BURGOS INÉDITO. EL REGIONALISMO CASTELLANO-LEONÉS (1930-1931). -Por Francisco Blanco-

A principios del siglo XX, perdidas las últimas colonias americanas, para algunos intelectuales regeneracionistas España tenía cuatro problemas: “El religioso, el militar, el agrario y el catalán”. Pues bien, en 1930 puede decirse que, en mayor o menor grado, todavía persistían los cuatro, pero con la presencia añadida de un quinto, que los superaba a todos en gravedad: el de la monarquía.

El fracaso de la Dictadura del general Primo de Rivera, apoyada plenamente por D. Alfonso XIII, había puesto en grave peligro la estabilidad de su corona.
Tras la renuncia de Primo de Rivera el rey encargó a D. Dámaso Berenguer, otro de sus generales amigos, que por entonces era el jefe de su cuarto militar, la responsabilidad de formar un Gobierno capaz de salvar el Trono y también la vieja oligarquía. Se trataba, más o menos, de hacer “borrón y cuenta nueva”, o dicho más técnicamente, de restaurar poco a poco el sistema constitucional previo a la finiquitada Dictadura.

Para ello, antes de nombrar sus ministros, decidió reunirse en consejo con dos personajes muy significativos: el duque de Alba y el magnate catalán D. Francisco Cambó, o lo que es lo mismo: la aristocracia, el dinero y el ejército juntos de nuevo para apuntalar la tambaleante monarquía; faltaba la Iglesia, pero su incondicional apoyo estaba fuera de toda duda. Esta reunión tuvo lugar el 30 de enero de 1930 en el madrileño palacio de Liria, residencia de la Casa de Alba. Aquella misma noche quedaba constituido el primer Gabinete Berenguer.

Las primeras medidas del nuevo gobierno fueron de reconciliación, para ello procedió a disolver la denostada “Asamblea Nacional” y conceder una amplia amnistía a todos los represaliados por la Dictadura: profesores, estudiantes, sindicalistas, militares, políticos…., que vieron reestablecidos sus perdidos derechos (1). Famosa se hizo enseguida la primera frase de D. Miguel de Unamuno al volver a pisar tierra española: “Dios, Patria y Ley”.

También los partidos políticos de la Restauración se apresuraron a reactivar sus programas para poder recuperar lo antes posible la acción política. Al frente de los conservadores se puso el gallego D. Gabino Bugallal, II conde Bugallal (2) y el conde de Romanones siguió encabezando los liberales. Los partidos republicanos y de izquierdas, mucho mejor organizados, permanecieron a la expectativa. La “Unión Patriótica”, el partido que fundara el dictador, se reconvirtió en la “Unión Monárquica Nacional”, encabezada por Calvo Sotelo, el conde de Guadalhorce (3), Yanguas (4) y José Antonio Primo de Rivera (5), el hijo primogénito del dictador, como vicesecretario general, que también colaboraba en el derechista diario “La Nación”, del que era copropietario, desde cuyas columnas reivindicaba la obra política y social de su padre, que había muerto en Roma en el mes de marzo.

Pero a pesar de que los propósitos del nuevo gobierno de recuperar la normalidad constitucional fueron bien acogidos por la opinión pública, los apoyos políticos con que contaba eran más bien escasos; la izquierda, los republicanos y los liberales pasaron directamente a la oposición y hasta una buena parte de los políticos monárquicos, desconfiados y reticentes, se mostraron reacios a darle su apoyo, como fue el caso del monárquico D. Miguel Maura, que en una conferencia, dada en San Sebastián el 20 de febrero, puso en cuestión la compatibilidad de la Monarquía con la democracia liberal a la que aspiraban la mayoría de los partidos políticos.

El liberal moderado, D. Niceto Alcalá Zamora, se pasó por sorpresa a las filas republicanas en unas declaraciones hechas en el Teatro Apolo de Valencia el 13 de abril: “Queremos una República viable, gubernamental, conservadora, con el desplazamiento consiguiente hacia ella de las fuerzas gubernamentales de la mesocracia y la intelectualidad española”, a la que él se postulaba como Presidente.

