1943: EL REGIMEN CELEBRA EL MILENARIO DE CASTILLA. -Por Francisco Blanco-

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“Mil años ya, Castilla, madre mía,

y tu frente de reina persevera

tan niña y tan clara como el primer día,

cuando a Santa María

rezabas desde el claustro de Valneras.

Castilla de la historia y geografía,

efímera del año y milenaria.

Castilla o Sobrespaña, en este día

a besarte venía

tu invisible mejilla planetaria”. 

Estos versos pertenecen al poema “Castilla Milenaria”, que el poeta santanderino, Gerardo Diego, uno de los destacados miembros de la “Generación del 27”, escribió para conmemorar el “Milenario de Castilla”, que se celebró en Burgos y provincia durante los meses de agosto y setiembre de 1943.

En España se vivían los años triunfales que siguieron a la victoria militar de Franco, en los que había que reconstruir una imagen de España acorde con las doctrinas del salvador Movimiento Nacional, en las que abundaban viejas resonancias imperiales, que identificaban la grandeza de la milenaria Castilla con la gloria de la nueva Sobrespaña que iba a surgir del Nuevo Régimen.

En realidad, la idea de la celebración del milenario nació en el seno de la Vicesecretaría de Educación Popular, un organismo de Falange creado en 1941, dependiente de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda, cuya misión era doble, por un lado ejercía el control y la censura de todos los medios sociales de comunicación: prensa, radio, cines, libros, celebraciones populares, conferencias etc. y, por el otro, se encargaba de insertar en dichos medios toda clase propaganda ensalzando las excelencias del franquismo y las virtudes de sus dirigentes. Se trataba de consolidar el régimen franquista, partiendo de la “hora cero” que significó la victoria de 1939, para lo cual había que borrar para siempre el recuerdo de la República y su pluralidad democrática, implantando en su lugar una idea monolítica del concepto España, inmovilista e impermeable, destinada exclusivamente a colmar las aspiraciones políticas de los dirigentes del Nuevo Estado, para lo cual no dudaron en poner la historia de Castilla a su servicio.

Con este objetivo, en setiembre de 1943 la ciudad de Burgos, que había ostentado durante los años de la contienda la capitalidad de dicho Nuevo Estado, se convirtió en un magnífico escenario para la representación histórica del “Milenario de Castilla”, a la que asistieron desde las primeras filas sus más conspicuos representantes, civiles, militares y religiosos, encabezados por el general Franco, su nuevo e invicto Caudillo, tan solo comparable a aquel legendario burgalés, llamado Fernán González, o a aquel invicto guerrero, llamado Rodrigo Díaz de Vivar.

De nuevo Castilla, al igual que ocurriera con los “Regeneracionistas” del 98, se convirtió en el instrumento espiritual para dotar a España de una nueva identidad nacional, esta vez al más puro estilo fascista, bendecida por el nacional-catolicismo. La celebración del “Milenario de Castilla” debía de ser, en consecuencia, el impulso definitivo del nuevo renacimiento español.

Durante los años de la guerra, Burgos, como capital de la zona rebelde, tuvo la responsabilidad de mantener y fomentar la moral de la retaguardia, razón por la cual se prodigaron por sus calles los desfiles militares de carácter patriótico y en sus templos y conventos las misas y las rogativas colectivas, junto con otros actos políticos de carácter propagandístico. Cuando, tras la victoria final, en abril de 1939, los vencedores volvieron a trasladar el Gobierno a Madrid, el ajetreo cesó y la capital burgalesa retornó a la antigua placidez y monotonía de la vida de una pequeña ciudad provinciana, con el desencanto y la decepción de la clase dirigente local, que vio como se disipaban sus aspiraciones políticas. Por eso, la idea de la celebración del milenario, que ya había sido apuntada por el falangista cántabro Víctor de la Serna en 1938, fue acogida con entusiasmo por parte de la falange local burgalesa y el resto de los dirigentes, que vieron en ella la oportunidad de volver al primer plano de la actualidad política y recuperar parte del pasado prestigio, por lo que en febrero de 1943 se apresuraron a crear una Comisión Organizadora que se pusiera a elaborar el programa de los festejos, que debían de ser de gran repercusión nacional. Al frente de dicha comisión se puso el propio alcalde de Burgos, Aurelio Gómez Escolar, abogado y destacado falangista, que había tomado parte en la guerra con el grado de teniente. De su equipo municipal incorporó a Lucas Rodríguez Escudero, Presidente de la Comisión Municipal de Gobierno; Juan José Fernández-Villa y Dorbe, Secretario Municipal; Gonzalo Díez de la Lastra, Archivero del Ayuntamiento; Eloy García de Quevedo, Cronista de la ciudad; Luciano Huidobro, Cronista de la provincia.

