CASTILLA CONTRA CARLOS V -4ª Parte- -Por Francisco Blanco-

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Desde Tordesillas, convertida en capital y Corte del Reino, el gobierno popular de la Santa Junta se planteó el proyecto de efectuar las reformas necesarias para convertir España en un Estado moderno, en el que los ciudadanos tuvieran una participación mucho más activa en los diferentes órganos de dirección, rechazando de plano los privilegios de sangre y el absolutismo imperial practicado por los Austrias. O lo que es lo mismo, pedían más democracia y más participación de las clases medias-en plena fase de ascendencia-en las funciones públicas. Se trataba de crear algo así como una federación de ciudades libres, al estilo de las existentes en Italia. Las nuevas directrices fueron difundidas a todas las Juntas de gobierno del resto de las ciudades castellanas, mediante Cuadernos de Instrucciones, en los que se detallaban las nuevas peticiones, recabando de éstas, a su vez, opiniones y propuestas.

De las dieciocho ciudades con voz y voto que integraban la Santa Junta no todas respondieron de la misma manera. Burgos, por ejemplo, aceptó el papel de la Santa Junta como órgano consultivo de deliberación, pero negándole su carácter ejecutivo. Algunas se mostraron reticentes ante el contenido revolucionario del programa, y otras, como el caso de Valladolid, en la que ya funcionaban las asambleas populares, lo aceptaron plenamente. Esta falta de consenso provocó que el inicial proyecto de crear una Unión Nacional entre todas las ciudades comuneras tuviera que ser momentáneamente aplazado.

Las relaciones de la Santa Junta con la reina tampoco avanzaban en el sentido deseado por los comuneros. A Doña Juana cada vez le era más difícil identificar los intereses de la Santa Junta con los suyos y los  de su dinastía. Los comuneros intentaron presionarla de diferentes maneras, pero sin ningún resultado. Cuando la pidieron que desautorizara al cardenal Adriano como regente, tal como ellos lo habían hecho, respondió: “El cardenal, aunque hera estrangero, hera buen ombre, de muy buenos deseos y vida”. En otra ocasión, en que trataron de convencerla de que su hijo Carlos le había arrebatado el trono de Castilla, su respuesta fue la siguiente: “Que no la rebolbiese nadie con su hijo, que todo lo que tenía era suyo”. La que ellos consideraban reina legítima les permitía permanecer en Tordesillas, pero se negaba en redondo a aceptar sus proyectos políticos.

En el plano militar ninguno de los dos bandos había sido capaz de imponerse. El incendio y la destrucción de Medina del Campo provocó que algunas ciudades, como Palencia, Badajoz, Cáceres, Jaén, Sevilla, Úbeda y Baeza, que habían permanecido neutrales, se pasaran al bando comunero, por el contrario, en el norte peninsular, Galicia, Asturias, Santander y Las Vascongadas mantuvieron su apoyo a la causa realista.

El 26 de octubre de 1520 Carlos de Habsburgo es coronado en Aquisgrán, ante la tumba de Carlomagno, como nuevo Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, con el nombre de Carlos V. El emperador está al corriente de los acontecimientos que se desarrollan en Castilla mediante los correos que periódicamente le envía el Condestable de Castilla D. Íñigo Fernández de Velasco; en uno de ellos, fechado el 30 de setiembre, le comunica lo siguiente: Todo cuanto hay de aquí, Briviesca, Burgos, a la Sierra Morena, todo está levantado.

El Consejo Real, cuyo cuartel general se había instalado en Medina de Rioseco, feudo del Almirante de Castilla, ante la imposibilidad de iniciar ninguna negociación que pusiera fin al conflicto, a pesar de que el regente, cardenal Adriano, había aceptado algunas de las peticiones de los comuneros, el 31 de octubre declara la guerra a la Santa Junta de Tordesillas. Muchos miembros de la nobleza, atemorizados por el carácter antiseñorial que manifestaban algunos miembros del movimiento comunero, acabaron integrándose en las filas realistas. La suerte de España volvía a depender nuevamente de la fuerza de las armas. 

