MEMORIAS DE UN SEXAGENARIO ADOLESCENTE. –De Eduardo García Saiz–.

EDUARDO GARCÍA SAIZ. Villadiego (Burgos) 5 de Enero de 1940, realiza en ésta, su primera obra publicada, un canto a la memoria y a los recuerdos establecidos a lo largo de los años en su discurrir vitál. Todo ello en once capítulos que van desde su nacimiento en Villadiego hasta sus primeros trabajos como docente, lejos ya de la villa enclavada en la comarca Odra-Pisuerga.

En ella traza un recorrido por su infancia y su crecimiento adolescente con los escenarios de su pueblo como fondo al hilo argumental, que está plagado de vivencias, experiencias y aconteceres cotidianos. La localidad de Villadiego, de la que el autor lleva siempre a gala ser, ocupa un lugar preferente en la mitad del volumen  hasta sus comienzos como bachiller en la ciudad de Burgos.

Con una prosa que a ratos se puede denominar romántica con toques de costumbrismo (admira desde su época de estudios la literaratura de Galdós) y repleta de ternura, se van desgranando a lo largo del libro las constantes personales que acompañan su vida; el pueblo, la pesca, la amistad, los hermanos, la música, la enseñanza, el mar…

Concluye con sus primeros destinos como enseñante, con la aparición del medio marítimo en su vida después de aquella excursión escolar que para siempre le vinculara al mismo, y con los planes de futuro junto a la que luego sería su esposa.

Eduardo nos regala una narración que exalta la amistad en una época temporal de muchas dificultades, pero también colmada de rotundos valores humanos. Melómano impenitente y miembro de la Coral de Cámara de San Esteban, fue después de las vivencias narradas director del Colegio Apostol San Pablo durante casi veinte años, allí, donde acudía cada mañana con su 127 blanco, aprendió más tarde a amar el idioma inglés, a venerar la obra literaria de Miguel Delibes al que se honraba en conocer; viendo crecer a sus hijas y enseñando…  siempre enseñando vocacionalmente…; como los viejos profesores.

Pero eso…, será posiblemente la inspiración de la próxima obra de este autor novel. Ya lo dice el parrafo que hace de introducción a su primer capítulo:

<<Cuente su historia: Sí, cuente su historia. Dé su ejemplo. Diga a todos que es posible. Y otras personas, entonces, sentirán coraje para enfrentar sus propias montañas>>

(Paulo Coelho)

Impreso por Bubok Publishing.                                                                                               271 páginas                                                                                                                                 Precio 15 euros.                                                                                                                              Con prólogo de Antonio R.Llanillo.                                                           

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3 Respuestas a “MEMORIAS DE UN SEXAGENARIO ADOLESCENTE. –De Eduardo García Saiz–.

  1. Gabriel Martín Parro

    ENHORABUENA, EDUARDO, POR TU PRECIOSO LIBRO QUE LO TENDRÉ DE CABECERA
    Como Ulises, Eduardo, reflejas en tu libro como viviste en aquélla Ítaca siempre presente en nuestro corazón, y cómo un día saliste de la querida Isla –desde aquel puerto infantil que teníamos en nuestro Brullés, hacia el Mar-, y a ella retornas ahora en tu libro después de largo viaje. Los que compartimos contigo aquélla niñez y adolescencia nos preguntarnos: ¿habremos aumentado aquélla riqueza que nuestros padres y nuestros amigos introdujeron a rebosar en aquéllas alforjas cuando salimos?, ¿resistieron las Calzas tan estupendas que confeccionaron para nuestro largo viaje?
    Para poder ser un hombre bueno, como eres –no te ruborices-, fue largo el amor y aprendizaje que recibiste en tu niñez y adolescencia, terreno siempre abonado y virgen a la ilusión y a la felicidad como irradias en tu esmerada redacción de impecable y puro castellano viejo –muchas les he releído-, en completísimo e insuperable relato. (Me has convencido, sigues siendo aquél adolescente que conocí en las décadas de los 40 y 50)
    Dejas claro ese hogar y ese entorno que meció tu cuna y adolescencia, por los autores que te han dado la vida y otros importantes para ti que la compartieron, te nutrieron del oro puro de su cariño inefable, plagado de los mejores sentimientos, que tanto necesitamos desde los importantes iniciales y básicos capítulos de nuestro libro de la vida, sentando así los fuertes cimientos y llenándonos el buche y las alforjas de nuestra alma, a rebosar, hasta que aprendimos a sostenernos, primero tambaleantes y después más firmes, para poder abandonar necesariamente ese Paraíso. ¡Cuánto cuesta abandonar ese hogar y cuánto les debió doler a nuestros padres! pensábamos duraría toda la vida… ¿Pues no era allí donde siempre habíamos estado?
    No cabe duda, y así lo confirmas, que desde el principio de los tiempos la familia es el lazo más fuerte y compulsivo de todos los grupos sociales, que surge como una imperiosa necesidad debida, sobretodo, a la larga duración de la infancia y a las dificultades de sus miembros más indefensos para proveerse de alimentos, vestidos, cobijos, así como de cuidados, protecciones y otras ayudas personales imprescindibles para sobrevivir, entre las que ha estado y sigue estando siempre presente la necesidad del desarrollo y manejo de la mente, la del auxilio ante las enfermedades y demás desastres de la naturaleza.

