ANTIGUO MERCADO DE ROPA EN BURGOS -ilustración de Gustave Doré a un libro de viajes del Barón Charles Davillier-

El Barón Charles Davillier, nació en Ruan el 27 de Mayo de 1823. Fue caballerizo de Napoleon III, par del reino y nieto del gobernador del Banco de Francia, unido a esto su pertenencia a una familia noble bien acomodada, o que le permitió disponer de una inmensa fortuna.

Realizó numerosos viajes por Europa, en busca de datos y piezas para sus colecciones de arte e investigaciones sobre el mundo de la cerámica, la gran pasión de su vida y, fue precisamente esta pasión por la cerámica la que le trajo por primera vez a España para conocer de cerca la cerámica de Manises.

Viaje que repetiría al menos en dos ocasiones más, una en 1.862 y otra en 1871, acompañado en ambas ocasiones por Gustavo Doré. Fruto de estos viajes saldría a la luz en 1874 su obra “L’ Espagne”, publicada en París, y que no es sino la crónica de sus viajes por España, obra en línea con la narrativa romántica de su época, al igual que sus paisanos Theophile Gautier, Merimee, Víctor Hugo, Laborde etc.

Libro éste que ha merecido pasar a la historia de la literatura de su género, no sólo por lo interesante de su texto, rico en descripciones de lugares, situaciones y personajes sino por las magníficas ilustraciones de Gustavo Doré. En él se encuentra inserto EL MERCADO DE ROPA DE BURGOS  realizado por Gustave Doré en 1881.

Gustavo Doré, nació en Estrasburgo en 1.833. Desde su más temprana infancia demostró su habilidad por el dibujo.

Estudiante mediocre, no presentaba gran vocación para el estudio y conocida es la anécdota, en la que al no saber realizar correctamente una traducción de latín, prefirió dibujarla. El texto en latín hacía referencia a la muerte de Clito el lugarteniente de Alejandro en manos del rey macedonio; el profesor al ver el dibujo le puso la mejor calificación de la clase a pesar de no haber escrito ni una sola palabra.

Su madre fue su gran cómplice. Convencida del talento de su hijo, no dudó en acompañarlo a París en 1.848, con tan solo quince años de edad, animándole para que presentara sus dibujos a Charles Philipon, director de la revista satírica Charivai. Philipon, al ver los dibujos de Doré, quedó impresionado no dudando en contratarlo inmediatamente; de este modo el joven Doré, quedó en París en compañía de su madre, con la que viviría hasta el fin de sus días.

Presentaba el artista un marcado complejo de Edipo, en justa correspondencia a los desvelos de su madre, que sacrificó toda su vida por él y prefirió permanecer soltero a pesar de haber mantenido amores con la diva Adelina Pati o la cantante de opereta Hortense Schineider

Sus primeros trabajos, se dieron a conocer en el ”Journal pour rire”, con una colección de dibujos sobre los trabajos de Hércules. Pronto su fama fue en aumento y dado su extraordinario talento y su capacidad de trabajo rápidamente se convirtió en uno de los más grandes ilustradores de obras clásicas. De sus lápices de dibujo salieron entre otros las ilustraciones para “Los cuentos drolaticos” de Balzac en 1855, La Divina Comedia de Dante en 1861; Don Quijote en 1863, La Biblia en 1865, El Paraíso Perdido de Milton en 1866, Las fábulas de la Fontaine en 1867, las obras de Rebalais en 1873, amén de otras muchas como Gargantúa y Pantagruel, los ensayos de Montaigne o los libros de viajes como L‘Espagne de Davillier , que es el tema que nos ocupa.

Vivió en París, donde revistas y editores se disputaban sus dibujos, querido y admirado; sus amigos se encontraban entre la flor y nata de la sociedad cultural parisina, Alejandro Dumas, Teophile Gautier, Gustave Flaubert, Liszt, Rossini y un largo etc.

Personaje excéntrico, bromista, amigo de la parodia, bailarín y alegre, irritaba a Edmond de Goncourt, que en su célebre Journal lo describe así: “ Su físico me irrita y me resulta desagradable: es un hombre fofo, de tez fresca y sonrosada, muy redonda como la luna o una linterna mágica: tiene un rostro de monaguillo, de niño eterno, al cual su trabajo fabuloso no ha conseguido borrar su exasperante aire de niño prodigio”

Trabajador infatigable, cronista gráfico de su época, la muerte le sobrevino en París, fruto de un ataque de apoplejía en 1883 con tan solo cincuenta años.”

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