada en la historia de España; para entonces ya era importante la Judería al pie del Castillo cuyo Barrio “El Corro” conserva un aire pintoresco. 

Su desarrollo fue en aumento y a principios del siglo XIII, en el reinado de Alfonso VIII, por privilegio real pudo el Concejo de la Villa usar sello que legitimara sus documentos. Su apogeo previció a lo largo del siglo XIII potenciada especialmente por Alfonso X el Sabio que en sus estancias en la Villa le hizo importantes donaciones.

Pedro l el Cruel agradeció a los moradores de la villa, su apoyo en la guerra pero tras su muerte la nueva dinastía castigó a la villa que perdió su carácter realengo y especialmente a la judería a quien fue gravando con impuestos y trabajos cada vez más humillantes provocando su diáspora a la decadencia de Belorado.

Los Reyes Católicos con su decreto de expulsión acabaron por arruinarla. No obstante quedaron adineradas familias de conversos pues aquí nació Simón Ruiz, banquero de Felipe II.

Si los Reyes potenciaron la villa en la Edad Media, en la Edad Moderna, Belorado perteneció al Señorío de los Condestables de Castilla contando con importantes familias nobiliarias que destacaron en expediciones a América, en las letras (beliforano fue el preceptor de las hijas de Felipe II), y en las ciencias (Hipólito Ruiz dirigió en el siglo XVIII una expedición científica para estudiar la flora americana).

- Búscalo en el mapa.

REGINO SAINZ DE LA MAZA -Guitarra clásica-

REGINO SAINZ DE LA MAZA nace en Burgos en 1897 y fallece en 1987. En su ciudad natal comienza su formación musical , de donde pasa a la Academia de Bellas Artes de San Sebastián, para estudiar piano con Germán Cendoya y armonía con Beltrán Pagola. El paso siguiente lo da hasta Madrid en cuyo Conservatorio se centra en la guitarra en las clases de Daniel Fortea, y gracias a la ayuda de Tomás Bretón y Emilio Serrano disfruta de una beca en Barcelona.

Ya está trazado el sendero que conduce a su debut público en 1919, a continuación París, en 1925, y en otras ciudades de Europa, hasta el regreso a Madrid y el posterior nombramiento como profesor del Conservatorio. Desde esa nueva plataforma realiza en 1937 una gira por Estados Unidos. 1940 es el año de su estreno del Concierto de Aranjuez, que había compuesto para él Joaquín Rodrigo, la obra básica de una gira que fue una auténtica vuelta al mundo.

A través de la correspondecia epistolar entre Regino Sáinz y su amigo Federico García Lorca podemos conocer parte de su vida artística.

Después del primer encuentro entre ambos artistas, García Lorca escribió a Sainz de la Maza una breve carta a su llegada a la capital de España:

Estoy en Madrid, y como no te he hallado por ninguna parte, te escribo al hogar, donde supongo estarás. Te recuerdo muchísimo y has tenido sitio en mi corazón, lleno de telarañas durante todo el verano.

La familia Sainz de la Maza vivía en la ciudad condal desde 1916, y allí el joven Regino Sainz de la Maza no solo conoció al maestro Morera o al guitarrita Miguel Llobet, sino que se introdujo en el mundo artístico y literario de la ciudad. Barcelona sufría una crisis en la industria y el sindicalismo catalán convocó huelgas que se unieron a un periodo de terrorismo exacervado, creando una situación social muy inestable. En estas circunstancias, Sainz de la Maza contestó a Lorca en diciembre de 1920 con motivo de la publicación del poema “Madrigal” de su amigo granadino en el semanario España:

Estoy de Barcelona y de sindicalismo y otras lindezas que por aquí se crían, hasta los tuétanos. (No sé, que son los tuétanos). Desconfío en absoluto de una organización social mas elevada por los medios y elementos que pretenden llevarlo a cabo y mi egoísmo y amor a la vida, al arte y a las ostras, no me permiten sacrificarme por que dentro de un par de siglos ó tres ó veinte, se haya evitado el mal y el dolor que por otra parte creo necesarios. Perdona este arranque un tanto burgués, si quieres, pero también un poco Nietzscheano. Leo tu “Madrigal” en España que me encanta. Tuve además la gran alegría de reconocerle tuyo a los primeros versos. Lo propago entre mis amigos con el cariño y admiración que te profeso. ¿Cuándo me mandas algún libro tuyo?

La carta finaliza detallándole sus proyectos artísticos inmediatos:

Quiero estar en Madrid á mediados de Enero. Estoy contratado por “Daniel” desde 1º de Febrero hasta el 31 Dbre del próximo año. Tocaré en la Comedia. Embarcaré en Abril para América, y aquí tienes todas mis noticias más importantes. Si me escribes pronto quizás me sugieras tu otras más subjetivas. Estoy un poco embrutecido actualmente. Te daré en otra carta quizás los motivos, la fastificación de este embrutecimiento. Saluda á Torner. Recuérdale la promesa que me hizo de transcribirme algo de los vihuelistas; que me lo prepare para darlo en Madrid. A Vela dale mis afectos también. Ganoso de verte te abraza fraternal tu amigo.

