DOÑA PETRONILA CASADO “LA CIEGUECITA” Y EL CÍRCULO CATÓLICO DE OBREROS. -Por Francisco Blanco-

“Cerráronse sus ojos virginales

de este sol a los dulces resplandores,

cuando más puros eran los cristales,

cuando doquier miraba frescas flores.

Cerráronse a las dichas terrenales,

mas se abrieron del Cielo a los fulgores.

Flor al abrirse helada, no marchita…

Su pueblo la llamó «La Cieguecita».

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Contaba Doña Petronila 14 años cuando, una mañana del mes de diciembre, mañana cruda en la que el invierno había escrito duros mensajes sobre los vidrios de los balcones, salió de compras con una sirviente. Eran las vísperas de Navidad y la niña de Casado disfrutó mucho escudriñándolo todo con su inteligente mirada.

¡Ver! ¡ver! ¡qué delicia! De regreso sintió frío, un frío especial, penetrante.

Guardó cama todo el mes de enero y en febrero una tarde.
-Madre: ¿por qué ha cerrado usted tan pronto las maderas del balcón? Exclamó de improviso la enfermita.

-¡Hija mía, es que ya es de noche!-se apresuró a contestar la madre presa de mortal angustia.

Y en la habitación, la luz del día irradiaba esplendor”.

Así relata la escritora burgalesa María Cruz Ebro en sus “Memorias de una burgalesa” como comenzó la cruel enfermedad que dejó ciega y postrada a la joven Petronila Casado Pardo para el resto de sus días, a pesar de los esfuerzos que su familia realizó para atajar su mal, acudiendo a la consulta de los más notables especialistas de toda España, e incluso haciendo venir de Alemania al más afamado de sus doctores. Pero no hubo nada que hacer, a la ceguera siguió una parálisis progresiva que dejó a la infortunada jovencita totalmente incapacitada. Su padre, su madre, sus hermanos y ella misma aceptaron con resignación cristiana aquella desgracia, que achacaron a los misteriosos designios de la Divina Providencia. El resto de su vida lo pasó inmóvil sobre su silla de ruedas, pues tan solo acertaba a colocar alternativamente una mano sobre otra. En esta postura fue retratada por el joven pintor burgalés Marceliano Santamaría Sedano, sobrino y protegido de su consejero espiritual, el canónigo D. Ángel Sedano.

Petronila había nacido en Burgos el 11 de mayo de 1860 y era la menor de los ocho hijos de Doña Juliana Pardo Alcalde y D. Policarpo Casado y Lostau, un destacado prohombre burgalés, que había conseguido acumular una considerable fortuna, hasta el punto de haberse convertido en el mayor contribuyente de toda la provincia. Se trataba de una familia profundamente católica, de arraigados sentimientos religiosos y muy devota.

Debido a la delicada salud de la joven Petronila, su esmerada educación corrió a cargo de diferentes profesores particulares, ocupándose de su formación religiosa un beneficiado catedralicio, el canónigo D. Ángel Sedano, que también fue su confesor y consejero; persona muy conocida e influyente dentro del clero burgalés, dedicado también a impulsar las actividades sociales que por entonces desarrollaba la Iglesia Católica entre los obreros, con objeto de neutralizar los avances del marxismo y el comunismo, considerados como focos de perdición y enemigos de la fe cristiana.

Esta doctrina social de la Iglesia la inicia el sacerdote alemán Federico Grote, promotor de los “Círculos de Obreros”, creados para mejorar las condiciones de vida de los obreros y sus familias, que alcanzaron una gran implantación en países como Ecuador y Argentina y que pasaron a ser los “Círculos Católicos de Obreros” a raíz de la encíclica “Rerum Novarum”, promulgada por el papa León XIII el 15 de mayo de 1891, en la que se instaba a la Jerarquía Católica y a todos los Gobiernos a preocuparse más intensamente de las clases trabajadoras, concediéndolas el derecho a unirse o sindicarse, pero siempre dentro de un marco corporativo que regulase las relaciones entre los trabajadores, las empresas, la Iglesia y el Estado.

