BURGOS INÉDITO: LA UNIVERSIDAD ROJA (1943-1977). -Por Francisco Blanco-

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El 1 de marzo de 1940, con la guerra ya finalizada, se dictó la Ley para la “Represión de la Masonería y el Comunismo”, que dio lugar a la creación de un tribunal especial, que actuaba prácticamente al margen de la ley, con libertad para cometer toda clase de tropelías contra los supuestos enemigos de la patria, que pasaban a incrementar los presos políticos encerrados en las prisiones españolas, llegándose a cargar algunos con penas que oscilaban entre los veinte y los treinta años de reclusión mayor. Esta Ley estuvo vigente hasta que el 2 de diciembre de 1963 se crea el tristemente famoso Tribunal de Orden Público, popularmente conocido como el TOP, con la misión especifica de perseguir “aquellos delitos cometidos en todo el territorio nacional, cuya singularidad era subvertir, en mayor o menor gravedad, los principios básicos del Estado o sembrar la zozobra en la conciencia nacional”. Este Tribunal, encargado exclusivamente de continuar con la represión político-social, duró hasta el año 1977.

Ese mismo año de 1940, Franco da la orden de trasladar al Penal de Burgos todos los presos políticos del resto de España a los que se les hubiese conmutado la pena de muerte por la de prisión. Semejante orden incrementó nuevamente, esta vez de de forma notable, la ya nutrida población reclusa de dicha cárcel, deteriorando todavía más sus precarias condiciones de vida.

En julio de 1943 llega a la Capitanía de la VI Región Militar el teniente general D. Juan Yagüe Blanco, recuperado de nuevo el favor del Caudillo, que en 1940 le había destituido como ministro del Ejército y confinado en su pueblo natal de San Leonardo (Soria) (1).

Poco más tarde, en 1946, Franco da una nueva orden por la que todos los dirigentes políticos y sindicales más importantes y peligrosos, pertenecientes al PCE, CNT, PSOE, FAI, UGT, o a cualquier otro partido republicano u organización sindical, dispersos por las diferentes prisiones españolas, fuesen concentrados en el Penal de Burgos, ahora bajo la jurisdicción del citado general. El Partido Comunista de España (PCE) fue numéricamente el más castigado, pues sus presos representaban casi el 80% del total, los cuales, lógicamente, también tuvieron un mayor peso específico en las actividades que posteriormente desarrollaron durante su permanencia en el Penal. 

El propósito de Franco al emitir semejante orden era el de tener juntos y a buen recaudo los elementos disidentes más peligrosos, evitando de esta forma que su actividad subversiva crease conflictos en el resto de los centros penitenciarios, al tiempo que evitaba que se produjera cualquier tipo de propaganda en contra del nuevo Estado. A partir de los primeros meses  de 1946 empezaron a llegar al Penal de Burgos numerosos presos políticos procedentes  de otras prisiones, como la de Alcalá, el Dueso, Carabanchel, Ocaña, Segovia …….., todos ellos considerados como peligrosos elementos subversivos y con elevadas penas de cárcel sobre sus espaldas. En los años siguientes continuaron llegando presos políticos a la prisión de Burgos, lo que era señal inequívoca de que todavía quedaban muchos españoles que luchaban por la democracia y en contra de una dictadura militar y policíaca en la que los ciudadanos, carentes de los más mínimos derechos individuales, se habían convertido en simples y sumisos súbditos. Ahora, además de los consabidos delitos de sedición y rebelión militar, a los españoles se les perseguía y encarcelaba por los delitos de propaganda ilegal, asociación ilícita, alteración del orden público, desacato a la autoridad, conspiración, injurias al Régimen…………y unos cuantos más.´

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Sin embargo, las previsiones del dictador con respecto al control de tantos presos políticos no se cumplieron en absoluto. Franco subestimó la capacidad de maniobra de aquellos dirigentes que, al verse juntos, aunaron sus esfuerzos convirtiéndose en una organización de lucha política clandestina muy activa y eficiente, que funcionó no sólo dentro de los muros de la prisión, sino que se comunicó con sus respectivas organizaciones de lucha en el exterior. Con la colaboración externa de los familiares de los presos se estableció un auténtico puente de información que ponía en comunicación a los presos con el mundo exterior y viceversa.

