DE CONGRESO EN CONGRESO -Agustín Ruíz Yangüas, un maestro en la institución libre de enseñanza- -Por Francisco Blanco-

El 28 de mayo de 1882, organizado porla Institución Libre de Enseñanza (ILE), se inició en el Paraninfo dela Universidad Centralde Madrid el I Congreso Nacional Pedagógico. Por primera vez en nuestro país se iba a debatir sobre educación con luz y taquígrafos; sacando a la luz el deplorable estado de la enseñanza en sus tres niveles, primaria, secundaria y universitaria, y elaborando propuestas para elevar su nivel y equipararla al resto de Europa.

De los 2.182 congresistas 431 son mujeres y entre ellos se encuentran ponentes del nivel de: Gumersindo Azcárate, José de Caso, Manuel Bartolomé Cossío, Joaquín Costa, Francisco Giner de los Ríos y su hermano Hermenegildo, Rafael Mª de Labra, José Ontañón, Manuel Ruíz de Quevedo, Rafael Torres Campos, Juan Uña, Joaquín Sama, Pedro de Alcántara García, Encarnación Martínez de Marina y Adela Riquelme. Como se puede apreciar, la mayoría del sexo fuerte era abrumadora.

Los temas a debatir eran seis, de los cuales el cuarto y el quinto concernían exclusivamente a la mujer. El cuarto se discutió en la sesión ordinaria del día 1 de junio y en él se debatió sobre si la dirección de las escuelas de párvulos la debían asumir exclusivamente las maestras, dada su natural predisposición para comprender y tratar a los niños en su primera infancia; los ponentes de la ILEabogaron además por incluir la coeducación desde las escuelas de párvulos; Joaquín Sama hizo la siguiente definición de la escuela: “Una preparación para la vida; reflexionemos y pensemos que la escuela debe ser copia, en pequeño, de cuanto pasa en la sociedad… ¿Cómo se sostiene que en la escuela deben los sexos estar separados? Pues qué, ¿lo están en la vida?”.

La primera moción, como era de esperar, resultó mayoritariamente favorable a que las mujeres fueran las responsables de las escuelas de párvulos, pero en cuanto a la segunda, el asunto de la coeducación resultaba aún muy espinoso en España, y sobre él pesaba la oposición frontal dela Iglesia, partidaria de mantener una tradición pacata y morbosa, que no veía más que pecado en la convivencia de seres de distinto sexo en las aulas.

La resolución del Congreso sobre el tema cuarto fue la siguiente: “Que las escuelas de párvulos deben ser dirigidas por Maestras… La unión de los sexos debe terminar en las escuelas de párvulos y aún debiera verificarse esta separación antes de los siete años, por lo perjudicial que es tener ciertas confianzas, aunque pueriles, familiares, con individuos que no son de una misma familia”.

El quinto tema resultó mucho más polémico, pues se trataba de equiparar los derechos de la mujer a los del hombre, al menos en materia de educación. En defensa de esta igualdad se pronunciaron Pedro de Alcántara, Encarnación Martínez, Adela Riquelme y otros miembros de la ILE, partidarios del libre acceso de la mujer a todos los niveles de la educación, incluido el universitario. Su postulado era el siguiente: «En cuanto a la mujer y su cultura, cualesquiera que sean las limitaciones que las leyes, las costumbres u otras circunstancias puedan imponerse para el ejercicio de determinadas profesiones, deben facilitársele ampliamente toda clase de estudios».

Otros ponentes, por el contrario, defendieron que la educación de la mujer ha de procurar, principalmente, ilustrarla en el cumplimiento de sus «sagrados deberes» matrimoniales y maternales y por lo tanto no consideraban ni necesario ni oportuno que la mujer cursara ninguna carrera universitaria, ya tenía suficiente con ser buena hija, buena esposa y buena madre. En defensa de esta postura el maestro burgalés Agustín Ruíz Yangüas manifestó desde la tribuna del Paraninfo: «No vayáis a creer que yo quiero bachilleras y doctoras; nada de eso; no quiero que la mujer estudie en la cabecera del enfermo la marcha de una dolencia; no quiero que vaya al foro a defender el derecho de sus clientes, no; su sensibilidad se atrofia, su honra padecerá, y la honra es la vida de la mujer… … Pero deseo que la mujer adquiera la bastante y suficiente educación para llenar los sagrados deberes de la maternidad, que sea la directora de su casa…».

