BURGOS INÉDITO: EL DR. ALBIÑANA DIPUTADO POR BURGOS. -Por Francisco Blanco-

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El doctor D. José María Albiñana, valenciano de Esguera, era un afamado neurólogo y autor de varios libros sobre Medicina, Filosofía, Historia, Política y Religión. Había pasado una etapa de su vida en México, donde alcanzó fama y dinero, pero se vio obligado a abandonar el país debido a sus enfrentamientos políticos con el presidente mexicano Plutarco Elías Calles. De nuevo en España, a finales de la década de los años veinte del siglo pasado, no tardó en mostrar su firme adhesión al dictador, el general Primo de Rivera, y a la causa monárquica. Su exacerbado patriotismo y su exaltado carácter le llevaron a considerar como personales  enemigos a todos los que no comulgaran con su mística nacionalista, que le llevaba a ver por cualquier sitio enemigos de España y de la Patria.

En febrero de 1930, casi inmediatamente después de la caída de Primo de Rivera,  hizo distribuir 10.000 ejemplares de un panfleto titulado “Manifiesto por el honor de España”, en el que establecía una verdadera declaración de principios: “Existe un soviet masónico encargado de deshonrar a España ante el mundo resucitando la leyenda negra y otras infamias fraguadas por los eternos y escondidos enemigos de nuestra Patria. Ese Soviet, de gentes desalmadas, cuenta con la colaboración de políticos despechados que, para vengar agravios partidistas, salen al extranjero a vomitar injurias contra España”. Se estaba refiriendo, lógicamente, a todos los opositores (1) a la dictadura que se vieron obligados a exilarse tras el golpe de Estado del 23 de setiembre de 1923, dado desde la Capitanía General de Cataluña por el general D. Miguel Primo de Rivera, con la anuencia de S. M. Alfonso XIII, que disolvió las Cortes y el Gobierno y puso el país en manos de un Directorio militar.

Resulta muy difícil, no obstante, encontrar entre los numerosos políticos, sindicalistas y opositores en general, que optaron por abandonar el país de grado o por fuerza, a ningún miembro de los Soviets de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S,), de muy reciente creación por cierto. No contento con semejante proclama, compuso un himno patriótico titulado “España Inmortal”, cuya letra decía así: 

“Españoles, la Patria bendita

nuestro esfuerzo reclama: ¡A luchar!

Frente a toda conjura maldita

defendamos la Fe y el Hogar.

En los labios el bélico acento,

en las almas torrentes de luz;

¡Surja el pueblo con súbito aliento

defendiendo la Patria y la Cruz!

Despreciemos la injuria extranjera

que nos lanza una secta procaz,

defendamos con nuestra Bandera

rojo y gualda, el Trabajo y la Paz. 

Nuestra Historia la lucha no extraña,

de sus glorias marchemos en pos,

sobre todas las cosas, ¡España!

¡Sobre España inmortal, sólo Dios!”  

Pero no contento todavía, un poco más tarde, en el mes de abril, funda el “Partido Nacionalista Español” (PNE), de carácter ultraconservador y corporativista, con el lema de “Religión, Patria y Monarquía”, cuya doctrina estaba contenida en su “Breviario Nacionalista Español” de 22 puntos, en los que básicamente defendía la Monarquía, la Unidad de la Patria, la Religión Católica, el orden social establecido y el corporativismo agrario, exaltando especialmente los que él consideraba “los verdaderos valores nacionales de todos los hombres que sientan la inapreciable dignidad de haber nacido españoles”.

También fundó la revista “La Legión”, como órgano de expresión del Partido, que tuvo una vida muy efímera, pues tan sólo salieron a la luz los siete primeros números. Para poder llevar a cabo su labor combativa contra los enemigos internos de la Patria, organizó los llamados “Legionarios de Albiñana” o “Legionarios de España”, un voluntariado urbano y campesino con tendencias derechistas, a los que uniformó con camisa azul celeste y gorro militar, que saludaban a la romana, es decir con el brazo derecho en alto, al estilo del fascio italiano.