A pesar de la estrecha vigilancia a que eran sometidos y al duro régimen de vida que debían de soportar diariamente: constantes formaciones en el patio antes del desayuno, la comida y la cena, trabajos en grupos, distribuidos en brigadas de limpieza, obligación de guardar silencio absoluto en las celdas a partir del toque de retreta etc…. los presos supieron aprovechar el resto del tiempo para establecer una intensa comunicación entre ellos, perfectamente dirigida y coordinada. La presencia entre los presos de numerosos profesores titulados, de diferentes niveles, ayudó a conexionar los diferentes programas educativos que se fueron poniendo en marcha entre la población reclusa.           

A esta organización clandestina de los presos políticos de Burgos, en la que tampoco faltaba una importante actividad cultural y artística,  pronto se la conoció como “La Universidad Roja” (2).

La actividad política corría a cargo principalmente del Partido Comunista (PC), aunque también participaron algunos miembros del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Aparte de la formación política e ideológica, basada principalmente en la doctrina de Karl Marx, se impartían clases de cultura general, francés e inglés, geometría, matemáticas, física, dibujo, geografía e historia, literatura y hasta de radio. También funcionaba una tertulia literario-cultural, “La Aldaba”, animada, entre otros, por el veterano preso político y poeta “Marcos Ana”, que había sido encarcelado con tan sólo quince años (3). Uno de los actos más relevantes de esta tertulia fue el homenaje que se tributó al poeta Miguel Hernández en uno de los aniversarios de su muerte, ocurrida el 28 de setiembre de 1942 siendo preso político de la cárcel de Alicante.

La extraordinaria labor docente y cultural realizada durante los años de la postguerra en el Penal de Burgos elevó de forma notable el nivel medio de cultura de los miles de presos que se matricularon en esta insólita y clandestina Universidad, al tiempo que se  aumentaba la capacidad de la lucha contra la opresora y represora política de la dictadura franquista (4).

Los sistemas  de vigilancia y seguridad que los presos del Penal de Burgos montaron para burlar a su vez los severos métodos de vigilancia, mucho más agresivos y directos, de sus carceleros, llegaron a alcanzar tal nivel de sofisticación que les permitió editar revistas, emitir programas de radio y realizar escenificaciones teatrales dentro de los muros de la prisión, aunque desde el exterior también les llegó importante ayuda por parte de los familiares y las organizaciones políticas opositoras al régimen, destacando la del Partido Comunista de España.

La revista “Redención” era el órgano oficial de las Prisiones españolas que los presos recibían periódicamente, cuyo contenido llevaba una alta carga propagandística que incluía cartas de arrepentimiento de presos políticos que habían renunciado a su militancia y se habían incorporado a la buena senda marcada por el “Glorioso Movimiento Nacional”, invitando al resto de los presos a seguir su ejemplo. Como respuesta, en el Penal de Burgos se reeditó “Mundo Obrero”, que se había iniciado en 1930 y se crearon, en diferentes etapas, “Juventud Libre”, “Universidad” y “Muro”. En esta última se publicó el mes de diciembre de 1961 un artículo titulado “Tercera balada de la cárcel de Burgos”, en el que se describe con toda crudeza las pésimas condiciones de vida que se veían obligados a soportar los presos políticos de la cárcel burgalesa.

Todas ellas eran verdaderas filigranas hechas a mano, con una caligrafía exquisita y diminuta, sobre los más variados soportes, desde telas a papel cebolla.

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También se emitía semanalmente un “Boletín de Noticias” que después trasmitía íntegramente la emisora clandestina del PC “Radio España Independiente, Estación Pirenaica” bajo el lema “Antena de Burgos”, que sacaba de sus casillas a los jerarcas del régimen responsables de perseguir la propaganda subversiva.