Para el maestro burgalés la honra de la mujer estaba por encima de cualquier otra valoración. Su intervención fue largamente aplaudida por un buen número de congresistas, pero el ambiente se caldeó mucho más cuando el congresista portugués José Antonio Simoes Raposo, que representaba al Magisterio de su país, cuando le tocó intervenir refrendó las palabras de su colega burgalés: “Si queréis a la mujer diputada, senadora, generala y ministra, ¿dónde vais a colocar al hombre? … Yo de mí os diré solamente que no me gustaría tener una mujer que cuando le dijera: Dame mi camisa y mi cuello, me contestase: Déjame, que estoy preparando una interpelación al Señor Ministro de la Guerra”. Numerosos aplausos y gritos de ¡Bravo!  ¡Muy bien! ¡Muy bien! corearon esta intervención de tan evidente carga machista.   

Las conclusiones del Congreso no fueron excesivamente favorables a los postulados dela ILE, pero algo se consiguió: Aunque por muy escaso margen de votos, se refrendó la equiparación de salarios entre maestros y maestras, así como el desempeño de las cátedras de las Escuelas Normales de Magisterio por mujeres, recomendándose, al mismo tiempo, dejar libre a éstas el poder acceder a otros estudios diferentes a los del magisterio, sin llegar a especificar claramente cuales.

Afortunadamente, a este primer congreso siguieron otros, de carácter regional en su mayoría, en los que la problemática de la educación en general y de la mujer en particular siguieron siendo motivo de largos e intensos debates.

En junio de 1.884 apareció en España la primera revista de pedagogía con el nombre de “La Ilustración de España”, editada y dirigida por el burgalés Saturnino Calleja Fernández; en su cabecera figuraba el lema: “Periódico consagrado a la defensa de los intereses del Magisterio Español”. Con esta revista se dotaba por primera vez a los maestros españoles, tan poco considerados socialmente por aquellos años, de un órgano representativo y una plataforma desde donde reivindicar sus derechos y dar a conocer sus aspiraciones. La revista venía acompañada del “Heraldo del Magisterio”, un Boletín abierto a la colaboración de todos los maestros.

En 1891 el infatigable D. Saturnino convocó una Asamblea Nacional de Maestros con el fin de crearla Asociacióndel Magisterio Español, que aglutinase las dispersas e incipientes asociaciones que iban apareciendo con carácter regional, provincial y local por diferentes lugares de España. No se pudo conseguir dicha unión, pero la simiente quedó echada y no tardaría mucho tiempo en fructificar.

Es de destacar, además, la ingente labor literaria, pedagógica y editorial de este burgalés de Quintanadueñas, Saturnino Calleja Fernández, que convirtió el negocio de librería y encuadernación que su padre Fernando Calleja Santos había fundado el año 1876 en la calle de La Pazde Madrid, en una de las editoriales de más difusión que ha habido en nuestro país, tanto en el número de volúmenes publicados, cerca de tres millones y medio, como en la diversidad de los temas que abarcaba: Pedagogía, Libros de Texto, Diccionarios, Historia, Biografías, Novelas y Cuentos para Niños, todos ellos enriquecidos con profusos grabados explicativos. Fue, sin duda, el creador del libro económico de bolsillo, asequible a todas las economías. Bajo el lema: “Todo por la ilustración del niño”, y al modesto precio de cinco o diez céntimos, sus famosos cuentos, destinados a motivar la afición a la lectura de los niños españoles, llegaron a las escuelas y los rincones más recónditos de la geografía española, en los que una frase se hizo rápidamente popular: ”Tienes más cuento que Calleja” 

En su catálogo figuran más de tres mil títulos y la lista de sus autores sería interminable, por lo que, con carácter anecdótico, vamos a referirnos a dos que salieron a la luz después de su muerte, ocurrida en 1915, el mismo año que la de D. Francisco Giner de los Ríos, que había puesto en marchala Institución Libre de Enseñanza también el mismo año en que D. Saturnino fundara su famosa Editorial Calleja:

En 1916 edita un pequeño tomo encuadernado en tela roja con letras doradas en la cubierta, cuyo título es “Poesías Completas”, de Antonio Machado, incluido en la segunda serie de la “Biblioteca Calleja”, integrada en tres grupos: “Antologías”, “Contemporáneos” y “Clásicos”, y en 1917 publicó la primera edición completa, compuesta por 138 capítulos, de la bella elegía moguereña “Platero y yo”, la obra más representativa de su gran amigo y colaborador Juan Ramón Jiménez.

Tanto Machado como Juan Ramón estuvieron muy vinculados ala Institucióny a D. Francisco. Antonio y su hermano, Manuel, fueron dos de sus “nietos” más apreciados por el maestro, con el que mantuvieron muchos años de estrecha relación; la de Juan Ramón con D. Saturnino fue también muy intensa, tanto en el plano profesional como en el personal y afectivo.

Finalmente, “……..todos fueron felices y comieron perdices……” 

Paco Blanco, Barcelona, noviembre 2011

Puedes saber más sobre la Institución Libre de Enseñanza.

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