Burgos, feudo tradicional de la derecha, fue una de las capitales de provincia españolas  donde más implantación alcanzó el nacionalismo de Albiñana, llegando a contar entre sus dirigentes con un grupo de jóvenes derechistas de clase media y de ideología monárquico-conservadora. La cabeza visible y jefe político del Partido dentro de la provincia era el ingeniero de Montes D. Florentino Martínez Mata, que en las elecciones municipales de abril de 1931 salió elegido concejal por la opción monárquica; otros personajes destacados de la política burgalesa que se incorporaron al PNE fueron Manuel Sancho Jaraute, su sucesor en el mando; el abogado Julio Gonzalo Soto ó  Alejandro Rodríguez de Varcárcel.

Todos ellos acabaron por pasarse a las filas de Falange Española (FE), (2) otro partido de extrema derecha que fundara José Antonio, uno de los hijos del general Primo de Rivera.

Tenían su sede en la calle Benito Gutiérrez de Burgos, cerca del Pº de la Audiencia (3)  y su órgano de expresión era el diario local “El Castellano”. Curiosamente, unos días antes de que se fundara FE, el 7 de octubre de 1933, con motivo del 462 aniversario de la Batalla de Lepanto, el PNE celebró en la ciudad castellana un acto de exaltación patriótica, en el que no pudo estar presente su jefe nacional el doctor Albiñana, que se encontraba enfermo en Madrid.

A pesar de su aparatosa parafernalia el partido de Albiñana estaba lejos de ser mayoritario en Burgos y su provincia, donde la Minoría Agraria, dirigida por el arandino Martínez de Velasco pero adherida políticamente a la CEDA de Gil Robles, dominaba el mapa electoral burgalés. Puede decirse, sin demasiado peligro de errar, que el espectro político de Burgos lo dominaba el Partido Agrario Español (PAE), junto con la Comunión Tradicionalista (CT) y el PNE; la presencia de los partidos republicanos y de  izquierda era prácticamente irrelevante. De hecho, en 1932 el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en Burgos tan sólo contaba con 71 afiliados, mientras que el sindicato de la Unión General de Trabajadores (UGT) tenía unos 2500.

En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que obligaron al rey D. Alfonso XIII a abandonar el trono, las urnas burgalesas arrojaron los siguientes resultados: vencedores los monárquicos con 8.733 votos y 17 concejales, frente a los 8.087 obtenidos por la conjunción Republicano-Socialista con 13 concejales. (4)

Durante la reñida campaña electoral la coalición monárquica recibió la incondicional ayuda del diario local “El Castellano”, que no tuvo reparo en desprestigiar desde sus páginas a la coalición republicano-socialista con editoriales como éste: “…Republicanos y socialistas se han pasado la vida organizando huelgas políticas, soliviantando a los estudiantes, provocando alteraciones del orden, desprestigiando a España en el extranjero, blasfemando en muchas ocasiones de lo más sagrado, haciendo mofa y escarnio de la religión y de sus ministros, alardeando de impiedad, atacando por todos los medios los principios sobre que se asienta la sociedad…”.

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Con las elecciones generales del 28 de junio de 1931, que dieron paso a las primeras Cortes Constituyentes de la II República, salió diputado por Burgos D. José Martínez de Velasco, jefe del Partido Agrario Español (PAE), que consiguió 15 escaños en dichas Cortes. Este resultado, que podría calificarse como parcial victoria electoral, fue aprovechado por su líder para reforzar la supremacía de su Partido a lo largo y a lo ancho de la provincia de Burgos. Su lema era “Religión, familia y propiedad”. Se nutría principalmente de pequeños y medianos agricultores, defensores a ultranza del sacrosanto sistema de propiedad tradicional, que desconfiaban de la Reforma Agraria anunciada por la República.

Entre convulsiones políticas y sociales llegaron las elecciones legislativas de noviembre de 1933, en las que consiguieron actas de diputados nada menos que 24 partidos políticos. Esta nueva convocatoria electoral presentaba la novedad, por primera vez en nuestra historia, de que hasta 6.800.000 mujeres españolas pudieron depositar su voto en las urnas. No vamos a especular aquí sobre el peso específico que pudo tener el voto femenino en el resultado de dichas elecciones, pero lo cierto es que los partidos de derecha y centro-derecha, agrupados en una coalición denominada “Unión de Derechas”, consiguieron una holgada victoria que cambió totalmente el mapa político español y condicionó poderosamente el futuro inmediato del país. En total la derecha consiguió 199 escaños repartidos de la siguiente forma: 

.Confederación de Derechas Autónomas (CEDA)                      115 diputados

.Partido Agrario Español (PAE)                                                           30       id.

