RUTAS BURGALESAS POR LA CUENCA DEL ARLANZA. 2º TIERRA DE PINARES. LAS LAGUNAS DE NEILA Y EL COMUNERO DE REVENGA. -Por Francisco Blanco-

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El viajero amante de caminar podrá emprender desde Quintanar magníficas excursiones, que le llevarán por parajes de incomparable belleza, que ya nunca podrá olvidar. Muy cerca, a tan sólo 2 km. por la carretera que conduce a Neila, se encuentra Fuente Sanza, el manantial del Arlanza, a la sombra de verdes y altivos pinos; siguiendo por la misma carretera de tierra el viajero llegará al serrano y pintoresco pueblo de Neila, población milenaria, donde tuvieron asentamientos estables romanos y visigodos, de los primeros quedan dos puentes y de los segundos una iglesia visigótica, sobre la que se levanta la actual iglesia de Santa María, a su lado el notable edificio del Ayuntamiento.

A finales del siglo IX fue repoblada por navarros y castellanos, pasando a formar parte del Alfoz de Lara. Cuando Alfonso X el Sabio crea en 1273 el Honrado Concejo de la Mesta de Pastores, Neila se convierte en Cabeza de la Cañada Real Segoviana, con derecho a representante en dicho concejo. El próspero negocio de la lana y la trashumancia proporcionó al pueblo una gran prosperidad económica, que todavía se muestra en algunas de sus blasonadas casas solariegas, como la de los Márquez, los Márquez de Prado, los González de Prado y los Cuesta. El edificio más antiguo del pueblo es la iglesia de San Miguel, levantada, según consta en la inscripción hecha sobre uno de sus sillares, en el año 1087, lo que la convierte en uno de los primeros templos del románico burgalés; según Fray Valentín de la Cruz fue construida por el maestro arquitecto burgalés Nuño Sánchez.

Dentro del mismo casco urbano de Neila, en un lugar conocido como “El Castillo” se encuentra la Cueva de Neila, conjunto espeleológico de la Era Primaria, es decir de hace aproximadamente 500 millones de años, donde tiene su nacimiento el río Neila, que al pasar a tierras riojanas se convierte en el Najerilla.

El viajero puede aprovechar su estancia en Neila para reponer sus fuerzas recurriendo a la gastronomía local, basada en productos genuinamente serranos, pero nada desdeñables. Se puede empezar por un plato tan típicamente trashumante como las deliciosas migas de pastor, con las que se alimentaban los pastores trashumantes, preparadas por ellos mismos con los alimentos, más bien básicos y escasos, que podían transportar en su zurrón, o sea el pan de hogaza, el aceite, la sal, los ajos, algún pimiento verde y, los más afortunados, algún trozo de tocino entreverado; actualmente esta receta admite multitud de variaciones en función de la región en que se prepare o de la propia imaginación del cocinero. También se puede optar por las calóricas sopas de ajo, los excitantes huevos fritos con torreznos o el deslumbrante picadillo.

Para los estómagos poderosos se queda la caldereta de cordero, muy similar al frite extremeño; el ajo carretero, otro guiso de cordero típico de esta zona de Pinares, que se prepara en un gran caldero al que, en frío, se le echan los trozos de cordero de buen tamaño, las cabezas de ajos sin pelar, las cebollas y los tomates partidos por la mitad, sal, guindillas-sin pasarse-y aceite de oliva; se cubre todo con agua abundante y se pone sobre un fuego de leña, para que se vaya haciendo lentamente al calor de las brasas, hasta que la carne esté tierna pero cubierta todavía por el caldo.

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Primero se comen los trozos de cordero, empapados en la sustancia del guiso, y después, añadiendo al caldo sobrante unas finas rebanadas de pan de hogaza-no es necesario que sea del día-se prepara una suculenta sopa capaz de levantar el más alicaído de los ánimos;  otra buena opción gastronómica, sobre todo en época de matanza, es el chumarro o lomo fresco de cerdo asado, aunque también se puede utilizar carne de aguja, o el morro y la papada (1). Tampoco se puede despreciar el lomo y el chorizo de olla, puestos en adobo y conservados en aceite y manteca dentro de una olla de barro, o las morcillas dulces, similares a las de Quintanar. No faltan tampoco los ricos postres caseros como las rosquillas, las tortas de aceite, las de azúcar y las chichorras o chicharrones, preparadas con las pellas de la manteca del cerdo. Para regar todo este sustancioso condumio el viajero puede recurrir a los vinos de la cercana Rioja, tintos o claretes, a elegir, y preferiblemente jóvenes.

Con las fuerzas renovadas por la comida serrana, rodeado por un frondoso bosque de pinos, robles, hayedos, acebos, en los que habita el venado, el jabalí, el lobo, el viajero continuará su camino hacia las Lagunas de Neila, al norte de la Sierra de Urbión, cuyos picos configuran el horizonte.

Las Lagunas de Neila son un impresionante conjunto de origen glaciar, que ofrecen al viajero un paisaje inolvidable; dos de ellas, la laguna Negra y la laguna Larga-las más grandes-son casi contiguas y cuando desagüan producen unas espectaculares cascadas, que en invierno se convierten en inmensas masas de hielo; a niveles inferiores se van sucediendo otras tres, la de las Pardillas, la de los Patos y la Brava. Este rico patrimonio natural en el año 2008 fue declarado espacio natural protegido, con el nombre de Parque Natural de Las Lagunas Glaciares de Neila.

Además, para los amantes de la caza la Sierra de Neila es un auténtico paraíso cinegético en el que se puede cazar el ciervo al rececho o dar batidas al jabalí. Está incluida en la Reserva Regional de Caza de la Sierra de la Demanda.

