LA TEJA ARÁBIGA DE VILLAMARTÍN DE SOTOSCUEVA -Primeras estrofas del poema de Fernán González-

es

LA TEJA arábiga de Villamartín de Sotoscueva, que es una población ubicada al norte de Burgos, fue hallada por D. Ángel Ruiz Sainz posiblemente en 1960. La teja apareció de forma accidental con motivo de unas obras de mantenimiento en su casa que es posible que antes fuera la de un ermitaño. Esta edificación particular se encontraba situada junto a la ermita románica de Santa Marina; que es precisamente la advocación propia del eremitorio y “santa” que por otra parte aparece mencionada en el poema de Fernán González y en la misma teja tras su estudio.

La teja se halló en un hueco del suelo de la cocina, tapada a su vez por una losa, que tradicional y premonitoriamente se denominaba “la secreta”.

El texto escrito en dicha teja es de vital importancia para la historia de la literatura y de la cultura de Castilla y León, ya que testifica y atestigua: “la difusión popular de la poesía medieval española” al tener en su lomo escritas cuatro estrofas (las 180, 106, 107, 108) del Poema de Fernán González, si bien con variantes de texto sobre el original de San Pedro de Arlanza también en Burgos.

La teja fue grabada y cocida en el siglo XIV, por tanto, es anterior a la única copia del códice de ese poema, guardada en la Biblioteca del Real Monasterio de El Escorial, que pertenece a las postrimerías del siglo XV. La estrofa 180 es parte de la oración del joven conde cuando se criaba en la montaña. Las tres restantes formaban parte de la Oración de los Agonizantes, rezo de los cristianos refugiados en las montañas (las Merindades, Cantabria, etc.) desde el año 711. Oración que encontramos, también, en la poesía épica y en la narrativa de clerecía de los siglos XIII y XIV.

A esto hay que añadir que los versos aparecen avalados por una confirmación notarial y un signo, que abren numerosas hipótesis sobre su función. Puede que se tratara de la primera piedra, o la última teja, de la dicha ermita, certificado de obra arquitectónica. La letra que utiliza es la gótica-cursiva, cercana a la de “albalaes” (primitivo nombre que dieron los paleógrafos españoles a ls escritura gótica-cursiva que aparece en los documentos no solemnes de la Cancillería real castellana, a partir de la segunda mitad del soglo XIII hasta mediados del XIV).

Según la transcripción paleográfica de José Hernández Pérez la teja dice:

                                                                de fuera s(o) rráyda

                                                      …seste que fues la tu mesurra

que tornase la rrueda que…
…castelanos pasad(o a) grant rrencura
con las gentes paganas fu…
(Se)ñor tu que libresste a daujd del leon
mateste al fillisteo un soberbioso (on)
…allos jodios del rrey de babillon
saca anos y libra desta tribulacion.
Señor que entre los sabios valiste a catalina
Y de muerte libreste a et…
(al) dragon destruxiste dela virgen marina
tu da a nuestras plagas la santa melecina.
……………………….
Tu libreste a danj(el) de (en)tre los leones
Libreste san mateo delos fieros (dra)o gones
Tu saca anos… 
 
Los versos de la teja se localizan en dos momentos del poema y, por lo tanto con el lugar sagrado del que proceden, revelan fragmentos de sendas plegarias. Las tres últimas estrofas cierran el largo lamento de la introducción, la hecatombe de la España visigoda y la vaporosa existencia de Castilla, acosada de incertidumbres y con los castellanos viejos reducidos a los riscos más inaccesibles de la montaña. En la versión del monje arlantino, bien conservada al particular, rezan así, con bíblica desesperación:
 
Señor que entre los sabios valiste a Catalina,
e de muerte libreste a Ester la reina,
e del dragon libreste a la virgen Marina
tu da a nuestras llagas conorte e medicina.
Señor, tu que libreste a David del leon,
mateste al Filisteo, un sobevio varon,
quiteste a los jodios del rey de Babillon,
saca nos e libra nos de tal cruel presion.
Tu que librest’Susana de los falsos varones,
saqueste a Daniel de entre los leones,
libreste a San Matheo de os fieros dragones,
libra nos tu, Señor, d’aquestas tentaciones.
 
A su vez, la primera recoge la angustia del propio Fernán González, “mozo” (que) “iva… las cosas entendiendo”. Ocupan la parte más deteriorada de la teja.
                                           
                                       Señor, ya tiempo era, si fuesse tu mesura,
que mudasses la rueda, que anda a la ventura:
assaz an castellanos passada de rencura,
gentes nunca pasaron atan mala ventura.
 
 
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