.Comunión Tradicionalista (CT)                                                           20       id.

.Renovación Española, alfonsinos (RN)                                            14       id.

.Independientes                                                                                            18       id.

.Falange Española (FE)                                                                                 1      id.

.Partido Nacionalista Español (PNE)                                                     1       id.  

También por primera vez, dos representantes de la extrema derecha española, que hasta ahora tan sólo habían podido participar como activos agitadores extra parlamentarios en contra de la República, José Antonio Primo de Rivera por Falange Española y José María Albiñana por el Partido Nacionalista Español, consiguieron sentarse en las Cortes Españolas.

En la provincia de Burgos los resultados de las elecciones dieron una aplastante victoria a la coalición de derechas, quedando los siete escaños repartidos en la forma los siguientes: 

.José Martínez de Velasco Escolar – Partido Agrario Español (PAE)                     84 466 votos.

.Tomás Alonso de Armiño y Calleja – Partido Agrario Español (PAE)                  72 573 votos.

.Ramón de la Cuesta y Cobo de la Torre – Partido Agrario Español (PAE)                        70 405 votos.

.Francisco Estévanez Rodríguez – Comunidad Tradicionalista (CT)                      68 037 votos.

.Aurelio Gómez González –  Partido Agrario Español (PAE)                                 62 862 votos.

.José María Albiñana Sanz – Partido Nacionalista Español (PNE)                          34 946 votos.

.Ángel García Vedoya – Partido Agrario Español (PAE)                                           24 589 votos. 

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A pesar de la aplastante victoria del PAE, el doctor Albiñana logró su escaño en la segunda vuelta. Con este resultado tan ajustado, tras una dura travesía política, consiguió lo que quería: sentarse en un sillón de las Cortes españolas. Su debut en las Cortes del funesto “bienio negro” no pudo ser más apoteósico, ni tampoco más esclarecedor: “No soy republicano, sino antirrepublicano, sin ninguna clase de excusas ni pretextos y me he presentado al pueblo como antirrepublicano y vengo aquí como antirrepublicano”. Toda su actuación como diputado a lo largo de esta corta legislatura estuvo plagada de incidencias de todo tipo, desde toda clase de insultos a los diputados de izquierdas, con especial preferencia sobre la figura de Manuel Azaña (5), hasta peleas barriobajeras dentro del hemiciclo con el socialista Indalecio Prieto y el comunista doctor Bolívar.

Dejó también patente su visceral anticatalanismo, tratando de obstaculizar por todos los medios la proclamación de su Estatuto de Autonomía (6). Finalmente, sus compañeros de coalición, para mantenerle con la boca cerrada, le enviaron a una comisión de comunicaciones, lejos del debate político. A finales de 1934 el PNE se integró en el  Bloque Nacional de Calvo Sotelo, desde donde el doctor Albiñana siguió hostigando verbalmente a las izquierdas. Con Falange Española, sin embargo, tal vez por tratarse de su más directa competencia, las relaciones no fueron muy fluidas, el propio Ramiro Ledesma Ramos  consideraba al PNE como un movimiento reaccionario: “… gesticulación reaccionaria al servicio vergonzante de la aristocracia terrateniente y de los elementos más regresivos…”. La falta de popularidad de Albiñana y sus legionarios estaba provocando que muchos de sus militantes se pasaran a las filas de FE.

A principios de 1935, después de fracasado el golpe de estado de las izquierdas contra la Republica, Albiñana, que esta vez sí había participado abiertamente a favor del Gobierno Radical-Cedista, regresa su circunscripción de Burgos para tratar de recomponer sus mermadas huestes, de cara a las próximas confrontaciones electorales, que tal como había quedado la situación política en España, no tardarían en producirse.

Consciente de que sus mayores enemigos eran los agrarios de Martínez de Velasco, Albiñana, sus alborotadores legionarios y lo que quedaba de su organización inicial se dedicaron a recorrer la provincia, con especial presencia en la comarca de la Ribera del Duero y su capital Aranda.

Unos meses antes, en setiembre de 1934 había tenido lugar en Aranda una multitudinaria Asamblea del Partido Agrario, a la que asistieron más de 6.000 personas que reclamaron al gobierno una inversión de 600 millones para paliar las pérdidas del sector agrario en la comarca. El resultado fue que en 1935 Martínez de Velasco fue nombrado Ministro de Agricultura, Industria y Comercio por el presidente D. Alejandro Lerroux. En este mitín también se consolidó el conocido como “Pacto de Aranda” entre el Partido Agrario de Martínez de Velasco y la C.E.D.A. de José María Gil Robles.