Un distinguido viajero, el Barón de la Motte-Fouqué, nos dejó esta sintética definición: El agua y la tierra parecían haberse separado para visitarse mutuamente, siendo ambos muy bellos…”.

El que esta crónica escribe se ve obligado a añadir que, allá en sus lejanos veinte años, pasó un invierno en este pueblo de montaña; de su estancia guarda especialmente el recuerdo de una inmensa nevada que cubrió todo el pueblo con una gruesa capa blanca muy cerca de Nochebuena. Más de un metro y medio de nieve ocupó por completo la calle principal, obligando a los vecinos a tirar de pala para hacer pasadizos paralelos que unieran ambas aceras. Una pala pusieron en mi mano, que estuve empleando hasta que el pasadizo unió la Fonda en que dormía y me alimentaba, con la taberna de enfrente donde, al calorcillo de la estufa, se jugaba al mus y se bebía. A partir de aquí todo fue “tranquilidad y buenos alimentos”.

29E

                                JOTA A LA VIRGEN DE REVENGA: 

Con las mozas, de la Sierra, poca broma has de gastar,

por las buenas, lo que quieras, por las malas ni pensar.

Estribillo:

Serranita, serranita,

Serrana de mis amores,

sal hermosa a la ventana,

sal hermosa a la ventana.

que vienen los rondadores.

Cuando vayas a la sierra, no pases por el pinar,

por que dicen que las mozas, al pinar van a casar.

Estribillo

Cuando vayas, a la fuente, cuídate del delantal

que las mozas  que lo pierden, tardan años en casar.

Estribillo

A la Virgen de Revenga, un serrano le pidió,

el amor de una serrana, y la Virgen se lo dio.

Estribillo

Noches claras, de la Sierra, son buenas para rondar,

en lo alto, luna clara, y en la tierra enamora.

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 Los pueblos de Quintanar, Canicosa y Regumiel de la Sierra comparten jurisdicción sobre un terreno que hasta hace poco tiempo se llamaba Mancomunidad de Revenga y en la actualidad se conoce como el Comunero de Revenga, enclavado entre las tres localidades citadas. La villa de Revenga perteneció al Monasterio de San Pedro de Arlanza hasta el año 1581, en que fue cedida a la Mancomunidad, pero tanto el monasterio como el pueblo hace mucho que desaparecieron.

Lo que sí que se conserva y se celebra cada año a finales del mes de mayo, preludiando el cercano verano, es una famosa romería en honor de la Virgen, a la que acude un enorme gentío desde pueblos cercanos y lejanos, con sus autoridades, civiles y eclesiásticas al frente, portando sus cruces y pendones. La fiesta tiene lugar en una gran explanada, en cuyo centro-más o menos-se alzan una ermita y un albergue comunal del siglo XVIII.

El viajero curioso no podrá dejar de visitar la cercana Necrópolis altomediaeval, formada por 133 tumbas antropomórficas talladas en la roca, orientadas de levante a poniente, donde eran enterrados los primeros pobladores de los valles del Arlanza y el Duero entre los siglos IX y XI. Lamentablemente la mayoría han sido expoliadas a lo largo de los siglos, aunque todavía se conservan algunos restos interesantes. Necrópolis similares también se pueden encontrar en diferentes lugares de la comarca como Castrillo la Reina, Satiuste, San Felices, Quintanar y Palacios de la Sierra.

En realidad, para la mayoría-por no decir la  totalidad-de los pueblos de esta zona de Pinares, tanto los de la provincia de Burgos como de los de la de Soria, el mes de mayo es uno de los más festivos del año; de hecho comienza el día uno con la vieja tradición de “Pingar el Mayo”, que es una ancestral fiesta en la que se despide al crudo invierno, ya vencido, y se da una bienvenida alborozada a la explosión de la primavera, llena de sol, de luz y de vida, augurio seguro de nuevos frutos y nuevas cosechas; el mes en que la naturaleza comienza a recobrar su esplendor y los campos se cubren de flores.

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Pingar el mayo consiste en levantar en uno de los sitios más céntricos del pueblo-por lo general en la Plaza Mayor- un pino alto y esbelto, previamente cortado en uno de sus pinares. La operación la realizan los mozos del pueblo que acarrean el árbol cortado en un tractor-hasta no hace mucho se hacía en carro de bueyes-(2) acompañados y jaleados por el resto del vecindario.

Conseguir izar el pino y asegurarlo en el lugar elegido es tarea complicada que requiere de una depurada técnica, en la que intervienen la maña y la fuerza, además de una certera dirección para coordinar y aprovechar al máximo el esfuerzo de los alzadores. En la operación se utilizan cuerdas, maromas, horquillas, cuñas y escaleras, cuando el pino está a punto de quedar enhiesto suelen intervenir los casados, que aportan su experiencia para dar el empujoncito final, ante la expectación de la concurrencia, que rompe en una estruendosa ovación cuando el pino queda recto y firme. Este es el momento en que la fiesta se convierte en alegría desbordada, en la que se canta la gesta de los casados y también la de los mozos, que recuperan fuerzas con el chorizo o el lomo de la pasada matanza y algún que otro tiento a la bota, antes de empezar a cortejar a las mozas. A partir de aquí se canta y se baila, se come y se bebe hasta que el cuerpo aguanta. 

“Vítores a mayo

que te empinaron,

pero con la ayuda

de los casados. 

Mozo ya llegaste arriba,
descansa un poco y sereno,
que a las roscas de estas mozas
ya les puedes dar un muerdo”.

NOTAS

(1) En Villalmanzo se prepara un chumarro a base de bacalao, ajos, patatas y guindilla verde.

(2) En sus principios las carretas serranas se caracterizaban por llevar las ruedas forradas con las  pieles del ganado, por lo que resultaban sumamente silenciosas.

Paco Blanco

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