El general Berenguer tan sólo podía contar con el apoyo del sector más reaccionario del Partido Conservador, encabezado por el propio Bugallal, y de la “Unión Monárquica Nacional”, de marcado carácter derechista y antiparlamentario, que fue derivando hacia el fascismo. En estas condiciones la anunciada vuelta a la normalidad democrática se convirtió en un proceso tan lento que todo el mundo comenzó a dudar de que se produjera. A la manifiesta debilidad del nuevo sistema se la empezó a calificar como la “dictablanada”.
Sin embargo, el Uno de Mayo, en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y la mayoría de las capitales de provincia, se produjeron multitudinarias manifestaciones populares, en las que predominaban obreros y estudiantes lanzando gritos de ¡Abajo la Monarquía! y ¡Viva la República!. Estas manifestaciones fueron duramente reprimidas por el director general de Seguridad, general Mola, y las fuerzas de orden público, causando la muerte de un obrero y dejando heridos a varios estudiantes. El gobierno, por su parte, procedió dos días después a clausurar de nuevo las Universidades de Madrid, Valencia, Granada, Zaragoza, Valladolid y Salamanca. Esta desacertada y excesiva medida consiguió que las huelgas y manifestaciones políticas en su contra se multiplicaran por todo el país.

El pueblo español salió a la calle y se puso en contra de la Monarquía y de su Gobierno. El dilema entre Monarquía o República se fue extendiendo por toda nuestra geografía. A todo esto hay que añadir la grave recesión económica causada por la fuerte evasión de capitales, lo que produjo que la peseta se devaluase casi un veinte por ciento. En el mes de agosto el ministro de Hacienda, Sr. Argüelles, presentaba su dimisión.
También durante el transcurso de este crucial mes de agosto, el día 17 se reunían en el Círculo Republicano de San Sebastián un grupo de personalidades republicanas con la intención de encauzar y unificar sus esfuerzos de cara a derrocar el régimen monárquico. En esta trascendental reunión estuvieron presentes: Manuel Azaña por Acción Republicana (AC); Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz y Ángel Galarza por el Partido Radical Socialista (PRS): Alejandro Lerroux por la Alianza Republicana (AR); Santiago Casares Quiroga por la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA); Manuel Carrasco Formiguera por Acció Catalana (AC); Matías Mallol por Acció Republicana de Catalunya (ARC); Jaime Aguadé por Estat Catalá (EC); Niceto Alcalá Zamora y Miguel Maura por la Derecha Liberal Republicana (DLR); Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Asistieron como invitados Eduardo Ortega y Gasset y Felipe Sánchez Román.

De forma unánime, en este llamado “Pacto de San Sebastián” se llegó al acuerdo de derrocar la Monarquía, proclamar la II República y poner en marcha una nueva Constitución plenamente democrática. También se nombró un Comité Ejecutivo Revolucionario, integrado por Alcalá Zamora, Maura, Azaña, Domingo, Albornoz, Prieto y Fernando de los Ríos. Sus posteriores reuniones tuvieron lugar en el Ateneo de Madrid, del que Azaña era presidente. En el mes de octubre este Comité Ejecutivo se convirtió en Gobierno Provisional, que bajo la presidencia de Alcalá Zamora, comenzó a poner en marcha los preparativos necesarios para un alzamiento general en todo el país, llegando a establecer la fecha del lunes 15 de diciembre para su ejecución. La proclama, un tanto romántica y trasnochada, redactada por Lerroux, decía lo siguiente: “¡Españoles! Surge en las entrañas sociales un profundo clamor popular que demanda justicia y un impulso que nos mueve a procurarla. Puestas sus esperanzas en la República, el pueblo español está ya en medio de la calle”.

De nuevo en España se recurría a la insurrección militar como recurso político, pero esta vez fracasó. Los capitanes Galán y García Hernández fueron fusilados y la mayoría de los republicanos implicados en la conspiración fueron a parar a la cárcel (6). El Gobierno declaró el estado de guerra, reestableció la censura de prensa, clausuró el Ateneo de Madrid y puso fuera de la ley a la CNT, pero no consiguió acallar la protesta de los españoles que, lanzados a las calles, en algunos pueblos y ciudades llegaron a proclamar la República. La victoria de Berenguer y su gabinete había resultado más bien pírrica. Galán y García Hernández se convirtieron en los héroes del republicanismo y de la lucha por la libertad.

