RUTAS BURGALESAS. POR LA RIBERA DEL DUERO-EL GROMEJÓN Y CALERUEGA. -Por Francisco Blanco-

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“El foramontano luchaba con una mano y con la otra cultivaba su campo y alzaba su casa…………” (Fray Justo Pérez de Urbel)

El río Gromejón, llamado así por la abundancia de cangrejos en sus ribazos, nace en un paraje conocido como la Fuente del Cubo y atraviesa las poblaciones de Caleruega, Valdeande, Tubilla del Lago, Villalbilla de Gumiel, Gumiel de Izán, Quintana del Pidio, La Aguilera, Gumiel del Mercado y La Ventosilla, para unirse finalmente con el padre Duero en la localidad de Berlangas de Roa. A lo largo de toda su cuenca, de unos 45 Km. de longitud, se pueden encontrar numerosos restos y vestigios arqueológicos, como castros, dólmenes, menhires y túmulos funerarios, que atestiguan la existencia de asentamientos humanos muy anteriores a los romanos, como los ligures, los vaceos, los aravacos y los celtas, que dejaron importantes huellas de sus culturas, sus religiones y sus costumbres. Lamentablemente, muchos de estos restos se han convertido en simples despojos, sin que se haya hecho prácticamente nada por evitarlo.

De la época romana queda casi intacta la calzada transversal que llegaba desde Sagunto hasta Astorga, conocida como camino empedrado, construida para dar apoyo logístico a las legiones romanas, que intentaron inútilmente la conquista de Cantabria.

Precisamente de Cantabria y de Vasconia, a finales del siglo IX llegaron los foramontanos que repoblaron estas tierras, saqueadas por los moros en su imparable invasión y después abandonadas por moros y cristianos, lo que ocasionó el despoblamiento de una extensa franja de terreno, conocida como los Campos Góticos y también como el Desierto del Duero.

Llegaron con sus familias, sus enseres y sus rebaños, principalmente de ovejas, y fueron tomando posesión de aquellas tierras de presura, que se apresuraron a roturar, labrar y cultivar, agrupándose para vivir en pequeños vicos ó behetrías, convirtiéndose de esta forma en campesinos libres, que algunos años después acabaron acogiéndose al Fuero del Albeldrío, promulgado por los jueces castellanos Laín Calvo y Nuño Rasura. Después fueron levantando empalizadas que rodeaban las tierras comunales y construyeron murallas y torres defensivas, desde donde oteaban el horizonte vigilando las posibles incursiones de partidas de moros en busca de rapiña.

Estas pequeñas aldeas o behetrías, habitadas por collazos solariegos (1), fueron convirtiéndose en pequeñas unidades rurales, los alfoces (2), que quedaban bajo la jurisdicción del concejo de la villa o ciudad, que constituía el núcleo urbano más importante, generalmente amurallado y bajo la protección militar de un castillo, gobernado por el señor, que era el jefe del concejo.

También en las orillas del Gromejón se fueron instalando pequeños cenobios de monjes y eremitas, algunos de los cuales acabaron convirtiéndose en importantes monasterios, que ocuparon grandes extensiones de terreno, dirigidos por priores, los prioratos, o por abades, las abadías, que fueron adquiriendo jurisdicción eclesiástica sobre las aldeas y villas circundantes.

De las tierras ocupadas por los árabes al sur del Duero también fueron llegando pequeños grupos de mozárabes, cristianos sometidos al Islán, a quienes los invasores habían respetado sus costumbres y creencias, pero que deseaban recuperar su anterior libertad, escapando del yugo musulmán.

Caleruega es la primera población que atraviesa el Gromejón, y también la atraviesa la antigua calzada romana que se dirige hacia Coruña del Conde y Clunia. Su última repoblación se inició a finales del siglo IX por gentes procedentes de las montañas del norte, que aprovecharon la fertilidad de aquella vega, regada por numerosos manantiales, para convertirla en prósperas tierras de labranza y fecundas viñas, que les permitieron prosperar rápidamente. También aprovecharon las cuevas existentes en las circundantes laderas para resguardar sus ganados del acecho de los lobos y, por supuesto, para defenderse de las aceifas que acostumbraban a hacer los moros durante el verano, en busca del botín de sus granos y sus ganados. Junto con otras poblaciones de la ribera, como Valdeande, Gumiel de Hizán y Tubilla del Lago, que igualmente se fueron repoblando por aquellos tiempos convulsos, formaron una especie de línea defensiva, fortificada con murallas y castillos, que trataba de disuadir a los cercanos y belicosos moros de sus frecuentes incursiones a la caza de prisioneros para su posterior canje, o en busca del botín de sus cosechas.

