VILLADIEGO

VILLADIEGO situada a unos 38 kilómetros al noroeste de la ciudad de Burgos fue fundada, según es tradición multisecular, por el Conde Don Diego Rodríguez Porcelos, Señor de Amaya, en la segunda mitad del siglo IX, algunos años antes de que el mismo emprendiera la gran obra de la fundación o repoblación de Burgos por mandato del Rey Alfonso III el Magno, hacia el año 884. Así se tituló esta Villa, bien porque el Conde Diego la fundara o bien porque fuera su dueño y señor.

Es también aquí voz común trasmitida desde tiempo inmemorial de padres a hijos que VILLADIEGO se denominó primitivamente Las Siete Villas de Diego. En la antigüedad hubo ciertamente estos barrios con sus iglesias, de los que sólo subsiste el primero. A saber: Barruelo, San Esteban, San Cristóbal, Tudanca de Arriba, Tudanca de Abajo, Mora y el primitivo villorrio de Villadiego. Lo más probable es que al fundar el Conde Don Diego este pueblo diseminara por la campiña una cuantas casas de campo, las cuales en el correr de los años, uniéndose unas a otras con nuevas edificaciones, formarían el núcleo de lo que luego se llamaría Villa de Diego o Villadiego.

A los primitivos pobladores de este territorio donde se encuentran Villadiego, Sasamón, Villahizán de Treviño, etc., se les designa por los geógrafos antiguos con los nombres de Murbogos, Turmódigos o Turmogos. Sólo Ptolomeo los llama Murbogos, Plinio y Orosio los denominan Turmódigos y en algún códice se lee turmogos. Quizás esta última denominación no sea desacertada, queriéndonos manifestar el oficio principal de aquellas gentes: el pastoreo, porque el nombre de TURMOGI etimológicamente parece provenir de “turmas agere” que significa guiar o conducir el ganado o pastorear. Turma es propiamente un escuadrón o tropa de caballería, pero también puede indicar en sentido amplio dula, recua, piara, rebaño, etc. No es, pues, improbable que entre los dos ríos Brulles y Jaramilla, donde en la actualidad se asienta la villa de Villadiego, se extendieran prados de excelentes pastos en los que pudieran pastar los rebaños.

En el año 1134, 4 de junio, el rey Alfonso VII con su mujer Doña Berenguela dieron a los hombres de Villadiego y a los que vinieran fueros de “que no tuviesen mañeria, ni fonsadera, ni anuba, ni tributo ni nuzo “.

Los fueros más antiguos de Villadiego que se conservan se refieren a un pergamino de Alfonso X el Sabio. Este confirma en 1254 lo que sancionara en 1243 Fernando III el Santo, y que comprende la carta foral de Alfonso VII en 1134; en este último se alude a otro documento dictado por Alfonso VI que reinó entre 1072 y 1109. Pero no es aventurado que este confirmara y ampliara la carta-puebla del Conde Diego Rodríguez, fundador de la Villa.

 

El seguimiento de confirmaciones y ratificaciones de dicho fuero formaría el siguiente esquema:

Carta-puebla del Conde Diego-Rodríguez (Fundación de Villadiego)
Alfonso VI (1071-1109)
Carta foral: Alfonso VII: 1134
Fernando III: 1243
Alfonso X 1254 < Pergamino más antiguo conservado

Sancho IV: 1287
Fernando IV: 1299
Alfonso XI: 1324 Complemento de los Fueros Juan I:1384
Juan II: 1424

Desde tiempo inmemorial estuvo Villadiego estrechamente vinculado a los Condes de Amaya. Don Fernando de Lara dominaba en Amaya y Ordejón y por lo menos desde 1182 defendía y tenía dominio en Villadiego. Pero en tiempos del Rey San Fernando pasó a dominio real y a él perteneció hasta el 18 de julio de 1255 en que Alfonso X el Sabio lo concedió en venta a Burgos, la que fue confirmada por su hijo Sancho el Bravo en 26 de mayo de 1285.

Este fuero de Villadiego es uno de los que mejor refleja el derecho y la organización social de una villa del antiguo condado de Castilla.

Destacan en esta carta foral, aspectos como:

-La abolición de los viejos usos, llamados “malos fueros”, y la concesión de algunos privilegios fiscales y judiciales.
-El fuero busca la prosperidad de los habitantes de la villa, la corona realiza así importantes concesiones en un momento en el que precisa ganar fuerza frente a la nobleza.

Existe también la pretensión de concentrar en la villa a la población rural dispersa en aldeas, para facilitar su control político y procurar el establecimiento de lugares de comercio y mercado, que permitan recibir rentas y tributos.

La prosperidad comercial justifica, en el caso de Villadiego, el asentamiento de una importante comunidad hebrea, cuando la villa formaba parte de una red de comunicaciones con los puertos del Cantábrico y el Camino de la Sal.

Villadiego dependió de los señores de Amaya, y después de la Corona, hasta que en 1255 el Rey Alfonso X la otorgó al Concejo de Burgos.