En 1921 Sainz de la Maza realizó su primera gira Sudamericana de conciertos. A lo largo del viaje en el Infanta Isabel de Borbón conoció al pianista alemán Backhaus. Durante su estancia en Sudamérica, Sainz de la Maza envió a García Lorca sendas tarjetas postales en el que reflejó sus impresiones de esas tierras y la añoranza de las granadinas:

Mi querido amigo! Te recuerdo y te abrazo desde este rincón de delicioso de América. Es lo más delicioso que he visto. Es la Andalucía de América. Hay naranjos y caña de azúcar, y hay también unas mujeres con un talle… casi como las de Granada. ¿Qué haces en Granada? ¡Sufres! ¿Trabajas? Yo no sé ya si soy un guitarrista o soy un baúl. No tienes idea como vivo. En Diciembre nos veremos. No me has escrito. Eres un consentío. Te abraza.

Vuelvo contento, aunque un tanto desilusionado del país. En general falta la nota pintoresca. Apenas si quedan ya gauchos. Hay que ir muy al norte, cerca de Bolivia para encontrar algo típico, interesante. El resto ha sufrido demasiado la influencia Europea incluso en los mismos cantos populares que son una mezcla extraña de elementos gallegos, andaluces é italianos. El paisaje simple y monótono: cuesta encontrar la campiña de un árbol. Hay algunos sauces de vez en cuando, y al lado del rancho miserable el ombú seco recortado en la pincelada azul del cielo.

El éxito que obtuvo Sainz de la Maza en su primera gira de conciertos fue rotundo, a tal punto, que la Universidad de Buenos Aires le concedió la Medalla de Oro el 20 de Mayo de 1921. En su viaje de regreso a España, Sainz de la Maza escribió a García Lorca el encuentro con otro amigo común, Andrés Segovia, que volvía de su segunda gira Sudamericana:

Envíame á Barcelona noticias. Conmigo viene Segovia con su mujer y su hijo. Estudiamos cosas a dos guitarras admirables. Es posible que hagamos algún concierto juntos.

A lo largo de 1922, García Lorca se involucró en un proyecto que, como él mismo escribió a Sainz de la Maza, “no podía realizar en la Villa del Oso por su entraña andaluza y por su ritmo especial”. Ángel Barrios va a ser el otro gran amigo de ambos artitas; guitarrista y compositor, era hijo del guitarrista flamenco “El Polinario”. Su casa en la calle Real de la Alhambra va a ser un lugar de encuentro de artistas, un epicentro flamenco, el germen del Concurso de Cante Jondo que organizaron Falla y Lorca en Granada. Mientras se materializaba este acontecimiento, García Lorca escribió a Sainz de la Maza:

Queridísimo Regino: Estamos atareadísimos y yo trabajando tanto que apenas si he tenido tiempo de escribirte… Pero ya sabes tú cuánto te quiere este poetilla y guitarrista (sé tocar algo ya). Falla está contentísimo porque han concedido dinero (en el Ayuntamiento) y vamos a hacer la fiesta más interesante que desde hace años se ha celebrado en Europa. ¡Todos estamos satisfechísimos!

Por su parte, Sainz de la Maza encontraba dificultades para darse a conocer en España tras los éxitos del año anterior, y escribió a García Lorca desde el Círculo Artístico de Barcelona para adherirse al Concurso:

Hasta ahora todos mis proyectos me fracasan. Casi estoy arrepentido de haber vuelto de América. Espero ahora noticias de Italia. Estuvo en el Liceu un director que me prometió con entusiasmo y sin ya hacer la más ligera insinuación, organizarme en Milán y en Nápoles algunos conciertos. De no poder ir ahora, iré pronto a Madrid y quizás a Granada si tu estás. Creo [que] tengo que ir á tocar á Sevilla y entonces es seguro. […] Me enteré con entusiasmo del concurso popular de música que por iniciativa de Falla se hará en Granada. Esta noche mandaré á Falla un telegrama felicitándole y adhiriéndome á la magnífica idea. Espero tus noticias con avidez.

En esos meses, García Lorca volvió a escribir a Sainz de la Maza una de las cartas, tal vez, más metafóricas y hermosas del poeta de Fuente Vaqueros:

¿Quién escribe a los amigos por la tarde..? Yo creo que esta disculpa es suficiente para una artista como tú, pero ten la completa seguridad que te recuerdo con mucha alegría y tu fantasma va ligado a tres cosas absurdas, pero que yo me explico subconscientemente: una minúscula, unos tufos débiles, y unos bacilos de Koch caricatura. Otro día te explicaré esto. Ahora he descubierto una cosa terrible (no se lo digas a nadie). Yo no he nacido todavía. El otro día observaba atentamente mi pasado (estaba sentado en la poltrona de mi abuelo) y ninguna de las horas muertas me pertenecía porque no era Yo el que las había vivido, ni las horas de amor, ni las horas de odio, ni las horas de inspiración. Había mil Federicos Garcías Lorcas, tendidos en el desván del tiempo; y en el almacén del porvenir, contemplé otros mil Federicos Garcías Lorcas muy planchaditos, unos sobre otros, esperando que los llenasen de gas para volar sin dirección. Fue este momento un momento terrible de miedo, mi mamá Doña Muerte me había dado la llave del tiempo, y por un instante lo comprendí todo. Yo vivo en prestado, lo que tengo dentro no es mío, veremos a ver si nazco. Mi alma está absolutamente sin abrir. ¡Con razón creo algunas veces que tengo el corazón de lata! En resumen, querido Regino, ahora estoy triste y aburrido de mi interior postizo. Yo espero carta tuya en seguida y sin retintines, no te creo vengativo.

Un abrazo efusivo y enorme.

