LA MÚSICA POPULAR BURGALESA

Conviniendo en que las notas que definen a la MÚSICA POPULAR BURGALESA son las que ya señaló Manuel García Matos –el hecho de ser tradicional, colectiva y anónima, trataremos aquí de algunos aspectos referentes a la música que ha cantado tradicionalmente, y en parte aún canta, el pueblo en la provincia de Burgos.

El estudio del folclore musical es hoy particularmente atractivo, no sólo por nuestra concreta circunstancia española caracterizada por un considerable auge de los movimientos regionalistas, sino por los valores intrínsecos de esa parcela fundamental de toda cultura popular, particularmente rica y variada en el caso de Burgos. Y ello a pesar de las dificultades que actualmente encuentra la auténtica música popular –como toda la cultura tradicional- para su supervivencia, por múltiples causas de todos conocidas, como la emigración rural, la mecanización de la agricultura, la invasión de la “música popular urbana” y, en definitiva, la transformación de los modos de vida que todo esto conlleva.

Hasta la fecha se han recogido y estudiado cerca de 850 canciones y danzas populares en la provincia de Burgos, de las que unas 600 se encuentran publicadas en los tres Cancioneros siguientes: Folclore de Castilla o Cancionero popular de Burgos de Federico Olmeda (1903), Colección de cantos populares burgaleses de Antonio José (recopilada en 1932 y editada en 1980) y Danzas típicas burgalesas de Justo del Río (1959). Felipe Pedrell, Bonifacio Gil, Kurt Schindler, Domingo Hergueta, Jacinto Sarmiento, Domingo Amoreti, Manuel García Matos, Joaquín Díaz o grupos como Orégano y Yesca, sin olvidar a nuestro primer folklorista del siglo XVI, el burgalés Francisco Salinas, son otros tantos investigadores de nuestro folclore musical, desde diversas perspectivas.

Ello ya da idea de la abundancia de nuestra música, teniendo en cuenta que nunca una investigación en este terreno puede agotar el caudal de la inspiración popular.

Pero si pasamos revista a esos Cancioneros o al representativo muestrario que de alguno de ellos nos ofrece esta grabación, comprenderemos hasta qué punto es variado el repertorio de la música popular burgalesa. Nos encontramos con canciones y danzas para todas las circunstancias, usos y situaciones, lo cual pone de relieve la funcionalidad del folclore musical.

 Hay canciones profanas y religiosas; de cuna, infantiles, de ronda, de bodas, de trabajo, de Carnaval, Marzas, Mayos, de San Juan y San Pedro, romances; canciones de Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Pascua; canciones a la Virgen, de rogativas o de santos patrones locales; bailes vocales e instrumentales, éstos últimos generalmente interpretados por la dulzaina, nuestro más característico instrumento popular, acompañado por el tamboril, y apoyados aquellos en el ritmo de la pandereta, el pandero o las castañuelas; bailes festivos o de recreo, como los bailes a lo agudo, a lo llano, las ruedas, las seguidillas, boleros, jotas, habaneras, carrasquillas o la jerigonza; y danzas rituales o de ceremonia como la danza del Santo, las danzas de palos o de espadas, y las de cintas y de arcos.

Si pudiéramos hacer un detenido análisis melódico-rítmico de nuestra música popular, lo cual sobrepasa nuestras actuales limitaciones por tratarse de un tema complejo y técnico en extremo, advertiríamos enseguida su arcaísmo y su enorme riqueza. Baste con apuntar que buen número de los temas populares burgaleses se desarrollan sobre intervalos melódicos inferiores a la octava –segundas y terceras, mayores y menores, tetracordos, pentacordos o hexacordos, y que otros muchos lo hacen sobre los ocho modos gregorianos, o sobre diversas escalas mixtas como la denominada “andaluza”, aparte de los ocho tipos de escalas diatónicas mayores y menores.

