BURGOS INÉDITO. UN POLÍTICO BURGALÉS EN EL AGITADO SIGLO XIX. -Por Francisco Blanco-.

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La historia se ha repetido tanto que más parece una cantinela: “Cuando en España se produce un cambio político es porque antes se ha sublevado un generalote”. No creo equivocarme mucho al afirmar que el record de levantamientos militares lo ostenta el largo y accidentado reinado de la controvertida, promiscua, prolífica y destronada reina Doña Isabel II.

Desde 1844, en que fue declarada mayor de edad y se convirtió en la primera reina constitucional de España, su gobierno se caracterizó por la práctica de un absolutismo moderado, que hacía muy feliz a un reducido círculo de privilegiados, pero completamente infeliz al resto de los españoles. Para remediar este lamentable estado de cosas, el general de turno, D. Leopoldo O`Donell, duque de Tetuán (1), monta un pronunciamiento militar, seguido de una insurrección popular en el pueblo madrileño de Vicálvaro, que dura del 28 de junio al 28 de julio de 1854 y da paso a lo que se conoce como “el bienio progresista”. En defensa de la reina, como no podía ser de otra forma, pues gozaba plenamente de sus favores, salió otro general, D. Francisco Serrano, duque de la Torre (2), quien, para arreglar el desaguisado, promete la regeneración del país mediante la promulgación de nuevas leyes de carácter más  liberal y progresista, todas ellas reflejadas en lo que se denominó el “Manifiesto de Manzanares”, escrito por el joven y prometedor abogado malagueño D. Antonio Cánovas del Castillo, diputado monárquico que empezaba a ser muy considerado en los más altos círculos políticos conservadores. La rivalidad entre los dos generales, que sobrepasaba los límites de la política, obligó a la reina Isabel a buscar un mediador que calmara los exaltados ánimos de los dos militares y ayudara a encontrar una salida pactada al conflicto. No se le ocurrió otra idea mejor que llamar a otro general, D. Baldomero Espartero, duque de la Victoria (3), gran vencedor de la 1ª Guerra Carlista, viejo enemigo declarado de los dos generales y de la reina madre Doña María Cristina (4), a la que había obligado a abandonar la regencia, acusándola, entre otras cosas, de corrupción y tráfico descarado de influencias.

D. Baldomero, que vivía un plácido retiro en la tranquila ciudad de Logroño, donde estaba considerado como un héroe nacional, llevado por su espíritu patriótico aceptó el ofrecimiento de la reina, pero impuso sus condiciones. La primera fue convocar de inmediato nuevas Cortes Constituyentes; también exigió que se depuraran las responsabilidades de Doña María Cristina y que el Gobierno reconociera sus errores. Aunque parezca mentira, la reina aceptó sin rechistar las condiciones de su general salvador y así se lo hizo saber a sus súbditos españoles, a los que hizo llegar el siguiente manifiesto: “El nombramiento del esforzado duque de la Victoria para presidente del Consejo de Ministros y mi completa adhesión a sus ideas, dirigidas a la felicidad común, serán la prenda más segura del cumplimiento de vuestras aspiraciones”.

El 28 de julio de 1854 el general Espartero hacía su entrada triunfal en Madrid, aclamado por una multitud que le volvía a recibir como el salvador de la Patria. Su primer gesto fue abrazar a su antiguo enemigo, el general O’Donnell, al tiempo que le ofrecía el ministerio de la Guerra. De esta forma daba comienzo elBienio Progresista”.

En su intento de  moderar los ánimos y dejar a todo el mundo contento, el primer gobierno de Espartero, en espera de la nueva Constitución, estuvo integrado por “moderados puritanos” y progresistas templados”. Como ministro de Fomento nombró a un hombre de O’Donnell, el joven diputado burgalés D. Manuel Alonso Martínez (5), que había abandonado su floreciente bufete de abogados en la capital burgalesa, para dedicarse a la alta política.

Uno de los más espinosos problemas que tuvo que abordar en su gestión como ministro fue el de la educación, tan mal traído y tan mal llevado por todos los gobiernos anteriores de Isabel II. Para acometer su reforma, el nuevo ministro creó una Comisión, dentro de las mismas Cortes, para que elaborase un proyecto de ley que regulase los aspectos fundamentales de la educación nacional, comenzando por el de su financiación. El proyecto de ley propiciado por Alonso Martínez se llevó a cabo con inusitada rapidez, y en él se recogen las primeras innovaciones liberales en materia de instrucción pública. Se establecía por primera vez la educación primaria gratuita y una enseñanza secundaria que “además de servir para preparar a los jóvenes que se dedican a las facultades mayores y las escuelas especiales, difunda la instrucción en todas las clases de la sociedad”. El proyecto de ley no llegaría a ser ni discutido ni aprobado por las Cortes, lo impidió otro general,  pero sirvió de base para el futuro texto de la “Ley Moyano”.