En Madrid, la Residencia de Estudiantes continuó el plateado hilo de la Institución Libre de Enseñanza. Dirigida por Alberto Jiménez Fraud con la colaboración de José Moreno Villa, fue definida por aquel como “el hogar espiritual donde se fragüe y depure, en corazones jóvenes, el sentimiento profundo de amor a la España que está naciendo, a la que dentro de poco tendremos que hacer con nuestras manos”. El modelo a seguir fue le de los colleges ingleses, como reconoció el musicólogo Trend: “¡Oxford y Cambridge en Madrid!”. La confluencia interdisciplinaria, sumada a un sincero interés por lo nuevo, unió a residentes, visitantes y público en un mismo pensamiento y espacio. Esos años son los de la apertura a la vanguardia –bajo los signos del cubismo y el surrealismo- la camaradería masculina, el jazz, los putrefactos, los anaglifos y la “Orden de Toledo” fundada por Buñuel en 1923. En Lorca vemos esta apertura en una carta dirigida a su familia:

He terminado una suite poemática para que le pongan música Salazar y Gerhard, dos músicos jóvenes bien orientados en las escuelas puras y novísimas del arte que es a lo que yo aspiro.

Sainz de la Maza escribió a García Lorca en 1922 sobre el compositor de Valls de esta manera tan profética: “Anoche estrenaron un trío de Gerhard con gran éxito. A mi me gusto definitivamente. Te hemos recordado mucho y me encarga un abrazo para ti. Yo creo que es el músico español de porvenir; el que llegará a sintetizar de una manera clara el espíritu de la nueva música”. En aquellos años se consolida el diálogo estético entre tradición y vanguardia materializado en la relación entre Lorca y Sainz de la Maza cuando aquel le propone intervenir en un “salón de independientes”que quiere organizar: “Tu tocarás solamente música primitiva [música de los vihuelitas del s. XVI], pues yo creo que es lo de más carácter al lado de cuadros de Barradas”. En definitiva, como ha señalado Andrés Soria, la “actitud del artista es la de sondear la tradición y recibirla para transformarla en función de sus necesidades, que a su vez son las necesidades del presente, mediante un proceso de selección y estilización del material”.En este proceso, a la guitarra se le atribuye un papel civilizador del grito originario: “la guitarra ha construido el cante jondo. […] La guitarra ha occidentalizado el cante y ha hecho belleza sin par, y belleza positiva del drama andaluz, Oriente y Occidente en pugna, que hacen de Bética una isla de cultura”.

En aquellos años, Lorca dedicó a Sainz de la Maza los poemas “Adivinanza de la Guitarra” y “Guitarra” del libro Poema del Cante Jondo. Fueron escritos en la Granja del Henar, famoso café de los intelectuales de los años veinte y un lugar de inolvidables tertulias. A la hora de su publicación definitiva, Lorca modificó la dedicatoria y el título del último poema. A Sainz de la Maza le consagró sus Seis Caprichos, incluyendo la “Adivinanza de la Guitarra”, mientras que el poema titulado “Guitarra” quedó integrado en Grafico de la Petenera que dedicó a Eugenio Montes. El poeta sustituyó el título de este poema por el de “Las seis cuerdas”.

Carlos Mainer fue quien delimitó la cronología de la Edad de Plata de las letras españolas entre 1902 y 1930. Los primeros decenios del siglo XX fueron de una exuberancia cultural dentro de una España políticamente y económicamente debilitada, así como socialmente desequilibrada. Esta denominada Edad de Plata de las letras tiene un correlato claro en la música. Por primera vez –tanto el intérprete como el creador- se integran activamente dentro de la sociedad artística e intelectual española. El compositor pasa de una postura gremial de independencia o indiferencia con respecto al resto de la cultura a una involucración total. Como ha señalado Suárez-Pajares: “la música pasa a una proactividad feliz, fructífera y completamente inserta en el mundo de las Bellas Artes y de las Letras, en un momento en el que éstas se encaminaban hacia un fertilísimo apogeo”. Este proceso conllevó que la música se convirtiese en algo admirado y respetado por la intelectualidad. El legado musical de Manuel de Falla fue recogido por los jóvenes compositores (los hermanos Halffter, Pittaluga, García Ascot, Mantecón, Bacarisse) a cuya cabeza se encontraba Adolfo Salazar. Este llenó de ilusiones a todo el grupo, especialmente de las nuevas estéticas musicales europeas (Bartok, Debussy, Stravinsky). Estos músicos proporcionaron numerosas composiciones de un nacionalismo evolutivo y sustancial. Sainz de la Maza se convirtió en una pieza fundamental en ese puzzle sonoro, gracias a su amistad con todos ellos y a su ascendente carrera concertística. Fue dedicatario de numerosas obras que le permitió sacar a la guitarra del ambiente folclórico y llevarla a las principales salas de conciertos de toda Europa. Este hecho marginal en el que vivía la guitarra y su renacimiento posterior quedó manifestado también por Lorca: “No es posible que el hilo que nos une con el Oriente impenetrable quieran amarrarlo en el mástil de la guitarra juerguista”.  A su vez, el propio García Lorca va a ser partícipe de esta restauración musical por varias razones: su obra poética fue musicada por numerosos compositores, fue un impulsor y animador de los músicos de entonces, con él la música trascendió de los medios de comunicación de masas al gran público y, por último, fue el creador de uno de los mejores ejemplos del cultivo del folclore con sus Trece canciones españolas. Su obra dramática está llena de formas musicales con influencia decisiva en la estructura de la obra que van desde la heroína de Mariana Pineda cantando al piano “El contrabandista”de Manuel García, pasando por los intermezzi de Scarllatti en La zapatera prodigiosa, y llegando al punto más álgido, señalado por Maurer, en la escena de la despedida de la novia en Bodas de sangre, en el que la técnica del contrapunto procede de la Cantata 140 de Bach, Wachet auf! Ruft uns die Stimme…

Por otra parte, la guitarra siempre estuvo presente en el mundo poético de Lorca. Esa “guitarra escrita” ya aparece en su “Fantasía simbólica” de 1917 con los tópicos de fin de siglo:

El color de todo era azul, plata y rosa… Unas guitarras, sonaban desgarradas y sublimes. Sus bordones eran gitanos de amor y pasión. Las flores de los balcones estaban abriéndose y los gallos hablaban unos con otros.