Y su riqueza rítmica va desde el ritmo libre a los más complejos ritmos “aksak” o cojos –por ejemplo, el de nuestras típicas ruedas-, sincopados y de alternancia y ambotronqueo, pasando por los más comunes ritmos ternarios y binarios. Ello revela que esta música popular ha recibido el influjo y el sello de los diversos pueblos que, desde los más remotos tiempos, se asentaron o pasaron por estas tierras, a través de su larga historia: celtas, vascones, griegos, romanos, visigodos, árabes, judíos…, además de los pueblos europeos que recorrieron desde la Edad Media el camino de Santiago que atraviesa de oriente a occidente la provincia de Burgos.


La misma calidad y riqueza que descubrimos en la música cabe encontrarla en la letra de estas canciones. Plumas más competentes que la mía en este campo ya han destacado la belleza poética de nuestras canciones populares. Su métrica es igualmente rica y variada: coplas, seguidillas, romances, villancicos, cuartetas hexasílabas, soleares, y las más diversas formas de estribillos.

Por otra parte, esta extensa provincia de Burgos comprende zonas muy distintas, tanto en paisaje como en folclore musical. Ello le da aún mayor riqueza y variedad a nuestra canción popular. Y así, encontramos zonas con personalidad folclórica tan definida como la norteña o zona de las Merindades, que linda con Santander y Vizcaya; la ribereña del Duero y del Arlanza; la serrana del este, en torno a la Sierra de la Demanda y otras estribaciones del Sistema Ibérico; o la propia capital que, habiendo recibido a través de su historia el influjo de los distintos pueblos de la provincia, ha sabido conservarlo asimilándolo y transformándolo con cierta originalidad.

  Por último, no quiero pasar por alto el hecho de que buena parte de la música culta española ha sido y es deudora del folclore musical burgalés. Refiriéndonos únicamente a los dos últimos siglos, podríamos citar fragmentos concretos de zarzuelas, inspiradas, con mayor o menor desarrollo, en temas populares burgaleses –caso de las Habas verdes que incluye Barbieri en Jugar con fuego, o de la Jota de La Bruja de Chapí- o motivos utilizados por Manuel de Falla en algunas de sus grandes obras –por ejemplo, el de la Montañesa de las Piezas españolas para piano o el que descubrió García Matos en el Nº 41 de El sombrero de tres picos, que no es sino una típica entradilla para dulzaina-; y, más recientemente, un buen repertorio de obras corales o pianísticas basadas en nuestro folclore musical, compuesta por Beobide, Amoreti, Arenal, Quesada, Otaño, Prieto, Yagüe, y por el propio Antonio José, extraordinario conocedor de estos temas que con gran acierto exaltó en sus obras, tan espléndidas como poco conocidas. Entre otras, podríamos recordar las siguientes: Cuatro canciones populares burgalesas (1931) y Cinco coros castellanos (1933), ambas para coro mixto; Danzas burgalesas (1924) y Evocaciones (1927), para piano; Suite ingenua (1928), Evocaciones Nº 11 (1929) y Preludio y danza popular (1934), todas ellas para orquesta; y las obras, también orquestales y aún inéditas, Sinfonía castellana (1923) y la ópera El mozo de mulas (1936). 

Esta constante utilización del tema popular, o al menos de su carácter, por muchos de nuestros compositores pone en evidencia que “música culta” y “música popular” nunca se han encontrado disociadas, a pesar de lo que el empleo de estos términos pueda sugerir. En consecuencia, nuestro folclore musical puede servir naturalmente de iniciación a la llamada “música culta”. Por si tuviera pocos valores la música popular burgalesa, uno más puede aún añadirse: es parte de una cultura popular y, como tal, factor de identificación de un pueblo que así ha querido expresarse y vivir.

 Colaborar en la conservación y difusión de tan rico patrimonio cultural ha de ser una exigencia de todos los burgaleses, y ha sido el propósito que ha animado esta producción.