También los intelectuales se declararon abiertamente en contra del Gobierno y de la Monarquía. A instancias de D. José Ortega y Gasset, en febrero de 1931 se creaba la “Agrupación al Servicio de la República”, en la que se integraron, entre otros, Marañón, Pérez de Ayala y los hermanos Machado. Su objetivo era colaborar a la construcción de un “Nuevo Estado Nacional”, en el que participaran todas las regiones y todos los ciudadanos. Fueron los primeros en trazar una nueva vía de regeneración nacional, a la que denominaron la “Tercera España”. En junio se convirtieron en un partido político que se presentó a las elecciones constituyentes.

El Gobierno Berenguer, acorralado por diversos frentes, intentó una última salida tratando de convocar unas elecciones legislativas, pero se encontró con la negativa a participar en ellas de la mayoría de los Partidos políticos, que exigieron fueran constituyentes. De nuevo el rey pidió consejo a sus incondicionales, que esta vez fueron Cambó, Romanones y García Prieto, cuya recomendación fue que se deshiciese lo antes posible del general Berenguer; en la mañana del 14 de febrero éste acudía a palacio y presentaba su dimisión a D. Alfonso XIII, que se la aceptó de inmediato. Se acababa la “dictablanda” pero al rey le quedaba la candente papeleta de formar un nuevo Gobierno. El camino hacia la República cada vez se hacía más expedito.

Después de muchas entrevistas y consultas telefónicas y telegráficas entre los diferentes líderes políticos, incluidos los que permanecían en prisión; después de recibir muchas negativas, en la noche del 15 el rey convocaba una reunión en la que estuvieron presentes el propio general Berenguer, La Cierva, Gabriel Maura, Bugallal, Romanones, García Prieto y el catalán Bertrán y Musitu, que representaba a “La Lliga” y a su jefe Cambó. De esta reunión, a la que Maura calificó de “encerrona”, salió el último Gobierno de la Restauración Borbónica, presidido por el almirante Juan Bautista Aznar, en el que figuraban, además de Berenguer como ministro del Ejército, una selecta representación de la más rancia oligarquía aristocrática y burguesa (7). El rey volvía a arroparse con sus incondicionales y daba un sonoro portazo a las aspiraciones de los españoles.
Contando con el apoyo de “ABC” y “El Debate”, el almirante Aznar convocó elecciones municipales para el domingo 12 de abril. Ese fue su primer y definitivo error. El 14 de abril quedaba proclamada en toda España la II República.

Tal como se esperaba, el triunfo de la “Coalición Republicano-Socialista” se produjo en la mayoría de las principales ciudades españolas. En Madrid resultó aplastante, ganando en absolutamente todos los Distritos; algo parecido sucedió en Sevilla y Valencia. En Barcelona se imponía ampliamente “Esquerra Republicana de Catalunya”, partido recién fundado por Maciá, que había regresado del exilio, y el abogado Lluis Companys. La opción monárquica tan sólo resultó vencedora en las siguientes capitales de provincia: Soria, Pamplona, Lugo, Gerona, Cádiz, Burgos, Palma de Mallorca, Ávila y Vitoria.

La noche del 12 al 13, con la victoria republicana confirmada por el propio conde de Romanones, las calles y plazas de todos los pueblos y ciudades de España acogieron el indescriptible entusiasmo de millones de españoles que volvían a recuperar la ilusión y la fe en su país. Según el republicano Miguel Maura “fue la calle la que se encargó, por si sola, de aclarar las cosas, marcando el rumbo de los acontecimientos”.

