BURGOS INÉDITO: RAMÓN CHÍES UN LIBREPENSADOR BURGALÉS DEL SIGLO XIX: “Las Dominicales del Libre Pensamiento”. -Por Francisco Blanco-

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Una vez conseguida la restauración de la monarquía, en la persona de Alfonso XII, el hijo de la destronada Isabel II, D. Antonio Cánovas del Castillo, el artífice de la hazaña, aunque contó con la ayuda no solicitada de los generales Pavía y Martínez Campos, se dedicó a diseñar una nueva Constitución, la de 1876, que sustituyera la democrática de 1869, para ello, en mayo de 1875 convocó la “Asamblea de Notables”, integrada en su mayoría por monárquicos moderados y presidida por  el jurista burgalés D. Manuel Alonso Martínez. Estaba compuesta por 39 miembros, que finalmente quedaron reducidos a nueve. El objetivo principal de la nueva Constitución era  blindar y dejar bien protegidos los privilegios del Antiguo Régimen, tal como el mismo Cánovas se encargó de definirla: “Preténdese restaurar no en el sentido riguroso de restablecer un antiguo régimen, sino en el de concertar ciertos principios políticos tradicionales y las innovaciones reclamadas por los tiempos, con la pretensión de salvar el dualismo abierto por el reciente movimiento revolucionario”. Cánovas, siguiendo el modelo inglés, trata de imponer el bipartidismo como base fundamental para conseguir la estabilidad política, aunque en su Artículo 18 concede una importancia decisiva a la figura del rey: “La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey”.

En su Artículo 13 la nueva constitución consagraba la libertad de prensa, reconociendo a los españoles el derecho a “emitir libremente sus ideas y opiniones, ya de palabra, ya por escrito, valiéndose de la imprenta o de otro procedimiento semejante, sin sujeción a la censura previa”.Sin embargo,  la realidad estaba muy lejos de que este derecho se pudiera ejecutar con tanta facilidad como preconizaba la ley. Toda publicación, antes de salir a la luz, debía pasar por el filtro del Fiscal de Imprenta, que era el que tenía la última palabra. Este sistema se montó con la Ley de Prensa de enero de 1879, obra del ministro de la Gobernación, D. Francisco Romero Robledo, paisano, amigo y correligionario del Sr. Cánovas. En virtud de esta Ley, el Fiscal de Imprenta, que funcionaba en todas las capitales de provincia, podía bloquear y llevar a los Tribunales “cualquier información que pudiera haber incurrido en delito de imprenta por atacar directamente o ridiculizar los dogmas de la Religión del Estado, el culto, sus ministros o la moral cristiana”.Ya se sabe: hecha la ley, hecha la trampa. Contra la libertad de prensa, tribunales especiales de vigilancia y control.

Esta situación mejorará sustancialmente en 1883, con el liberal Sagasta como Presidente del Consejo de Ministros, con la publicación el 26 de julio de la “Ley de Policía de Imprenta”, también conocida como “Ley Gullón”, por ser su autor el ministro de la Gobernación D. Pío Gullón (1), que dejaba sin efecto las actuaciones de los Tribunales especiales de Romero Robledo.

Unos meses antes, el domingo 4 de febrero, en Madrid había salido a la calle el primer número de “Las Dominicales del Libre Pensamiento”, Administración: Corredera Baja, nº 59-2º dcha. Madrid.

Precios de suscrición: Madrid, trimestre 2 pts. Provincias, trimestral 2,5 pts. Extranjero, anual 12 pts. Ultramar, anual 20 pts. Número suelto del día, 10 céntimos. Atrasado, 25 céntimos. La Administración no admite anuncios de pago.

Se definía como periódico semanal abierto a cualquiera de los movimientos libre-pensadores que corrían por Europa en esos momentos, al mismo tiempo que rechazaba todo tipo de dogmatismo, considerando librepensador a “cuantos con recto criterio de libre indagación racional, rechazando todo dogmatismo, llegan a conclusiones tan opuestas en el orden de la filosofía como el ateísmo y el espiritismo”. El  libre examen y la libertad de conciencia son los dos pilares que sostienen la ideología del semanario, que pronto contará con un buen número de lectores. En 1902, el enorme prestigio adquirido le convierte en portavoz de la “Federación Internacional de Libre Pensamiento  en España, Portugal e Hispano-América”.

