25 DE ENERO DE 1869 -ASESINATO EN BURGOS DEL GOBERNADOR CIVIL ISIDORO GUTIÉRREZ DE CASTRO-

25 DE ENERO DE 1869. Isabel II ha sido expulsada de España por La Gloriosa revolución del año anterior y las nuevas Cortes, de marcado carácter liberal, empiezan ese mismo mes de enero a preparar una Constitución que recupere el espíritu de la Constitución de Cádiz de 1812. El general Serrano, victorioso en la batalla del puente de Alcolea, es ahora el regente de la corona a falta de un monarca que ocupe el trono.

En esa fría mañana del invierno burgalés, el gobernador civil de Burgos, ISIDORO GUTIERREZ DE CASTRO, atraviesa la Plaza de Santa María para dar cumplimiento a las órdenes que ha recibido de Madrid. Sabe que es una misión difícil, pero no tiene más remedio que llevarla a cabo. Frente a la exigua comitiva del gobierno, escoltada por algunos guardias civiles, una multitud de vecinos se congrega a las puertas de la catedral con caras de pocos amigos. Parece claro que el clero ha congregado a una nutrida masa de “feligreses” para entorpecerle la tarea, y no es para menos. La misión de Gutiérrez de Castro es ni más ni menos que inventariar e incautarse de aquellos bienes de la Catedral susceptibles de ser objeto de expolio por su valor cultural: Bibliotecas, archivos, arte, literatura…

Para los sacerdotes a cargo de la catedral, lo que se les viene encima con este nuevo decreto es otra desamortización de bienes. A lo largo del siglo XIX la Iglesia española había sufrido la pérdida de innumerables propiedades, ya fuera por el expolio perpetrado por las tropas napoleónicas durante la guerra, por las sucesivas desamortizaciones (Mendizábal, Espartero, Madoz) o por el expolio lento y silencioso al que los mismos curas sometían el patrimonio a su cargo; un patrimonio que calladamente iban vendiendo y que se perdía para siempre, las más de las veces saliendo de España para no volver jamás. No parecía que los curas fueran a quedarse de brazos cruzados mientras el gobierno les despojaba en su propio templo, y la multitud de la puerta era prueba de ello.

Sin embargo, el gobernador no se arredra. A pesar de ser increpado en la puerta, se hace acompañar por el deán, presidente del cabildo catedralicio, y por el provisor, una especie de abogado eclesiástico, imponiendo su autoridad sobre ellos para que le abran paso hasta los archivos de la catedral. Cuando por fin accede a estas dependencias, y ante lo inevitable de la situación, se da la señal…

La muchedumbre, convertida ahora en una turba airada, entra en la catedral de Burgos sin que la Guardia Civil presente en el lugar haga nada para impedirlo, llegando hasta donde se encontraba el gobernador y empiezan a golpearlo con saña inusitada. Le sacan de los archivos y lo arrastran por las naves del templo mientras le acuchillan e incluso comienzan a amputarle las orejas y los genitales.

Alarmados por la violencia que ellos mismos han desatado, los curas apremian al gentío para que saquen el cuerpo del gobernador fuera del templo, y tratan de ocultar el hecho de que ha sido asesinado dentro de la iglesia. El gobernador, ya cadáver, sale arrastrado por la Puerta del Sarmental. En su locura, la turbamulta se lo lleva arrastrando por el suelo, abandonándolo lejos de la catedral. Los guardias civiles observan el linchamiento sin intervenir, según declararon posteriormente los testigos presenciales.

Ante esta pasividad, es el ejército el que debe tomar las riendas de la situación, decretándose el estado de guerra. Es también el ejército el que debe rescatar el cuerpo del gobernador de la calle para poder practicarle la autopsia y darle sepultura. Los indicios sobre la autoría de este crimen parecen más que claros, y apuntan hacia un grupo de sacerdotes entre los que se encuentran los responsables del cabildo catedralicio. Ciento cuarenta personas son detenidas, y la iglesia catedral es clausurada por orden del gobierno.

Pero en contra de lo que cabría esperar, no se aplican castigos ejemplares. El gobierno se encuentra en una convulsa situación mientras se decide quién ocupará el trono de España. Por muy liberales que sean, no es el momento de buscarle tres pies al gato, y los detenidos van siendo puestos en libertad, aun a pesar de las abrumadoras pruebas sobre su implicación en este asesinato. Sólo un individuo, que portaba el hacha con el que se infligieron las peores heridas al malogrado gobernador Isidoro Gutiérrez es condenado a morir en el garrote, pero le conmutan la pena por cadena perpetua y sólo tres años más tarde es puesto en libertad. Judicialmente, se puede decir que el crimen del gobernador de Burgos quedó impune con el beneplácito de la Justicia española.

La catedral permaneció clausurada hasta el 20 de marzo siguiente, día en que la Iglesia preparó una ceremonia con el fin de “limpiar” la sangre derramada dentro del templo. Con ello pretendían borrar las huellas de no sólo la profanación de un templo, sino también de un asesinato organizado y perpetrado por los mismos que luego seguirían repartiendo bendiciones y absoluciones como si nada de esto hubiese sucedido.

– Bibliografía:  Nº 103 de “la Aventura de la Historia”. Arturo Colorado Castellary.

Puedes ver la entrada a la Plaza de Santa María.

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