Iniciada la campaña electoral previa a los comicios de 1936, el doctor Albiñana, consciente de su inferioridad con respecto a los agrarios, decide dar la batalla electoral en el propio feudo de su rival Martínez de Velasco, presentándose el día 5 de enero en Aranda de Duero, donde inició su campaña con un ataque político en el que no faltaron las descalificaciones a su oponente: “…..así como a la fiera hay que cazarla en su propia guarida, al enemigo hay que batirlo en su propia fortaleza. Por eso vengo aquí a demostrar que Aranda no es ningún coto cerrado….”.

Además del enfrentamiento dialéctico, dejó las calles de Aranda sembradas de folletos con el lema: “Por traidores y falsarios, no votéis a los agrarios”. Esta beligerante y provocativa intervención fue causa de numerosos y violentos enfrentamientos entre los legionarios de Albiñana y los arandinos partidarios de Martínez de Velasco, obligando a intervenir a las fuerzas de la Guardia Civil de la ciudad para evitar que se produjera una tragedia. Estos actos, o similares, se repitieron en otros pueblos de la Ribera, como Gumiel de Izán y Gumiel del Mercado y también en localidades de otras localidades, como Lerma, Santa María del Campo, Salas de los Infantes, Belorado…………

El 16 de febrero de 1936 dos bloques ideológicos opuestos se enfrentaron en las urnas. Por un lado la derecha española, tradicional, conservadora, inmovilista, clerical y reaccionaria, agrupada en torno a la llamada “Unión de Derechas” que se renombró más radicalmente como “Frente Nacional Contrarrevolucionario”, en el que  la CEDA era el partido hegemónico, junto con el Partido Agrario Español (PAE), que presentó una lista nacional propia; el Partido Nacionalista Español (PNE); Comunión Tradicionalista (CT); Renovación Española (RE) y otros.

Las fuerzas políticas republicanas y de izquierdas, que aspiraban a transformar España en un país menos inmovilista, con menos privilegios de clase, más libre y democrático, se agruparon en el  llamado “Frente Popular”, cuyos partidos más representativos eran el Partido Socialista Obrero Español (PSOE); el Partido Comunista de España (PCE), Izquierda Republicana (IR) y Unión Republicana (UR).

La victoria fue para el “Frente Popular”, que obtuvo 263 diputados, frente a los 156 del “Frente Nacional Contrarrevolucionario”; otros 50 escaños se repartieron los partidos de centro y los nacionalistas vascos y catalanes. El líder de Falange Española (FE), José Antonio Primo de Rivera, que no se integró en el “Frente Nacional Contrarrevolucionario” y se presentó por Cádiz, no obtuvo los votos suficientes, por lo que perdió su acta de diputado y con ella su inmunidad parlamentaria, por lo que sus partidarios tuvieron que volver a la lucha callejera, sustituyendo la dialéctica parlamentaria por la dialéctica de las pistolas.

En Burgos, como era de prevér, volvieron a ganar las derechas, aunque esta vez por un margen más escaso que en 1933. Los siete escaños se repartieron de la siguiente manera:    

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Julio Gonzalo Soto, Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA)          70.993 votos.

Manuel Bermejillo, Confederación Española de Derechas Autónomas CEDA)            70.258 votos.

José María Valiente Soriano, Comunión Tradicionalista  (CT)                              64.986 votos.

José María Albiñana Sanz, Partido Nacionalista Español (PNE)                            64.902 votos.

Moisés Barrio Duque, Izquierda Republicana (IR)                                                  39.032 votos.

Luis Labín Besuita, Partido Socialista Obrero Español (PSOE)                              34.478 votos.

Eliseo Cuadrado García, Izquierda Republicana (IR)                                             33.678 votos. 

La agresiva campaña de Albiñana y sus legionarios por Burgos y provincia le dio al PNE 30.000 votantes más que en 1933, lo que significó la desaparición del mapa político burgalés del Partido Agrario Español (PAE) (7), quedándose sin escaño su líder, Martínez de Velasco, a pesar de que en la Ribera del Duero sus fieles le siguieron votando. El doctor Albiñana, su vencedor, siguió siendo Diputado a Cortes durante unos meses más.

