MERCADERES BURGALESES -Aportado por Francisco Blanco-

Desde el siglo XI la ciudad medieval de Burgos empezó a convertirse en una floreciente ciudad mercantil, al estilo de otras florecientes ciudades de Francia, Alemania, Italia ó Flandes. Este singular progreso se debió al hecho de estar situada sobre el camino principal de las peregrinaciones a Santiago procedentes de Francia, en el que convergían peregrinos y mercaderes (1) antes de iniciar la transversal etapa final hacia Galicia, a través de los reinos de León y Asturias. El hecho de que tanto peregrinos como mercaderes gozaran de inmunidad, además de la protección del rey,  fue determinante para que, con ellos, entrasen en nuestro país las corrientes culturales y artísticas imperantes al otro lado de los Pirineos.

Con este propósito, el rey Alfonso VIII había fundado en el año 1212 la Orden de los Hermanos Hospitalarios de Burgos, cuya misión principal consistía en proteger a los peregrinos que en romería se dirigían al sepulcro de Santiago.

Los peregrinos-mercaderes, después de cruzar el puente sobre el río Vena, entraban en la ciudad burgalesa atravesando el Arco de San Juan, para continuar por las calles de San Juan, Avellanos y Fernán González, saliendo para abandonarla por el arco de San Martín.

En calles aledañas, como la de San Lorenzo, se instalaron numerosas tiendas, comercios y figones para atender la demanda de los peregrinos. (2)

Tal afluencia de gente a la ciudad fue sin duda la causa de que se establecieran en ella un gran número de extranjeros, principalmente francos, borgoñones, lombardos y flamencos, que al dedicarse al comercio en su gran mayoría, se convirtieron en los primeros mercaderes burgaleses. También la judería burgalesa, cuyo censo había aumentado notablemente con la llegada de judíos procedentes de Aragón y Cataluña, representaba un núcleo importante del poder económico de la ciudad, siendo muchos de sus miembros prestamistas y librecambistas.

El rey Alfonso X el Sabio también favoreció a los mercaderes burgaleses eximiéndoles del pago del portazgo al entrar en la ciudad con sus mercancías.  Alfonso XI, por su parte, en el año 1339 concedió a la ciudad una feria franca por San Juan de junio de 15 días de duración.

Con la conquista de Algeciras en el año 1344 por Alfonso XI, la zona del estrecho de Gibraltar quedó expedita para los cristianos, lo cual propició la apertura de una nueva vía comercial entre el Mediterráneo occidental y los reinos cristianos de la península, así como el tráfico de mercancías entre el norte y sur peninsular. Pero tal vez lo más importante fuese la nueva ruta marítima de navegación que se abrió hacia los puertos del Atlántico, tanto del vecino reino portugués como los del Cantábrico, que comenzaron a adquirir gran importancia. Enrique IV, por ejemplo, realizó obras de mejora de algunos puertos vizcaínos, como los de Bilbao y Lequeitio.

Por otro lado, el escaso desarrollo de la industria hizo que la economía de Castilla se basara principalmente en el comercio, tanto interno como externo. Principalmente se importaban productos manufacturados y se exportaban materias primas. Simultáneamente, a pesar de la deficiencia de las estructuras viarias, se desarrolló el comercio interno, principalmente a través de las Ferias que se celebraban periódicamente en algunas de las más importantes ciudades del reino, como Medina del Campo, Segovia, Valladolid, Toledo y Burgos (3).  Tanto el citado Enrique IV como su padre, Juan II, protegieron y fomentaron las grandes ferias castellanas, a las que acudían “grandes tropeles de gentes de diversos naciones asi de Castilla como de otros regnos”. Estas Ferias estaban reguladas por unas ordenanzas del año 1421.