Efectivamente, el día 14 se produce de forma espontánea una huelga general en todo el país y en algunos lugares, como Eibar, se empieza a proclamar la República, le siguen Barcelona, donde Maciá declara “l’Estat Català integrat en la Federació de Repúbliques Ibèriques”; Valencia, Sevilla, Zaragoza, San Sebastián…………..Cabe destacar, por lo insólito en nuestro país, que todo transcurre de una forma alegre y ordenada, sin que ningún incidente, ni alteración del orden público rompiera la armonía del acontecimiento.
En Burgos, la campaña electoral, en la que abundaron las conferencias, los mítines políticos y las reuniones de vecinos y agrupaciones profesionales, acaparó la mayor parte de la actividad ciudadana, resultando notablemente enconado el enfrentamiento entre las dos opciones en liza. El diario “El Castellano” apoyó desde el principio y sin reservas la opción monárquica con ataques editoriales como este: “…Republicanos y socialistas se han pasado la vida organizando huelgas políticas, soliviantando a los estudiantes, provocando alteraciones del orden, desprestigiando a España en el extranjero, blasfemando en muchas ocasiones de lo más sagrado, haciendo mofa y escarnio de la religión y de sus ministros, alardeando de impiedad, atacando por todos los medios los principios sobre que se asienta la sociedad…”. También los legionarios del Dr. Albiñana, conocidos en Burgos como “los grupos de la porra”, por ir provistos de sendas cachiporras, que no dudaban en utilizar si lo consideraban oportuno, se pasearon por las calles de Burgos aclamando a su candidato, el ingeniero de Montes D. Florentino Martínez Mata, que se presentaba por el Partido Nacionalista Español (PNE).

 

El día 11, víspera de la consulta, en los salones del Círculo Católico de Obreros los monárquicos celebraron un mitin en el que se lanzaron entusiásticos vivas al rey, a la religión, a Castilla y a España. Por la tarde, en el cine Coliseo Castilla tuvieron el suyo, convocado por la UGT y la Casa del Pueblo, republicanos y socialistas. El orador más importante fue D. Angel Osorio y Gallardo, que se declaró republicano y católico y que procuró mandar un mensaje de conciliación: “…Dicen algunos, para desprestigiarnos, que la república es sinónimo de comunismo, pero el sistema republicano no puede asustar más que a los que no saben ganarse el pan por procedimientos lícitos. La revolución de diciembre no era comunista y para combatir a los que se empeñan en difamarnos pueden preguntar si se alteró el orden en Jaca…….”.

La jornada del domingo 12 de abril transcurrió dentro de la normalidad, aunque se registraron algunos pequeños incidentes sin trascendencia. Es de destacar que al mantenimiento del orden público colaboró el celo desplegado por el gobernador civil D. Ernesto Vega de la Iglesia, que pasó la jornada recorriendo las mesas electorales en función de vigilancia.
La victoria electoral fue para los monárquicos, pero mucho más ajustada de lo que se esperaban. De los 30 concejales electos 17 fueron para los monárquicos, que obtuvieron 8.733 votos y 13 para la Conjunción Republicano-Socialista, con 8.087 votantes.
El día 14 de abril de 1931, con el escrutinio finalizado, en Burgos, al igual que en el resto del territorio español, se proclamaba la II República. A petición de la mayoría de los concejales electos, incluidos algunos monárquicos, el alcalde de la ciudad, D. Eloy García de Quevedo, conferenció con el Capitán General de la VI Región Militar, teniente general D. Pío López Pozas (8), quien le confirmó que la proclamación de la República en toda España era un hecho irreversible. Pocas horas después, en el balcón del Ayuntamiento ondeaba la bandera tricolor y se empezaron a disparar cohetes para anunciar a los burgaleses que España era ya republicana. A las nueve de la noche una multitud entusiasmada llenaba la Plaza Mayor en espera de escuchar a sus dirigentes.

El alcalde, desde los balcones de la Casa Consistorial, se dirigió a todos los burgaleses y burgalesas pidiéndoles que mantuvieran la calma y no se tomaran represalias por ninguno de los dos bandos. También intervino el abogado y concejal republicano por el primer Distrito, D. Luis García y García Lozano, que pidió respeto para el pluralismo político, cerrando el acto el concejal socialista por el tercer Distrito, el tipógrafo D. Manuel Santamaría, quien afirmó que con la llegada de la república España saldría de su letargo. Ninguno de los concejales monárquicos presentes en el acto hizo uso de la palabra.
Ese mismo día 14 de abril, desde la estación de Atocha de Madrid salía un tren, con destino a Hendaya, llevando hacia el exilio a la reina consorte y sus seis hijos (9), que se tenía que cruzar con otro, éste procedente de Hendaya y con destino a Madrid, en el que regresaban a España todos los exilados españolas de la conspiración de diciembre de 1930. Como el encuentro debía producirse en la localidad burgalesa de Miranda de Ebro, el socialista Indalecio Prieto urdió con el Jefe de Estación un plan para que este encuentro no se produjera.

