JOSÉ SARRIEGUI ALDANONDO -Pintor-

JOSÉ SARRIEGUI ALDANONDO pintor guipuzcoano, nacido en Ordizia en 1911. Amigo de Nicolás de Lekuona, y emparentado, en cuanto a su obra, con Arteta, expuso sus obras por España en muestras particulares. Tomó parte en la exposición “Artistas Vascos” celebrada en la capital guipuzcoana en la inauguración del Museo de San Telmo. Fallece en 1967. Obras suyas figuraron en la muestra “Arte y Artistas Vascos de los años 30” (Donostia, 1986) y en la “Antología de la acuarela vasca” (Bilbao, 1989).

 El artísta fue condenado a muerte en 1937. Su nombre era sinónimo de vanguardia pictórica: Culto, talentoso, rebelde y nacionalista, no dudó en alistarse como soldado del gobierno vasco durante la Guerra Civil, participando en el batallón ‘Amayur’ y tomando parte en algunas batallas del frente del norte.

Su formación cayó a manos de los italianos en la localidad cántabra de Santoña. Pocos días después, Sarriegui, que había sido ascendido a teniente, fue juzgado sumariamente y condenado a la pena de muerte como autor de un delito de rebelión con la circunstancia agravante de peligrosidad ingresando en el Penal de Burgos.

Esperando la ejecución sumaria en 1940 recibió una noticia que le llenó de esperanza: se le conmutaba la pena de muerte por 30 años de reclusión.  Aquel nuevo escenario iba a modificar su vida en prisión. Como un mecanismo de autodefensa, quizás, también, procurando conseguir una sensación liberadora que le pudiera alejar, al menos mentalmente, de su reclusión tras las rejas, Sarriegui comenzó a pintar.

Junto a otros artistas como los hermanos Lucarini (uno de ellos, Joaquín Lucarini, luego de conquistar su libertad, fue el autor de las esculturas cidianas del puente de San Pablo) participó activamente en el taller de arte del penal de Burgos después de que su director aceptara la petición que le realizara el artista vasco.

Su talento no pasó inadvertido para la autoridad carcelaria, que pocos meses después le hizo un encargo, como se verá, de todo punto liberador: decorar la capilla de la cárcel.

En 1942 José Sarriegui realizó once grandes frescos de temática religiosa; si bien es cierto que alejado del estilo renovador y vanguardista que había caracterizado su obra anterior porque debió ajustarse a los cánones que le impusieron la autoridad civil y religiosa del penal.

Pasajes bíblicos, vírgenes, santos y monjes decoraron la capilla, hoy convertida en sala de reuniones de la cárcel burgalesa. La Última Cena, la Coronación de la Virgen y la Apoteosis, la Anunciación, un Nacimiento, la Sagrada Familia, la Oración en el Huerto, los Cuatro Evangelistas, la Virgen en diversas escenas iluminan este espacio increíble, esta Capilla Sixtina de la libertad en la que Sarriegui volcó su formación clásica, remedando el hieratismo de la iconografía griega, sus dorados cromatismos, los grandes volúmenes.

Sin embargo, y pese a tener que desarrollar un estilo constreñido por imperativo, se permitió hallazgos que desvelan la grandeza de su arte: -Túnicas con pliegues sugerentes, expresiones contenidas, auténticos bodegones inherentes a la escena representada, paisajes naïfs que se dejan entrever tras las ventanas, la composición muy estudiada y acertada, la transmisión de sosiego… demuestran que tras este trabajo se encuentra un pintor de mucha valía-.

Fuente: R.Perez Barrero y Alonso de Errasti.

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