De esta manera se establecía por vez primera la llamada Doctrina Social de la Iglesia, de la que se derivarían los sindicatos católicos, en oposición a los llamados sindicatos libres o de clase. En España el gran impulsor de los Círculos Católicos fue el jesuita Antonio Vicent, gracias a cuya labor a finales del siglo XIX habían alcanzado una gran difusión, llegando a constituirse hasta 168 Círculos con más de 45.000 afiliados, aunque el proyecto de sindicatos mixtos no llegó a cuajar hasta 1919, en que se crea la Federación de Sindicatos Católicos, de carácter puramente confesional.

En Burgos, las autoridades eclesiásticas pusieron en marcha un proyecto de sindicato católico, al que llamaron “La Conciliación”, inspirado en la doctrina de la Encíclica, que pretendía agrupar a patronos y obreros para que dirimiesen sus diferencias mediante el diálogo y los acuerdos, en los que, naturalmente, intervenía un consejero eclesiástico, pero rechazando de plano el recurso de acudir a la huelga. Finalmente, el proyecto se desestimó por falta de consenso entre las partes.

La joven Petronila, pese a sus graves incapacidades físicas, estaba dotada de una viva inteligencia, que se fue desarrollando con los numerosos libros que se hacía leer sobre temas religiosos, literarios y también políticos y sociales. Como también poseía una delicada sensibilidad, pronto se manifestaron sus inquietudes sociales, empezándose a preocupar por la forma de vida de las clases más modestas, es decir: los obreros. Tampoco tardó mucho en darse cuenta de las enormes carencias, materiales y de todo tipo, en las que se desarrollaba la vida de la clase trabajadora.

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Conocedora de la labor social que llevaba a cabo su consejero espiritual, apoyada y aconsejada también por su hermano Julián (1), abogado y político como su padre, que igualmente sentía preocupaciones sociales, decidió dedicar su vida, su fortuna y su esfuerzo personal a las obras de beneficencia.

En la lectura de la encíclica “Rerum Novarum”, del papa León XIII, encontró la argumentación cristiana que necesitaba para dar más solidez a su proyecto de crear una institución de carácter altruista y con fines benéficos, que propiciara el ahorro obrero, como primer paso obligado para conseguir una mínima autonomía económica y su total integración la sociedad católica.

“El que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del género humano no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada. Pues se dice que Dios dio la tierra en común al género humano no porque quisiera que su posesión fuera indivisa para todos, sino porque no asignó a nadie la parte que habría de poseer, dejando la delimitación de las posesiones privadas a la industria de los individuos y a las instituciones de los pueblos. Por lo demás, a pesar de que se halle repartida entre los particulares, no deja por ello de servir a la común utilidad de todos, ya que no hay mortal alguno que no se alimente con lo que los campos producen. Los que carecen de propiedad, lo suplen con el trabajo; de modo que cabe afirmar con verdad que el medio universal de procurarse la comida y el vestido está en el trabajo, el cual, rendido en el fundo propio o en un oficio mecánico, recibe, finalmente, como merced no otra cosa que los múltiples frutos de la tierra o algo que se cambia por ellos”.

“Si el obrero percibe un salario lo suficientemente amplio para sustentarse a sí mismo, a su mujer y a sus hijos, dado que sea prudente, se inclinará fácilmente al ahorro y hará lo que parece aconsejar la misma naturaleza: reducir gastos, al objeto de que quede algo con que ir constituyendo un pequeño patrimonio. Pues ya vimos que la cuestión que tratamos no puede tener una solución eficaz si no es dando por sentado y aceptado que el derecho de propiedad debe considerarse inviolable. Por ello, las leyes deben favorecer este derecho y proveer, en la medida de lo posible, a que la mayor parte de la masa obrera tenga algo en propiedad. Con ello se obtendrían notables ventajas, y en primer lugar, sin duda alguna, una más equitativa distribución de las riquezas”. (De la Encíclica “Rerum Novarum”)

