PENDÓN Y BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA 1212 -Procesionado en Burgos-

En la procesión del Curpillos de Burgos, que transcurre en los alrededores del Monasterio de las Huelgas, y que precede a una gran jira popular en el propio parque “del Parral”;  las tropas de infanteria de tierra que participan en una parada militar, procesionan una réplica del Pendón de las Navas de Tolosa que se guarda en el propio monasterio. Pero ¿cuál es la historia del Pendón y de la propia batalla donde fue conquistado?.

Mientras Simón de Monfort, se disponía a atacar al Conde de Tolosa, Ramón VI, en la España cristiana todo anunciaba que no se iba ya a tardar mucho en emprender una campaña decisiva contra los Almohades y los Obispos españoles, sobre todo, el Arzobispo de Toledo, don Rodrigo Ximenex de Rada -a quien el año anterior una Bula pontificia había confirmado como Primado de la Iglesia española-, estaban muy interesados en reunir para esa empresa los esfuerzos de todos los príncipes hispano-cristianos. Un año antes, el joven infante don Fernando, hijo y heredero de Alfonso VIII de Castilla, se había cruzado con la finalidad de emprender una campaña contra los Musulmanes y para ello solicito la bendición de Inocencio III, quien en una Bula estimuló entonces a los Reyes de la España cristiana a que imitasen al valeroso infante y concedió a todos los que se cruzasen, las gracias espirituales de la Cruzada.

Por su parte, Alfonso VIII se dirigió también al Papa pidiéndole su auxilio para la campaña anti-islamica que proyectaba y el envío de un legado pontificio que preparase la unión de todos los Reyes hispano-cristianos en una empresa común contra los Almohades; pero Inocencio III contesto con otra Bula (22 Febrero), en la que decía al rey de Castilla que de momento no podía enviar a España a ningún legado, aunque había ordenado al Arzobispo de Toledo y a los Obispos de Zamora, Tarragona y Coimbra, que castigasen con severas penas eclesiásticas a cualquier príncipe español que rompiera sus treguas con Castilla o entorpeciese de algún modo la acción de Alfonso VIII contra los Almohades. Entretanto, el Califa Abu Abd Allh Muhammad al-Nasir, se disponía también a emprender una gran campaña por la España cristiana y había salido ya de Marraquex al frente de un poderoso ejercito con el propósito de trasladarse a la Península.   

Por entonces, Alfonso VIII, acompañado de su hijo el infante don Fernando y al mando de una hueste constituida por las milicias de los concejos de Madrid, Guadalajara, Huete, Cuenca y Ucles, se dirigió hacia Levante y llego hasta el mar por la comarca de Jativa (Primavera 1211), aunque no tardaba en regresar sin haber obtenido de esta expedición resultados provechosos, mientras, el Califa almohade desembarcaba en Tarifa, pasaba por Sevilla y Córdoba (16 Mayo) y con un ejercito formado por “chund” almohades, tribus almoravídes, arqueros turcos, tropas hispano-musulmanas y algunos cristianos, marcho a la frontera de Toledo y sitio el castillo de Salvatierra, fortaleza de la Orden de Calatrava desde que los musulmanes habían conquistado la plaza de este nombre. Por esa época, Alfonso VIII parece que estaba en Cuenca con Ximenex de Rada, y que de allí fue a la comarca de Talavera para tomar posiciones en la Sierra de San Vicente, (Agosto), desde la cual el infante Fernando hizo una correría por Trujillo y Montanchez, pero sin que el Rey de Castilla se aventurase a socorrer a Salvatierra, sitiada por un ejercito poderosisimo que atacaba la fortaleza con grandes maquinas de guerra. El castillo de Salvatierra resistió sin embargo, durante dos meses y al fin sus defensores tuvieron que rendirse, aunque pudieron salir de la plaza y refugiarse en Castilla (Septiembre 1211). La caída del castillo de Salvatierra en manos de los Almohades produjo una profunda emoción en toda la España cristiana y va a precipitar no solo la unión de los Reyes españoles para defenderse de la amenaza musulmana, sino también, la predicación  de una nueva Cruzada en occidente.    