De otras instituciones se integraron Pedro Avellanosa, diputado provincial y procurador en Cortes; el canónigo Emilio Rodero, Deán del Cabildo catedralicio; el sacerdote Bonifacio Zamora Usábel, afamado poeta y Delegado en Burgos de la Vicesecretaría de Educación Popular; los coroneles Lorenzo García y Enrique Vera, en representación del Ejército, el poeta y periodista Andrés Ruiz Valderrama, por entonces redactor del Diario de Burgos y Eladio Escudero, jefe provincial de la obra social “Educación y Descanso”. También contó la comisión con el apoyo incondicional de la revista falangista “Escorial”, cuyo director era otro destacado falangista burgalés, José María Alfaro.

A medida que esta comisión iba avanzando en la confección del programa, en el que al principio se dio preferencia a destacar los valores locales, la figura del fundador Fernán González y la exaltación histórica de Burgos como “Caput Castellae”, se fueron ampliando los objetivos de la conmemoración, para lo que se dio entrada a altos personajes del Régimen, como el también burgalés Carlos Rodríguez de Valcarcel, jefe nacional del SEU (Sindicato Español Universitario) (1), procurador de las Cortes franquistas y Consejero Nacional de Falange, a través del cual, en el mes de mayo la Comisión Organizadora pudo entrar en contacto con la Jefatura del Estado, consiguiendo del Ministerio de Educación el apoyo oficial para poder llevar a término la celebración del Milenario, incluyendo la financiación necesaria.

A partir de este momento, con las puertas totalmente abiertas al aparato fascista del Régimen, la Delegación Nacional de Prensa, dirigida por el falangista “camisa vieja” Juan Aparicio, puso en marcha una intensa campaña de prensa promocionando el proyecto del Milenario por toda España. También, durante este mes de mayo, una delegación de la Comisión, integrada por el alcalde Gómez Escolar, el periodista José María Alfaro y Fray Justo Pérez de Urbel (2), monje de Silos, procurador en Cortes y Consejero Nacional del Movimiento, que se había unido al proyecto a última hora, tuvieron una entrevista personal con el Jefe del Estado, general Franco, quien les felicitó por el proyecto, prometiéndoles su presencia en los fastos conmemorativos.

También se recabó la colaboración de intelectuales de la talla de Ramón Menéndez Pidal, historiador y filólogo, que había vuelto del exilio para incorporarse a la nómina de los adictos al Régimen, adoptando, eso sí, una postura estrictamente academicista. Se le pidió que compusiera y leyera la conferencia inaugural del Milenario y su aceptación fue una especie de espaldarazo a los postulados de exaltación nacionalista, que los intelectuales falangistas “puros” querían que presidiesen el ámbito ideológico de la celebración. De los intelectuales “oficiales” de la Falange también prestaron su colaboración personajes tan notables como Ernesto Giménez Caballero, José María Pemán, Dionisio Ridruejo, Antonio Tovar y el ya citado Gerardo Diego.

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Por fin, las celebraciones del “Milenario de Castilla” dieron comienzo el 22 de agosto con una ceremonia celebrada en la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias, a la que solo acudieron los organizadores, precisamente ante el sepulcro del fundador “El Buen Conde Fernán González”, al que Giménez Caballero, en su exaltación ultranacionalista atribuyó todas las virtudes de la raza teutona, y bajo cuyo caudillaje se había construido Castilla, en una gesta que tenía notable parangón con la redentora cruzada del 18 de Julio de 1936. La ceremonia se selló con la celebración de una misa bajo el rito mozárabe, utilizado por los principales monasterios cristianos de aquellos siglos medievales, en los que guerreros y monjes luchaban juntos por conseguir la unidad de España. Antecedente claro, según el mismo Giménez Caballero, de la actual “Unidad de Destino en lo Universal”.