Durante las décadas de los cincuenta y los sesenta siguieron ingresando presos políticos en las cárceles franquistas. A pesar de la severa censura ejercida sobre los medios de comunicación, el estricto control educativo de la Iglesia, la prohibición de asociarse o sindicarse y el enorme despliegue propagandístico realizado por el régimen, cada vez eran más numerosos los colectivos dispuestos a manifestar su oposición al sistema implantado por el Movimiento. En las grandes ciudades, principalmente, los estudiantes y los obreros, cada cual por su lado, empezaron a organizar manifestaciones de protesta, duramente reprimidas por las llamadas Fuerzas de Orden Público, o lo que es lo mismo, la policía franquista. A los detenidos se les conducía a los calabozos de la Dirección General de Seguridad (DGS), donde eran sometidos a duros interrogatorios, acompañados, especialmente en el caso de los obreros, de torturas físicas y sicológicas. Acusados de un delito contra la seguridad del Estado, a los que quedaban finalmente detenidos se les aplicaba el Artículo 288 del Código de Justicia Militar, lo que representaba que las condenas podían llegar hasta los doce años de reclusión mayor.

Entre los numerosos condenados que ingresaron en el Penal de Burgos durante estas dos décadas cabe mencionar a Simón Sánchez Montero, sindicalista y miembro del Comité Central del PCE; el por entonces estudiante de Derecho, Enrique Múgica; el pintor vasco Agustín Ibarrola; Gervasio Puerta, actual presidente de la Asociación de Ex Presos y Represaliados Antifranquistas; un importante grupo de presos asturianos entre los que figuraban el más abajo mencionado Otones y el ex Diputado de la República Horacio Fernández Inguanzo; también llegaron los catalanes Pere Ardiaca, del PSUC y los comunistas Emiliano Fábregas y Miguel Núñez, que se convirtió en el coordinador del movimiento antifranquista dentro de la prisión, y muchos más cuyos nombres resulta imposible referenciar, pero que todos, individual y colectivamente, contribuyeron a que el movimiento político y cultural de los presos del Penal de Burgos, conocido como la “Universidad Roja”, se convirtiera en un ejemplo de la lucha contra aquella dictadura fascista.

A mediados de 1965 el ministro de Información y Turismo de Franco, D. Manuel Fraga Iribarne, culmina su propagandística campaña de los XXV Años de Paz anunciando a bombo y platillo,  ante numerosos periodistas nacionales y extranjeros, la concesión por el Consejo de Ministros del día 21 de junio de un indulto general: “El Consejo de Ministros celebrado ayer aprobó, a propuesta del de Justicia, y en uso de las prerrogativas del Jefe del Estado, un decreto en virtud del cual se concede indulto de carácter general con motivo del Año Compostelano y habida cuenta de la disminución de la delincuencia en España, la paz en que vivimos y el espíritu de convivencia que a todos nos anima”. El Régimen necesitaba lavar la cara si quería integrarse en la nueva Europa, pero la medida resultó más efectista que efectiva. Salieron a la calle muchos delincuentes comunes con pequeñas penas, pero los presos políticos siguieron llenando las cárceles españolas. Los últimos presos políticos españoles saldrían de sus cárceles el 30 de julio de 1976, otro “Año Compostelano”, pero el dictador ya había muerto.

El año 1965 estaba llegando a su final, un año más de lucha en las cárceles españolas, un año más de esperanzas perdidas para los presos, de inicuos sufrimientos y muertes innecesarias…… El 9 de diciembre, sin embargo, en un apartamento bien calentito de Moscú,  una famosa exilada española, Dolores Ibárruri, “Pasionaria”, celebraba su septuagésimo aniversario. La incansable dirigente comunista, desde su puesto en el Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, había continuado su lucha contra la dictadura de Franco, sin que su amor a España hubiese cedido ni un ápice y sin haber perdido la esperanza de que un día, cada vez más cercano, el régimen franquista se desmoronase y España recobrara su condición de país libre y democrático, por el que había estado luchando desde julio de 1936. En este día de alegría y celebraciones, no faltaron las visitas de los  numerosos refugiados españoles llegados a Rusia durante los últimos meses de la guerra civil, gracias, en muchos casos, al esfuerzo personal de la dirigente comunista. Algunos  venían acompañados de sus hijos, nacidos ya en suelo soviético, pero que tampoco habían perdido su  amor a España, su lejana y perdida Patria, ni el respeto y la admiración por aquella mujer que tanto había luchado por la clase obrera española y por la causa republicana. No faltaron los homenajes, los regalos y las flores, que casi abarrotaban el apartamento, pero la emoción de “Pasionaria” llegó al máximo, haciendo que unas furtivas lágrimas se deslizasen por sus curtidas mejillas, cuando recibió un modesto regalo que los presos políticos del Penal de Burgos habían hecho con sus propias manos y habían conseguido hacérselo llegar a Moscú. Todavía muchos de ellos eran viejos camaradas que habían  luchado junto a ella contra el fascismo entre el 36 y el 39. Otros muchos habían caído en la posterior lucha clandestina o dentro del Penal. Los que quedaban y le habían hecho llegar aquel simbólico regalo, esperaban en prisión que se desmoronase la represora dictadura franquista para poder recobrar la libertad.