Un mes después, (Octubre 1211) Alfonso VIII pasaba por el dolor de que enfermase y muriese al poco tiempo en Madrid su hijo Fernando, cuyo cadáver fue llevado a enterrar por él obispo de Toledo, Rodrigo Ximenez de Rada al Monasterio de las Huelgas, mientras el Rey de Castilla, que no podía desatender en aquellos momentos críticos la defensa de su Reino, se encontraba con su ejercito en la comarca de Guadalajara acompañado por don Diego López de Haro, reintegrado ya al servicio y vasallaje de Alfonso VIII. En ese mismo año murió también el Rey de Portugal, Sancho I y le sucedido su hijo Alfonso II, quien se había casado en 1208 con la infanta Urraca, hija del Monarca castellano. Entretanto, en el Languedoc, Simón de Montfort había atacado a Ramón VI, sitiado por unos días la ciudad de Tolosa y estaba en guerra abierta con aquel y con su aliado, el conde de Foix.    

El ataque a los Almohades y la toma de Salvatierra decidieron al Rey de Castilla actuar con la rapidez que requerían las circunstancias y, apenas fue enterrado el infante Fernando, con Rodrigo Ximenez de Rada salió para Roma con la finalidad de que el pontífice (1212) expidiese las letras apostólicas necesarias a la predicación de una Cruzada en occidente, y luego parece que recorrió Italia, llego al Norte de Francia e incluso a Alemania y a su regreso, pasó por las regiones francesas del Mediodía, predicando en todas partes la Cruzada contra los Almohades. En la Provenza y comarcas vecinas sobre todo, el Arzobispo de Toledo despertó gran entusiasmo y la nueva Cruzada no dejo de preocupar a Simón de Montfort, que empeño en la suya frente a los Albigenes, temió que aquella le quitase combatientes. La Cristiandad, en efecto, empezaba a inquietarse ante la amenaza almohade, y los trovadores provenzales se sintieron solidarios de la misión europea que suponía detener en España el empuje del Islam, y Gravaudan la comparaba a las Cruzadas de Oriente: Saladino ha tomado ya Jerusalén, y los “perros marroquíes” amenazan a la Provenza: que “los Cruzados alemanes, franceses ingleses y bretones” -dice- vayan a España antes de que sea tarde.    

Mientras Ximenex de Rada recorría la Europa occidental predicando la Cruzada, Gerardo, Obispo electo de Segovia, fue también a Roma por encargo de Alfonso VIII, y el Papa Inocencio III ordenaba a los Obispos de Francia que exhortasen a sus fieles para que fueran a España a combatir a los Musulmanes, y dirigía al rey de Castilla una Bula  -respuesta a la misión que llevo a Roma (4 Febrero) al Obispo Gerardo- en la que  le anunciaba su exhortación a los Obispos franceses y concedía a los Cruzados que acudiesen a luchar con los Almohades la remisión de sus pecados.    

La campaña había quedado decidida para la octava de Pentecostés, y el lugar de reunión de los Cruzados se fijo en Toledo. Por su parte, Alfonso VIII a quien correspondía la iniciativa de la empresa, solicito el auxilio de los Reyes de Aragón, León, y Navarra; pero Alfonso IX, que estaba en guerra con Portugal, respondió que solo participaría en aquella si el Rey de Castilla le devolvía algunos castillos que le había quitado.    

Pedro II de Aragón, en cambio, recorría por entonces el Mediodía de Francia reclutando Cruzados y se disponía a acudir a Toledo para tomar parte en la campaña proyectada y Sancho VII, que parecía poco dispuesto a ayudar a Alfonso VIII decidió también a incorporarse a los Cruzados, convencido tal vez por Ximenex de Rada. Aunque ni Alfonso IX de León ni Alfonso II de Portugal acudieron personalmente con sus huestes reales, muchos caballeros portugueses, leoneses y gallegos se dirigieron también a Toledo, mientras ya habían empezado a llegar los Cruzados de ultramontes al mando del Arzobispo Guillermo de Burdeos, Obispo de Nantes y del Arzobispo de Narbona; este ultimo era ahora el Abad del Cister y legado pontificio Arnaldo Amaury. Por entonces (5 Abril), Inocencio III dirigía una Bula a los Arzobispos de Toledo y Compostela ordenándoles que procurasen no se rompiera la paz entre los Reyes españoles mientras durase la campaña contra los Almohades, y amenazando con la excomunión a todo cristiano que prestase su ayuda a aquellos y muy especialmente al Rey de León, si en esas circunstancias atacaba a Castilla

