POR LA RUTA DE LA LANA. -Los Arauzos- -Por Francisco Blanco-

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“….late un mastín en el hato,

tiembla una esquila lejana,

de los álamos del río

llega un sonido de plata….”

(Enrique de Mesa)

Nada más superar el otero del “Confín”, que marca la línea divisoria entre las provincias de Soria y Burgos, nos encontramos con Hinojar del Rey, la primera localidad burgalesa de la “Ruta de la Lana”; se trata de un pequeño lugar de realengo, perteneciente a la antigua Jurisdicción de Los Arauzos, una histórica comarca castellana situada entre la Sierra de la Demanda y la Ribera del Duero. Según el censo de 1834 pertenecía al partido de Aranda de Duero y estaba integrada por diez villas, un lugar y una aldea, todas ellas con jurisdicción de realengo, lo cual quiere decir que era únicamente el rey quien tenía la potestad de conceder el señorío de estas villas a un noble o eclesiástico de alto rango, bien fuera por venta o por merced personal del monarca. Las villas son: Arauzo de Miel, Arauzo de Salce, Arauzo de Torre, Arauzo de Valdearados, La Gallega, Quintanarraya, Huerta de Rey, Tubilla del Lago, Espinosa de Cervera y Valdeande; Hinojar del Rey es el lugar y Doña Santos la aldea.

Según el Censo de Vecindarios de la Corona de Castilla, también conocido como el Censo de los Millones, realizado en 1591 durante el reinado de Felipe II, incluía también Jaramillo de la Fuente y Riocavado de la Sierra, contando con 876 vecinos pecheros. Por su parte, el historiador burgalés D. Canuto Merino Gayubas nos lo describe así: “En 1.591 aparece Arauzo de Miel como cabeza de partido de los “Arauces o Arauzos”, que reúne catorce localidades y que suma 876 vecinos con más de 4.000 habitantes. Lo formaban: Arauzo de Miel, Arauzo de Salce, Arauzo de Torre, Baños de Valdearados, Doña Santos, Espinosa de Cervera, La Gallega , Jaramillo de la Fuente , Valdeande, Riocabado, Tubilla del Lago, Huerta del Rey, Quintanarraya e Hinojar del Rey”.

La “Ruta de la Lana” la utilizaban las cuadrillas de esquiladores manchegos para trasladarse hasta Burgos, la gran capital del comercio de la lana desde el siglo XIII, aprovechando las viejas calzadas abiertas por los romanos, en especial la que conducía a la cercana ciudad romana de Clunia, que fueron utilizadas posteriormente por los visigodos, pero poco mejoradas.

Durante la ocupación árabe, debido a la conflictiva situación política y militar de la franja sur del Duero, el desarrollo de la ganadería fue muy superior al de la agricultura por simples razones de movilidad: el ganado se podía trasladar de un sitio a otro y las tierras no, éstas había que defenderlas con las armas en la mano. Además, a medida que la reconquista cristiana iba avanzando hacia el sur, se iban quedando vacías grandes extensiones de tierras abandonadas, más aptas para el pastoreo que para el cultivo. Esta nueva situación de estabilidad favorece la revalorización del ganado y la aparición de los grandes propietarios, que no son otros que los grandes monasterios, la alta nobleza y los señores de los concejos que van apareciendo a lo largo del valle del Duero. Los dueños de las tierras se convierten también, de esta forma, en los dueños del ganado, al que hay que suministrar los mejores pastos, tanto en invierno como en verano, para lo cual es preciso movilizar grandes rebaños que recorren largas distancias.

Se van creando las distintas Mestas, origen de la trashumancia, que acaban impulsando las diferentes Agrupaciones de ganaderos. También los Concejos establecen acuerdos entre ellos, en los que se delimitan las tierras dedicadas exclusivamente al pastoreo y su aprovechamiento en común. Todos estos acuerdos dieron paso a un verdadero derecho tributario de hierbazgo, montazgo y portazgo, pero lleno de privilegios, fueros y exenciones, que fueron el origen de numerosos conflictos, alguno de los cuales, como el de Cuéllar con Peñafiel, acabaron en duros enfrentamientos armados.

En 1273 el rey de Castilla y León, Alfonso X el Sabio, procede a refundir las diferentes Mestas existentes creando un organismo institucional único, de carácter superior, al que denominó como el Honrado Consejo de la Mesta, con atribuciones sobre todos los ganados trashumantes y también sobre los caminos que estos recorrían en sus desplazamientos, es decir, las Cañadas Reales, de cuyo cuidado también se hizo cargo.

