HÉROES BURGALESES EN LA GUERRA DE CUBA (I). EL GENERAL SANZ PASTOR HÉROE DE SAN ULPIANO. -Por Francisco Blanco-

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El 10 de febrero de 1878 se firmaba con los insurrectos cubanos la Paz de Zanjón, que ponía fin a una guerra de 10 años entre cubanos y españoles, conocida también como la “Guerra Grande”. La falta de unidad, la indisciplina y el cansancio, habían hecho mella en las tropas mambisas, circunstancias que aprovechó el general Martínez Campos, por entonces Capitán General de Cuba, para ir minando la moral del llamado “Ejército Libertador”, hasta conseguir su rendición.

Sin embargo, este final victorioso para las armas españolas se vio empañado por la importante debacle que, tan sólo unos días antes, había sufrido en la acción militar de San Ulpiano el famoso y laureado Batallón de cazadores San Quintín nº 11, mandado por el coronel burgalés Pascual Sanz Pastor, a cuyas órdenes, como 2º jefe, también combatía otro burgalés, el comandante Fidel Alonso de Santocildes.

El 6 de febrero, el general mambís Antonio Maceo Grajales, al frente del último contingente de tropas insurgentes que seguían combatiendo en la Provincia Oriental, tendieron una emboscada a una columna española, dirigida por el citado coronel Sanz Pastor, obligándola a refugiarse en el alto de San Ulpiano, donde se hizo fuerte, dando comienzo una tenaz resistencia, que se prolongó durante tres días, con sus respectivas noches, durante los que tuvieron que soportar las feroces y continuadas acometidas mambises, que fueron diezmando los efectivos españoles, pero sin lograr que se rindieran, a pesar de su superioridad numérica, que les permitía atacar en oleadas y de que la distancia entre los contendientes apenas llegaba a los 50 metros. Finalmente, la valerosa acción del corneta Cayetano Fernández, que en la noche del día 7 se ofreció voluntariamente a intentar cruzar las líneas enemigas en busca de refuerzos, consiguiendo llegar al destacamento de La Caoba, de donde salió una columna, al mando del teniente coronel Valenzuela, que el día 8 consiguió romper el cerco y dispersar las fuerzas atacantes, pudiendo los escasos sobrevivientes del Batallón llegar al campamento de Floridablanca, después de sufrir, entre muertos y heridos, más de 200 bajas. Tan sólo 80 de los hombres que integraban el Batallón, muchos de ellos con heridas de bala, y todos al borde del desfallecimiento, pudieron entrar en el campamento de Floridablanca, donde fueron recibidos con honores militares.

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Unos meses después de esta heroica gesta, el 11 de agosto de 1878, el general Martínez Campos, Capitán General de la isla de Cuba, leía ante la formada guarnición del cuartel general de La Habana la orden del rey D. Alfonso XIII, concediendo al Batallón de San Quintín su segunda Corbata de la Real y Militar Orden de San Fernando. Al finalizar la lectura, el general Martínez Campos desmontó de su caballo y, en medio de un sepulcral silencio, ciñó la Corbata a la bandera del Batallón, al tiempo que orgullosamente exclamaba: Su Majestad el Rey ha tenido a bien condecorar a este batallón con la Corbata de San Fernando. ¡Yo, en su nombre, la cuelgo de su bandera! ¡Soldados, Viva España! ¡Viva el Rey!

Pascual Sanz Pastor había nacido el año 1843 en Zazuar, un pequeño pueblo de la Ribera del Duero muy cercano a Aranda de Duero, ingresando como cadete el año 1860 en la Academia de Infantería de Toledo, de donde salió tres años después con el grado de subteniente. El Ejército español en las Antillas fue uno de sus primeros destinos, pues en 1864 tomó parte en la campaña de Santo Domingo (1), pasando a Cuba una vez finalizada. En 1870, luchando contra los insurgentes cubanos fue herido dos veces, lo que le valió el ascenso a capitán y la concesión de la Cruz del Mérito Militar de 1ª clase. Su salud se resintió, por lo que en 1872 fue enviado a la Península, donde tras unos meses de convalecencia y recuperación, le tocó participar en la 3ª Guerra Carlista con el II Batallón del Regimiento de Infantería de América nº 14, actuando contra las partidas carlistas que operaban por Cataluña, siendo herido por tercera vez y alcanzando el grado de teniente coronel por méritos de guerra, siendo también condecorado por su valerosa actuación personal con la Cruz Roja del Mérito Militar de 2ª clase. También participó, formando parte del Regimiento de Infantería Luchana nº 28, en el levantamiento del sitio de Bilbao, acción por la que la I República española le concedió la Medalla de Defensa de Bilbao y el ascenso al empleo de coronel, nuevamente por méritos de guerra. Pasó después a luchar contra los carlistas navarros, resultando nuevamente herido en el frente de Viana, por lo que se le concedió una Cruz Roja del Mérito Militar de 2º clase. Su última acción en la guerra carlista fue para levantar el bloqueo de Pamplona, lo que le valió la concesión de la Encomienda de Carlos III.

En 1876, este laureado coronel solicita su regreso a Cuba, donde vuelve al combate, esta vez a las órdenes del general Martínez Campos, poniéndose al frente del Batallón de San Quintín, una fuerza de élite que se había hecho famosa por sus valientes actos de guerra. Su valerosa actuación en la citada defensa de San Ulpiano le valió el ascenso a General de Brigada y la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando (2).

Su brillante carrera militar continuó en la Península, donde ejerció diferentes cargos en Valencia y Castilla la Nueva, siendo nombrado en 1887 Gobernador militar de Logroño. En 1890 alcanza el empleo de General de División, siendo nombrado Comandante General del Distrito Militar de las Provincias Vascongadas, pasando en abril de 1893 a ser el 2º cabo de la Capitanía General de Burgos. Su muerte se produjo en la capital burgalesa el 30 de agosto de este mismo año, siendo Capitán General interino de Burgos y su Región militar. La lista de las numerosas condecoraciones a las que el general Sanz Pastor se hizo acreedor gracias a su valor y su genio militar, se completan con la Cruz sencilla de San Hermenegildo, la Placa de San Hermenegildo y, poco antes de su muerte, la Gran Cruz de San Hermenegildo.

En la ciudad de Burgos hay una calle con su nombre, que mantiene viva la memoria de tan ilustre militar burgalés.

NOTAS:

En 1861 el primer presidente de la República Dominicana en 1844, Pedro Santana, firmó un pacto con el Gobierno de Isabel II, por el que se restablecía en la nación su antiguo estado colonial. Pero esta decisión causó un gran rechazo por parte de la oposición política de la isla, que en 1863 acabó provocando una sublevación armada contra el colonialismo español conocida como la “Guerra de la Restauración”, que finalizó en 1865 con el abandono de la isla por parte de las tropas españolas. En agradecimiento por su generoso gesto, la reina Isabel II nombró a Pedro Santana Marqués de las Carreras.

En Cuba, el 10 de octubre de 1978 también se rindió homenaje a la memoria de Antonio Maceo, declarando la acción de San Ulpiano como Monumento Nacional.

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