POR LA CUENCA DEL ARLANZA: DE COVARRUBIAS A SANTO DOMINGO DE SILOS -por Francisco Blanco-

aviejas

Muy cerca de la Yecla, también en la ribera del río Mataviejas, se encuentra el municipio de Santo Domingo de Silos que, junto con Covarrubias y Lerma,  conforman el turístico “Triángulo del Arlanza”, de gran interés histórico, cultural y artístico. Sin duda el principal atractivo de esta localidad es su famoso Monasterio de origen visigótico, dedicado a San Sebastián, en el que se refugió una pequeña comunidad de  monjes mozárabes, que vivían con grandes estrecheces, hasta que en el siglo XI, procedente del riojano Monasterio de San Millán de la Cogolla, llegó el  monje benedictino Domingo, natural del riojano pueblo de Cañas quién, bajo la protección del primer monarca de Castilla, Fernando I, lo refundó, e impulsó su desarrollo hasta convertirlo en otro de los más importantes centros religiosos y culturales del joven reino castellano.

Durante los años que permaneció como prior de la comunidad, alcanzó Domingo una merecida y extensa fama de taumaturgo por su capacidad para realizar milagros, incluso a grandes distancias. Se aseguraba que era capaz de liberar cristianos caídos en manos de los moros y presos en las cárceles sarracenas del norte de Africa. Todavía, en la antesacristía, pueden contemplarse los cepos y cadenas traídos como exvotos por los cautivos liberados. Sus hechos y curaciones milagrosas le dieron en vida merecida fama de santo, acrecentada a su muerte, anunciada por él mismo a sus monjes, pues también era visionario: “Pasé toda la noche con la Reina de los Ángeles, que me ha invitado a estar cerca de Ella, dentro de tres días, iré muy pronto al Celestial Festín donde ella me convida”. Su fama de santidad convirtió el Monasterio en un lugar de devoción y peregrinaje a su tumba, además de un centro de religiosidad, ciencia y arte.

En el siglo XVIII fue nuevamente reconstruido, pero respetando parte de la obra anterior, en especial el impresionante claustro interior de dos pisos, de techos artesonados, con arcos románicos sostenidos por dos o cuatro columnas, cuyos 64 capiteles están bellamente decorados, mostrando  cada uno  un tema diferente. En el centro del claustro se yergue el majestuoso ciprés, cantado por el poeta montañés Gerardo Diego en un bello soneto: 

EL CIPRES DE SILOS

Enhiesto surtidor de sombra y sueño

Que acongojas el cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

Devanado a sí mismo en loco empeño.

 

Mástil de soledad, prodigio isleño;

Flecha de fe, saeta de esperanza.

Hoy llego  a ti, riberas del Arlanza,

Peregrina al azar, mi alma sin dueño.

 

Cuando te ví, señero, dulce, firme,

Que ansiedades sentí de diluirme

Y ascender como tú, vuelto en cristales,

 

Como tú, negra torre de arduos filos,

Ejemplo de delirios verticales,

Mudo ciprés en el fervor de Silos.

 1

Dentro de la iglesia neoclásica, obra del arquitecto Ventura Rodríguez, hay que visitar la botica, construida a principios del XVIII, convertida actualmente en museo de cerámica en el que sobresalen 420 artísticas piezas de Talavera; es de destacar también su magnífica cajonería, decorada con placas en las que aparecen las diferentes hierbas que los monjes empleaban para elaborar los bebedizos, pomadas, pócimas y jarabes que aplicaban a la curación de toda clase de males.

En esta botica se llegó a elaborar la famosa “Triaca Mágica”, panacea farmacéutica medieval que lo curaba casi todo.  Dispone también de una valiosa biblioteca, en la que destacan códices e incunables de los siglos XI y XII y 510 libros sobre Medicina, Farmacia y Botánica, impresos entre los siglos XV y XIX..

A lo largo de su historia esta soberbia botica ha pasado por diferentes vicisitudes que pusieron en peligro su supervivencia, que la astucia y la tenacidad de sus priores supieron salvar. En el año 1825, por ejemplo, para evitar que el Estado la confiscase, el abad se confabula con la cuadrilla del cura Merino, famoso guerrillero que, después de luchar contra la invasión francesa, se había convertido en furibundo absolutista y contumaz salteador de caminos, para simular un saqueo y poner su contenido a buen recaudo. Finalmente, cien años después, en 1927, cuando iba a ser subastada públicamente, un millonario bilbaíno, D. Juan de Aguirre y Anchútegui, la compra para, acto seguido, cederla de nuevo al monasterio en un acto lleno de altruista generosidad. 

Si el viajero tiene suerte, o si espera a que las campanas del monasterio llamen a oración a sus monjes, podrá oírles entonar los famosos Cantos Gregorianos, cuyo origen se remonta al siglo VI, de los que son unos consumados intérpretes, con la seguridad de que van a ser un deleite para sus oídos y también para la vista. Y si dispone de más tiempo se puede albergar en su hostería para disfrutar de unos días de relajado y solitario descanso para el cuerpo y el espíritu. Para el primero seguro que sobre su mesa encontrará buen vino y buenos alimentos y sobre el segundo, difícilmente encontrará un ambiente más propicio donde buscar la paz y el sosiego.

El resto del pueblo, crecido a la sombra del monasterio, forma un interesante conjunto monumental, en el que destaca la magnífica iglesia parroquial de S. Pedro, del siglo XII, en cuya arquitectura conviven el románico y el gótico. También se pueden admirar viejas casonas blasonadas y restos de la antigua muralla.

Finalizada su estancia en Santo Domingo, siguiendo nuevamente las riberas del Arlanza, el viajero encaminará sus pasos hacia la ducal villa de Lerma.

 73

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s