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El Condestable de Castilla sigue instalado en su feudo natural de la ciudad de Burgos, apoyado por la mayor parte de la nobleza y la burguesía mercantil, las dos clases dominantes. Los poderosos mercaderes, especialmente, veían en el triunfo del movimiento comunero un peligro para su próspero negocio de exportación de lana a Flandes y Alemania. Con objeto de poder controlar a los numerosos comuneros que todavía quedaban en la ciudad, el condestable convocó al Ayuntamiento, solicitándole que efectuase una leva por toda la ciudad y provincia, con objeto de formar una tropa capaz de dar el golpe final a la sublevación comunera, siendo aprobada su petición por unanimidad. Como compensación, promete a los regidores la concesión a la ciudad de un mercado franco todos los martes del año.

Entre Muy magníficos señores, Muy virtuosos señores, Magníficos señores, Virtuosos señores y vasallos-que fueron los menos-el Ayuntamiento puso a disposición del condestable un contingente armado de 1.170 personas. Destacaron con aportaciones de 100 hombres la Merindad de Campóo, las Siete Merindades, la Merindad de la Rioja y Santo Domingo de la Calzada y la ciudad de Logroño, correspondiendo estas dos últimas a su aliado el duque de Nájera (1). El uno de noviembre la ciudad de Burgos queda definitivamente apartada de la Santa Junta.

Al frente de esta aguerrida tropa marcha el condestable hacia Medina de Rioseco, dispuesto a unirse con el resto del ejército realista, pero le salen al paso las huestes de Don Pedro de Ayala y Rojas, señor de Ampudia y conde de Salvatierra, uno de los miembros de la alta nobleza que había abrazado la causa comunera después de los sucesos de Medina del Campo. El enfrentamiento resultó favorable a las tropas del condestable, que se apoderó del castillo palentino de Ampudia y puso en fuga al conde y sus huestes (2). De esta forma los ejércitos realistas consiguen la primera victoria importante de la guerra, que además les dejó el camino abierto hacia Tordesillas, que no tardaría en caer.

En el mes de noviembre D. Pedro Téllez Girón y Fernández de Velasco, conde de Ureña con Grandeza de España (3), por orden de la Junta había sustituido a Padilla al frente del ejército comunero. El nuevo comandante en jefe organiza una expedición contra los realistas, acantonados en Medina de Rioseco, estableciendo su campamento en la cercana localidad de Villabrágima, desde donde controlaba todos los movimientos del enemigo. Incomprensiblemente, el 2 de diciembre inicia un movimiento hacia el oeste en dirección a Villalpando (4), pueblo que ocupa sin resistencia, pero dejando desprotegido el camino hacia Tordesillas. Los imperiales no dejan escapar semejante oportunidad y el día 5 de enero, al mando del Condestable de Castilla, ocupan de nuevo la sede de la reina Juana, obligando a los comuneros que quedaban defendiéndola a refugiarse en Valladolid.

La pérdida de Tordesillas, atribuida por muchos a una supuesta traición de D. Pedro Girón, dado el parentesco que unía a éste con el Condestable de Castilla, supuso un duro golpe moral, político y militar para la causa comunera, que la había convertido, junto con la reina Doña Juana, en el emblema más paradigmático de su proyecto revolucionario. D. Pedro Girón fue obligado a dimitir y apartarse de la causa, retirándose con sus vasallos a su feudo de Peñafiel, pero los ánimos rebeldes habían sufrido un tremendo bajón que ya no fueron capaces de superar.

La nueva capital comunera se instala en Valladolid, a donde llega D. Juan de Padilla, procedente de Toledo, con un refuerzo de 1.500 hombres. La Santa Junta pasó a ser presidida por un comité integrado por el mismo Padilla, Pedro Zapata, Pedro de Ayala y Alonso de Saravia. El anterior presidente, D. Pedro Lasso de la Vega también se había pasado al bando imperial.