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En 1970 tiene lugar el célebre proceso de Burgos contra 16 militantes de ETA, acusados del asesinato del comisario Melitón Manzanas, tristemente famoso por los brutales interrogatorios a los que sometía a los sospechosos que tenían la desgracia de caer en sus manos. Era el primer asesinato que perpetraba la banda terrorista, que entonces luchaba contra el terrorismo de estado. Seis de ellos, Mario Onandía, Eduardo Uriarte, José María Dorronsoro, Joaquín Goristidi, Francisco Javier Izco de la Iglesia y Francisco Javier Lerena fueron condenados a muerte. Finalmente, el 31 de diciembre, poco antes de las doce campanadas, les fue comunicado el indulto en la sala de visitas del Penal de Burgos, donde estaban recluidos.

Unos años más tarde, el 20 de noviembre de 1975, moría el general Franco después de haber mantenido a España, durante casi 40 años, sometida a una dictadura militarista, policíaca e ideológica. La noticia, esperada con ansiedad durante muchos días, se extendió rápidamente por todas las cárceles españolas en las que todavía quedaban presos políticos. En el Penal de Burgos la transmitió uno de los llamados “presos de confianza”, que a su vez la recibió de un funcionario de prisiones. Pero el numeroso colectivo de presos políticos que aún permanecían en el Penal no pudo exteriorizar su alegría, más bien fue la angustia y la incertidumbre las que les dominaron. Tuvieron miedo, en una palabra, a la posible reacción violenta de los numerosos grupos de ultra derechistas que el régimen de Franco había amamantado durante tantos años, capaces de invadir las cárceles y tomar venganza por la muerte de su caudillo. Incluso entre los funcionarios de la prisión había elementos extremistas, partidarios de la violencia, que les consideraban como carne de cañón. La coincidencia, curiosa o extraña, como se la quiera llamar, de que Franco hubiese fallecido un 20 de noviembre, el mismo día en que fue fusilado el protomártir de la Cruzada, José Antonio Primo de Rivera, también podía contribuir a que los ánimos de los falangistas “camisas viejas” se exaltasen hasta el punto de querer salvar nuevamente la patria, eliminando los “rojos” que aún quedasen. Las botellas de vino y de cava que los presos de Burgos tenían preparadas para tan esperada ocasión no pudieron ser descorchadas (5).

El aparato represor de la dictadura continuó funcionando tras la muerte de Franco como una máquina bien engrasada. El TOP sigue actuando a pleno rendimiento, persiguiendo y deteniendo a los miembros de los diferentes partidos políticos que se habían agrupado en torno a la Junta Democrática, promovida por el PCE y la Plataforma Democrática, controlada por el PSOE. Los presos políticos de este convulso período del pos franquismo fueron a parar principalmente a la cárcel madrileña de Carabanchel, por cuyas puertas entraban y salían con una frecuencia inusitada.

El primer paso para poner en libertad a todos los presos políticos se dio el 16 de julio de 1976, durante el primer Consejo de Ministros de la monarquía presidido por Adolfo Suárez, en el que se pide al rey “una amnistía aplicable a delitos o faltas  de motivación políticas o de opinión tipificadas en el Código Penal”, quedaban explícitamente excluidos todos los que “hayan lesionado o puesto en riesgo la vida o la integridad física de las personas”. Concedida la amnistía, a finales de mes cerca de 300 presos políticos abandonaron para siempre las cáceles franquistas. Finalmente, el TOP dejó de existir el 4 de enero de 1977.