Los esquileos tenían lugar en complejos preparados para llevar a cabo el proceso del esquilado del ganado lanar trashumante que circulaba por las Cañadas Reales, y solían estar situados en las riberas de los ríos, para poder llevar a cabo las tres operaciones que requería la lana recién esquilada: apaleado, lavado y secado, que de esta forma quedaba lista para su comercialización en los diferentes mercados laneros. El tráfico final de la lana se centralizó en Burgos, de donde salía para los puertos cántabros de Laredo y Santander en un principio y, a partir del 1300, se añadió el de Bilbao, ciudad recién fundada por el burgalés Diego López V de Haro.

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Hinojar del Rey es una pequeña pedanía de apenas 75 habitantes, cuyos orígenes se remontan a los vacceos, según se deduce de los restos de cerámica encontrados en el Alto de Cuerno, el Salterio y el Alto Redondo, aunque parece muy probable que también anduvieran por allí los arévacos, supuestos fundadores de la primitiva Clunia y de Coruña del Conde. Fue romanizada hacia el año 75 a.C., posiblemente como consecuencia de los enfrentamientos entre Pompeyo y Sertorio. En el término conocido como La Serna, por el que atraviesa la vía romana que iba de Zaragoza a Astorga, se pueden encontrar restos que hacen pensar en la existencia de una villa romana con restos de baños, viviendas, esculturas y objetos de cerámica.

Esta vía fue utilizada por el Cid en su destierro y por las tropas napoleónicas durante su invasión de la Península. La cruza el río Arandilla y, poco antes de su confluencia con el Espeja, se alza el molino conocido como “El Corcho”. En las lindes de ambos ríos abundaron los apreciados cangrejos de río, actualmente desaparecidos, en su lugar, todavía se pueden pescar la trucha y el barbo.

Después de los romanos, a principios del siglo V, llegaron los visigodos, de los que, en el término conocido como “El Barranco”, se encuentra una necrópolis con 80 tumbas, conteniendo restos de metal, de cerámica y otros objetos domésticos, procedentes del ajuar con el que se enterraba a los difuntos.

Los árabes, a su paso por estas tierras, optaron por llevarse a sus habitantes, cristianos en su mayoría, hacia sus dominios de Al Andalus, dejando abandonadas sus propiedades y sus tierras, lo que propició que la cuenca del Duero se convirtiera en un baldío desierto, que llegaba desde San Esteban de Gormaz hasta Calahorra. La repoblación de esta extensa franja de terreno, lenta y llena de dificultades, la inició a principios del siglo X el conde burgalés Gonzalo Fernández y la continuó su hijo, el legendario conde Fernán González. La villa de Hinojar queda entonces dentro de la ruta que unía Córdoba y Toledo con Clunia, lo que la convertía en presa fácil de las periódicas aceifas de los árabes en busca de botín.

Eclesiásticamente, desde el reinado de Alfonso VIII pasa a formar parte de la Diócesis de Osma. La iglesia parroquial preside la vida de los hinojareños, consagrada a San Andrés, patrón del pueblo, con torre y una sola nave con ábside y una sacristía adosada, de estilo entre románico y gótico, con dos capillas y coro. Una de las capillas está consagrada a la Inmaculada y la otra a San Miguel, en esta se encuentra el sepulcro del Bachiller Lezama, personaje principal del siglo XV, sobre cuyo asesinato corre una leyenda; dentro del pueblo se puede ver la casa blasonada en la que vivió.

El día de San Isidro los hinojareños visitan la cercana ermita del “Cristo del Otero”, procediéndose a la bendición de los campos, seguida de un almuerzo popular. También sienten gran devoción por su patrona la Virgen de Buezo, cuya imagen se venera en una sencilla ermita situada a unos 3 kilómetros, a la que acuden en romería la víspera de la Virgen de la Asunción, en la que se la sacaba a pasear después de subastar las andas. Después de la misa en su honor tenía lugar una fiesta campestre de hermandad, con comida, juegos y bailes incluidos.