Con “Adivinaza de la guitarra” integrado en los “Seis caprichos” dedicados a Sainz de la Maza e incluidos en el Poema del Cante Jondo, se produce un cambio al incluir la influencia del cante jondo, la tradición de los acertijos infantiles y la tradición cultísima de Góngora, utilizando la metáfora como núcleo del poema, según determinaban ultraístas y creacionistas. Después del “Poema de la saeta”, cantado sin acompañamiento instrumental, viene la serie “Gráfico de la petenera”, en el que la guitarra interviene de manera decisiva sobre todo con el poema “Las seis cuerdas” en el que cada metáfora es “un pequeño enigma sobre el deseo”.37 La guitarra surge en casi todos los poemas desde el primero, “Campana (bordón)”, en el que se une el toque a muertos con la cuerda más grave de la guitarra hasta “Muerte de la petenera”.

Uno de los momentos más interesantes de la amistad entre Lorca y Sainz de la Maza fue el verano que pasaron juntos en Cadaqués en 1927. Unos meses antes García Lorca había llegado a Barcelona para estrenar su drama Mariana Pineda. Un grupo de amigos acudieron a recibirle:

Quien apetezca embriagarse de sabrosa espontaneidad y de multiforme comprensión, acuda al peripatético conclave lorquiano, que diariamente inicia sus crónicos viajes en Tostadero o en las galerías del mago manresano Dalmau. Camaradería: Barradas, Góngora, los Sainz de la Maza, Gutierrez Gili, Sucre, Sánchez Juan, Dalí…

El 25 de junio de 1927, al día siguiente del estreno de la obra lorquiana, se inauguró una exposición de dibujos coloreados de García Lorca en las Galerías de su amigo Dalmau. En el catálogo general de la exposición aparecían los amigos que habían patrocinado la exposición entre los que se encontraba Sainz de la Maza. La exposición estuvo abierta hasta el 2 de Julio. A su vez, Sainz de la Maza y García Lorca visitaron por esas fechas el Atentillo de Hospitales. Este cenáculo era el estudio del pintor uruguayo Rafel Barradas en el que se daban cita muchos artitas catalanes. En el libro de firmas, presidido por el emblema vanguardista del caballito Pegaso con unas alas enormes, García Lorca escribió un fragmento del romance “El muerto de amor” mientras que Sainz de la Maza escribió en un pentagrama la afinación de la guitarra. En los primeros días de julio, García Lorca y Salvador Dalí se trasladaron primero a Figueres para reunirse con su familia, y luego a Cadaques. Junto con Sainz de la Maza formaban un trío de amigos inseparables. Este había estado vinculado a Barcelona durante sus estudios de composición con los maestros Morera y Pahissa. Ana María Dalí relató de manera extraordinaria aquel verano inolvidable:

Aquel año vino a casa otro amigo de Salvador, el guitarrista Sainz de la Maza. Él contribuye a enriquecer más el ambiente de nuestro hogar. Por las noches, en la terraza, nos ofrece magníficos conciertos. El Tremulo Studi, de Tárrega, es lo que con más frecuencia le pedimos que toque. No se hace de rogar y mientras su música llena la noche, la playa va llenándose de las sombras de gentes que viene a escucharlo. Nuestros amigos de la infancia pasan la velada con nosotros. García Lorca recita, canta canciones andaluzas y habaneras. En estas noches cálidas del mes de julio, todo parece vibrar, rebosante de una vitalidad suave, dulce como la de las notas de este Estudio de Tárrega que, como decía Simonne, una amiga francesa amiga nuestra, producen el cafard… Por las mañanas había en la casa una gran actividad. Apenas el alba encendía –según solía decir Lorca- el coral que la Virgen sostenía en su mano, las notas de la guitarra de Sainz de la Maza se esparcían por toda su casa. El maestro estudiaba. En el taller, Salvador había ya empezado su captación de la luz y Lorca construía con gran pasión su Sacrificio de Ifigenia.

Más tarde, tras contraer matrimonio Regino Sainz de la Maza con Josefina de la Serna, Lorca fue su vecino en la madrileña calle de Ayala. Federico vivía con su hermano Paco y juntos frecuentemente se sentaban a la mesa con la joven pareja. La delicada Josefina de la Serna era quien le cosía a García Lorca los botones, además, muchos días este los pasaba en compañía de Sainz de la Maza para trabajar en el folclore popular del que era un gran conocedor. Jesús de la Serna, recordaba aquellas sesiones que tenían lugar la mayoría de las veces por la mañana en casa de los Sainz de Maza. García Lorca acudía a media mañana y se metía en “El gabinete”, la habitual sala de estudio de Sainz de la Maza, para trabajar con el guitarrista burgalés. Estas sesiones consistían en la armonización de melodías populares o melodías originales del propio García Lorca que él mismo cantaba y tocaba al piano. Sainz de la Maza le acompañaba con la guitarra, ayudándole en los aspectos técnicos de la música. De aquellas veladas nos queda las transcripciones que el propio guitarrista hizo del romance “Prendimiento de Antoñito el Camborio camino de Sevilla” y “Muerte de Antoñito el camborio”, pertenecientes al Romancero gitano, y que el propio poeta cantaba con melodías originales.