En el mes de junio del 2003, desde muchos puntos de España llegaron a Burgos un grupo, todavía numeroso, de aquellos luchadores por la libertad y la democracia que pasaron largos años de su existencia encerrados en el Penal de Burgos, víctimas de la represión franquista.

El Excmo. Ayuntamiento de Burgos, encabezado por su alcalde, don Angel Olivares, en representación de la ciudad, iba a rendirles un emotivo “Homenaje Nacional” en justo desagravio por los sufrimientos y vejaciones recibidos durante su estancia en la prisión burgalesa, en la que consumieron parte de los mejores años de su vida.

Los actos del homenaje, que contaron con la adhesión de la “Asociación de Ex-presos y represaliados Antifranquistas” y otras numerosas Instituciones públicas y privadas,  tuvieron lugar entre los días 12 y 15, dando comienzo con una retrospectiva exposición fotográfica. El resto de los días, en el Teatro Principal de Burgos, se debatieron diferentes temas relacionados con aquella terrible experiencia, con la intervención de destacados políticos, juristas, sociólogos e investigadores. No faltaron, por descontado, los emocionados  testimonios de los ex presos, que pusieron el acento en la importancia que tuvo la lucha que mantuvieron desde el interior de las cárceles en el contexto global de la oposición al régimen franquista.      

Pasaron por la tribuna viejos luchadores, como el veterano burgalés de 86 años Gervasio Puerta,  presidente de la “Asociación de ex presos antifranquistas”; el asturiano Manuel García González “Otones”, autor de unas “Memorias”; el toledano Sixto Agudo, comandante del Ejército republicano y miembro del Comité Central del PC en el exilio, que a su vuelta a España en 1976, fue elegido diputado por Aragón y alcalde de la localidad oscense de Alcampell; el Defensor del Pueblo Enrique Múgica, ex ministro de Defensa con el PSOE; el historiador vasco José María Laso, el comunista Melque Rodríguez Chao, el anarquista José Martín, el también comunista Miguel Núñez, destacado activista que estuvo a cargo de la organización política de los presos del Penal de Burgos y autor también de otro libro de memorias titulado ”La Revolución y el deseo”.

Otros muchos, cuya relación sería muy larga, estuvieron presentes en los actos, al lado de sus compañeros de cautiverio. Es de destacar también la presencia de dos viudas: Higinia Torre Patayo, viuda del asturiano Juan Muñiz Zapico “Juanín”, destacado sindicalista de Comisiones Obreras (6) y Juana Prieto Fernández, viuda del también comunista Genaro González. (7)

El homenaje se clausuró con una comida de hermandad en el hotel  ”Corona de Castilla”, pero antes, en el Teatro Principal, se habían leído poemas de Hernández, Alberti, Neruda y el ex preso “Marcos Ana”, que recitó el suyo, “Mi corazón es patio”, escrito entre los muros del Penal y dedicado a María Teresa León, del que trascribimos el último párrafo:

“Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón, que tiene
la forma gris de un patio.
Un patio donde giran
los hombres sin descanso”.

(Marcos Ana) 

NOTAS 

(1)  El general Yagüe era un convencido falangista, amigo personal de José Antonio, que al finalizar la guerra tuvo algunas discrepancias políticas con el general Franco, por las que fue apartado temporalmente de su camarilla.

(2)  También recibió el nombre de Universidad de Burgos y Universidad Comunista.

(3)  Es de destacar la correspondencia que se estableció entre el poeta Marcos Ana con María Teresa León y Rafael Alberti, exilados en Buenos Aires.

(4)  Testimonios de esta actividad se pueden encontrar en las Memorias de Melquesider Rodríguez Chao, Miguel Núñez, Juana Doña y Sixto Agudo.

(5)  Sobre dicha coincidencia se puede teorizar cuanto se quiera: ¿fue casualidad ó premeditación? Es posible que la muerte del Franco se silenciase durante unas horas para que las fechas coincidiesen

(6)  Juan Muñiz Zapico “Juanín”, perteneció a CCOO y al PC, siendo encarcelado en varias ocasiones. Falleció en el 1977 como consecuencia de un accidente de tráfico.

(7)  Todas las personas citadas en este párrafo pasaron al menos una vez por el Penal de Burgos. 

Paco Blanco, Barcelona, junio 2013

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