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El nombre de Caleruega tiene raíz vasca y viene a significar caleras o tierras de cal, en   referencia a las formaciones de piedra caliza tan abundantes en las montañas que la rodean y que tan bien se prestan al cultivo de la vid, que ya habían iniciado los romanos y continuado los visigodos.

En el siglo X sus vecinos construyeron las murallas y levantaron un torreón fortaleza, llamado de los Guzmanes, a cuyo alrededor se fue configurando durante siglos la que se ha convertido en histórica villa.

Este Torreón de los Guzmanes debe su nombre al señorío que sobre la villa ejerció la familia Guzmán, descendiente de los poderosos Lara, hasta bien entrado el siglo XIII. Está construido de forma muy similar al existente en Covarrubias, de planta cuadrada y torre piramidal de cuatro pisos y diecisiete metros de altura, alcanzando los muros un grosor de hasta dos metros. El remate almenado de la última planta es de construcción posterior. Los vanos y ventanas geminadas de sus muros acreditan la presencia de alarifes mozárabes en su construcción.

El primer Señorío de Caleruega fue concedido hacia el año 1068 por el rey D. Alfonso VI a D. Munio Díaz de Caleruega, pasando a la casa de los Guzmán cuando su nieta, Doña Mayor de Caleruega, contrajo matrimonio con D. Rodrigo Díaz de Guzmán. El último Guzmán que ostentó el título de Señor de Caleruega fue el reverendo D. Antonio de Guzmán, hermano mayor de Santo Domingo, quien, por su condición de religioso, murió sin descendencia. En el año 1266 el rey D. Alfonso X el Sabio, con motivo de la canonización de Santo Domingo de Guzmán por el papa Gregorio IX en 1234, refunda el Señorío de Caleruega, pasando a ser su titular la Abadesa del convento de madres dominicas Doña Toda Martínez, mediante la concesión de un privilegio rodado. Durante el turbulento reinado de Doña Isabel II, como consecuencia de la Desamortización de los bienes de la Iglesia, llevada a cabo por su ministro Mendizábal, se abolió el Señorío de Caleruega, siendo su último titular la abadesa del convento, Doña Casilda Arroyuelo.

Entre los monumentos más importantes de la villa destaca la iglesia parroquial de San Sebastián, de estilo románico, construida en el siglo XII; consta de una sola nave con ábside semicircular y con torre rematada en campanario.

En su pila bautismal recibió el sacramento del bautismo Santo Domingo de Guzmán, tercer hijo de los señores de Caleruega, D. Félix de Guzmán y Doña Juana de Aza. En tiempos de Alfonso X está pila fue trasladada al recién fundado convento de monjas para su custodia, permaneciendo allí hasta que en 1605, siendo rey de España Felipe III el Piadoso, fue llevada a Valladolid, donde había trasladado el rey su corte, para que en ella recibiera las aguas bautismales su hijo, el Príncipe de Asturias y futuro rey de España, D. Felipe IV. Posteriormente, junto con la corte, fue trasladada de nuevo al monasterio madrileño de Santo Domingo el Real (3), donde se encuentra actualmente y donde son bautizados los herederos de   la Corona española. También en esta iglesia parroquial reposan los restos de su madre, la Beata Juana de Aza (4).

