EL CID EN EL CINE Y LA LITERATURA DEL SIGLO XX.

Si los inicios del siglo XX fueron propicios al cultivo de los temas cidianos, el resto del siglo no ha desmentido ese impulso inicial. En el ámbito de la narrativa, puede destacarse el singular Mío Cid Campeador (1929) del poeta creacionista chilenoVicente Huidobro, que ofrece una obra vanguardista en la que adereza la vieja tradición argumental tanto con elementos paródicos como con datos rigurosamente históricos (obsérvese que ese mismo año publicó Ramón Menéndez Pidal su monumental estudio La España del Cid).

En cambio, María Teresa León adopta la perspectiva de la mujer del héroe en Doña Jimena Díaz de Vivar. Gran señora de todos los deberes (1968). También el teatro se ha ocupado de nuevo del Cid, retomándolo en clave de conflicto existencial, como se advierte en El amor es un potro desbocado (1959), de Luis Escobar, que desarrolla el amor de Rodrigo y Jimena, y en Anillos para una dama (1973), de Antonio Gala, en el que Jimena, muerto el Cid, debe renunciar a su auténtica voluntad para mantener su papel como viuda del héroe.

No obstante la vitalidad del argumento, en parte de estas manifestaciones el tema no deja de tener cierto tono epigónico, de etapa final. Será, en cambio, a través de los nuevos medios como la figura del héroe logre una renovada difusión.

En esta línea hay que situar la conocida película El Cid (1961), una auténtica «epopeya cinematográfica» de tres horas de duración, dirigida por Anthony Mann y protagonizada por Charlton Heston en el papel del Cid y Sofía Loren en el de doña Jimena. Al año siguiente se rodó, bajo la dirección de Miguel Iglesias, la coproducción hispano-italiana Las hijas del Cid, pero, frente a la estilización argumental de que hace gala la película americana, ésta resulta una burda adaptación de la parte final del Cantar de Mío Cid.

En el terreno de la historieta visual (llámese cómic o tebeo) destaca la labor pionera, a finales de los setenta, de Antonio Hernández Palacios, con El Cid, aparecido por entregas en la revista Trinca y luego publicado en álbumes en color. Una versión más netamente infantil produjo la compañía Walt Disney en 1984, con El Cid Campeador, en el que nada menos que el pato Donald (trasladado por una máquina del tiempo) sirve de testigo y narrador a las andanzas de Rodrigo.

Pocos años antes, como ya he dicho, se había realizado Ruy, el pequeño Cid, una serie de dibujos animados en que, siguiendo una técnica que más tarde Steven Spielberg aplicaría a los célebres personajes de la Warner (Buggs Bunny y compañía), se mostraba en su infancia a los principales personajes de la acción (Ruy, Jimena, Minaya), en este caso como niños que apuntaban ya las actitudes que luego los caracterizarían de mayores, aunque viviendo sus propias aventuras en las cercanías de San Pedro de Cardeña.

Texto de: Alberto Montaner Frutos

Puedes ver un fragmento de la película El Cid de 1961.

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