Durante la octava de Pentecostés se reunieron en Toledo caballeros y peones franceses, provenzales italianos y de otros países, en numero que parece llego hasta cerca de 70.000 y entre los señores ultramontanos que acudieron figuraban, además de los Prelados citados, el Conde Centulo de Astarac, el Vizconde Ramón de Turena y encargado del abastecimiento de los Cruzados y de proveerles de armamento y caballos, ya que muchos venían sin ellos, y cuando ya había en la ciudad numerosisimos Cruzados extranjeros, llego a Toledo el Rey de Aragón, quien, con su brillante hueste de catalanes y aragoneses, plantó sus tiendas en la vega; con él llegaban Berenger, Obispo electo de Barcelona, y García, Obispo de Tarragona. Por causa de los preparativos para la reunión de su hueste, Alfonso VIII de Castilla solo pudo incorporarse a los demás Cruzados pasada ya la Pascua de Pentecostés, y Sancho VII el fuerte con sus navarros se retrasará aun más y se unirá al ejercito cristiano cuando este se encuentre ya en campaña.

La hueste castellana de Alfonso VIII parece que sumaba mas de 60.000 hombres y a sus tropas se añadían no solo las catalanas y aragonesas de Pedro II y las ultramontanas, sino los caballeros de las Ordenes de Calatrava y Santiago, del Hospital y del Temple, los portugueses, leoneses, gallegos y asturianos que fueron a Toledo por su propia iniciativa; en total, parece que los ejércitos hispanos-cristianos que no procedían de Castilla estaban constituidos por unos 50.000 guerreros.

En la infraoctava de Pentecostés, el Papa Inocencio III dispuso en Roma un ayuno de tres días y organizo una procesión de hombres y mujeres que recorrió la ciudad rezando por la victoria en España de las armas cristianas.
Entretanto, el Califa almohade Abu Abd Allah Muhammad al-Nasir se había preparado por su parte, para hacer frente a los Cruzados y había reunido un gran ejercito, que concentró principalmente en Sevilla y que debió de estar formado por unos 250.000 hombres. Este ejercito se había puesto ya en marcha (20 Junio) hacia Jaén y Sierra Morena, cuando los Cruzados abandonaron Toledo y se encaminaron hacia la frontera de al-Andalus.

Las huestes cristianas iban divididas en tres grupos; el de los Cruzados de ultramontes, que mandaba el señor de Vizcaya Diego López de Haro; el de los catalanes y aragoneses de Pedro II, en el que figuraban, entre otros magnates, el Conde de Ampùrias,Guillermo de Cardona, Guillermo de Cervera, Garcia Romero, Jimeno Cornel y los Obispos de Barcelona y Tarragona; y el de las huestes de Alfonso VIII, que marchaba a retaguardia, acompañado el Rey de Castilla por el Arzobispo de Toledo, don Rodrigo Ximenez de Rada; los Obispos de Palencia, Siguenza, Osma, Avila y Plasencia; por muchos magnates castellanos, por los Maestres de Calatrava y Santiago y por los Priores de las Ordenes del Hospital y del Temple.

Tras acampar sucesivamente junto a los arroyos de Guadalajaraz, Guadecelete, Algodor, los ultramontanos de adelantaron, hicieron un alto en Guadalerza -en la divisoria entre las actuales provincias de Toledo y Ciudad Real- y llegaron a Malagón, (24 Junio) done se alzaba una fortaleza avanzada de los Musulmanes, que fue tomada y su guarnición pasada a cuchillo. Poco después llegaba también a Malagon Pedro II y los ultramontanos, que se quejaban de la falta de víveres, parece que ya entonces quisieron abandonar la campaña recién emprendida, aunque el Rey de Aragón logro convercérles para que continuasen.    

Unos días después, los ejércitos cristianos, reunidos ante Calatrava, asediaban esta plaza que pronto tuvo que capitular y Alfonso VIII, permitió a sus defensores (1 Julio), que salieran de la misma con la garantía de que sus vidas serian respetadas, con ello no hacia otra cosa que proseguir la costumbre de no molestar a los moros que se rendían, iniciada por el Cid e imitada luego por Alfonso el batallador y Ramón Berenger IV. Esta capitulación de Calatrava parece que disgustó a los ultramontanos que venían acostumbrados al saqueo y al exterminio de las ciudades albigenses y fuese por ello, o por la falta de víveres, lo cierto es que aquellos abandonaron la Cruzada y emprendieron el camino de regreso, durante el cual no dejaron de cometer en Castilla algunas tropelías y aun intentaron sin éxito adueñarse de Toledo. Con las huestes de la España cristiana solo quedaron el arzobispo de Narbona, sus gentes y el caballero Teobaldo de Blazon. El choque decisivo con los Almohades va a ser, una empresa española. Solamente los hispanos triunfaran poco después sobre el formidable ejercito del Príncipe de los Creyentes almohade del Miramamolin Abu Abd Allh Muhammad al-Nasir.