El principal promotor del periódico semanal fue el republicano federal D. Ramón Chíes (2), un burgalés nacido en Medina de Pomar el año 1846, que también fue su director hasta su fallecimiento en 1893. Este burgalés, ilustrado y racionalista, desarrolló una intensa actividad periodística, siempre en defensa de los valores democráticos y del laicismo. Organizó logias masónicas, círculos republicanos, asociaciones de obreros y hasta escuelas laicas. Poco después de su temprana muerte, en 1894, por suscripción popular se le levantó un mausoleo  en el Cementerio Civil del Este de Madrid y en el pueblo vizcaíno de Portugalete se creó en su honor la Logia “Hijos de Chíes nº 152”.     

Para Ramón Chíes “El libre-pensamiento se caracteriza por rasgos del todo opuestos. Al terror sustituye el amor: al recelo la confianza. El amor le es indispensable, porque su fin es persuadir al hombre a la verdad, no imponerle la verdad: llamarle a reflexión para que él mismo se cree esta verdad, mostrándole que no puede hallarla fuera de su conciencia, fuente única de certidumbre. La confianza es igualmente fundamental característica de la nueva fórmula social; porque sin confianza en la bondad congénita de la humana naturaleza, habría que ir a buscar el bien fuera de ella, como hacen los católicos, que la creen presa del mal”.

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También sobre la pluralidad religiosa, uno de los temas más debatidos de aquellos años, el nuevo semanario deja muy clara su postura desde el principio, pues considera librepensadores a “todos cuantos con recto criterio de libre indagación racional, rechazando todo dogmatismo, llegan a conclusiones tan opuestas en el orden de la filosofía como el ateísmo y el espiritismo”. Consecuentemente, en política se declara abiertamente republicano, ya que “resulta imposible  separar la libertad religiosa de la libertad política y la libertad de pensamiento de la República”.

Con estos principios no tardó en granjearse la enemistad de la jerarquía eclesiástica, que le calificó de prensa sin decoro, impía, inmoral, necia”, comparándole con “El Motín”, otra publicación anticlerical de la época. 

En realidad, Las Dominicales acusaban a los dirigentes de la Iglesia de ser los principales responsables del fanático oscurantismo en que vive sumido la mayoría del pueblo español,  al que le sobraba fanatismo y le faltaba espiritualidad; afirmando, además, que una parte importante de los católicos españoles viven al margen de la religión oficial, limitándose a cumplir con los preceptos externos más indispensables. Llovieron las críticas al semanario desde pastorales, púlpitos y confesionarios, llegando algunos obispos, como los de Tuy y Orense, a amenazar con la excomunión para aquellos fieles que osaran leer sus páginas.

En realidad, el periódico trata de hacer llegar a sus cada vez más numerosos lectores, el mensaje de que es posible luchar contra todo lo que se opone a la modernización y el progreso de España, llámese clericalismo, caciquismo o corrupción política.

Sus principales redactores son el mencionado burgalés Ramón Chíes Gómez, que utiliza el seudónimo de Eduardo de Riofranco y era su director; Fernando Lozano Montes, que firma como Demófilo (3); José Francos Rodríguez, que firmaba sus artículos como “Juan Palomo”; Odón de Buen (4), Rosario de Acuña y Villanueva (5) y Antonio García Vao (6). Junto a sus artículos aparecen un sinfín de cartas de lectores de muy diverso origen y condición, que aportan sus opiniones y sus noticias, siempre en defensa de la libertad de pensamiento, de expresión  y de conciencia.

A pesar de las numerosas denuncias y ataques que sufrió por parte de la Iglesia y del Gobierno, el periódico salió a la calle normalmente cada semana hasta el verano de 1900, muerto ya su director Ramón Chíes. En el número 939 del domingo 15 de julio, publica un editorial titulado “Nuestro Calvario”, en el que explica a sus lectores las causas por las que ya se había dejado de publicar durante  las tres semanas anteriores:

Los cinco últimos números de Las Dominicales han sido secuestrados; cuatro de ellos por denuncia; el último por equivocación, puesto que no ha sido denunciado. Amén de ello, el gobernador de Madrid nos ha multado pretextando una nimiedad, el haberse enviado o no a tiempo los números que se entregan en el gobierno civil. Era inútil, por tanto, imprimir el periódico en esas condiciones, dado que serían contados los lectores que lo recibieran. Si hoy nos decidimos a publicar este número es para responder a las muchas preguntas que nos llegan de fuera, y después de expurgarlo cuidadosamente para que no se encuentre en él sombra de cosa denunciable. Suman muchos miles de duros los daños y perjuicios que estos abusos del poder llevan producidos a nuestro periódico. Del centenar de procesos que se nos habrá formado, sólo de ocho años acá, no han prosperado más que dos o tres. En los demás, los gobiernos han procedido injustamente; pero nadie nos ha indemnizado de los daños causados por las injustas denuncias, acompañadas casi siempre de secuestro. Recuérdese aquel período de tres años, en que todas las semanas era el número denunciado a instancia de los Padres de familia, árbitros de los Tribunales. Vinieron después las furiosas persecuciones de los tres años de guerra. Y terminóse aquel Calvario con la pesadumbre de los siete meses de censura militar. Júzguese ahora de la fuerza de resistencia moral y material, de que ha ofrecido ejemplo Las Dominicales. ¿Quién no se aburre de ir todos los días a los juzgados y, frecuentemente, a sentarse en el banquillo de acusados?”

En febrero de 1901, después de cubrir una suscripción de acciones de 50 pesetas nominales cada una y la aportación voluntaria de cinco céntimos semanales, por parte de sus lectores durante seis meses, vuelve salir a la calle con el nombre de “Los Dominicales. Semanario Librepensador”, esta vez con Fernando Lozano “Demófilo” como director; en 1902 se le añade el subtítulo de “Órgano de la Federación Internacional de España, Portugal y América íbera”. Dejó de publicarse en 1909.

NOTAS

(1)   Pío Gullón (1835-1917) Político, escritor y periodista leonés, amigo y colaborador de Sagasta.

(2)   Ramón Chíes Gómez, Medina de Pomar (Burgos) 1846-Madrid, 1893. Estudió Ciencias Exactas, Filosofía y Derecho, dedicándose activamente a la política y el periodismo. Fue Gobernador Civil de Valencia y concejal del Ayuntamiento de Madrid. Fue uno de los fundadores del Partido Republicano Federal, del que fue militante activo; trabajó en “El voto Nacional” y fundó, junto con Fernando Lozano, “Las Dominicales del Libre Pensamiento”, que dirigió hasta su muerte.

(3)   Fernando Lozano Montes (1844-1935) Militar, político, pedagogo y periodista, en 1883 fundó el semanario “Las Dominicales del Libre Pensamiento”, junto con Ramón Chíes. “Demófilo” era el nombre de guerra de la Logia Masónica a la que pertenecía y también el de uno de sus hijos. Este seudónimo también fue utilizado por el folclorista D. Antonio Machado Álvarez, padre de los poetas D. Manuel y D. Antonio Machado Ruiz.

(4)   Odón de Buen (1863-1945) Científico y Oceanógrafo aragonés, autor del “Anuario Científico Español”. Estaba casado con Rafaela Lozano, hija del periodista Fernando Lozano. Murió exilado en México.

(5)   Rosario de Acuña y Villanueva (1850-1923) Escritora feminista, librepensadora y republicana, colaboró en “El Imparcial” y “El Liberal” y escribió varias obras de teatro que se representaron con notable éxito en su época.

(6)   Antonio Rodríguez García-Vao (1862-1886) Estudió Derecho y Filosofía y Letras. Escritor, poeta y periodista librepensador y masón, colaboró en “El Criterio Científico”, ”La Ilustración Española”, “El Globo”, “La Saeta”, “El Librecambista” y “El Comercio Ibérico” y dirigió la revista teatral “La Escena”; también compuso algunas obras teatrales en colaboración con su amigo, el escritor y periodista José Francos Rodríguez. Fue asesinado el 18 de diciembre de 1886 a la puerta de un colegio de la madrileña Glorieta de Bilbao, en el que daba clases de francés. Su entierro fue presidido por Salmerón y le fue erigido un mausoleo en el Cementerio Civil del Este por suscripción popular.

Autor: Paco Blanco, Barcelona, noviembre 2013

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