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También tuvo D. Manuel un protagonismo activo en el desarrollo industrial y financiero que tuvo España durante el bienio progresista de Espartero, participando de forma decisiva en la elaboración de la nueva ley bancaria, base del futuro capitalismo español; o la de concesiones de ferrocarriles del 3 de junio de 1855, que abrió las puertas de España a los grandes inversores extranjeros. Él mismo participó como accionista, junto a los duques de Alba y de Rivas, en la fundación de la “Sociedad General de Crédito Mobiliario Español”, autorizada por Ley del 28 de enero de 1856, con el fin de “crear toda clase de empresas de ferrocarriles, canales, fábricas, minas, docks, alumbrado……..”. Por el definitivo impulso que dio al proyecto del Canal de Lozoya, también conocido como el de Isabel II, que permitió la llegada de las aguas públicas a la población madrileña el 24 de junio de 1858, fue condecorado por la reina con la Gran Cruz de la Orden de Carlos III.

Finalmente, la pugna entre los progresistas de Espartero y los conservadores de O´Donnell, acabó con el triunfo de este último. En julio de 1856 Espartero cede los trastos de la presidencia a O´Donnell y se vuelve a su retiro de Logroño. La breve presidencia del duque de Tetuán durará hasta el mes de octubre de 1856, en que será sustituido por otro general, D. Ramón María Narváez, duque de Valencia (6) y jefe del Partido Moderado, nuevo favorito de la reina Isabel y viejo enemigo del general Espartero, que acabó con el bienio progresista y sus reformas, disolvió las Cortes Constituyentes y recuperó la regresiva Constitución de 1845.

D. Manuel Alonso Martínez dejará el ministerio de Fomento, pero seguirá en las filas de la “Unión Liberal” de su jefe O´Donnell, siendo nombrado gobernador civil de Madrid.

Apartado momentáneamente del primer plano de la política, en 1857 se casó en Madrid con doña Demetria Martín y Baraya, con la que tuvo numerosa descendencia. Tampoco cesó su actividad como jurista y hombre de negocios, convirtiéndose su bufete de abogados madrileños en uno de los más famosos y requeridos de la capital de España.

Entre 1865 y 1866 vuelve a ocupar la cartera de Hacienda, llamado nuevamente por O’Donnell, en un momento de grave convulsión social y dura crisis económica, con serios casos de corrupción que apuntan directamente a la Reina, a quien el diario liberal “La Iberia” acusa del cobro de comisiones por la venta de bienes desamortizables. Comparte gobierno con otros miembros de la Unión Liberal, como Posada Herrera y otro notable abogado, el malagueño D. Antonio Cánovas del Castillo.

Al derrocamiento de Isabel II por los generales Prim, Serrano y Topete en octubre de 1868, siguió el “Sexenio Democrático” y la tan esperada  I República, que tan efímera e inútil resultó. Durante todos estos años, D. Manuel Alonso Martínez, monárquico declarado y convencido, volvió a pasar a segundo plano, aunque su actividad parlamentaria no cesó, siempre como diputado por Burgos, en todas las legislaturas hasta su muerte en 1891. Es de destacar su intervención en la sesión de las Cortes del 16 de octubre de 1871, en la que, junto con Cánovas, Collantes, Ríos Rosas y otros diputados, clamó contra la legalización de la I Internacional, alegando que “la seguridad del Estado estaba por encima de los derechos individuales y del de asociación”.

Desde la tribuna de su importante bufete de abogados se mantuvo como importante espectador del desarrollo de los acontecimientos, sin perder el contacto con los grupos monárquicos, ni tampoco con la “Unión Liberal”, que tras la muerte de O¨Donnell había pasado a ser liderada por el general Serrano. Personalmente, mantuvo una intensa correspondencia con la exilada reina Isabel, que le pedía consejo sobre la conveniencia de abdicar a favor de su hijo Alfonso, en lo que D. Manuel estuvo plenamente de acuerdo y así se lo hizo saber. Finalmente, dicha abdicación se produjo en Paris, el 24 de abril de 1870.