Como consecuencia del gran número de contrataciones que se efectuaban en ellas no tardaron en aparecer los bancos y casas de cambio para facilitar su tramitación. En Burgos, concretamente, el banco fundado por Alonso López manejaba un importante número de negocios. También se crearon importantes empresas de exportación, como la Compañía de Arlanzón,  perteneciente a un mercader burgalés de dicho apellido. Generalmente se trataba de empresas de carácter marcadamente familiar, en las que el apellido de la figura principal, conocida como Intendente, daba nombre a la sociedad. Muchos de estos comerciantes llegaron a tener sus propias delegaciones en diversas ciudades europeas, como La Rochelle, Brujas, Amberes, Ruán, Harfleur o Nantes. De hecho, en el año  1428, el duque de Borgoña,  Felipe III el Bueno, permite a los mercaderes castellanos que establezcan en la importante ciudad flamenca de Brujas un Consulado de Castilla.

Burgos, situada en un enclave de caminos tan estratégico, se convirtió en un importante centro comercial, receptor de la lana de la Mesta, que sus mercaderes exportaban a Francia, los Países Bajos e incluso Inglaterra, a través, principalmente, de las cuatro villas castellanas de la costa cantábrica, Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera. Estas cuatro villas marineras constituían el núcleo principal de lo que se conoció como “La Marca Marinera de Castilla”, que abarcaba desde las costas de Galicia hasta Fuenterrabía.  El tráfico con el Señorío de Vizcaya se efectuaba por el interior, a través de Orduña y Valmaseda, hasta llegar a Bilbao y su ría.

Los comerciantes burgaleses, conscientes de la importancia de estar unidos, en el año 1443 fundaron la Universidad de Mercaderes, regida por un prior, dos cónsules y nueve diputados; la nueva institución era de carácter gremial y corporativista, destinada a defender y promocionar los intereses de todos sus asociados. En 1494 sus funciones fueron asumidas por el Consulado del Mar, creado por los Reyes Católicos. (4)

Se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que a  partir de la segunda mitad del siglo XV el apogeo mercantil de la ciudad de Burgos no cesa de ir en aumento, no solamente es el centro receptor de la lana de la  Mesta con destino a los grandes puertos del norte de Europa e incluso de Inglaterra, sino que se desarrolla una gran actividad industrial y artesanal, como lo prueba la existencia de 14 gremios distintos, una ceca o casa de la moneda propia, 13 bancos y hasta 30 escribanos o notarios dedicados a dar fe pública de las numerosas operaciones y transacciones mercantiles que se desarrollaban en la ciudad. A principios del siglo XVI Burgos contaba con 12.000 habitantes y se había convertido en una de las ciudades más ricas de España.

Toda esta prosperidad tiene como consecuencia la consolidación del poderoso linaje de los mercaderes burgaleses. De ellos, Andrea de Navariego, un viajero francés que visitó la ciudad de Burgos el año 1507, decía lo siguiente: “son ricos mercaderes que andan en sus tratos no sólo por España, sino por todo el mundo, y tienen aquí buenas casas y viven muy regaladamente, siendo los hombres más corteses y honrados que he visto en España y muy amigos de los forasteros….”

Con la llegada de los colonizadores españoles al Nuevo Mundo, a partir del año 1506 los mercaderes burgaleses se convirtieron en uno de los grupos dominantes del comercio con las Indias, en franca competencia con Sevilla y Génova. Algunos de ellos alcanzaron notable importancia, como Alonso de Nebreda y su hermano Hernando, Cristóbal de Haro, Hernando de Castro o Pedro de Maluenda, a quien en el año 1509 Hernán Cortés nombró Tesorero oficial de Veracruz.