La situación militar ha cambiado y el Condestable de Castilla tiene mejores noticias que enviar a su emperador sobre el desarrollo del conflicto. El 2 de febrero le envía el siguiente mensaje: “Todo el daño del reino está en medio del reino. Andalucía y el reino de Granada y la mayor parte de Extremadura y reino de Galicia y Asturias y estas montañas de Burgos y el Norte, todo está bueno a lo que parece”. Desde Worms, donde se encontraba el joven y flamante emperador, empeñado ahora en sofocar la sublevación religiosa provocada por un fraile agustino, de nombre Martín Lutero, cursó órdenes al Consejo del Reino, en su nombre y en el de su madre la reina, para que sus tropas actuaran contra los comuneros laicos de cualquier estado, declarándoles “aleves, traidores, infyeles e desleales a nos e a nostra corona, debiendo todos ellos de perder la vida”. No quedan muchas dudas de sobre como quería el emperador Carlos V que acabasen todos aquellos castellanos que habían osado alzarse contra él y su soberano poder: en la horca o en el patíbulo. Aunque parece que dejaba excluidos a los eclesiásticos, cosa que no ocurrió en el caso del obispo Acuña.

Durante los meses de enero y febrero del 1.521 todavía se producen algunos hechos de armas favorables a los comuneros. Las tropas de Padilla, Pedro Zapata y el obispo Acuña el día 19 de enero consiguieron recuperar el castillo de Ampudia, propiedad del conde de Salvatierra, poniendo en fuga a los realistas mandados por el navarro Francés de Beaumont (5), que acabaron refugiándose en la cercana localidad de Torremormojón.

El obispo Acuña, por su parte, al frente de un ejército de 4.000 peones y 200 caballeros, entre los que figuraban 400 clérigos, siguió sus correrías por la comarca de Tierra de Campos,  asolando y saqueando todo lo que encontraba a su paso y apoderándose de Dueñas y Palencia, donde fue proclamado como obispo por una población entusiasmada y totalmente entregada a la causa comunera, aunque, todo hay que decirlo, buena parte de los nobles palentinos prefirieron escapar hacia las filas realistas.

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El 29 de febrero Padilla se apodera de la estratégica localidad de Torrelobatón, propiedad del Condestable de Castilla, situada en la línea que unía Valladolid con Tordesillas y Medina de Rioseco. Como consecuencia de la toma de Torrelobatón, el Consejo del Reino se ve obligado a pactar una tregua entre el 3 y el 11 de marzo, durante la cual se producen diferentes movimientos de tropas por ambos bandos. El obispo Acuña se dirige a Toledo, donde se une con Doña María Pacheco, esposa de D. Juan de Padilla, que lidera el movimiento comunero en la ciudad. Los toledanos aclaman al obispo, trasladándolo en volandas a la catedral, donde le consagran como nuevo Arzobispo de Toledo y Primado de España.

Finalizada la tregua, da comienzo el acto final de la tragedia. Las tropas comuneras, integradas por unos 6.000 hombres, son superiores en número pero están más dispersas. Por su parte, el ejército imperial cuenta con unos 3.000 hombres, pero están mejor armados y mejor dirigidos. Ambos ejércitos se vigilan mutuamente sin decidirse a atacar. Pero en la madrugada del 23 de abril D. Juan de Padilla comete un error táctico que le va a costar muy caro. Intentando reagruparse con el grueso del ejército comunero, que se encontraba en Toro, abandona Torrelobatón para dirigirse a dicha ciudad en medio de una intensa lluvia que no cesará en toda la jornada. Apercibidos los realistas de la maniobra, salen en su persecución, dándoles caza en el término de Villalar, en un lugar conocido como Puente de Fierro, sobre un terreno escabroso y enfangado por la lluvia. Las primeras descargas de la artillería realista siembran el pánico en la retaguardia comunera, provocando un tremendo desconcierto que se transmite al resto de la tropa que se había adelantado, los soldados comuneros, cansados y sin moral, empiezan a dispersarse sin orden ni concierto; los lanceros imperiales al mando del Condestable de Castilla, acosan a los fugitivos causando gran número de muertos y haciendo más de mil prisioneros, entre los que se encuentran los principales jefes comuneros.