Después de retirarse los ultramontanos, Alfonso VIII con su ejercito salió en dirección de Alarcos y Salvatierra, en tanto que Pedro II se quedaba en Calatrava para esperara la llegada de Sancho VII y de sus huestes navarras. Mientras el Rey de Castilla conquista (5-6 Julio) las fortalezas de Alarcos, Piedrabuena, Benavente y Caracuel, llegaba a Calatrava el Rey de Navarra y poco mas tarde (7 julio), Sancho VII, Pedro II y Alfonso VIII se reunían ante Salvatierra (11 julio) y se dirigían hacia los pasos del Muradal (Despeñaperros), en cuyas cimas se encontraron ya destacamentos avanzados del ejercito del Miramamolin, los cuales impedían a los cristianos el paso a las alturas del macizo del Muradal, apostados en los desfiladeros por los que podía subirse al mismo.

 López Díaz, hijo del señor de Vizcaya y dos nietos de este, se adelantaron entonces, subieron hasta el llano de La Losa, por el que podía pasarse a la planicie llamada de la Navas de Tolosa, llanura muy apropiada para que los Cristianos afrontasen la batalla con los Musulmanes, Alfonso VIII decidió no retroceder  y, como el paso por el desfiladero de la Losa resultaba imposible, parece que un pastor se ofreció a guiar a los ejércitos cristianos por otro paso seguro y entonces desconocido, el que hoy día se llama Puerto del Rey, por el cual pudieron, efectivamente, cruzar a la meseta de las Navas de Tolosa, en la actual provincia de Jaen, donde establecieron su campamento y se dispusieron a presentar batalla a los Almohades. 

Durante los días que siguieron -un sábado y un domingo-, los Cristianos no atacaron y solo hubo pequeñas escaramuzas; pero al amanecer del lunes 16 de Julio de 1212.  El Alférez Mayor del Rey Alfonso VIII,  Don Sancho Gonzalez de Reinoso,fue el primero que vio una cruz aparecida en el cielo e infundio tal coraje y valentía a los españoles que nada les resistía a su arrojo para ganar la batalla de las Navas de Tolosa, ( por lo que el rey Alfonso concedio a este caballero el Escudo de Armas: en campo de oro una Cruz de Gules Flordelisada.

 Fue un signo precursor de tan señalada y gloriosa Batalla ), sus huestes se lanzaron al ataque, ordenadas en la forma siguiente: en el centro del ejercito se encontraban los castellanos, que llevaban en vanguardia a don Diego López de Haro, seguido por los caballeros de las Ordenes y por la retaguardia, en la que figuraban Alfonso VIII y el Arzobispo de Toledo; a la derecha estaban Sancho VII con los Navarros y las milicias de Avila, Segovia, y Medina, y a la izquierda, el Rey de Aragón con sus tropas, a cuya vanguardia marchaba el caballero Garcia Romero, en tanto que Pedro II iba en la retaguardia.

Apenas se inició el ataque, las vanguardias musulmanas tuvieron que retroceder; pero al entrar en batalla el grueso del ejercito de Miramamolin un momento de confusión y de retroceso de los Cristianos pareció que iba a hacerles perder el combate. Alfonso VIII se adelanto entonces y los Reyes de Aragón y de Navarra hicieron un movimiento convergente. En el empuje, que fue violentísimo, los Cristianos llegaron hasta el cerco de cadenas que, sostenidas por los esclavos negros, guardaban el acceso a la tienda del Califa almohade.

Sancho VII el fuerte fue al primero en romper ese cerco, y los Musulmanes empezaron a retroceder desordenadamente, y su retirada no tardo mucho en convertirse en una precipitada fuga. Abu Abd Allh Muhammad tuvo también que escapar a toda prisa, perdida ya la batalla, hacia Baeza y Jaén, donde se refugio aquella misma noche. La victoria cristiana había sido decisiva; los muertos musulmanes, innumerables; el botín enorme, y del mismo se conserva el tapiz que se guarda en el Monasterio de las Huelgas de Burgos, y que se conoce también por el nombre de “bandera de las Navas”. Terminada la lucha, el Arzobispo de Toledo entono un “Te Deum” sobre el mismo campo de batalla, en presencia del ejercito castellano, mientras navarros u aragoneses perseguian en su huida a los Almohades.