Al día siguiente, una gran manifestación recorrió las calles de Burgos portando la bandera tricolor; durante el recorrido, con vivas a España y a la República; se produjeron algunos momentos de gran tensión, en los que los guardias civiles que la vigilaban llegaron a desenvainar sus sables. Finalmente, sin que la sangre llegara al río, al llegar frente a la Casa del Pueblo, situada en la calle de Fernán González, en la zona alta de la ciudad, ante la imponente vista de las torres de la catedral, los manifestantes se detuvieron y empezaron los discursos. Finalizados éstos, la manifestación se disolvió sin mayores alteraciones.
El día 18 queda formado el nuevo consistorio, que acuerda por unanimidad la continuidad como alcalde provisional de la ciudad de D. Eloy García de Quevedo, hasta que tengan lugar las elecciones constituyentes del mes de junio. A partir de entonces lo sería el industrial republicano D. Perfecto Ruiz Dorronsoro (10), elegido por el segundo Distrito.
Con la llegada de la II República, en Castilla y León el movimiento regionalista castellano comienza a tomar nuevos bríos, recuperando los signos y las enseñas regionales. El Pendón de Castilla vuelve a ondear en la fachada de numerosas Casas Consistoriales y desde el “Diario Regional” de Valladolid se defiende la personalidad de Castilla y su derecho a equipararse política y económicamente al resto de las regiones españolas, en clara alusión a Cataluña y el País Vasco.

El 29 de mayo en la Diputación de Valladolid tiene lugar una Asamblea de las fuerzas vivas de la ciudad, en la que interviene el burgalés, doctor D. Misael Bañuelos (11), decano de la Facultad de Medicina, que pide se le conceda a Castilla y León un Estatuto de autonomía similar al del resto de las regiones de España: “Creemos que el momento por el que atraviesa España es el propicio para que se provoque un movimiento regionalista que haga surgir, en forma casi exclusiva, lo que hoy está latente y en potencia, en el alma castellanoleonesa, pero siempre al margen de cualquier envidia o antipatía hacia Cataluña”.
La cuestión catalana, como si de una extraña analogía se tratara, sigue estando presente en todos los planteamientos regionalistas castellanos. También el “Diario de Burgos” sale en defensa de los derechos de la comunidad de Castilla y León, en uno de sus editoriales titulado “¿Unitarios o federales”, en el que se declara partidario de “la modalidad unitaria de mera descentralización administrativa, por ser más acorde con el espíritu castellano, pero si se establece el régimen federal, Castilla también debe admitirlo, sin incurrir en hostilidades con Cataluña”.

Tampoco faltan las posturas inmovilistas, que rechazan cualquier tipo de cambio o innovación, como la del catedrático vallisoletano Pérez Martín, que en un artículo publicado por “El Norte de Castilla”, afirma rotundamente que “en Castilla no queremos ni Estatuto ni República Federal”.

El doctor Bañuelos le responde en el mismo medio, afirmando su regionalismo: “Jamás hubiéramos proclamado nuestras ideas regionalistas y autonómicas a no haber habido antes una región, o dos o tres, que se lanzaran por el camino de una amplísima autonomía regional, que rompe definitivamente, de modo absoluto y completo, el unitarismo de cuatro siglos. Pero una vez roto éste, no creemos que las regiones que sigan sujetas al centralismo de Madrid puedan vivir una vida tan plena de posibilidades, materiales y espirituales, como las regidas y gobernadas autonómicamente…….., por eso hay que recobrar aquella personalidad de autonomía que tuvo Castilla y León”.

Las elecciones legislativas para formar las Cortes Constituyentes se celebraron el 28 de junio y el triunfo de los Partidos representados en el Gobierno Provisional fue mucho más abrumador que el de las municipales. El pueblo español, de forma contundente, manifestó su deseo de cambio, votando masivamente a favor de una República libre y democrática. De los 470 escaños de la Cámara las derechas sólo pudieron ocupar 50. El partido más votado fue el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que consiguió 115 escaños.