A mediados del siglo XIV pertenecía la Villa, según el Becerro de las Behetrías, a Doña María de Portugal; siendo enajenados los derechos monetarios de Villadiego por Enrique II, en favor de los Tovar.

A principios del siglo XV fue vendida a Juan Fernández de Velasco a cuyo señorío ha pertenecido hasta su extinción en el siglo XIX.

El Catastro del Marqués de la Ensenada, fuente documental de considerable valor, aporta a través de las respuestas a las preguntas generales una visión demográfica, social y económica de Villadiego a mediados del siglo XVIII, cuando el número de vecinos de la Villa y su Barrio de Barruelo era de 226, de los cuales 37 eran nobles. Se contabilizaron un total de 200 casa habitables aunque alguna de ellas “mal paradas”. Con especial dedicación a las tareas del campo, no faltaron entonces en Villadiego miembros de profesiones liberales, comerciantes y artesanos.

Son sus principales monumentos y visitas de interés: La Iglesia de Santa María y San Lorenzo, la ermita del Cristo, el convento de San Miguel de los Ángeles, el ayuntamiento, los soportales doblados y la torre del reloj entre otros.

Existe una frase conocida en toda la población hispanohablante que reza: -Me tomo las de Villadiego-

Su explicación y razón puede variar entre éstas:

En la acepción de ir de viaje se cuenta que en anteriores tiempos se confeccionaban en Villadiego unas llamativas alforjas de diversos colores que fueron famosas y muy conocidas en Castilla, de suerte que “Tomar las de Villadiego” es coger las alforjas para ir de viaje.

En la acepción de ir y no volver también se recuerda que hubo un aventurero de Villadiego que se alistó en las huestes de los conquistadores de América y se fue con ellos a probar fortuna.
En cierta ocasión mandó el capitán al animoso explorador de Villadiego con algunos soldados a someter una tribu rebelde de indios; fueron, es verdad, pero no regresaron, sin duda abatidos por los nativos.

La más probable y verosímil: La sentencia que con mayor probabilidad y verosimilitud nos pretende dar una explicación exacta del origen de la frase “tomar la de Villadiego” es aquella que se relaciona con las persecuciones de judíos en la Edad Media. De todos es sabido el ambiente hostil que en torno suyo se crearon los judíos en España por efecto de sus usuras. De aquí es que surgiera en todas partes el odio contra los hebreos que degeneró muchas veces en venganzas, dándose los que se creían perjudicados a la caza de judíos. El Rey Fernando III El Santo dió privilegios o concedió encomienda a los judíos de Villadiego, prohibiendo que se les prendiese, “si non por son propio debdo que devan”, y señalando penas para los que les hicieran daño. En esto vieron los judíos de sus reinos un salvoconducto que los libraba de las iras del pueblo, consideraron a Villadiego como su ciudad refugio y allí se encaminaban al menor síntoma de persecución. Más ello entrañaba una universal obligación, la de llevar un distintivo especial, para que se les pudiera reconocer que estaban bajo la protección del Rey y que nadie los podía prender. Este distintivo eran las calzas amarillas que debían usar en adelante en su nueva tierra de promisión, como colonos y pecheros del Rey.

Quee se haya considerado a Villadiego en la antigüedad como ciudad refugio para los judíos, hecho que se confirman con la inscripción que no hace poco perduraba en la puerta no principal de la Parroquia de San Lorenzo y que decía “Iglesia de Asilo”, puerta que permanecía abierta de día y de noche para que pudieran albergar, guarecer o refugiar los judíos que venían huídos de otras regiones.

También existe en una de las columnas de entrada al Ayuntamiento una imagen en piedra de San Pedro encarcelado, junto a un soldado (Villadiego), y al lado la siguiente inscripción:

Villadiego era un soldado tomó las de Villadiego

que a San Pedro en ocasión

de estar en dura prisión

nunca le faltó del lado.

Vino el espíritu alado,

y lleno de vivo fuego

le dice a Pedro: Sal luego

toma las calzas. No argullas

Pedro por tomar las suyas,

Anuncios

4 Respuestas a “VILLADIEGO

  1. Pingback: EL GENERAL JUAN DIAZ PORLIER “El Marquesito” POR TIERRAS DE SASAMÓN Y BURGOS DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDECIA « Burgospedia la enciclopedia del conocimiento burgalés

  2. Pingback: LA REPOBLACIÓN DEL VALLE DEL ARLANZÓN PREVIA A LA FUNDACIÓN DE BURGOS. | Burgospedia la enciclopedia del conocimiento burgalés

  3. Pingback: ENRIQUE FLOREZ -Teólogo e Historiador- | Burgospedia la enciclopedia del conocimiento burgalés

  4. Pingback: EL PORQUÉ DEL DICHO -ME TOMO LAS DE VILLADIEGO-. | Burgospedia la enciclopedia del conocimiento burgalés

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s