REGINO SAINZ DE LA MAZA nació en este edificio de la Plaza Mayor burgalesa.

-Puedes escuchar una composición de Regino Sainz de la Maza.

-Puedes conocer a su hermano Eduardo.

ARCO DE SAN MARTÍN

El ARCO DE SAN MARTÍN en Burgos se construye en el siglo XIV por alarifes mudéjares que emplearon sus materiales y técnicas mas habituales,ladrillo y arco de herradura, con el paso del tiempo perdió sus almenas y su piso superior. Fue  el rey Alfonso X “el Sabio” el que mandó amurallar la ciudad de Burgos en el siglo XIII  y en esa muralla se integra un siglo después este arco que era una de las puertas de entrada a la ciudad. Junto a él se encuentran: El solar del Cid y el Seminario Diocesano, que actualmente se ha convertido en hotel.

Era la salida del Camino de Santiago y del que iba a Palencia y Valladolid. Por ella entraban los reyes cada vez que venían a Burgos a jurar los privilegios de la ciudad. En el siglo XVI, después del deterioro de estos barrios altos, ese honor recaerá definitivamente en el Arco Santa Maria.

-Puedes verlo

GIL DE SILOÉ -Escultor del siglo XV, XVI-

La figura de GIL DE SILOÉ está documentada entre 1486-1503 y ya que también aparece con el nombre de Gil de Amberes se supone que posiblemente ése sería su lugar de origen, aunque se estableció en Burgos, por lo que se trata sin ninguna duda del mejor artista del gótico español.

Las obras que se le atribuyen con total seguridad se encuentran en la ciudad de Burgos, pero se cree que trabajó también en Valladolid, donde guardan evidentes analogías con su estilo exuberante y decorativista la fachada del colegio de San Gregorio (hoy Museo Nacional de Escultura) y la fachada de la iglesia de San Pablo. La atribución de estas obras resulta, sin embargo, controvertida.

Es en la Cartuja de Miraflores donde realiza sus mejores obras. El edificio, una iglesia de una sola nave, ábside poligonal de siete paños y bóvedas de crucería estrellada, responde a las tendencias de la arquitectura del momento. Sorprende en todo caso su austeridad, que le viene exigida por sus titulares cartujos. Austeridad al exterior, donde sólo destaca el remate de crestería y pináculos, y también parcialmente al interior, sólo alterada por la decoración de las repisas, las claves, el angrelado de los nervios y por supuesto la obra escultórica de Gil de Siloé.

El Sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal es un homenaje de la reina Isabel la Católica a su padre. Gil de Siloé lo dispone en el presbiterio y con planta de estrella. Los dos yacentes reposan sobre la cama ligeramente reclinados hacia los lados contrarios. Añadiéndose figuras alusivas a la muerte y la resurreción y a las virtudes del Príncipe. Todo ello en un verdadero alarde de exquisita ejecución, de gran dominio técnico y donde destacan la hondura expresiva de las figuras y la riqueza ornamental del conjunto.

       El Sepulcro del infante Alfonso, hecho en alabastro como el anterior, lo dedica la reina en este caso a su hermano muerto en la adolescencia, pero comprometido como ella en contra de su hermanastro Enrique IV. El infante se sitúa esta vez en una hornacina adosada al muro, en actitud arrodillada y en oración. De nuevo la labra es magnífica y la labor de tracería y ornamental, realmente espectacular.

       En cuanto al Retablo Mayor es la obra cumbre de todo este edificio. La ejecuta en madera y en colaboración con el pintor Diego de la Cruz. El diseño, muy original, se resuelve emulando un enorme tapiz, lo que no debe de extrañar considerando la importancia que alcanzan éstos en las decoraciones interiores de la época.

       Dos formas geométricas estructuran compositivamente todo el conjunto: el círculo y el rectángulo, de tal manera que el retablo en su conjunto puede dividirse en dos grandes rectángulos: Uno inferior, dividido en calles y dos pisos, con figuras en las entrecalles; y otro superior, que sirve de marco al enorme círculo formado por ángeles, que domina toda la concepción de la obra. Alrededor de este círculo se disponen otros en las esquinas con las imágenes de los cuatro evangelistas y aún queda sitio para disponer a los Padres de la Iglesia, más San Pedro y San Pablo a cada lado.

       El tema principal del retablo es el ciclo de la Pasión, cuya culminación es el enorme crucifijo que ocupa el círculo central del retablo.

       Pero todo ello en una abigarrada fronda de figuras alusivas, dotadas todas ellas, igual las grandes que las menores, de una vivacidad y una fuerza expresiva realmente poderosa. Tanto es así que en ningún momento la aglomeración de imágenes y elementos decorativos deriva en la confusión o la maraña. Al contrario, el conjunto consigue recrear una imagen gozosa de riqueza ornamental, diversidad expresiva y minuciosidad en el detalle, cuya técnica de ejecución es realmente portentosa.