El Convento de las Madres Dominicas, situado junto al Torreón de los Guzmanes, es otro de los monumentos más notables de esta histórica villa. Después de la muerte de Santo Domingo, ocurrida en Bolonia el año 1221 y su rápida canonización, en 1237 su hermano Mamés decide levantar un pequeño templo en su honor, justo en el mismo lugar donde había nacido. Treinta años después, en 1266, Alfonso X el Sabio, respetando el templo existente, funda el Convento de Madres Dominicas, cuya primera comunidad llegó procedente de un convento de Madres Agustinas existente en la cercana localidad de San Esteban de Gormaz, a las que el propio Santo Domingo había atendido mientras fue canónigo de la Diócesis de Osma (5). De este templo se conserva el coro y el claustro bajo, con un pozo en el centro, formado por arcos de medio punto, que ya anuncian la transición del románico al gótico. En este claustro se encuentra el sepulcro de la infanta Doña Leonor de Castilla, hija de los fundadores, Alfonso X y su esposa Doña Violante de Hungría. En el siglo XVI, adosada al primitivo templo del Beato Mamés (6), por iniciativa de los dominicos de México se levanta otra iglesia más amplia, de estilo renacentista, con planta de cruz latina y portada barroca. De la iglesia de Alfonso X se conserva la portada del lado norte, de estilo románico tardío, con sus arquivoltas de medio punto y capiteles decorados con hojas de parra y mascarones.

De mediados del pasado siglo XX data el moderno Convento de los Padres Dominicos, convertido en Museo, en cuyo sótano se encuentra la legendaria Bodega de la Beata Juana de Aza, que repartía, de forma abundante y generosa, comida y bebida entre los vecinos más necesitados y los numerosos peregrinos, enfermos y mendigos que pasaban por sus tierras. Cuenta la leyenda que las cántaras de sus bodegas, por mucho vino que se escanciase, siempre estaban a rebosar.

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El acontecimiento histórico más importante de la villa tuvo lugar en el año 1170: Siendo señor de Caleruega D. Félix de Guzmán, casado con Doña Juana Garcés, perteneciente a una noble familia de la ribereña villa de Aza, por lo que también se la conoce como Doña Juana de Aza, se produjo el nacimiento de su tercer hijo, al que pusieron el nombre de Domingo, en honor a Santo Domingo de Silos, por el que su madre, persona muy piadosa y con fama de santidad entre sus vecinos, sentía gran devoción. Este niño, al que según la leyenda, mientras recibía el bautismo una estrella se le posó en la frente, se convirtió en uno de los Santos más importantes de la historia de la Iglesia, subiendo a los altares con el nombre de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, que después se llamaron Dominicos. También es venerado como patrón de Burgos y de Caleruega.

Aunque, en realidad, los tres hijos de este piadoso matrimonio sintieron una profunda vocación religiosa, que les llevó a dedicar sus vidas a la propagación y defensa de la fe católica. Al primogénito Antonio la Iglesia le concedió la dignidad de Venerable y a su hermano, Mamés, la de Beato.

La intensa historia de esta villa ha dado como fruto un rico folklore y unas viejas y arraigadas tradiciones, convertidas a lo largo del tiempo en alegres romerías o solemnes celebraciones religiosas, que los calegoranos celebran, unas con desbordante alegría y otras con intensa devoción.

Los viajeros aficionados a los acontecimientos populares que visiten Caleruega, podrán disfrutar de la fiesta de San Sebastián, patrono del pueblo, que tiene lugar el sábado y domingo siguientes al 20 de enero, con comida popular incluida, servida por los mayordomos de la Cofradía de San Sebastián. Las fiestas de las Candelas y de Santa Águeda, el 5 de febrero, con procesión de la Virgen de las Candelas, seguida de bailes típicos populares, en las que las calegoranas son las principales protagonistas. En el mismo mes de febrero, el día 28 tienen lugar las Marzas, en las que las calles del pueblo se llenan de hogueras para despedir al crudo invierno y dar la bienvenida a la cercana primavera, lo que supone el reemprender las abandonadas labores del campo. El tercer domingo de abril tiene lugar la romería del Castro o del Santito, en la que se repite el camino que se supone hacía Santo Domingo siendo niño, cuando iba a rezar a la ermita de la Virgen del Castro, situada a unos 15 kilómetros en el pueblo de Peñalba de Castro, junto a las ruinas de la ciudad romana de Clunia. La imagen del Santito es portada a hombros por los recién casados del pueblo; la primera parada, para descansar y reponer fuerzas, se hace en Arauzo de Torre, para seguir después hasta las ruinas de Clunia, donde se celebra una popular y animada comida campestre, en la que abundan los platos típicos de la zona, regados con los ricos vinos de la tierra, a los postres suele aparecer la tradicional y sabrosa leche frita. Una vez rendida visita a la Virgen, se inicia el regreso, con parada nuevamente en Arauzo de Torre, para merendar y hacer la despedida. El 30 de Abril se celebran las Mayas, en la que los mozos solteros alzan un pino en la plaza, entre el bullicio y la alegría del resto del pueblo, en especial el de las mozas.