    También no olvidas, Eduardo, lo importante que fue ese Entorno ó Tribu ó “Ítaca” (como quieras denominarlo), en la necesidad de ampliar ese ámbito de cooperación insuficiente por los miembros de una sola familia. Reflejas perfectamente que ese entorno es guíado, desde un primer momento, por un doble mecanismo instintivo el de la amistad como fruto del conocimiento íntimo, afable, y el de lealtad hacia aquél grupo del que formamos parte, ampliando así la cooperación para cubrir mejor las necesidades de entonces.

    Familia y Entorno que nos “hicieron” y nos ayudaron fueron imprescindibles en nuestra niñez y adolescencia para “poner en marcha nuestra razón y habilidades” -pues el instinto ya nacemos con el-, envuelto con las aportaciones de amor, valores y buenas pasiones que, como cimientos y fuerzas humanas más sólidas, nos encaminan al bien, a comprender nuestro esfuerzo personal y rectificar nuestros errores.
    Navegando por los mares de la vida, tuvimos que aguantar y luchar contra los duros embates y tristezas que trajo consigo, pero también encontramos y atesoramos nuevos amores, riquezas y felicidades en nuestro corazón. Todos esos valores sólidos han quedados grabados de forma indelebles en lo más profundo de nuestra alma formando nuestro “sancta santorum” personal, y que son los que invocamos y nos empujan a hacer a nuestra vida más feliz y afortunada, hasta el último día que dejemos de ser.
    La singladura y el aprendizaje del hombre es largo y nunca termina, tarde aprendemos a discernir donde estuvo la máxima felicidad que en principio, y por ignorancia, no la dábamos tanto valor como ahora. Por eso, aún viviendo el presente que se nos depare, regresamos a esa Ítaca que nos llama desde nuestro interior hasta el fin de nuestras vidas, como hacen las aves emigrando una y otra vez hasta su origen, y como haces tú Eduardo en tu precioso libro que acabo de leer.
    Tu sencillez, reflejada en tu libro de impecable redacción, demuestra tu grandeza y sabiduría, Eduardo, porque “vivir sin memoria es tener huérfano el espíritu”. Después de leído detenidamente, tu libro es tan agradable para mi como beber ese vaso de agua fresca y pura de la fuente del artesiano en aquéllas mañanas calurosas de nuestros veranos villadieguenses, y me suscita mi numeroso rico “adéndum” personal, familiar, dentro de nuestro entorno que vivimos en aquellos tiempos. Muchas gracias por tu libro que “te debo” como dice Antonio Machado, y no olvidaré, como tampoco te olvidé a ti.
    “Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta, ya habrás comprendido las Ítacas que es lo que significan”
    Recibe ese abrazo ancestral de este adolescente coetáneo, ya septuagenario.

  2. Gabriel Martín Parro

    Como alegoría a tu libro, y en relación a la experiencia de niñez y adolescencia que compartimos en el Villadiego de los 40-50 y los 60 de Burgos, sobre mi comentario anterior, reproduzco esa poesía (para mi preciosísima de KOSTANTINOS KAVAFIS, que traducida dice así:

    ”ÍTACA” *

    “Cuando salgas en el viaje, hacia Ítaca
    desea que el camino sea largo,
    pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
    A los Lestrigones y a los Cíclopes,
    al irritado Poseidón no temas,
    tales cosas en tu ruta nunca hallarás,
    si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta
    emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.
    A los Lestrigones y a los Cíclopes,
    y al feroz Poseidón no encontrarás,
    si dentro de tu alma no los llevas,
    si tu alma no los yergue delante de ti.

    Desea que el camino sea largo.
    Que sean muchas las mañanas estivales
    en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
    entres a puertos nunca vistos:
    detente en mercados fenicios,
    y adquiere las bellas mercancías,
    ámbares y ébanos, marfiles y corales,
    y perfumes voluptuosos de toda clase,
    cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
    anda a muchas ciudades Egipcias
    a aprender y aprender de los sabios.

    Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca.
    Llegar hasta allí es tu destino.
    Pero no apures tu viaje en absoluto.
    Mejor que muchos años dure:
    y viejo ya ancles en la isla,
    rico con cuanto ganaste en el camino,
    sin esperar que riquezas te dé Ítaca.

    Ítaca te dio el bello viaje.
    Sin ella no hubieras salido al camino.
    Otras cosas no tiene ya que darte.

    Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
    Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
    ya habrás comprendido las Ítacas qué es lo que significan”.

  3. El amor a la literatura, la pasión por aprender nuevas historias, por conocer cosas distintas… son deudas que mantengo con mi Maestro Don Eduardo. Si la patria de los hombres es su infancia, Don Eduardo fue para este niño, durante muchos años, el Gobernador de todas las ínsulas conocidas. Leeré su libro con atención, disfrutaré y seguiré, GRACIAS MAESTRO, aprendiendo.

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