       Una exhibición sobrecogedora a la vista, por la espectacularidad de la composición, la agitación convulsiva de un sinfín de figuras que parecen aletear por todo el conjunto, y la talla precisa y detallista que multiplica hasta el infinito la diversidad de visiones que proporciona el retablo.

Puedes ver sus obras en vídeo

Fue padre del escultor Diego de Siloé

MARCELIANO SANTAMARÍA -Pintor-

 

MARCELIANO SANTAMARÍA Y SEDANO, conocido como pintor de Castilla, nació en Burgos, en 1866 y falleció en Madrid en 1952. Dentro de él y desde muy niño nace una vocación por las artes que, en principio, sus propios padres alentaron pensando que sería buena para continuar con el trabajo de platero de tradición familiar.

No fue fácil hacerle entender a su padre su vocación plena a la pintura. Desde jovencito compaginó los estudios de Bachillerato con la asistencia a las clases de la Academia Provincial de Dibujo del Consulado de Burgos, y a las del Círculo Católico.

Su tío, el canónigo Ángel Sedano, fue el fundador del Círculo Católico de Obreros de Burgos, y su padre (cuñado del fundador), don Luciano Santa María, el socio número uno. Burgos, su ciudad natal, y el Círculo Católico de Obreros fueron dos de sus grandes referencias. La primera, presente de forma casi constante en los temas que pinta: los paisajes, las escenas costumbristas… La segunda, el lugar que le ofrece las primeras clases de pintura, y donde es descubierto su talento.

En las instalaciones del Circulo Católicos, siendo aún pequeño, Marceliano improvisó, en 8 minutos, un retrato de un obrero, hecho que se reflejó en el boletín del Círculo, que publicaba: «Hay lumbre, hay calor de sentimiento, hay tea de sensibilidad, que todos lo vean y le protejan». A partir de ahí, su carrera fue en proceso ascendente. Vivió en Madrid, y fue becado por la Diputación de Burgos para estudiar en Roma, donde permanecería hasta 1895. Sus obras participaron en multitud de exposiciones provinciales, nacionales, e incluso transatlánticas, consiguiendo, en 1893, una de las conocidas como medallas únicas de la exposición internacional de Chicago.

A la hora de estudiar las obras y vida de Marceliano Santa María, averiguamos que hubo en él bastante más que un famoso pintor de retratos y paisajes. Santa María fue autor de composiciones históricas, anecdóticas, religiosas, sociales y literarias ininterrumpidamente ambiciosas; realizó imaginativas decoraciones murales; fue ilustrador, director artístico de empresas dedicadas a las artes industriales, proyectista de obras de orfebrería, alfombras y vidrieras, jurado casi sin cesar y promotor de exposiciones; es decir, uno de los prohombres que tuvieron en sus manos un magnífico tanto por ciento de la actividad artística española.

Más aún, probó que podía haber ejercido perfectamente la escultura; dio conferencias; se entregó a la enseñanza; estimuló vocaciones mediante el magisterio artístico, incluso negándose legítimos ocios de jubilado. Y aquí, lo que creo que es menos conocido: escribió un muy considerable puñado de artículos y discursos académicos, donde se evidencian sus inquietudes culturales y su insobornable pasión por Burgos y por Castilla».

- «… se le llamó pintor de Castilla, aunque mejor pudiéramos decir pintor de Burgos, porque la mayoría de sus magníficos cuadros se inspiraron en temas burgaleses y en sus bellísimos paisajes, plenos de luz y colorido; supo reflejar como nadie el ambiente burgalés, con un acierto insuperable, un conocimiento mutuo exacto de su belleza, y una compenetración absoluta, con el espíritu y la poesía que encierra esta calumniada tierra de Castilla…»
Museo Marceliano Santa María (Burgos)

 

- «… Marceliano Santa María sólo quiso ser –¡y lo ha logrado en qué forma!– el pintor de su tierra natal. Los paisajes de Santa María causan una sensación de espontaneidad veraz, de facilidad jubilea, de emoción inhollada. Y, al mismo tiempo, toda la sólida sabiduría de una existencia consagrada por entero a la interpretación plástica de la belleza humana, la dignidad histórica y el espectáculo supremo, componen un canto de grandiosas polifonía y policromía en honor a Castilla –injustamente abandonada a los tópicos de aridez y hurañía-, supuesta en melancólica desnudez de frondas y desdeñoso olvido del agua…»
Don José Francés, de la Real Academia
de Bellas Artes de San Fernando

EN ESTA CASA DE BURGOS EN LA CALLE NUÑO RASURA VIVIÓ MARCELIANO SANTAMARÍA.

ALVAR FÁÑEZ DE MINAYA

Fue ALVAR FAÑEZ un miembro más de la familia del Cid, Rodrigo Díaz de Vivar. Concretamente, sobrino, por parte de la mujer del burgalés. Por lo tanto, algo más joven que éste desde su infancia también, formó parte de la casa y luego mesnada del Campeador. Y siempre le veremos, por más joven y valeroso, si cabe, junto al héroe castellano, codo con codo en las batallas, unidos en la desgracia y el destierro, en la conquista y el éxito. Será precisamente el “Cantar del Mío Cid”, la gesta poética y heróica de Castilla, la que mayor cantidad de datos y mejor perfil humano de Alvar Fáñez nos aporten. Otros detalles proceden de los documentos históricos que, en escaso número, nos hablan de su peripecia vital y de sus cargos. Finalmente, la tradición prendida en las consejas y decires del pueblo, nos lo traen hasta hoy con un latido mágico, viviente, sonoro de metálicas andaduras y difíciles pasos de guerra.