Al día siguiente, 24 de abril de 1521, en la Plaza Mayor de Villalar se juzgó, de forma sumaria y sin poder defenderse, a los principales cabecillas de la rebelión comunera, que fueron condenados a la pena capital. Finalizado el juicio, en la misma plaza fueron decapitados D. Juan Bravo, D. Juan Padilla y D. Francisco Maldonado. El primo de este último, D. Pedro Maldonado, jefe de los comuneros de Salamanca, salvó su cabeza gracias a la intervención de su tío el conde de Benavente, aunque acabó siendo ejecutado unos días más tarde.

Con estas ejecuciones también se cercenaba de raíz un movimiento de amplia base popular, aunque dirigido por miembros de la nobleza, que aspiraba a democratizar todos los estamentos de la sociedad española, comenzando por la misma institución monárquica.

Tras el descalabro de Villalar el resto de las ciudades comuneras, empezando por Valladolid, se fueron desplomando como fichas de dominó; a Valladolid la siguieron Medina del Campo, Toro, Zamora, Salamanca, Ávila, Madrid………., sólo quedó Toledo como último reducto, donde se hicieron fuertes la viuda de Padilla, doña María Pacheco (6) y el obispo D. Antonio Acuña. La ciudad  toledana resistió el cerco de las tropas imperiales, que la sometieron a varios bombardeos, hasta que el 25 de octubre, después de la firma del Concordato de la Sisla (7), penetraron el la ciudad al mando del Prior de la Orden de San Juan, D. Antonio de Zúñiga y Guzmán (8) y del secretario y hombre de confianza del Condestable de Castilla, el burgalés D. Juan Zumel.  

Doña María Pacheco logró escapar con su hijo a Portugal, refugiándose primero en Braga y más tarde en Oporto. A pesar de pertenecer a la familia de los Hurtado de Mendoza, uno de los linajes más ilustres del reino, y de las peticiones de favor realizadas por sus hermanos, fue condenada a muerte en rebeldía por el propio Carlos V, que la excluyó del perdón general que proclamó al poco tiempo de regresar a España, en octubre de 1522, llegando a pedir personalmente su extradición al rey de Portugal, D. Juan III, que se la negó (9).

El obispo D. Antonio Acuña, que tampoco las tenía todas consigo, también intentó ponerse a salvo en territorio francés, pero fue capturado cerca de la frontera por el duque de Nájera, que le encerró en Navarrete, de donde fue trasladado, por orden expresa de Carlos V, al castillo de Simancas. El obispo rebelde, en el mes de febrero de 1523 intentó escapar de la prisión asesinando al alcalde D. Mendo Nogueroa. Por este crimen fue juzgado, condenado y ajusticiado por garrote vil el 24 de marzo de 1526. No hubo piedad para este obispo-guerrero, uno de los más belicosos  capitanes del bando comunero. El ajusticiamiento de Acuña le costó al emperador su excomunión, dictada por el papa Clemente VII (10).

El 7 de julio de 1522 Carlos de Austria desembarca en Santander, de regreso a España después de su aventura imperial. Ahora es Carlos I de España y V de Alemania. Se trata, sin duda, de la testa coronada más poderosa de Europa. Pero, a pesar de su poder, no le han de faltar muchos y graves  problemas, cuyas consecuencias repercutieron principalmente sobre la vida de sus súbditos españoles en todos los ámbitos: religioso, político, social y económico. Unos años más tarde, el 28 de setiembre de 1556, vuelve a desembarcar en Laredo, camino esta vez de su retiro en Yuste, esfumado ya el sueño imperial (11).

