ANTONIO CHENEL “ANTOÑETE” -Algunas de sus intervenciones en Burgos-

 ANTONIO CHENEL ALBADALEJO conocido por su apelativo taurino “Antoñete” nace en Madrid un 24 de junio de 1932 y fallece en Majadahonda (Madrid) un 22 de Octubre de 2011.

Primera vez de luces: Las Ventas, 1949, con charros mexicanos                    Debut con caballos: Barcelona, febrero de 1951                                     Temporada 1951: 13 novilladas                                                                          Presentación en Las Ventas: 5 de junio de 1952, con Manuel Perea y Carriles, y novillos de Nicasio López Navalón (repite en el mismo coso el 12 de junio y el 16 de julio)                                                                                                 Alternativa: 8 de marzo de 1953, en Castellón. Padrino: Julio Aparicio. Testigo: Pedrés. Toros de Francisco Chica. El de la ceremonia se llamaba Carvajal, negro                                                                                        
Confirmación en Las Ventas: 13 de mayo de 1953. Padrino: Rafael Ortega. Testigo: Julio Aparicioo. Ganado de Alipio Pérez T. Sanchón. El de la ceremonia se llamaba Rabón, negro.

Torero de gran clase, su estilo fue absolutamente clásico, deudor de la estética de Juan Belmonte (su ejecución de la media verónica era un homenaje al Pasmo de Triana, de quien Antoñete se declaró admirador) y de la técnica de Manolete (a quien vio torear cuando era un adolescente y por quien empezó a fumar de vérselo hacer al maestro en la puerta de cuadrillas). El historiador taurino Delgado de la Cámara sintetiza en una frase el estilo inconfundible de Antoñete: «Cruzado, pecho fuera, pierna para adelante, pero toreo ligado en el sitio de Manolete.»

Antoñete cuajó varias faenas en Burgos ciudad en la antigua plaza de Vadillos y en la municipal del Plantío. Siguiendo como base el libro de Miguel Ángel Salinas y Gregorio del Santo -Historia taurina de Burgos-  pueden analizarse algunas.

30 de Junio de 1953: Debut de Antonio Chenel “Antoñete” que no tenía todavía cartel en la plaza antigua de Burgos. En esa corrida se hizo una sustancial rebaja del precio de las localidades y el regalo del toro sobrero, en caso de no utilizarse, para el novillero burgalés Rafael Pedrosa.

Con una feria ya muy desprestigiada, sólo hubo media entrada. Se lidiaron reses de la ganadería de D.Ignacio Sánchez de Salamanca, que se dejaron torear, excepto el sexto, que fue condenado a banderillas negras. Antonio “Chenel” obtuvo vuelta al ruedo en el primero y dos orejas en el segundo.

30 de Junio de 1982: La tarde transcurría monótona , cuando volteado aparatosamente “Antoñete” por su primer toro, tuvo que ser llevado a la enfermería y curado de diversas contusiones. Su pundonor y valía, en contra de la opinión de los médicos que le asistían, le hicieron volver al ruedo, dando en el cuarto de la tarde un auténtica lección de torería. En la misma se fajó bien “Yiyo” (tomó la alternativa en esta plaza del Plantío) con el último de la tarde.

La retirada definitiva de Antonio “Chenel” de los ruedos se produjo en 2001, cuando en Burgos tomó la decisión tras sufrir una crisis respiratoria cuando lidiaba una corrida de José Luis Marca en la plaza de toros del Plantío. Siendo ésa su última corrida oficial.

Puedes ver un vídeo sobre su carrera.

ADENDA al texto realizada por Francisco Blanco; principios de los ochenta, el año exacto no lo puedo precisar, en el mes de agosto se fundó en Burgos la “Peña Taurina Internacional Antoñete”. La ceremonia fundacional tuvo lugar en el antiguo “Restaurante Polvorilla” de la Plaza de la Libertad, después de un animado banquete, presidido por el propio “Antoñete”, acompañado de los socios fundadores, entre los que se encontraba un encantador matrimonio escocés-Willy era el nombre del marido, médico de profesión- que había viajado a España para asistir a todas las corridas de su diestro preferido; también se recibieron telegramas de adhesión de algunos aficionados japoneses. En dicho banquete se comió y se bebió en abundancia, hubo discursos, aplausos, abrazos, alegría, buen humor y alguna que otra canción. ¡Todo un acontecimiento gastronómico y taurino!.

La iniciativa, si no me falla la memoria, pues han pasado al menos treinta años, partió de un grupo de socios de la “Peña Taurina 25”, que tenía su sede en un piso de la Plaza de la Catedral; creo que su presidente, Fernando del Rivero, gran apasionado de nuestra “Fiesta Nacional”, erudito en el Arte de la Tauromaquia, colaborador y crítico taurino del Diario de Burgos, que también era un gran admirador y seguidor de “Antoñete”, fue el gran impulsor de la idea.

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