Como un joven ayudante o alférez de la mesnada personal del Cid aparece Alvar Fáñez. Ya desde el momento del destierro de Burgos se dibuja su figura. El poeta le señala una y otra vez por sus méritos y virtudes: “el bueno de Minaya”, le adjetiva, y el mismo abad del monasterio de Cardeña así le llama: “Minaya, caballero de prestar”. El mismo Rodrigo Díaz en varias ocasiones, le dedica alabanzas sentidas, fiel dato de su aprecio: “Vos Minaya Albar Fañez/ el mio braço mejor” o “Venides Alvar Fañez / una fortida lança”. El carácter de Minaya como caballero de gran prestancia, valentía y fuerza se repite a lo largo del poema. Cuando se preparan campañas o correrías por tierras de moros, dice el vate en primer lugar: “Primero fabló Minaya, un caballero de prestar”, y al describir las batallas suele salir alguna referencia al castellano, como, por ejemplo, cuando se narra la lucha de la mesnada del Cid contra los moros Galve y Fáriz, en el valle del Jalón: 

“Cavalgó Minaya
el espada en la mano
por estas fuerças
fuertemientre lidiando
a los que alcança
valos delibrando.”
 

Y luego se entretiene el anónimo cantor en reseñar algunos otros detalles, sangrientos y hermosos, del batallar de Alvar Fáñez. En una ocasión, tan valerosamente pelea que la sangre de los moros que mata le va chorreando por el codo: 

“A Minaya Alvar Fáñez
bien le anda el cavallo,
daquestos moros
mató treinta y quatro:
espada tajador
sangriento trae el braço
por el cbodo ayuso
la sangre destellando.”
 

Pero también como político, como buen mediador, como hombre con quien se puede hablar y con el que todos logran entenderse, le describe el “Cantar”. Primero declara su lealtad al Cid en el momento del destierro. Rodrigo Díaz obliga al rey de Castilla a jurar ante la Biblia que no ha tenido intervención en la muerte de su hermano Sancho. Esta jura de Santa Gadea es la prueba de que los hombres castellanos tienen un claro deseo y visión de su independencia frente a la Corte leonesa. Por ello, Alfonso VI será recibido de uñas, aunque lueao demuestre ser también un castellano de raza. Alvar Fáñez es fiel al Cid. Le acompaña, se pone en cuerpo y alma al servicio de su pariente y señor. Con él atravesará la extremadura castellana, el Duero, y remontará la sierra central, dejando a un lado Miedes y el fortísimo castillo de Atienza, todavía en poder de los árabes. Bajarán el Henares hasta Castejón de Abajo (hoy jadraque) y allí harán su primer gran conquista, quedando dueños del castillo y la población. Después, bajando por Molina hasta Valencia, la conquisía de esta plaza será una muestra renovada de la valentía del Cid y su mesnada.

Los meses siguientes servirán para demostrar el genio político de Alvar Fáñez. Es encomendado por el Cid para volver a Burgos y gestionar el perdón; él, personalmente, lo consigue, y para el Cid lo obtiene en un segundo viaje. Gestiona el matrimonio de las hijas del Cid con los infantes de Carrión, y, aunque queda como uno de los capitanes más destacados de la corte castellana, alcaide de algunas plazas fuertes, y brazo derecho del rey Alfonso, sigue también como ayuda principal del Cid en Valencia, defendiendo con él la ciudad del ataque repetido de los almorávides de Yuçuf. Esos oficios diplomáticos gustaron al Cid tanto o más que su fuerza guerrera. Cuando volvió de la Corte de Castilla con el perdón logrado, Rodrigo Díaz le dice: 

“Ya Alvar Fáñez
bivades muchos días,
más valedes que nos
tan buena mandadería!”
 

En su aspecto puramente guerrero, activo como capitán de su propia mesnada, le vemos primero haciendo una correría Henares abajo, desde Jadraque, donde acampaba con el Cid. Recorrió en pocas jornadas, con 200 hombres de confianza, los campos de Henares asaltando Hita, Guadalajara y Alcalá. No llegó a la conquista definitiva, pero entre la población árabe, muy numerosa, del valle quedó su figura como de héroe legendario en plena juventud. La morisma le temía y le admiraba al mismo tiempo. Siguiendo junto al Cid, participa en su sonada conquista de Alcocer. Es en Molina huésped ilustre del rey moro Abengalbón, del que consigue que pague tributos al Cid, su señor. 

Como capitán de Castilla, Alvar Fáñez desplegará una gran actividad guerrera. Un año antes que el rey Alfonso VI haga suyo Toledo, Minaya conquista la importante ciudad de Guadalajara, punto clave de la defensa del reino moro toledano. Es el año 1085. Al mismo tiempo caerá todo el valle del Jarama y del Henares, como paso previo a la conquista del Tajo. También diversos puntos fuertes de la Alcarria quedan en poder de Castilla. La tradición lo señala así en Horche, donde dicen que Alvar Fáñez entró victorioso la noche antes de hacerlo en Guadalajara. El caso es que él participó también en la recuperación difícil de Zorita y su castillo, en la conquista de Santaver, legendaria atalaya fortificada de los árabes, y aun en la conquista de Toledo. En 1111 se reconquistó, fugazmente, la ciudad de Cuenca, y es a Alvar Fáñez a quien señalan por autor de este hecho. Lo cierto es que él figuró como alcaide de la fortaleza de Zorita, y capitán o delegado regio en Peñafiel, Toledo, Santaver y Cuenca. La ciudad de Guadalajara, aunque por él conquistada, tuvo por primer alcaide a don Fernando García de Hita, familiar del rey, y su delegado en Medinaceli, Uceda Talamanca, Hita ,etc. 