Finalizado el acto de Covarrubias, la comitiva se trasladó al Ayuntamiento de Burgos donde, desde uno de sus engalanados balcones, un heraldo ataviado con ropajes medievales anunció a los burgaleses allí reunidos la buena nueva de los fastos del Milenario, que iban a tener lugar entre los días 5 y 8 del próximo mes de setiembre. Burgos retrocedía mil años para reencontrarse de nuevo con su Historia.

En la calurosa tarde del 4 de setiembre, miles de burgaleses, a los que había que sumar un gran número de visitantes procedentes del resto de España, entre los que destacaban los más de dos mil jóvenes falangistas del “Campamento Sancho el Fuerte” de Pamplona, se apiñaban en sus engalanadas calles para aplaudir con entusiasmo la llegada del Caudillo, acompañado de un numeroso séquito en el que figuraban varios ministros y numerosos miembros de la jerarquía militar y eclesiástica que, después del triunfal recorrido por las calles de la ciudad, se dirigieron a la antigua residencia de Franco en el palacio de la Isla.

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En la mañana del día 5 los festejos se iniciaron con una solemne misa de pontifical celebrada en la Catedral, en la que Franco entró bajo palio, seguido de una numerosa corte ostentosamente uniformada para la ocasión. Fueron los oficiantes el cabildo en pleno, encabezado por el arzobispo de Burgos, Manuel de Castro y Alonso y el arzobispo de Toledo y primado de España, Enrique Plá y Deniel, que además era procurador en Cortes y Consejero del Reino y que había apoyado de forma incondicional, junto con otros altos jerarcas de la Iglesia, el golpe militar contra la República. La homilía corrió a cargo de otro ilustre invitado, el nuncio del papa Pío XII, monseñor Cicognani.

De esta forma, el aparato dirigente de la Iglesia Católica tendió nuevamente su mano protectora a aquel régimen surgido de una guerra civil, dando su bendición a toda aquella parafernalia fascista. Acto seguido, por las naves del templo catedralicio tuvo lugar una procesión de acción de gracias, integrada por las autoridades civiles, militares y religiosas allí presentes, que eran muchas.

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Por la tarde, en el campo Laserna, abarrotado por un numeroso y expectante público, tuvo lugar una multitudinaria representación medieval, en la que participaron más de 200 personajes ataviados con ropajes de la época y donde se vieron cabalgar caballeros medievales, lanza en ristre, practicando el milenario juego del bohordo; también hubo desfile de maceros, timbaleros y dulzaineros, ataviados con las vistosas dalmáticas; danzas populares y lectura de poemas del Romancero. Todo ello bajo el sol implacable de Castilla, que parecía encantado de animar con su resplandor aquel inusitado espectáculo.

Desde la tribuna de las autoridades presidieron la brillante representación el general Franco, su mujer y su hija. Les acompañaban un sinnúmero de autoridades, llegadas desde todas las provincias de España, para honrar con su presencia aquella histórica conmemoración. Entre los Ministros se encontraban el del Movimiento, José Luis Arrese; el de Educación, José Ibáñez Martín; el de Exteriores, Gómez Jordana; el de Obras Públicas, Alfonso Peña Boeuf; el de Justicia, Eduardo Aunós; el de Gobernación, Blas Pérez y otros muchos altos cargos del Ejército, la Iglesia y la Administración.

Para cerrar esta primera jornada triunfal, por la noche la Orquesta Municipal de Bilbao ofreció un concierto de gala en el Teatro Principal.

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Durante el día 6 tuvieron lugar unos Juegos Florales de los que fue Madrina de Honor la joven de 17 años, Carmen Franco Polo, también conocida por el cariñoso apelativo de “Nenuca”, hija única del Caudillo y su esposa Doña Carmen Polo. Comenzaron con la lectura, por parte de Ramón Menéndez Pidal, de su discurso “Carácter originario de Castilla”, en el que salieron a relucir las viejas esencias y virtudes del austero carácter castellano y su trascendencia en el posterior desarrollo de nuestra historia.

También, un numeroso grupo de falangistas, presididos por el Ministro Secretario General del Movimiento, José Luís Arrese, realizó una ofrenda floral ante la gran Cruz de los Caídos, erigida en la puerta del Sarmental de la Catedral, con mención especial a la memoria de José Antonio Primo de Rivera, el Gran Ausente, pero sin olvidarse de exaltar la figura salvadora del Caudillo, que junto con el Ejército y la Falange, formaban los tres pilares sobre los que se asentaba la unidad y la grandeza de la Nueva España.