Con respecto a los comuneros, después de una primera dura y sangrienta represión, el 1 de noviembre, desde la Plaza Mayor de  Valladolid, “el César por boca de los pregoneros y escribanos, promulgó un edicto sobre los insensatos movimientos populares”. El edicto de perdón tiene carácter general para todas las ciudades que habían participado en el movimiento comunero, y tenía como principal objetivo el de reestablecer el orden y la normalidad en todos sus reinos. Sin embargo utilizó otra vara de medir para los que consideró promotores y cabecillas de la rebelión, a los que acusó de haber “cometido un crimen de lesa majestad”. Un total de  293 personas, la mayoría pertenecientes a la nobleza y a la Iglesia, quedaron excluidas del perdón real; sin embargo, después de las ejecuciones sumarísimas de Villalar, tan sólo poco más de una veintena fueron ajusticiadas, entre ellas el burgalés Licenciado Urrez. El resto sufrieron prisión o se exilaron, aunque a todos les fueron incautadas sus propiedades. Con el paso del tiempo muchos, en especial los nobles y las personas principales, fueron obteniendo el perdón real a cambio de importantes sumas de dinero que fueron a parar a las siempre exhaustas arcas reales, pues los gastos que ocasionaba mantener el imperio superaban con creces los ingresos, a pesar de que las nuevas colonias españolas de América eran una fuente inagotable de riqueza.

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El movimiento comunero, que nació como respuesta popular a los abusos de poder de la realeza y de la oligarquía dominante, no pudo con tan poderosos enemigos. Aquellas voces que se alzaron en las Cortes defendiendo la soberanía nacional, llegando a defender con las armas los derechos inalienables del pueblo soberano, permanecieron mudas durante más de cuatrocientos años. Pero no todo está perdido. “Castilla hizo a España y España destruyó Castilla”. Es verdad, pero el espíritu comunero no ha muerto del todo, todavía cabalga por Castilla, todavía permanece anidado en el corazón de muchos castellanos. 

NOTAS

(1)  La lista completa se encuentra en el Archivo Municipal de Burgos.

(2)  Después de la derrota comunera le fue confiscado el castillo, que fue recuperado por la familia a cambio de 20.000 ducados.

(3)  D. Pedro Téllez Girón y Fernández de Velasco era sobrino del Condestable de Castilla. En 1524 el conde de Salvatierra y D. Pedro Girón fueron indultados por Carlos V.

(4)  La villa de Villalpando pertenecía al Condestable de Castilla D, Íñigo Fernández de V.

(5)  Es muy posible que entre las huestes del navarro figurase un tal Íñigo de Loyola, quien unos años después fue uno de los asiduos visitantes de Doña Juana y su hija la princesa Catalina.

(6)  Doña María Pacheco era hija de D. Íñigo López de Mendoza y Quiñones, conde de Tendilla y de doña Francisca Pacheco, hija del marqués de Villena. El apellido Pacheco lo adoptó para diferenciarse de otra hermana con su mismo nombre, María de Mendoza, condesa  de Monteagudo.

(7)  El desaparecido Monasterio jerónimo de Santa María de la Sisla estaba situado en las cercanías de Toledo.

(8)  El Prior de la Orden de San Juan de Jerusalén, D. Antonio de Zúñiga y Guzmán, general del ejército imperial, pertenecía a la familia de los Manrique de Lara, su padre era el conde de Plasencia y su madre doña Teresa de Guzmán, hija del conde de Medina Sidonia.

(9)  Por aquellos años ya se estaba negociando el casamiento de Carlos V con Isabel de Portugal, hermana de Juan III. Además, en 1525, Catalina de Austria, última hija de Doña Juana la Loca y D. Felipe el Hermoso, que acompañaba a su madre en su confinamiento de Tordesillas, se convirtió en reina de Portugal, al casarse con el citado Juan III.

(10) En setiembre de ese mismo año se produjo el saqueo de Roma por las tropas de Carlos y el

encarcelamiento del papa en Santángelo. Carlos V y Clemente VII mantuvieron un duro     enfrentamiento personal durante el papado de este último (1523-1534).

(11) Abdicó del trono imperial a favor de su hermano Fernando.         

AUTORES CONSULTADOS: Prudencio de Sandoval, R. Menéndez Pidal, Julio Valdeón, Joseph Pérez, J. Antonio Maravall. 

Paco Blanco, Barcelona, febrero 2013

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-Este texto está relacionado con: I, II, III

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  4. ———————————-
    (Copiado de Wikipedia.)