Gran importancia tuvo también la Compañía de Simón Ruiz Embito, nacido en Belorado el año 1525, que llegó a ser mercader-banquero, con sucursales en Bilbao, Sevilla y Alicante, desde donde exportaba e importaba toda clase de mercancías a Francia, Flandes, Italia y América. También fue banquero de Felipe II durante 12 años. (5)

Se podría elaborar una larga lista de mercaderes burgaleses que se enriquecieron con el ejercicio de su profesión, dando lugar a la creación de poderosas familias que, gracias a sus riquezas, emparentaron con la nobleza, alcanzando en algunos casos importantes títulos nobiliarios y llegando a  ocupar además muchos altos cargos en el gobierno de la ciudad. Entre todos ellos cabe destacar a Diego de Soria el “Viejo”, sus hermanos  Martín y Pedro de Soria, su nieto Diego de Soria el “Joven” y sus descendientes, Juan Pardo de Soria, Gómez de Soria, Alonso y García de Lerma. Los hermanos Gómez, Juan y Hernando de Quintanadueñas, quienes con sus socios los hermanos Francisco, García y Juan de Miranda se establecieron en las Islas Canarias durante el reinado de Felipe II.
Diego de Polanco, Gaspar de Sandoval, Jerónimo y Miguel de Salamanca fueron mercaderes burgaleses que se establecieron en Sevilla y Cádiz.
Pero tal vez el linaje principal entre los ilustres mercaderes burgaleses esté representado por la familia Maluenda. Los Maluenda, procedentes del vecino reino de Aragón, más concretamente de la ciudad de Calatayud y de origen probablemente converso, llegaron a Burgos a principios del siglo XV.

Muy pronto, gracias a la amistad de otra poderosa familia de conversos, los Santa María, con la que no tardaron en emparentar, alcanzaron gran influencia, riqueza y poder en la ciudad.

Aparte de su próspera actividad comercial, que les proporcionó mucha riqueza y poder económico, muchos de sus miembros se convirtieron en destacadas personalidades que ocuparon altos cargos políticos, eclesiásticos y militares, no sólo en el ámbito de la ciudad de Burgos sino en todo el reino de Castilla. A la saga familiar de los Maluenda se fueron incorporando, a través de enlaces matrimoniales, otros importantes linajes de la ciudad, como los ya citados Soria, los Covarrubias, los Salamanca, los García de la Torre, los García de Castro o los Brizuela, mercaderes también. Pero también se integraron en las diferentes ramas familiares que se fueron creando destacados miembros de la nobleza local, como los Núñez, los Álvarez de Castro, los Torquemada  y otros. Muchos de estos próceres, que tanto contribuyeron al esplendor cultural, artístico y económico de la ciudad de Burgos, financiaron sus propios monumentos funerarios en las más destacadas iglesias de Burgos, como la de San Esteban, San Lorenzo, San Lesmes, San Gil, San Nicolás, el desaparecido monasterio de San Pablo (7) o la misma Catedral.

El centralismo de los Austrias y el ocaso, lento pero inexorable, del Imperio español marcaron también el declinar del esplendor burgalés, cuya herencia, todavía de gran valor, sigue dando prestigio y realce a nuestra vieja y querida “Caput Castellae”. Todos los burgaleses estamos obligados a conocerla, admirarla y conservarla.

NOTAS

(1) “mercatores cursorii” ó “romei mercatores”.
(2) Los nombres corresponden a la nomenclatura actual
(3) En 1230 el rey Fernando III el Santo autorizó la celebración de ferias en la ciudad de Burgos.
(4) En el año 1514, su hija, Juana I de Castilla, creó el Consulado de Bilbao para contentar a los vascos, que se sentían perjudicados.
(5) Simón Ruiz ejerció la mayor parte de su actividad comercial entre Medina del Campo y Valladolid. Casó con la aristócrata María Montalvo y murió en Medina del Campo, donde tiene dedicada una calle, el año 1597.
(6) Los aficionados al tema pueden consultar las “Actas del V Centenario del Consulado de Burgos”, publicadas en Burgos el año 1995
(7) El convento y la iglesia de San Pablo, ya en ruinas, fue demolido el año 1870. sobre su solar se levantó el cuartel de Caballería, que también fue demolido el año 1973. Actualmente en dicho solar le levanta el “Museo de la Evolución Humana”.

Francisco Blanco -Barcelona 2012-

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