El 15 de abril de 1883 el canónigo beneficiado de la Catedral, D. Ángel Sedano, bajo los auspicios del arzobispo D. Saturnino Fernández de Castro, como Presidente honorario, había fundado el Círculo Católico de Obreros de Burgos, una asociación de católicos dedicada a la Beneficencia y sin ánimo de lucro. En principio estaba integrada por 794 socios, todos ellos modestos artesanos y pequeños comerciantes, cuya primera sede se instaló en los bajos del Palacio de Castilfalé, situado en la calle de Fernán González, propiedad de la ilustre familia burgalesa de los Jalón. En octubre del mismo año se inició su actividad, inaugurando una Escuela de Artes y Oficios con destacados profesores procedentes de la Academia de Dibujo del Paseo del Espolón; también se pusieron en marcha clases nocturnas para adultos y una escuela de música con su propia coral.

El notable y constante aumento del número de socios experimentado por el Círculo desde el comienzo de sus actividades, fue la causa del traslado de su sede social a otros locales más amplios de la calle Vitoria, donde permaneció hasta que, en el año 1902, se trasladó a su actual emplazamiento en la calle de la Concepción. Se trataba de unos modernos pabellones destinados a escuelas para los hijos de los obreros, edificados por el notable arquitecto D. Vicente Lampérez, bajo el patronazgo y la ayuda financiera de Doña Petronila Casado. Con este motivo, en el año 1903 se constituye el primer Consejo de Gobierno, en el que ella se niega a participar, formado por el arzobispo Fray Gregorio María de Aguirre como presidente de honor; D. Valentín Jalón como presidente efectivo, apareciendo en escena el jesuita P. José María Salaverri, que se hace cargo de la dirección espiritual, dando un merecido descanso a su fundador, D. Ángel Sedano, que había sido el alma de la entidad hasta entonces y que pasa a ser Director Honorario. A partir de aquí es el padre Salaverri el que en realidad toma las riendas del Círculo, dedicándose de inmediato a reorganizar su actividad, ampliando su campo de acción social y ampliando también el número de socios, entre los que comienzan a inscribirse patronos, pequeños propietarios y algunos destacados profesionales. En 1908 estos cambios en la composición de su base social obligan a efectuar una nueva reforma de sus Estatutos y Reglamento, en cuya redacción colabora activamente Doña Petronila y que son aprobados por el arzobispo D. Gregorio María Aguirre, confirmándose al Padre Salaverri en su puesto de Director Espiritual. El principal objetivo de estos nuevos estatutos, cumpliendo plenamente con los deseos de su benefactora, consistía en desarrollar al máximo la doctrina social de la Iglesia, contenida en la Encíclica “Rerum Novarum”, que la había marcado claramente el camino a seguir. El encabezamiento de dichos Estatutos decía lo siguiente:

“El fin del Círculo Católico de Obreros de Burgos es mejorar moral y materialmente a sus asociados, elevando su grado de educación y cultura, y procurando su bienestar económico mediante la creación, desarrollo y perfeccionamiento de prácticas, organismos e instituciones que tiendan:

1º A iniciar, ampliar o completar la educación e instrucción primaria, elemental y superior; social, profesional, artística y religiosa de los obreros y sus familias.

2º A fomentar entre ellos el espíritu y prácticas de previsión, mutualidad, solidaridad, cooperación y ahorro.

3º A facilitarles consejo y protección moral y material en los casos necesarios, asegurándoles así su independencia en el orden económico, y el

libre ejercicio de sus derechos”.

Poco después, el proyecto social que concibiera Doña Petronila se cumpliría plenamente: el día 19 de marzo de 1909, festividad de San José Artesano para la Iglesia Católica, bajo su advocación se funda la Caja de Ahorros y Monte de Piedad del Círculo Católico de Obreros de Burgos, cuya sede social y oficinas se instalan en el mismo edificio de la calle Concepción. El fin de esta nueva Institución benéfica consistía en recoger los ahorros de los obreros, a partir de una peseta de imposición, a los que se aplicaba un interés del 3%, reservándose una pequeña parte de este interés para hacer frente a los gastos administrativos y de mantenimiento. También se dispusieron libretas de ahorro infantil para que los hijos de los obreros pudieran guardar sus pequeños ahorros.