Una vez pingado el pino, continua la fiesta entre cánticos y bailes y algún que otro tiento a la bota. El 15 de Mayo se saca en procesión la imagen de San Isidro Labrador. Durante los meses de estío, el 10 de julio tiene lugar por las calles del pueblo una representación medieval, en la que se rememora la concesión a la villa, en el año 1256, por parte del rey Alfonso X, del privilegio rodado por el que la abadesa del convento se convertía además en la Señora de la villa. Entre el 7 y el 18 de agosto tienen lugar las festividades de Santo Domingo, patrón de la provincia, su madre, la beata Juana de Aza y su hermano, el beato Mamés, a las que acuden las autoridades civiles y eclesiásticas de la provincia, que les rinden homenaje rezando unidos el Santo Rosario que inventara el santo calegorano, sustituyendo los 150 salmos de la antigua liturgia por otras tantas Avemarías. Otra de las fiestas más populares es la de las Machorras, que se celebra el 31 de octubre, como despedida del ya lejano verano: consiste en una cena popular a base de carne de oveja machorra, acompañada de pan y de vino, a la que asisten todos los vecinos que, una vez bien cenados, prorrumpen en sentidos cánticos populares.

Para los viajeros que deseen prolongar su estancia en esta histórica villa, remanso de paz conventual y placentero rincón de nuestra historia, Caleruega tiene atractivas ofertas de alojamiento y hospedaje, y también para disfrutar de una suculenta gastronomía tradicional burgalesa, en la que sobresalen los famosos cangrejos de río, el lechazo, los quesos, tiernos y curados, las morcillas, los chorizos y los embutidos del cerdo, sin que falte, claro está, el rico vino de sus viñas, y un largo etcétera, que convertirán su estancia en inolvidables sensaciones de felicidad.

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NOTAS: 

(1)  Los collazos solariegos eran colonos libres, dueños de sus tierras, que tenían derecho a elegir a su señor.

(2)  La palabra Alfoz se deriva del árabe Al-hawz, que quiere decir distrito rural.

(3)  El Monasterio de Santo Domingo el Real de Madrid fue fundado por los dominicos Pedro de Madrid y Suero Gómez a comienzos del siglo XIII y estaba destinado a acoger a las religiosas dominicas. Estaba situado en el corazón de la villa, en el lugar que actualmente se conoce como Plaza de Santo Domingo; fue derribado a finales del siglo XIX, construyéndose uno nuevo en la calle de Claudio Coello. En su primitivo claustro se encontraban los sepulcros del rey Pedro I de Castilla el Cruel y su hija, la infanta Doña Constanza de Castilla. Los restos del rey burgalés fueron trasladados a la catedral de Sevilla, excepto su estatua yacente, que se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional. El sepulcro de Doña Constanza se encuentra también en el mismo museo.

(4)  Doña Juana de Aza nació en el castillo de Aza el año 1135, hija de D. García Garcés, Alférez Mayor de Casttilla y su esposa Doña Sancha Pérez, casó hacia 1160 con D. Félix de Guzmán, señor de Caleruega, con el que tuvo tres hijos, el Venerable Antonio, el Beato Mamés y Santo Domingo de Guzmán. Muríó en el 1205 y fue enterrada en la iglesia parroquial de San Sebastián; posteriormente sus restos fueron trasladados a la iglesia de Peñafiel. El día 1 de Octubre de 1821 el papa León XII la declara Beata.

(5)  Domingo de Guzmán se ordenó sacerdote en Palencia, para pasar después como canónigo la Diócesis de Osma, regida por el obispo D. Diego de Acebes.

(6)  Mamés de Guzmán y Aza nació en el año 1168, ordenado sacerdote ingresa en el Monasterio cisterciense de Gumiel de Izán. En el año 1217 marcha a París para incorporarse a la Orden de Predicadores, que su hermano Domingo acababa de fundar. Murió en Caleruega en el 1234, siendo enterrado en el Monasterio de San Pedro de Gumiel de Izán. Fue beatificado por el papa Gregorio XVI el 2 de julio de 1834. 

Paco Blanco, Barcelona, abril 2014

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