-Texto de Miguel Ángel Palacios Garoz (director del Orfeón Burgalés).

*Comentario de BURGOSPEDIA:  A todos estos datos sobre la música popular burgalesa hay que añadir el que da Gonzalo Pérez mediante el comentario que figura debajo de este texto y que se incluye a continuación.

-Se han editado también  tres mil ciento trece documentos transcritos en el “Cancionero Popular de Burgos” , obra dirigida por Miguel Manzano y que la Diputación ha venido publicando en el Siglo XXI-

Puedes ver un canto de Marzas en Burgos.

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6 Respuestas a “LA MÚSICA POPULAR BURGALESA

  1. Enrique García Revilla

    Descubro hoy esta espléndida web, magnífica idea. Felicito al autor del artículo, Miguel Ángel Palacios, un erudito brillantísimo que ha dedicado una ingente cantidad de su tiempo al estudio y divulgación de nuestra riqueza musical. En la Universidad yo asistía como oyente a sus clases sólo para escucharle hablar de Antonio José. Puedo afirmar que aquellos ratos en que Palacios se olvidaba del reloj y del temario constituyen, para mí, momentos inolvidables de mi paso por la Facultad. Su valía académica es comparable a su modestia y calidad humana.

  2. Acabo de encontrame con vuestra Web. En este artículo de Miguel Ángel Palacios que habeis incluido, Miguel Ángel apotaba sus opiniones y datos cuando era “Director del Orfeón Burgalés” y ¡Anda que no ha llovido desde entonces!. Es por ello que falta un dato fundamental: los tres mil ciento trece documentos transcritos en el “Cancionero Popular de Burgos” , obra dirigida por Miguel Manzano y que la Diputación ha venido publicando en el Siglo XXI. Junto a las transcripciones, más de 800 páginas de análisis e índices acompañan este trabajo que constituye la obra de recopilacion mas extensa realizada nunca en España en un ámbito provincial. Para completar el panorama sólo faltaría la publicación de los materiales burgaleses inéditos recopilados por Manuel García Matos en 1953 y hoy depositados en la Intitución Milá y Fontanals de Barcelona.
    Si lees esto Miguel Angel, un fortísimo abrazo desde Burgos en tu aventura sudamericana. La noticia me ha llenado de alegría.

  3. Gabriel Mendez Alarcon

    Maestro Miguel Ángel Palacios Garoz:

    Tengo el agrado de encontrarme por primera vez con este sitio web tan interesante así como con su artículo acerca de la música popular burgalesa, le escribo porque me encuentro realizando una tesis acerca de la Sonata para guitarra de Antonio José, compositor que como usted lo describe fue claramente influenciado por la música popular de castilla y específicamente la de Burgos, me gustaría estar en contacto con usted, ya que cada vez que profundizo en el análisis de la Sonata para guitarra surgen dentro de mi dudas acerca de la influencia que la música popular tiene en este desconocido pero importante compositor. le agradezco su atención y lo felicito por este sitio web tan atractivo.

    Conservatorio de Música del Estado de México. México.

    Gabriel Méndez Alarcón.

    • Miguel Ángel Palacios Garoz

      Maestro Gabriel Méndez Alarcón:
      Hasta hoy, más de diez meses después, no he descubierto su comentario al que trataré de responder. Mi artículo se publicó en 1981 o 1982, acompañando al disco (LP) que grabó el grupo burgalés Orégano con temas del Cancionero de Antonio José. De ahí que no esté al día, como comenta con toda razón Gonzalo Pérez Trascasa. Le felicito por dedicar su tesis al estudio de la “Sonata para guitarra” de Antonio José. Pero los temas que utiliza el compositor en esta obra de forma cíclica son todos originales, no tradicionales. Saludos cordiales.
      Miguel Ángel Palacios Garoz

  4. me gusta esta pagina

  5. esta super guapa me ha servido para hacer un trabajo

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