En esta nueva etapa de la Entidad, a través de cuotas, subvenciones y donaciones particulares, se ponen en marcha numerosas obras de tipo cultural y social, tales como Escuelas de Hogar, Bibliotecas, Círculos de Estudios masculinos y femeninos, Conferencias para la formación moral y religiosa, Cajas de Jubilación y de asistencia a los enfermos, Escuelas de Arte Dramático y los Sindicatos Profesionales de Obreros y Obreras Católicos.

En el año 1910, gracias al impulso económico de Doña Petronila y de otro gran benefactor burgalés, el recientemente fallecido D. Andrés Martínez Zatorre, que había dejado un legado de 138.000 pesetas, se pone en marcha la Constructora Benéfica de casas baratas y el 13 de febrero se procedía a poner la primera piedra de las 32 primeras viviendas que se iban a construir en régimen de alquiler, destinadas a obreros miembros del Círculo, Estaban situadas en el barrio burgalés de San Zoles.

La ceremonia, a la que acudieron numerosos burgaleses, estuvo presidida por las máximas autoridades civiles y eclesiásticas, siendo el nuevo arzobispo, D. Benito Murúa López, en su calidad de Presidente honorario, el encargado de dar la primera paletada a la obra y pronunciar el discurso de inauguración, en el que destacó la importancia de la obra social que se inauguraba, alabando las grandes virtudes cristianas que poseían los dos altruistas benefactores que la habían propiciado; también se dirigió a los obreros allí presentes, entre los que se encontraban los futuros inquilinos de las viviendas, a los que recalcó que con estas casas y las futuras los obreros verían alejarse la sombra amenazadora de los sin hogar, pudiendo, a partir de ahora, llevar una vida digna junto con sus familias, en el seno de la comunidad cristiana; acabó su panegírico discurso con las siguientes palabras: “En estas casas seréis semi propietarios y solo cuando los vicios se enseñoreen de vosotros os arrojarán de ellas”. Todos los allí congregados, incluidos los obreros, aplaudieron con entusiasmo las palabras del Arzobispo.

El 21 de mayo de 1911, en un solemne acto que estuvo amenizado por la banda de música del Regimiento de la Lealtad, se procedió oficialmente a la entrega de las 24 primeras viviendas de esta barriada obrera. En primer lugar, el presidente del Círculo Católico de Obreros, D. Valentín Jalón Gallo, procedió a descubrir el monumento en honor de D. Andrés Martínez Zatorre, al tiempo que pronunciaba unas palabras elogiando su persona y su obra, gracias a la cual se habían podido construir aquellas casas que ahora se entregaban. Acto seguido, el arzobispo D. Benito Murúa López, revestido de pontifical, bendijo la barriada y entregó las llaves de las viviendas a los veinticuatro afortunados obreros que iban a ser sus inquilinos. Cada vivienda unifamiliar disponía de tres amplias habitaciones, más el comedor, una espaciosa cocina, lavabo y una pequeña zona ajardinada a la entrada. Su construcción había costado unas 6.000 pesetas y el alquiler mensual era de 8 pesetas.

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Desde una amplia tribuna asistieron al acto diversas autoridades e invitados, entre los que se encontraba Doña Petronila Casado, la otra gran impulsora de la Constructora Benéfica y de toda la obra social del Círculo.
A pesar de que sus apariciones públicas eran muy escasas, debido principalmente a que su inmovilidad física se lo impedía y también a su personal modestia, poco propicia a los halagos y los aplausos, su labor y su figura eran muy conocidas y alabadas por los burgaleses, que la habían convertido en un personaje muy popular, al que se referían con el cariñoso apodo de “la cieguecita”.

