RUTAS BURGALESAS POR LA CUENCA DEL ARLANZA. 1º TIERRA DE PINARES – QUINTANAR DE LA SIERRA. -Por Francisco Blanco-

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“La hermosa tierra de España, adusta, fina y guerrera Castilla, de largos ríos, tiene un puñado de sierras entre Soria y Burgos como reductos de fortaleza, como yelmos crestonados, y Urbión es una cimera” (de “Campos de Castilla”)

En la extensa cuenca fluvial burgalesa los buenos aficionados a la pesca tienen oportunidad de capturar un número muy elevado de especies piscícolas, tales como el barbo, la trucha y la carpa, tal vez las más abundantes, pero también puede encontrar lucios, bogas, cachos, lucioperlas, tencas y alguna más, aunque la más apreciada de todas ellas, tanto desde el punto de vista de la gastronomía como del deporte de la pesca, es sin duda la trucha.

Casi se podría afirmar, con poco margen de error, que ir a pescar a los ríos de Burgos es ir a pescar truchas. La que más frecuentemente se encuentra es la trucha común o “salmo trutta”, de la familia de los salmónidos, de 20 a 50 cm. de longitud y de 4 a 5 kg. de peso, aunque algunos raros ejemplares pueden llegar a medir 1 m. y pesar 10 Kg. Se caracterizan por las manchas redondas negras y coloradas que cubren su piel, las más apreciadas son las asalmonadas, de carne rosácea semejante a la del salmón. La variedad llamada “arco iris” es de mayor tamaño, aunque generalmente proceden de piscifactorías.

La pesca de la trucha, para los auténticos pescadores, se convierte en un desafío en el que se ha de hacer alarde de técnica, habilidad, astucia, paciencia y buen temple, y aún y con todo, a veces es tan esquiva que hay que abandonar el río sin haber cobrado pieza. Las técnicas para su captura son igualmente variadas, siendo las más interesantes las llamadas dinámicas, es decir aquellas en las que el pescador va persiguiendo su presa en lugar de esperar a que esta caiga cándidamente. Son destacables la pesca al tiento, con lombriz; la pesca a lance ligero, con cucharilla y la pesca a mosca, con sedal pesado o cola de rata. Igualmente, a la hora de elegir el sitio, nuestra provincia presenta unas alternativas difíciles de superar.

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Prácticamente todas las cuencas que la atraviesan ofrecen un gran atractivo para los pescadores. El gran novelista vallisoletano, Miguel Delibes, también famoso por su faceta de cazador y pescador, las ha visitado con frecuencia y el inolvidable poeta Antonio Machado, sevillano enamorado de Castilla, las ha cantado en sus versos: Pero, de entre todas ellas, para esta ocasión hemos elegido la del Arlanza, que nos va a permitir disfrutar de la pesca y de muchas cosas más, desde su nacimiento en el Sistema Ibérico hasta que se le une otro río netamente burgalés, el Arlanzón, en las vecinas tierras palentinas, acabando por unir sus aguas con las del Pisuerga.

 JOTA SERRANA

Noches claras de la sierra son buenas para rondar en lo alto luna clara y en la tierra enamorar. Cuando una moza serrana amores quiere tener se pone todas las galas sin dejar un alfiler.

Nace el Arlanza en la Sierra de la Demanda, por su vertiente sur, muy cerca del pintoresco pueblo de Quintanar de la Sierra, a mil y pico metros de altitud (1260), completamente rodeado de robustos y altísimos pinos, en el que aire se vuelve tan transparente como el más puro cristal de Bohemia. En este pueblo serrano, que en la temporada de verano se llena de turistas ávidos de respirar el aire puro de sus pinares, además de las inevitables y sabrosas truchas con jamón, se puede saborear un chorizo casero de una calidad extraordinaria.

Puede convertirse en un placer difícil de olvidar coger con una mano un buen pedazo de pan blanco, con la otra un buen trozo de chorizo y, de forma alternativa, dirigir ambas hacia la boca. Una mano se nos manchará de harina, la otra de pimentón, pero nuestro paladar y nuestro estómago quedarán eternamente agradecidos. Se ha de tomar la precaución de tener a nuestro alcance un plato y un porrón bien colmado de clarete de la ribera, el plato para dejar de vez en cuando lo que tengamos en la diestra y el porrón para empinarle dejando caer sobre nuestro gaznate un buen trago del saltarín vino, que estimulará nuestros jugos gástricos. De esta forma duplicaremos el placer.

Prácticamente cada vecino cría uno o más chones que sacrifican cuando llega la época de la matanza. Antiguamente se efectuaba en las mismas calles del pueblo, que se llenaban de hogueras y de olor a carne chamuscada, mientras en el ambiente dominaban los indecorosos chillidos de los marranos que, al parecer, no estaban muy conformes en ser degollados allí, delante de todo el mundo. Todo ello formaba un impresionante conjunto que ofrecía a los espectadores pasivos, yo tuve ocasión de serlo, un espectáculo de un colorido y una fuerza indescriptibles.

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Con la carne de la matanza elaboran esos extraordinarios chorizos; también elaboran excelentes jamones serranos, aunque, a mi juicio, quedan lejos del chorizo; hermosos tocinos; sabrosísimo picadillo y unas lustrosas morcillas, de sangre, cebolla y manteca, a las que, curiosamente, las añaden una porción de azúcar que las confiere una consistencia de embutido y, por añadidura, un sabor ligeramente dulce, que las proporciona un gusto muy peculiar. Tampoco se puede desdeñar probar la carrillada de cerdo al horno, o la delicada carne de vacuno, en especial la de ternera. Otra de las peculiaridades de este pueblo es la afición por el juego de pelota a mano de sus vecinos, (los vascos lo llaman de pelota vasca, pero se podría discutir sobre su origen).

Si el tiempo lo permite, cosa que ocurre con frecuencia, el frontón al aire libre, (no sé si en la actualidad está cubierto), está siempre muy concurrido, y cuando llegan las fiestas patronales por San Cristóbal, en el mes de julio, se organizan grandes partidos a mano y por parejas, con la participación de destacados “pelotaris”, y en los que no faltan las apuestas entre los espectadores, que suelen acudir en gran número. Además, numerosas peñas recorren las calles con sus charangas, propiciando un ambiente animado, bullicioso y festivo. En mis tiempos de veraneante las figuras locales del frontón eran los Pascual, tío y sobrino, que llegaron a ser campeones de España en la categoría de aficionados.

Yo hice mis pinitos con el sobrino, buen amigo mío, jugando de delantero, pero sin mayor trascendencia. En la actualidad el pelotari más destacado es un tal Raimundo Blanco, con quién, que yo sepa, no me une ningún parentesco. Tampoco lo tengo con el ilustre poeta y empresario teatral D. Conrado Blanco Plaza, fallecido en 1998, de quien me permito adjuntar un fragmento de su poema “Noche de Castilla”:

“La noche de invierno, sin luna ni estrellas, reúne a los viejos allá en la casilla. Cae lenta la nieve, que cubre las huellas de los que labraron la parda Castilla. De aquellos ancianos que se reunían como castellanos, nobles y amigos, y en aquellas noches sólo discutían de yeros, cebadas, avenas y trigos. Unos comentaban nublados pasados, otros recordaban terribles sequías, y todos lloraban perdidos ganados, pedriscos; pesares que siempre dejaron a humildes hogares sin pan ni alegría”.

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-Esta rura está relacionada con esta otra: II

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