De nuevo en Madrid y de nuevo en su escaño, Albiñana siguió arremetiendo, con más ímpetu si cabe, contra el gobierno de centro-izquierda formado por D. Manuel Azaña, contra el que volvió a verter toda clase de insultos e improperios.

Albiñana y Martínez de Velasco se volvieron a encontrar en Madrid, durante los funerales de D. José Calvo Sotelo, líder de “Renovación Española”, asesinado el 13 de julio por un grupo de guardias de asalto. Martínez de Velasco acudió en representación del Partido Agrario y Albiñana fue uno de los portadores del féretro de su jefe político.

Unos días después se produjo el levantamiento de un grupo de militares contra la República y en España se desató la violencia. Los españoles, divididos política y socialmente, arremetieron unos contra otros, ansiosos por destrozarse mutuamente.

Albiñana no se debía sentir muy seguro en Madrid, por lo que se apresuró a regresar a Burgos, donde la rebelión militar triunfaría plenamente y sus legionarios se convertirían  en tristes protagonistas de toda clase de desmanes.

Desde el mes de abril y bajo la dirección del general Mola, conocido como “El Director”, en la ciudad de Burgos funcionaban dos  tramas golpistas, una civil dirigida por el general Dávila, a quien Azaña había mandado a la reserva (8) y otra militar a cuyo mando estaba el general González de Lara, gobernador militar de la plaza.

El domingo 19 de julio, después de detener al jefe de la VI División Orgánica, general Batet, y al Gobernador Civil de la provincia, Julián Fagoaga Reus, que acabaron siendo fusilados (9), las tropas rebeldes se apoderaron de la ciudad, tomando el Gobierno Civil, la Diputación, Correos, la Telefónica, la estación del ferrocarril y la emisora de radio. Al mismo tiempo, ordenada por el propio general Dávila y ejecutada por las fuerzas de la Guardia Civil y de Asalto, ayudadas por  grupos extremistas paramilitares, como los legionarios  del doctor Albiñana, requetés y falangistas, dio comienzo una durísima represión contra cualquier elemento de izquierda o que hubiera tenido algún tipo de relación  con el Frente Popular.

La Casa del Pueblo fue asaltada y fueron detenidos numerosos obreros y líderes sindicales. No se escaparon los maestros, ni los militares que se negaron a secundar la rebelión, ni los funcionarios fieles a la República, ni los militantes de los partidos republicanos y socialistas. Los asaltos domiciliarios, los ajustes de cuentas, los asesinatos extrajudiciales, las palizas y las vejaciones públicas estuvieron a la orden del día durante las primeras semanas de la rebelión. Fueron asesinados hasta mujeres y niños al no encontrar a los maridos o padres que andaban buscando. Las cárceles de Santa Agueda y la Provincial se abarrotaron de presos políticos que tuvieron que soportar toda clase de malos tratos. Comenzaron los juicios sumarísimos, sin ninguna garantía para los procesados, seguidos de ejecuciones y paseos.

Según algunas estadísticas, durante los tres meses siguientes a aquel 19 de julio más de 400 personas fueron asesinadas, ejecutadas o murieron a consecuencia de los malos tratos o las palizas recibidas. En las dos cárceles de la ciudad, la Provincial y Santa Agueda, más las que se habilitaron provisionalmente, como la del Monasterio de Cardeña, se llegaron a encarcelar más de 4.000 personas, todas por motivos políticos (10).

Sin embargo, un tanto sorprendentemente, el doctor Albiñana, que estuvo desde el principio plenamente metido en la conspiración contra la República y ejercía de enlace del general Mola, el día 17 de julio había cogido el tren para Madrid, donde debía trasmitir las últimas consignas del “Director” a los conspiradores.

El fracaso del golpe de estado en la capital desencadena la represión de las izquierdas y los milicianos, que se lanzan a la busca y captura de los elementos derechistas y golpistas. El doctor Albiñana, después de deambular durante varios días por las calles de Madrid disfrazado de ciego para no ser reconocido, decide presentarse en las Cortes para hacer valer su condición de diputado y solicitar asilo político. Durante unos días se aloja en la enfermería hasta que después de entrevistarse con el nuevo Jefe de Gobierno Sr. Giral, que le garantiza personalmente su seguridad, es trasladado a la Cárcel Modelo en un coche oficial, con escolta incluida. Lamentablemente para él, a pesar de que el Tribunal Supremo ordena su puesta en libertad, se decide que permanezca unos días más en prisión al ser considerado como un peligro  para el orden público.