A nivel oficial también recibió numerosos homenajes de admiración y agradecimiento por la extraordinaria labor de beneficencia que había llevado a cabo, que tantos beneficios reportó a la ciudad. El 7 de noviembre de 1902 el alcalde D. Antonio Zumárraga, con el apoyo del pleno de la Corporación, solicitó al Gobierno del recién entronizado D. Alfonso XIII, premiase su labor concediéndola la Cruz de la Orden de D. Alfonso XII. También se acordó por unanimidad nombrarla Hija predilecta de la ciudad de Burgos.

La noticia del fallecimiento de Doña Petronila Casado, ocurrido el 16 de marzo de 1915, causó una gran conmoción en la capital burgalesa, en la que era una persona muy popular y querida por su generosa entrega a las obras de beneficencia, desarrolladas gracias a las aportaciones de su fortuna personal, que habían servido para construir casas y escuelas destinadas a los obreros burgaleses y sus familias. Un gran número de burgaleses de todas las clases sociales se agrupó en las inmediaciones de su casa en la calle Laín Calvo, para manifestar las muestras de dolor por la muerte de su benefactora. El Diario de Burgos, en la reseña de su defunción, la dedicó el siguiente soneto:

¡Ya se abrieron tus ojos! Ya en el cielo
ves la luz que sus órbitas buscaron,
la luz por quien gustosos se cerraron
a cuantas hermosuras tiene el suelo.

Rasgóse de la noche el triste velo,
los rayos del eterno sol brillaron
y en su lumbre infinita reflejaron
cuanto ver deseó su amante anhelo.

En ellos ves a la ciudad querida.
La que honrará piadosa tus despojos,
la que en ti veneró la mujer fuerte.

¡Sean como los tuyos nuestros ojos!
Ciérrense a los encantos de la vida,
para que se abran al llegar la muerte.

En enero de 1931 el Ayuntamiento de Burgos dedica una calle a su memoria, en la que, el año 1941, se coloca una lápida costeada por suscripción popular.

NOTA:

D. Julián Casado, además de importante abogado fue alcalde de Burgos entre 1877 y 1879 y senador en los años 1885, 1891 y 1896. Murió prematuramente el año 1897.

Paco Blanco, Barcelona octubre 2014

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CALLE PETRONILA CASADO EN LA CIUDAD DE BURGOS

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Una respuesta a “DOÑA PETRONILA CASADO “LA CIEGUECITA” Y EL CÍRCULO CATÓLICO DE OBREROS. -Por Francisco Blanco-

  1. Buenas tardes,

    Una entrada muy interesante, como todas las que publicáis.
    Importante la obra para la ciudad, que se llevó a cabo con esos dineros.
    Me ha gustado, viajar tan fácilmente – sólo mirando la fotografía -, hasta esa calle Petronila Casado, que de forma virtual y gracias a vosotros pude recorrer con el enlace que dejabais en un post anterior.
    Agustín Merino, en su libro ‘Veinticuatro mil días en Burgos’, dedica las páginas 105-106 a LA CIEGUECITA,
    Y también recoge el poema “Cerráronse los ojos virginales” escritos por Martín Garrido, y que colocáis al inicio.
    Copio unos fragmentos, de ese capítulo:
    “Víctima de una enfermedad, entonces llamada “gota serena”, quedó ciega y paralítica a los 14 años’
    […]A la mansión de D. Julián Casado se entraba por Laín Calvo y a La Flora tiene un balcón corrido artístico y un larguísimo pasillo.
    […]Recuerdo también que el piso tercero de esa casa, tenía un loro, muy amaestrado que cantaba hasta Motetes religiosos, y en los bajos de esa casa estaba el Sr. Fabriciano que tenía maquinaria agrícola, y una tienda de espartería, y cordelería.
    […]El Ayuntamiento otorgó a Doña Petronila, el título de “Hija Predilecta de la Ciudad”, y el pueblo la llamó “Madre de los Obreros”, dando nombre a una céntrica calle actual.”

    Saludos

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