También a 3 kilómetros hacia el norte se encuentra el pueblo de Quintanarraya, en cuyo término se encuentran igualmente restos arqueológicos prerromanos, pues parece cierto que la primitiva ciudad arévaca de Clunia, antes de su romanización estaba construida sobre una cercana loma conocida como “Alto del Cuerno”. El Alfoz de Lara, al que pertenecía en la Edad Media, se empezó a repoblar a finales del siglo IX, a medida que se iban construyendo los castillos de la línea defensiva del Duero, como el cercano de Huerta del Rey, y los árabes se iban replegando hacia el sur. El origen de su nombre puede proceder del nombre de su fundador, Quintana Anaya, aunque también es posible que se deba a la quintana, o quinta parte del territorio que correspondía a los repobladores y la raya que marcaba la separación con otras quintanas. Lo que sí es cierto es que en el año 1043 el rey de León y conde de Castilla, Fernando I, hizo donación al Monasterio de San Pedro de Arlanza, que fundara Fernán González, de numerosas propiedades, entre las que figuraban Huerta del Rey, Espeja y Quintanarraya. En el año 1073, Alfonso VI hizo donación del pueblo a la abadía de San Sebastián de Silos, pasando a depender eclesiásticamente de la diócesis de Osma, hasta 1955 en que se incorporó a la archidiócesis de Burgos. Fue behetría de varios señores, como los Leiva, los Hurtado de Mendoza y los Guzmán, hasta que en el siglo XVI pasó a ser de realengo.

Actualmente el pueblo está enclavado en una llanura con abundancia de robles y encinas y rodeada por los ríos Arandilla y Dor, que confluyen a la salida del pueblo que, además, está atravesado por el Canal de los Molinos, cuyas aguas se habían destinado a hacer funcionar varios molinos. Su edificio más notable es la iglesia parroquial de San Pedro de Antioquía, de origen románico, pero que a lo largo del tiempo ha sido objeto de numerosas reconstrucciones, por lo que se pueden encontrar muestras de diferentes estilos tanto en su exterior como en su interior; sobresalen una pila bautismal románica, el retablo de la nave principal, de estilo plateresco, construido en el siglo XVII en honor de San Pedro, dos capillas laterales con estelas funerarias del siglo XVI y la torre, cuya última reconstrucción tuvo lugar a mediados del pasado siglo XX, en cuya parte superior se aprecia el escudo del obispo de Osma D. Pedro Álvarez de Acosta.

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A las afueras del pueblo se encuentra la ermita de Santa María, del siglo XVI, en cuyo interior se guarda la imagen de su patrona la Virgen de la Antigua, en cuyo honor tiene lugar durante el mes de mayo una romería con misa, procesión y fiesta popular incluida.

La historia de la cercana Peñalba de Castro está estrechamente ligada a la de Clunia, de hecho, las ruinas de la ciudad romana están dentro de su jurisdicción. Con la llegada de los árabes en el 712 queda prácticamente arrasada, convirtiéndose en tierra de nadie, en la que eran frecuentes la disputas entre moros y cristianos. Cuando Alfonso I de Asturias, aprovechando las disensiones surgidas entre árabes y bereberes, reconquista el territorio, se lleva a los cristianos mozárabes a sus dominios de León, dejando una extensa franja desierta, conocida como los Campos Góticos, que marcó la frontera entre moros y cristianos. Su repoblación no comienza hasta los tiempos del conde burgalés Gonzalo Fernández y su hijo Fernán González, ya en el siglo X. Peñalba de Castro se convierte entonces en una aldea bajo la protección del castillo de Clunia, a cuyo Alfoz se incorpora. En 1674 la reina Doña Mariana de Austria, esposa de Felipe IV, la concede el rango de Villa.

Las fiestas religiosas y populares de esta villa acostumbran a celebrarse en la ermita de la Virgen de Castro, que guarda una notable talla románica del siglo XIII. Cuenta la leyenda que el joven Domingo de Guzmán y su madre doña Juana de Aza, peregrinaban desde Caleruega para postrarse a rezar ante la Virgen. Actualmente, para rememorar la leyenda, el tercer domingo de abril tiene lugar una romería conocida como “El Santito”, a la que acuden gentes de diferentes pueblos de la comarca que pasean a hombros la imagen de Santo Domingo de Guzmán, aquel devoto niño que acabaría fundando y difundiendo por el mundo la Orden de los Dominicos, que también es el patrono de la provincia.

El día 8 de setiembre es la festividad de la Virgen de Castro, pero su celebración se ha trasladado al último fin de semana de agosto, para que todos los peñalbinos ausentes puedan acudir a la fiesta en honor de su patrona.