Por su parte, el ministro de Educación Nacional José Ibáñez Martín, en una visita al Arco de Fernán González, construido en el siglo XVI, pronunció un discurso en el que declaró a Franco como el heredero de Fernán González, con quien le une su amor a Castilla y a España, que tan recientemente había asumido la transcendental tarea de defenderlas de sus seculares enemigos, para conducirlas después por las sendas del Movimiento y del Nacional Catolicismo.

Como no podía ser de otra forma, también fue ensalzada la no menos legendaria figura del Cid, el héroe burgalés y castellano por antonomasia, invicto guerrero implacable con los enemigos, pero siempre leal servidor de su señor natural, el rey de Castilla.
La Junta del Milenario acordó erigir una monumental estatua ecuestre en su honor al principio del puente de “los Trece Caballeros”, actual puente de San Pablo, enfrente del Teatro Principal y del Palacio de la Diputación. La obra fue encargada al notable escultor Juan Cristóbal y, tras algunas accidentadas peripecias, sería inaugurada diez años más tarde, en setiembre de 1953.
Por su parte, el Consistorio burgalés acordó por unanimidad nombrar “alcalde honorario” de Burgos al Jefe del Estado, general Franco, concediéndole al mismo tiempo la Medalla de Oro de la Ciudad.

Aparte de las ceremonias oficiales de carácter político-religiosas, cargadas de rituales propagandísticos, durante los días que duró la celebración del Milenario la ciudad de Burgos vivió en una continua fiesta popular, en la que no faltaron los desfiles por sus calles de los Danzantes y los Gigantones, encabezados por las populares figuras de los Gigantillos; las ferias de atracciones, los conciertos, las verbenas, los bailes, los fuegos artificiales y las corridas de toros; una de las cuales fue presidida por Franco y su esposa, acompañados, como siempre, por un nutrido grupo de jerarcas.

Los actos de la celebración del Milenario fueron ampliamente difundidos por toda la nación a través de los medios de difusión del régimen, especialmente por medio de la Red Nacional de Radiodifusión, e igualmente filmados por el Noticiario NO-DO, por lo que pronto fueron apareciendo en las pantallas de todos los cines españoles. También estuvieron presentes las cámaras de la Alemania nazi, que se ocuparon principalmente de filmar los actos oficiales.

El “Milenario de Castilla” fue, en definitiva, una cita entre el Medievo y el espectáculo de masas, en la que estuvieron presentes viejas y gloriosas efemérides históricas, cocinadas con rituales políticos al más puro estilo fascista. Los jerarcas del Nuevo Estado no dudaron en erigirse en “guardianes de la Historia”, depositarios de los destinos nacionales y guías en el presente caminar de nuestra patria ………”por el Imperio hacia Dios”.

NOTAS
• Además de Jefe Nacional del SEU, Carlos Mª Rodríguez de Valcárcel era el propietario del derruido Monasterio de San Pedro de Arlanza, fundado por el Conde Fernán González y centro religioso y cultural de aquella Castilla medieval. Durante las celebraciones del Milenario se iniciaron conversaciones entre Rodríguez de Valcárcel y el Ayuntamiento de Burgos, tanteando la posibilidad de la adquisición del Monasterio y sus terrenos por parte del municipio burgalés.

• Durante la estancia del Cuartel General de Franco en Burgos fue el director de la revista “Flechas y Pelayos” y asesor religioso y confesor de la Sección Femenina, instalada en el convento de las Clarisas y dirigida por Pilar Primo de Rivera. Desde 1958 fue el primer abad mitrado de la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

Paco Blanco, Barcelona, diciembre 2014

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Una respuesta a “1943: EL REGIMEN CELEBRA EL MILENARIO DE CASTILLA. -Por Francisco Blanco-

  1. Hola!
    Al autor enhorabuena por el artículo, bien documentado y, por qué no decirlo, con el sesgo que a mí me gusta. Ya está bien de hacer como que la Historia es neutral, aquí nunca pasó nada, nadie se enteró de nada y todo el mundo fue muy “güeno”.
    A Burgospedia, bravo por publicarlo y que siga así, creo que es algo que esta ciudad necesita.
    Un saludo.

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