En 1874 otros dos generales, Pavía y Martínez Campos, acaban militarmente con la República y ofrecen el trono de España a D. Alfonso XII, quien, a principios de 1875, hace su triunfal estrada en Madrid a lomos de un brioso caballo blanco.

España vuelve a ser monárquica y es la hora de D. Antonio Cánovas del Castillo, que se erige en el principal dirigente político de la llamada “Restauración Borbónica”.

dERECHO

El proyecto político canovista pasa por la redacción de una nueva Constitución, para lo que cuenta con la inapreciable ayuda del jurista burgalés, D. Manuel Alonso Martínez, al que nombra presidente de la “Comisión de los Nueve”, también conocida como “Comisión de Notables”, que habría de encargarse de la redacción del nuevo texto constitucional que se aprobaría el  año 1876.

La nueva Constitución consagraba de forma explícita el bipartidismo político y su alternancia en el gobierno de la nación. De esta forma, la oposición al Partido Conservador de Cánovas estaba formada por el Partido Liberal de Sagasta, que se despojó de su anterior talante izquierdista y atrajo hacia sus filas importantes personajes de talante moderado y centrista, como el propio Alonso Martínez, auténtico padre de la Constitución y otros 130 senadores y diputados, la mayoría procedentes de la desaparecida “Unión Liberal”, entre los que figuraban Posada Herrera, Romero Ortiz y el marqués de la Vega de Armijo, íntimo amigo de D. Manuel.

Durante el reinado de Isabel II y posteriormente con el restaurado Alfonso XII, su viuda, la reina regente Doña María Cristina y su hijo Alfonso XIII, en España se fue creando un bloque dominante basado en el ennoblecimiento o en el entronque de las familias de la alta burguesía con la vieja aristocracia y los militares, a través de la concesión de nuevos títulos nobiliarios o de enlaces matrimoniales que dan paso a nuevas familias que, a su vez, serán ennoblecidas por la corona para asegurarse su lealtad y formar así una “élite de poder” capaz de sostener el régimen monárquico, que les permitiría conservar y acrecentar sus privilegios de clase. Surgen así las grandes familias políticas como  los Gamazo, los Montero Ríos, los Pidal, los La Cierva, los Comillas, los Urquijo, los Ussía o los Alonso Martínez y los Romanones. En este último caso, D. Manuel Alonso Martínez fue el valedor e impulsor de la carrera política del marido de su hija Casilda, D. Álvaro de Figueroa y Torres Sotomayor, I Conde de Romanones, título concedido por la reina regente Doña María Cristina el 30 de enero de 1893.

De acuerdo con la alternancia pactada, en febrero de 1881 el rey acepta la dimisión de Cánovas, y llama a Sagasta para que forme su primer Gobierno. Lo integran: Presidente: Sagasta. Estado: Vega de Armijo. Gracia y Justicia: Alonso Martínez. Guerra: Martínez Campos. Marina: almirante Pavía. Hacienda: Camacho. Gobernación: González. Fomento: Albareda. Ultramar: León y Castillo.

ERESTAa

En este primer gobierno liberal de Sagasta la actuación del Ministerio de Gracia y Justicia permitió solucionar algunos viejos conflictos, como el de la cuestión universitaria, que tantas alteraciones del orden público había provocado. También se permitió el regreso de numerosos exilados republicanos, devolviendo además la legalidad a aquellos partidos declarados ilegales por Cánovas, entre los que se encontraba el Republicano-Progresista de Salmerón y Ruiz Zorrilla.

El 25 de noviembre de 1885 moría en El Pardo, víctima de la tuberculosis, el restaurado monarca D. Alfonso XII, hijo de la depuesta Isabel II. La víspera, Cánovas y Sagasta, los dos líderes políticos que sostenían la Restauración Monárquica, tuvieron una importante reunión en la que, de mutuo acuerdo, decidieron apoyar la regencia de la viuda, Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, como la única fórmula posible para garantizar la continuidad de la monarquía, comprometiéndose los dos a respetar estrictamente la Constitución de 1876. Actuó de mediador el general Martínez Campos, que militaba en las filas de Sagasta, y al acuerdo se le conoce como “El Pacto del Pardo”.

El día 27 de noviembre, con el visto bueno de Cánovas y el beneplácito de Doña María Cristina, Sagasta forma su segundo gobierno (primero de la regencia), en el que D. Manuel Alonso Martínez repite como titular de la cartera de Gracia y Justicia.