En las provincias de Castilla y León los partidos republicanos y de izquierdas triunfaron en Santander, León, Zamora, Ávila, Valladolid y Logroño; en Segovia y Palencia se produjo un emparejamiento, mientras que las derechas monárquicas, integradas en la Minoria Agraria (12), triunfaron en Salamanca y en Burgos. En Salamanca, liderada por D. José Mª Gil Robles, obtuvieron cuatro de los seis escaños disputados, mientras que la victoria más destacada de la derecha se produjo Burgos, donde los agrarios, encabezados por D. José Martínez de Velasco, consiguieron seis de los ocho escaños en liza; los dos restantes fueron para el Partido Republicano Radical (PRR).

Como final de este artículo, creo que vale la pena destacar que entre los diputados electos de la región castellano-leonesa figuraban numerosas figuras señeras de las artes, las letras y la ciencia españolas, como D. José Ortega y Gasset, D. Miguel de Unamuno, D. Justino de Azcárate, D. Santiago Alba, D. Gregorio Marañón, D. Luis Araquistáin, D. Claudio Sánchez Albornoz…………., cuya reconocida sapiencia y valía abrían de par en par las puertas a un futuro lleno de esperanzas……………..

NOTAS:

(1) Quedaron expresamente excluidos del indulto Maciá y todos sus cómplices en el fracasado complot de Prat de Molló.
(2) El título le fue concedido el 2 de marzo de 1896 por Alfonso XIII a su madre, doña Adelarda García Rodríguez, viuda de D. Saturnino Álvarez Bugallal, ministro de Gracia y Justicia y diputado monárquico.
(3) Rafael Benjumea y Burín, I Conde de Guadalhorce, nació en Sevilla el año 1876. Ingeniero de Obras Públicas, en la cuenca del río Guadalhorce construyó un central hidráulica y el Pantano del Chorro. También fue ministro de Obras Públicas con el general Primo de Rivera. El título de conde se lo concedió Alfonso XIII el 12 de setiembre de 1921. Posteriormente fue ministro con Franco.
(4) José de Yanguas y Messía, XII vizconde de Santa Clara de Avedillo, título rehabilitado por Alfonso XIII en 1918, nació en Linares el año 1890. Durante la Dictadura fue ministro de Estado y presidente de la Asamblea Nacional Consultiva.
(5) José Antonio abandonó la “Unión Monárquica Nacional” en octubre de 1933 para fundar “Falange Española”
(6) Entre los detenidos se encontraban Maura, Alcalá Zamora, Albornoz, Galarza, Largo Caballero, Fernando de los Ríos, Casares Quiroga. Consiguieron escapar Azaña, Prieto, Martínez Barrio y Nicolau d`Olwer. Curiosamente Alejandro Lerroux siguió en libertad sin que nadie le molestara.
(7) El Gobierno lo integraban: Presidencia, almirante Aznar; Estado, conde de Romanones; Gobernación, marqués de Hoyos; Gracia y Justicia, García Prieto, conde de Xauen; Marina, almirante Rivera; Hacienda, Juan Ventosa; Instrucción Pública, José Gascón; Fomento, Juan de La Cierva; Trabajo, Gabriel Maura, duque de Maura; Economía, conde de Bugallal.
(8) En julio de 1936, después de ser sofocado el levantamiento militar, el teniente general D. Pío López Pozas, que vivía retirado en Madrid, fue asesinado por milicianos del Frente Popular
(9) Se trataba de Doña Victoria Eugenia de Battemberg y sus seis hijos, Alfonso, Jaime, Beatriz, María Cristina, Juan y Gonzalo.
(10) D. Perfecto Ruiz Dorronsoro era un popular industrial burgalés, director de la fábrica de alpargatas “Hijos de Manuel Ruiz”, fundada en 1872 por su padre D. Manuel Ruiz. En 1930 daba trabajo a 400 operarios y fabricaba 1200 pares de alpargatas diarias, conocidas como las “argentinas”.
(11) El doctor D. Misael Bañuelos, Tablada del Rudrón 1887-Valladolid 1954, fue un destacado médico ginecólogo y catedrático de la Facultad de Medicina de Valladolid. También fue uno de los promotores del regionalismo castellano-leonés. En 1936 redactó las bases para elaborar el Estatuto de autonomía de Castilla y León.
(12) En 1934 se convertiría en el Partido Agrario Español (PA).

Paco Blanco, Barcelona, setiembre 2013

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