    Anexo:Gente de guerra que el Ayuntamiento de Burgos alistó en Marzo de 1521 contra VILLALAR (VALLADOLID)

    Repartimiento de gente de guerra que el Ayuntamiento de Burgos alistó en marzo de 1521 a requerimiento del Condestable para acudir a la que se presumía batalla decisiva de la conocida como Guerra de las Comunidades

    La gobernación del Reino de Castilla, en ausencia del monarca, estaba en manos del Cardenal, del Almirante y del Condestable. Los dos primeros, y los nobles que seguían el partido del Rey, deseosos de poner término a una revolución que, aunque se aproximaba a su fin, producía aún sucesos desastrosísimos y daños incalculables, se aprovecharon de las torpezas y deasciertos de los comuneros para preparase a una batalla decisiva.

    Solicitaron al Condestable que reuniera gente de armas, y Velasco , resolvió salir de la ciudad con un buen cuerpo de ejército. Escribió al duque de Nájera , pidiéndole fuerzas, principalmente artillería, que envía a las órdenes de su hijo Manrique de Lara. No fue fácil el recorrido ya que tuvo que combatir con el conde de Salvatierra.

    [editar]Reunión del Ayuntamiento

    Velasco reunió el Ayuntamiento y le pidió que sacase de la ciudad y de su provincia unos mil hombres, para que fuesen con él a combatir a los comuneros . El Ayuntamiento lo acordó en votación y por unanimidad, alistó porrepartimiento a la gente de guerra:

    Lugares Tratamiento Hombres Denominación actual Provincia actual
    Presencio virtuosos señores 12
    Barbadillo del Pez vasallos 8
    Burueba é Pancorbo muy virtuosos señores é vasallos 20
    Miranda de Ebro muy virtuosos señores é vasallos 20
    Covarrubias muy virtuosos señores 20
    Juarros y la Mata muy virtuosos señores 30
    Balbás virtuosos señores 20
    Los Arauzos virtuosos señores 20
    Rio de Urbina virtuosos señores 40
    Santibáñez y su partido virtuosos señores 30
    Mahamud virtuosos señores 15
    Santa María del Campo virtuosos señores 40
    La Merindad de Campó magníficos señores 100
    Villasandino virtuosos señores 20
    Villahoz virtuosos señores 15
    Candemuño virtuosos señores 70
    Las Siete Merindades magníficos señores 100
    Lara vasallos 30
    Aloz de Burgos , mandamiento de justicia é regimiento 40
    Melgar muy virtuosos señores 70
    Arlanzón e sus aldeas virtuosos señores 10
    Santo Domingo de la Calzada con la Merindad de la Rioja muy virtuosos señores 100
    Logroño magníficos señores 100
    Villafranca e sus aldeas virtuosos señores 40
    Villafribela virtuosos señores 10
    Torresandino virtuosos señores 10
    La Merindad de Santo Domingo de Silos muy virtuosos señores 70
    Yudego y su partido virtuosos señores 8
    Balbases virtuosos señores 10
    Las Padillas virtuosos señores 6
    Villamayor de Rio Pisuerga virtuosos señores 4
    Villegas y Villamorón virtuosos señores 6
    Las Hormazas y su partido virtuosos señores 78
    La villa de Oña muy virtuosos señores 20
    Total 1170
    [editar]Bibliografía
    Salvá, Anselmo (Burgos, 1895). Burgos en las Comunidades de Castilla. Hijos de Santiago Rodríguez.
    [editar]Interés de esta relación

    Este documento, obrante en el Archivo Municipal de Burgos, tiene su interés por la definición de pueblos, lugares y comarcas, señalando sus respectivos tratamientos.

    Alba, Ramón (Madrid, 1975). Acerca de algunas particularidades de las Comunidades de Castilla tal vez relacionadas con el supuesto acaecer terreno del Milenio Igualitario. Editora Nacional.
    Danvila, Manuel (Madrid, 1897-1900). Historia crítica y documentada de las Comunidades de Castilla. Memorial Histórico Español. 6 volúmenes.

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