Se sabe que Alvar Fáñez de Minaya murió el año 1114 quizás en una pelea civil con los del concejo de Segovia. Está enterrado, como lo estuvo el Cid antes de su traslado a la catedral de Burgos, en el burgalés monasterio de Cardeña. 

TORREÓN DE ALVAR FAÑEZ EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA DE LA CUAL FUE PRINCIPAL RECONQUISTADOR.

Su nombre y su leyenda han quedado prendidas por numerosos lugares por los que su vida y su acción pasaron. En la provincia de Cuenca, todavía comarca de la Alcarria, un pequeño pueblo lleva su nombre. En Alcocer de junto al Guadiela, una de las puertas de su muralla, hoy ya caída, también era denominada con su apelativo. 

Ya hemos mencionado la tradición que existe en Horche de haber sido tomado el pueblo por las tropas de Alvar Fáñez. Y en Romanones mantienen la leyenda de que el héroe y conquistador pasó allí una temporada, quedando de su estancia algunos restos de armas y un pilón donde-dicen-comía su caballo. En realidad son los restos de la ermita de los Santos Viejos. También en Labros, en las alturas molinesas, y junto al recuerdo del Cid aparece el de Alvar Fáñez, poseedores cada uno de un monte en las cercanías. Finalmente Guadalajara, la ciudad que es cabeza y Capitana del “valle de castillos” que su nombre indica, tiene por su conquistador a este hombre. Nada documental queda sobre el tema. Ni fecha exacta, ni forma de adquisición, ni hora ni lugar. 

La tradición del pueblo ha dado bella forma a este hecho. Y así lo damos nosotros, tal como en el rodar de los siglos fue tomando su forma y su melodía: en una noche resplandeciente de San Juan, cuando el verano se inicia y las estrellas son más altas y limpias que nunca, un grupo de cristianos se acercan a la fuerte y amurallada ciudad de Guadalajara, donde los árabes llevan ya más de trescientos años dando culto a Alá, y haciendo una cultura propia y magnífica. 

Se aproximan los soldados, guiados por su capitán Alvarfáñez, al costado sur de la muralla. Atraviesan un hondo barranco y entran sin fuerza por el portón agudo que nadie defiende. Tienen buen cuidado todos de poner las herraduras de sus caballos al revés, y se introducen sin ruido en las casas de la ciudad. A la mañana siguiente, los jerarcas árabes oyen algo de que durante la noche se vieron cristianos por las calles, pero observan que las huellas de sus caballos apuntan hacia afuera: es señal de que se han ido. 

Por si acaso, cierran las puertas. Y en ese momento las tropas de Alvar Fáñez salen de sus escondites y acaban con la vida de los jefecillos moros, quedando la ciudad conquistada, y como una perla más del reino de Castilla. La puerta por donde entraron. que también se llamó “de la Feria” quedó enseguida con el apellido de Alvar Fáñez. La fecha, un 24 de junio de 1085, grabada en todas las historias arriacenses. Y la leyenda, de labio en labio, como un relato de las Mil y Una noches, primer cápítulo de tan larga y fructífera historia. 

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IGLESIA DE SANTA GADEA ó SANTA ÁGUEDA

La iglesia de SANTA GADEA o SANTA ÁGUEDA como también se conoce, debe su fama a un suceso histórico. El juramento hecho por Alfonso VI ante el Cid Campeador de no haber participado en el asesinato de su hermano don Sancho, rey de castilla.

El juramento se hizo en esta pequeña iglesia ya que a Santa Gadea se encomendaba de un modo especial la fidelidad de los juramentos. El rito consistía en repetir una fórmula sacramental tocando con la mano algún objeto sagrado que, en el caso de Burgos, era el cerrojo.

La antigua pieza se retiro en el año 1500 y, actualmente, recuerda la tradición otro cerrojo de reciente factura, realizado por Ángel Cuevas.
El juramento de Santa Gadea se rememora también en el interior del templo. Lo hace, por ejemplo, en una vidriera recientemente restaurada que adorna una original capilla situada a la derecha del ábside.

La capilla fue costeada por D. Hernando de Escalada, cuyo escudo adorna uno de los laterales. Junto a él, la Virgen de la Soledad, una imagen conocida sobradamente por los burgaleses que cada año asisten a las procesiones de Semana Santa.

El resto del templo es extremadamente sencillo, lo que le confiere una belleza especial. Se observan diferentes etapas constructivas, la del gótico del siglo XIV de algunas de sus bóvedas, la del XV de la del ábside y la del XVII del arco del coro.

Pero la obra maestra de Santa Águeda es el baptisterio. Una posible obra de Juan de Vallejo, autor del cimborrio de la catedral.

En él fue bautizado el Hermano Rafael, monje trapense beatificado en 1992. Su imagen la encontramos frente al baptisterio, en una vidriera recientemente construida.

Salpican las paredes del templo, obras de gran categoría artística. Entre ellas, la Coronación de la Virgen, de estilo barroco, restaurada hace unos años, y el cuadro atribuido al maestro Cerezo que representa a San Juan de Sahagún dando limosna a los pobres.

Puedes verla.