El día 22 de agosto en la Cárcel Modelo de Madrid se produce un incendio, al parecer provocado por los presos comunes, que grupos de exaltados izquierdistas achacan a un intento de fuga por parte de los “fascistas” que en ella estaban detenidos. Una multitud furiosa, ávida de venganza por los recientes sucesos de Badajoz, protagonizados por el general Yagüe y sus tropas moras, rodeó la prisión tomándola por asalto poco antes de medianoche. En la madrugada del día 23 se formó un tribunal popular que juzgó y condenó, sin demasiados requisitos jurídicos ni legales, a un numeroso grupo de los presos políticos allí encarcelados como consecuencia del frustrado golpe militar del pasado mes de julio.

Durante la mañana del citado día 23 fueron fusiladas en el patio de la prisión alrededor de 60 personas, muchas de las cuales eran destacados personajes de la vida pública madrileña y española. Uno de los primeros en caer fue precisamente el doctor Albiñana, con el que al parecer se ensañaron. Entre los restantes se encontraban Melquíades Álvarez, ex presidente de las Cortes; su compañero de Partido Ramón Álvarez Valdés, ex ministro de Justicia; Manuel Rico Abelló, ex ministro de  Gobernación; Julio Ruiz de Alda, famoso aviador y cofundador de Falange Española; Fernando Primo de Rivera, falangista  hermano del fundador José Antonio. También fue ajusticiado el arandino José Martínez de Velasco, fundador del Partido Agrario, ex ministro de Estado y de Agricultura y rival político del doctor Albiñana en la lucha política burgalesa, que se había entregado voluntariamente para evitar represalias contra su familia (11). Los restos de todos ellos fueron enterrados en el madrileño Cementerio del Este.

La noticia de estos inicuos asesinatos pronto se extendió por todo el territorio llamado “Nacional”, es decir: aquél que quedó en poder de los rebeldes, contribuyendo notablemente a incrementar la violencia desatada contra los vencidos. En Burgos, la venganza de “Los Legionarios de Albiñana” fue sangrienta e implacable.       

NOTAS 

(1)    Uno de estos exilados fue el catedrático de la Universidad de Salamanca D. Miguel de Unamuno, con el que Albiñana se ensañó especialmente.

(2)    El acto fundacional de Falange Española tuvo lugar el 29 de octubre de 1933 en el Teatro de la Comedia de Madrid.

(3)    Actualmente se encuentra el Ilustre Colegio de Abogados de Burgos.

(4)    Para mayor detalle puede verse la obra del historiador burgalés D. Luís Palacios Bañuelos “La Segunda República en Burgos”.

(5)    Resulta curioso constatar que en las memorias políticas de Azaña no se menciona ni una sola vez al doctor Albiñana.

(6)    También insultó la memoria del fallecido presidente Maciá, por lo que sufrió un intento de agresión por parte del grupo parlamentario catalán.

(7)    En estas elecciones el PAE, integrado en la coalición de derechas, presento una lista a nivel nacional, obteniendo 11 diputados en lugar de los 30 de 1933. Martínez de Velasco, candidato por Burgos, perdió su acta frente al PNE del doctor Albiñana.

(8)    El general D. Fidel Dávila Arredondo había pasado a la reserva como consecuencia de la reforma militar llevada a cabo por Azaña. Se trasladó a vivir a Burgos, de donde era su esposa, doña Teresa Jalón, perteneciente a una destacada familia de la burguesía burgalesa.

(9)    El general D. Domingo Batet Mestres era jefe de la VI División Militar con sede en Burgos desde el 13 de junio de 1936. En octubre de 1934 había acabado con la insurrección de la Generalitat de Catalunya. Después de ser detenido en Burgos en julio de 1936, fue sometido a un consejo de guerra y fusilado el 18 de febrero de 1937. El general Franco se negó a firmar la condonación de la pena.

(10) Ian Gibson “El holocausto español”

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2 Respuestas a “BURGOS INÉDITO: EL DR. ALBIÑANA DIPUTADO POR BURGOS. -Por Francisco Blanco-

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  2. Pingback: Las Merindades en agosto de 1930 | lasmerindadesenlamemoria

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