RUTAS BURGALESAS: POR LA RIBERA DEL DUERO. -GUMIEL DEL MERCADO- -Por Francisco Blanco-

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También el Gromejón atraviesa la vecina Gumiel del Mercado, por cuyos molinos pleiteó y perdió a favor de la cercana localidad de La Aguilera, con la que hasta el siglo XII había formado concejo, junto con Sotillo de la Ribera.

Famosas son las tres por la excelencia de sus vinos:

“En Gumiel del Mercado

las hay hermosas

las cubas de doscientos

que no las mozas”.

Aunque los mozos gomellanos han estado al quite y han sabido rectificar la copla con mucha más galantería:

“En Gumiel de Mercado las hay hermosas,
las cubas de doscientos, también las mozas;
también las mozas ¡madre! también las mozas.
En Gumiel de Mercado las hay hermosas”.

Durante el reinado de Alfonso VIII el rey  concedió a la villa la celebración de un mercado semanal, por lo que se la empezó a conocer como Gumiel del Mercado. Este mercado se ha venido celebrando cada jueves, hasta hace muy pocos años, en el recinto de su Plaza Mayor, donde los comerciantes exponían sus productos, al tiempo que recorrían las calles del pueblo pregonando la calidad de sus mercancías; también se realizaban importante transacciones de granos y de vinos.

Más tarde, en el siglo XIII, el rey Alfonso X el Sabio incluyó la villa en la dote de su hija Doña Violante, con motivo de su matrimonio con D. Diego López V de Haro, señor de Vizcaya y fundador de Bilbao. La villa también ha sido señorío de los Avellaneda, los Enriquez, los Zúñiga, los Rojas y los Sandoval.

Al igual que Gumiel de Izán, para defenderse de los continuos ataques de los árabes, se convirtió en un recinto amurallado, con un castillo en lo alto de una loma, del que se conservan unas ruinas y un buen número de bodegas, excavadas en su subsuelo, donde conservan el rico vino de sus viñas y donde suelen reunirse actualmente los vecinos para escapar de los rigores del verano y celebrar apetitosas meriendas, regadas con el excelente vino de la tierra. De la muralla tan solo se conservan en pie dos de sus cuatro puertas: la de Carramonzón y la de Carrasotillo.

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Su recinto urbano está formado por calles y plazas de recio estilo castellano, con viejas casonas de piedra, con blasones en sus fachadas que dan fe de la nobleza de sus vecinos. Hay que  destacar su amplia Plaza Mayor, en la que se encuentra la sede del Ayuntamiento, un edificio con soportales y grandes balcones, coronado con el escudo de armas de los Enriquez; en el otro extremo se alza la iglesia de San Pedro, construida entre los siglos XV y XVI, de estilo tardo gótico, con dos naves y una torre fortaleza con el escudo de los duques de Lerma.

La iglesia parroquial de Santa María la Mayor se encuentra en la plaza del mismo nombre, con tres naves de estilo gótico,  fue construida en el siglo XV. En el retablo de su Altar Mayor destaca una imagen sedente de la Virgen con el Niño, atribuida a Gregorio Fernández, también se pueden contemplar varios lienzos del siglo XVII con escenas marianas. En honor de la Virgen entonan los gomellanos la siguiente copla:

“La Virgen de la Mayor

la que más altares tiene

y no hay mozo en Gumiel

que en su pecho no la lleve”.

Dentro de su término municipal, el viajero podrá disfrutar con la visita al famoso “Real Sitio de la Ventosilla”, paraíso cinegético situado entre un soberbio encinar, refugio de ciervos, jabalíes, perdices, patos y toda clase de aves acuáticas y voladoras, convertido en real coto de caza, que ya fue frecuentado por Doña Isabel la Católica, enamorada de estas tierras ribereñas, a las que dispensó una protección muy especial.

Otro de sus propietarios, D. Francisco de Sandoval y Rojas, I Duque de Lerma y válido del Rey Felipe III, lo convirtió, junto con la villa de Lerma, en el principal punto de recreo de la Corte, que el monarca había trasladado a Valladolid, ofreciendo fastuosas cacerías al rey y sus cortesanos, para cuyo alojamiento construyó un soberbio palacete de piedra con dos plantas, de estilo herreriano, al igual que su palacio ducal de Lerma. También mandó construir una capilla, a la que dotó con un magnífico retablo, obra del maestro de San Nicolás, de la escuela burgalesa del siglo XV, que todavía se conserva. De esta forma daba completa satisfacción a las dos grandes pasiones del rey Felipe III, también conocido como el Piadoso: la caza y la religión, compartida esta última por el propio duque.

Actualmente se ha convertido en una importante explotación agrícola-ganadera, con excelente bodega en la que se elaboran vinos con la D. O. Ribera del Duero; coto de caza y modernas instalaciones hosteleras, en las que el viajero podrá disfrutar del clima, del paisaje, de sus buenos vinos y de su gastronomía.

El viaje ha concluido, pero… no te alejes ¡viajero! de la Ribera del Duero.

Paco Blanco, Barcelona, Febrero 2014

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