Poco después de la batalla de las Navas de Tolosa, los Cristianos conquistaban el castillo de Vilches y los del Ferral, Baños y Tolosa; cuatro días mas tarde ocupaban Baeza (20 Julio), abandonada por los Musulmanes y luego atacaban y tomaban Ubeda, donde hicieron muchos prisioneros (23 Julio). Desde Ubeda, el ejercito hispano-cristiano emprendió el camino del regreso, eliminada ya la amenaza almohade Pedro II de Aragón se dirigió a su Reino para tener que intervenir pronto muy activamente en las luchas suscitadas por la Cruzada contra los Albigenses.

Alfonso VIII marchó a Toledo y dirigió a Inocencio III una carta, que probablemente redacto Ximenez de Rada en la que le daba cuenta de la campaña y del victorioso resultado de la Cruzada; parece ser que al Papa se le enviaron el estandarte y la tienda de Miramamolin, cogidos a los almohades en la jornada de las Navas. Durante la campaña, Alfonso IX de León –el Baboso, como le llamaban a el y a su padre los cronistas musulmanes- se había aprovechado de la ausencia del Rey de Castilla, y había ocupado las fortalezas cuya posesión venia reclamándole.    

La batalla de las Navas fue, sin duda, el ultimo gran acto de solidaridad española en la empresa de la Reconquista y en ella combatieron juntos el castellano Alfonso, el catalano-aragones Pedro y el gigante vascón, Sancho de Navarra, cuando ya la idea imperial leonesa, que otras veces había reunido frente al Islam a los príncipes hispanos-cristianos, se hundía definitivamente en el ocaso. 

EL PENDÓN DE LAS NAVAS

Precioso trofeo arrebatado a los árabes en la batalla de las Navas de Tolosa y custodiado en el Monasterio de las Huelgas Reales. Es el mejor tapiz almohade que se conserva. Está tejido en oro, plata y sedas con un tamaño de 3,30 m. x 2 m. predominando el color rojo, amarillo, azul, blanco y verde y con una inscripción haciendo alusiones a la figura de Alá que rodea una gran estrella central. Posiblemente se trate de un adorno de entrada de la tienda del sultán Abú-Yasuf-jacub, conocido como Miramamolín.  

 En el año 1953 se lleva a cabo su restauración y desde entonces cada año la máxima autoridad militar porta en la procesión del Corpus una copia de tan preciado tapiz. Y es junto con el museo de Ricas Telas la joya más preciada del Monasterio. 

LA TRADUCCIÓN AL CATELLANO DE LO QUE DICE EL PENDÓN EN ÁRABE ES:

“Me refugio en Dios, de Satanas el apedreado. En el nombre de Dios, piadoso y clemente.
 
La bendición de Dios sea sobre nuestro Señor y dueño, Muhammad el Profeta honrado y sobre su familia y amigos. Salud y paz”.
 

Texto de A. Cobos 

Puedes ver una recreación en vídeo de la batalla.

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5 Respuestas a “PENDÓN Y BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA 1212 -Procesionado en Burgos-

  1. josé antonio albisu ortiz

    Me llama la atención que la Historia dice que fué una victoria del rey de Castilla, pero se lee -aquí y en libros de historia, el del Marqués de Lozoya entre otros- que el rey castellano y su ejército iban en retaguardia, llevando la iniciativa y la vanguardia de las tropas el vizcaíno D. Diego López de Haro.
    El Papa, con su amenaza de excomunión, ayudó evidentemente al rey de Castilla, ya que impidió al de León y al de Navarra que ajustaran viejas cuentas pendientes con Castilla.

    • Es bueno que sepas que Diego López de Haro fué uno de los comandantes castellanos de esa batalla, tanto es así que además de señor de vizcaya tenía el título de “Merino mayor de Castilla”, que Vizcaya pertenecía a Castilla, que Castilla fundó más del 70% de los municipios de Vizcaya, entre ellos Bilbao, y que Vizcaya siempre ha pertenecido a Castilla desde entonces, hasta la llegada de las guerras carlistas y el siglo XIX que comienza el nacionalismo vasco.Más concretamente, el primer estatuto de autonomía del País Vasco es en 1936.Vamos, desde hace 4 días.
      No te guíes por la distribución actual de España, la cual es una abominación histórica.

  2. manuel enamorado casquero

    segun algunos escritos el pendon de navas lo conquisto un miembro del apellido Enamorado,cuyo escudo es un castillo dorado tres torres tres aguilas y simboliza la guardia real

  3. Pingback: ¿Quién dijo frío? | Los colores del camaleón

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