BURGOS INÉDITO. OCURRIÓ EN LA SALA CAPITULAR DE LAS HUELGAS. -Por Francisco Blanco-

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                                         “Ayer señoras, entré

En las Huelgas a mirar;

Es casa muy sigular

Donde sin duda hallé

Muchas cosas que loar:

Sus anchuras y grandeza,

Su vejez y antigüedad,

Sus muros y fortaleza;

Lo que falta en gentileza

Suplen con autoridad”.

A la Sala Capitular del Monasterio de las Huelgas, principal centro neurálgico de su actividad, se entra por el claustro de San Fernando, a quien se atribuye su construcción, allá por el siglo XIII, aunque a mediados del pasado siglo se descubrieron unas originales yeserías del más puro estilo mudéjar, bellamente decoradas en diferentes colores, realizadas sin duda durante el siglo XII, lo que hace suponer la presencia de artífices árabes en su construcción. Sobre este claustro se levanta una galería acristalada en la que se encuentran las celdas de sus moradoras. (1)

La Sala en sí es un recinto cuadrado, de grandes dimensiones, con techo abovedado de finísimos nervios, sostenido por cuatro columnas centrales y ocho adosadas a los muros laterales. En el centro de la Sala se encuentra la sillería que ocupaban las religiosas cuando eran llamadas a capítulo.

En el año 1.189  se celebró el primer capítulo convocado y presidido por Doña Misol, al que asistieron  todas las Abadesas de los Monasterios cercanos sometidos a la jurisdicción de las Huelgas: María, Abadesa de Perales; María, de Gradefes; Toda, de Cañas ; María, de Carrizo, quienes, a partir de este momento, pasaban a depender de su autoridad.

Además de para reunirse, la Sala Capitular estaba destinada a dar sepultura a las Abadesa fallecidas, cuyos sepulcros se hallan ocultos bajo un suelo entarimado. Allí se encuentran los de las primeras abadesas, como Doña Misol, infanta de Aragón, que fue la primera, Doña Sancha de Aragón, Doña Elvira  de Navarra, Doña Clara de Navarra, Doña Leonor de Castilla, hija de D. Pedro I el Cruel.

Sobre el entarimado tan sólo se halla el de la Venerable Doña Antonia Jacinta de Navarra, Abadesa trienal entre 1653 y 1656, que es conocida como “La estigmatizada del Císter”. Esta religiosa, descendiente del rey de Navarra, Carlos III el Noble, ingresó en el Monasterio como educanda en el año 1608, cuando tan sólo contaba seis años de edad, profesando al cumplir los dieciséis, el 4 de febrero de 1618, de manos de Doña Ana de Austria, que era Abadesa perpetua (2). Su acendrada religiosidad acabó en unas externas manifestaciones místicas,  que se producían cada viernes, en forma de estigmas en manos, pies y costado, a semejanza de las llagas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. La Abadesa, Doña Ana de Austria, ante suceso tan extraordinario, para examinar su posible origen fraudulento convocó un tribunal compuesto por el obispo de Badajoz, fray Angel Manrique, el de Cádiz, fray Alonso Pérez, un padre jesuita y otro cisterciense, quienes acabaron dictaminando que aquellos estigmas no estaban causados por causas naturales. (3) De ambas Abadesas se puede admirar un retrato en dicha Sala. También se pueden contemplar el dosel y las colgaduras que llevaba D. Juan de Austria en la célebre batalla de Lepanto, en la que fue desarbolada la escuadra turca, cedidas al Monasterio por su hija Doña Ana.

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Pero el tesoro más preciado que sin duda se encuentra en esta Sala Capitular es el famoso Pendón de Las Navas de Tolosa, que el propio fundador, D. Alfonso VIII, arrebató de la tienda del Califa árabe, Mohamed Ben Yacub, más conocido como Miramamolin, en el transcurso de aquella célebre batalla ocurrida el 6 de julio del 1212. Se trata de una rica tela del siglo XII, con primorosos bordados rojos, azules y amarillos sobre trama de oro y fondo rojo, en los que se reflejan los versículos 10, 11 y 12 de la Sura 61 del Korán:

“Me acojo a la protección de Aláh huyendo de Satán el apedreado. En el nombre de Aláh clemente y misericordioso. Esparza Dios sus bendiciones. ¡Oh creyentes! Acaso os haré ver una mercancía que os libre del terrible castigo. Creed en Aláh y en su enviado y haced la guerra santa en el camino de Aláh con vuestras riquezas y personas. Esto es manjar para vosotros, si lo entendéis os perdonará vuestros pecados y os introducirá en un jardín debajo del cual corren los ríos y en mansiones agradables en el jardín del Edén”.  (4)

A lo largo de sus más de ochocientos años de historia ha sido testigo impasible y mudo de numerosos acontecimientos que han marcado verdaderos hitos históricos. Uno de los más relevantes ocurrió en el pasado siglo XX, mientras España se debatía en una cruel guerra civil entre dos bandos que aspiraban a eliminarse mutuamente:

El día 2 de diciembre de 1937 tuvo lugar el acto de la jura de los Consejeros del primer Consejo Nacional de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S, presidida por el Caudillo de España y Generalísimo de los Ejércitos, D. Francisco Franco Bahamonte, quien ante los Santos Evangelios, sobre los que se había colocado  la Cruz de la batalla de las Navas de Tolosa, con la aprobadora presencia del Primado de España, Cardenal D. Isidro Gomá, prestó el siguiente juramento:

“Ante Dios juro darme siempre al servicio de la Unidad, la Grandeza y la Libertad de España, vivir con la Falange Española Tradicionalista en hermandad y conducirla como Jefe. En el nombre de Dios juro darme en servicio con exactitud y vigilancia, con milicia y sacrificio de la misma vida por la Grandeza Imperial de España”.

A continuación el Secretario General de la Falange, D. Raimundo Fernández Cuesta, da lectura al siguiente juramento, que prestaron los Consejeros a su Caudillo:

“¿Juráis emplearos por entero en la misión que os encomiendan los Estatutos de la Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. para mantener el rango inmortal de la Patria?”.

“¿Juráis lealtad a nuestros Caudillo, fidelidad estricta a sus mandatos, custodia a su persona y entregaros en hermandad cristiana a los demás miembros del Consejo Nacional?”.

Seguidamente los Consejeros, desfilando uno a uno por el reclinatorio donde está el Crucifijo y los Santos Evangelios, colocando la mano sobre éstos contestan:

“Así lo juro en nombre de Dios sobre los Santos Evangelios”.

El epílogo de esta solemne jura fueron los cuarenta años de dictadura del general Franco, el más firme defensor de la oligarquía del Antiguo Régimen, que se propuso acabar con una República popular y democrática.

NOTAS:

(1) Archivo Español de las Artes (1941) 

(2) Doña Ana de Austria era hija natural de D. Juan de Austria, a su vez hijo natural del Emperador Carlos V.

(3) Esta religiosa también escribió una biografía de la Abadesa Doña Ana de Austria, titulada “Jardín de Flores”, que se conserva en el Archivo del Monasterio de las Huelgas.

(4) Sura es cada uno de los 114 capítulos que integran el Korán.

Paco Blanco, Barcelona, marzo 2013

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