Casi cinco años duró este segundo mandato de Sagasta, uno de los más largos del periodo de la Restauración, durante los cuales se desarrolla una importante labor jurídica y legislativa, que permite aprobar la Ley de Asociaciones en 1887, la de Jurados en 1889 y, sobre todo, el establecimiento en junio de 1890 del Sufragio Universal, que incrementaba considerablemente el número de españoles con derecho a voto. En 1888 D. Práxedes Mateo Sagasta recompone su gabinete dando un nuevo giro hacia la izquierda y D. Manuel Alonso Martínez es sustituido por D. José Canalejas en el ministerio de Gracia y Justicia.

En el ámbito jurídico, durante ese mismo año de 1888 Alonso Martínez  impulsó y dirigió la elaboración del Código Civil Español, inspirado en el Código napoleónico, que representa la obra cumbre del insigne jurista burgalés.

Entre julio de 1889 y diciembre de 1890 ocupó su último cargo público como Presidente de las Cortes. Un año después, el 13 de diciembre de 1891, fallecía en su domicilio de la madrileña calle del General Serrano.

El 1 de julio de 1915 la ciudad de Burgos rendía un póstumo homenaje a la figura del ilustre jurista y político burgalés, D. Manuel Alonso Martínez. El acto, presidido por su yerno el conde de Romanones, actual ministro de Gracia y Justicia, tuvo lugar en el Teatro Principal y en él estuvieron presentes numerosos miembros del Gobierno, las autoridades burgalesas en pleno y los familiares del ilustre burgalés. Acto seguido, en la fachada del Palacio de la Diputación, se procedió a descubrir una placa en su honor que todavía perdura.

NOTAS

(1)   Leopoldo O´Donnell (1809-1867) fue nombrado I Duque de Tetuan por Isabel II el 27 de abril de 1860, en recompensa por haber conquistado la plaza de Tetuan.

(2)   Francisco Serrano (1810-1885) el “general bonito”, fue nombrado I Duque de la Torre por Isabel II el 24 de noviembre de 1862.

(3)   Baldomero Espartero (1793-1879) fue nombrado I Conde de Luchana en 1837 y I Duque de la Victoria y I Conde de Morella en 1839, todos ellos concedidos por la madre de Isabel II, la regente Doña María Cristina de Borbón Dos Sicilias, como recompensa a sus victorias en la 1ª Guerra Carlista.

(4)   Doña María Cristina de Borbón Dos Sicilias (1806-1878) En 1840 sus problemas para gobernar, debidos a su desordenada vida personal y su afán de enriquecimiento, la obligaron a ceder la regencia a Espartero y exilarse. Volvió a España en 1844, al ser declarada su hija Isabel II mayor de edad y con Espartero apartado de la política. Pero siguió aprovechándose económicamente de su posición privilegiada, apoyada por el general Narvaez, lo que le supuso la antipatía y el rechazo general de los españoles. En 1854 las Cortes la retiraron la pensión vitalicia que la habían concedido y fue expulsada de España. Sólo volvió con motivo de la coronación de su nieto D. Alfonso XII.

(5)   D. Manuel Alonso Martínez nació en Burgos el 1 de enero de 1827 y murió en Madrid el 13 de enero de 1891. Estudió Derecho y Filosofía y Letras y dirigió dos importantes bufetes de abogados, uno en Burgos y otro en Madrid. Fue un destacado político de la segunda mitad del siglo XIX, gozando de la confianza de Isabel II, D. Alfonso XII y la regente Doña Mª Cristina, ocupando en más de una ocasión las carteras de Fomento y Gracia y Justicia, y en sus últimos años fue Presidente de las Cortes. Como jurista fue el Presidente de la Comisión que redactó la Constitución de 1876 y  el Código Civil de 1888. En el año 1889 se le reconoce su inmensa labor jurídica al ser nombrado Académico de Mérito de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.  A su muerte, su viuda Doña Demetria Martín y Baraya fue distinguida por la regente Doña Mª Cristina con el título de I Marquesa de Alonso Martínez.

(6)   Ramón María Narvaez (1800-1868) El 18 de noviembre de 1845 Isabel II, en agradecimiento a su probada lealtad, le nombra I Duque de Valencia.

Autor: Paco Blanco, Barcelona, noviembre 2013

BURGOS

Puedes ver la plaza que en Burgos lleva su nombre.

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