LA TABA -Juego popular practicado en Burgos-

LA TABA era un juego popular preferido por las niñas burgalesas y no aborrecido por lo chicos y los mayores. El juguete lo proporcionaban los corderos al ser el hueso de las piernas de estos animales. En las mesas familiares, en las ocasiones en las que se había sacrificado un lechazo del rebaño doméstico, las niñas se adelantaban a decir:- La taba para mí…- para ellas eran las dos tabas del corderillo, el hueso astrágalo que dicen lo entendidos.

 Así, las gentes de Burgos tenían una cosa más que agradecer la providencial oveja: El instrumento para un juego.

A veces, los chicos jugában con las tabas pintadas de variados colores, que las hermanas guardaban cuidadosamente en una bolsa. Pero lo hacían sólo para apostar y para aplicar unos zurriagazos al perdedor. Hoy la hermosa ciudad de Briviesca, capital de La Bureba, vive en primavera una jornada bajo el signo de la taba, tan intensamente que la llaman la tabera. Los briviescanos y sus huéspedes apuestan a la cara favorita de la taba mucho dinero, bajo la complaciente mirada de Santa Casilda, cuya fiesta es en ese día, y cuyo santuario es el primer escenario de la Tabera.

Las niñas de Burgos tenían cuatro nombres, con algunas variantes en las diversas comarcas, para las cuatro caras del astrágalo: aguas era la cara ancha y más hundida y también la más preferida en las competiciones; la parte contraria se decía pencas, aunque muchos usaban la palabra culos; la lateral más lisa era llamada lisas y su contraria, algo hundida, carnes.

Las variantes para jugar a las tabas eran bastantes, pero el modo más general era el siguiente: Las tabas, hasta seis u ocho, se agitaban en las manos o en un bote y se lanzaban sobre una superficie plana cayendo cada una a su aire. La que primero jugaba lanzaba a lo alto con la mano derecha una canica o bola de cristal y con la izquierda cambiaba la posición o recogía las tabas que había anunciado, las lisas por ejemplo. Debía darse prisa, si no recogía la bola a tiempo o no recogía todas las tabas en la posición dicha, perdía o pasaba otra compañera a jugar. Había niñas de vista tan aguda y manos tan avezadas que entre lanzar la bola y recogerla, y también las tabas, todavía tenían tiempo para dar una palmada.

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