También tienen lugar en la ermita otras fiestas como la de San Isidro, el 15 de mayo, o la de Santiago, el 25 de julio, incluyéndose en ambas celebración religiosa y fiesta popular.

Casi equidistante a las tres poblaciones citadas se encuentra la localidad de Huerta del Rey, la mayor de las cuatro, pues supera el millar de habitantes, y la más alta, pues supera los mil metros de altitud, por lo que resulta fácil para sus visitantes divisar uno de los símbolos más modernos del pueblo, el Toro de Osborne, situado en lo más alto del monte Zarrazuela, colocado en 1992, abatido por el viento en el 2010 y vuelto a levantar en el 2011 por el Ayuntamiento con el aplauso unánime de todo el pueblo, que cuenta con una arraigada tradición taurina, con Plaza de Toros propia, construida con materiales tan tradicionales como la madera, la piedra y el barro cocido, una de las más antiguas de Castilla, que constituye una interesante muestra de la arquitectura popular castellana, en la que se celebran interesantes festejos taurinos.

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Los orígenes de Huerta del Rey son sin duda celtíberos, arévacos posiblemente, como indican las raíces de algunas denominaciones geográficas, pero también es inevitable encontrar numerosos vestigios de la estancia romana en la zona, dada su cercanía con Clunia, a tan solo nueve kilómetros, en cuya calzada se encuentra.

Situada en la franja que quedó desierta durante la primera invasión árabe, fue repoblada a partir de la construcción de un castillo en la segunda mitad del siglo IX, durante el reinado de Alfonso III de Asturias, del que apenas quedan restos. En el siglo X fue arrasada y sometida por las incursiones de Abderramán III y en el 994 el terrible Almanzor, en su 41 aceifa contra los cristianos, devasta Clunia y todos los pueblos limítrofes. Durante el reinado de Alfonso VI pasó a depender del Monasterio de Santo Domingo de Silos como jurisdicción de abadengo, señorío que duró hasta que en el año 1637 el rey Felipe IV, mediante una transacción pecuniaria de 20.000 ducados, la concede la categoría de Villa con jurisdicción de realengo.

Durante el siglo XIX soportó la ocupación napoleónica y también en este siglo, durante la primera guerra carlista, isabelinos y carlistas tuvieron por estas tierras un fuerte enfrentamiento armado. Ya en siglo XX, el año 1918 un vasto incendio la destruyó parcialmente, dejando sin hogar a un gran número de familias. Pero no todo son desgracias, en el mes de enero del 2012, gran parte del Gordo de la lotería del Niño fue a parar a esta localidad, saneando generosamente la economía de muchos huertaños. También, a nivel internacional, Huerta del Rey se ha hecho famosa por haber pasado a ingresar en el “Libro Guinness de récords mundiales” por ser el pueblo cuyos vecinos poseen los nombres más raros del mundo, de los que trascribimos algunos como: Evilasio, Gláfida, Filadelfo, Walfrido, Hierónides, Filogonio, Sindulfo, Burgundófora, Firmo, Aniceto, Marciana, Alpidia o Ercilio. Parece que la costumbre de asignar a los recién nacidos nombres tan insólitos, procedentes del martirologio romano, empezó a finales del siglo XIX, en que en el pueblo abundaban los nombres corrientes como José, Pedro, Antonio, Carmen, María, Inés……, lo que daba lugar a algunas confusiones de tipo burocrático y administrativo, para solucionarlas, la idea partió de un alcalde que propuso bautizar a los nuevos vecinos con el nombre más raro y singular posible.

Desde luego, parece que lo consiguió sobradamente. En el verano del 2008 tuvo lugar en el pueblo un “Encuentro Internacional de Nombres Raros”.
En el centro del pueblo, regado por los ríos Arandilla y Aranzuelos, sel alza la iglesia parroquial de San Pelayo, de estilo gótico tardío de finales del siglo XVI; también cuenta con varias ermitas, entre las que destaca la de Nuestra Señora de Arandilla, situada en una colina a cuyo pie nace el Arandilla, que va a unirse con el Duero muy cerca de Aranda, cuya romería se celebra por la pascua de Pentecostés. Otra romería importante es la de la Virgen del Rosario, que tiene lugar el primer fin de semana de Octubre.

Paco Blanco, Barcelona, marzo 2015

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Una respuesta a “POR LA RUTA DE LA LANA. -Los Arauzos- -Por Francisco Blanco-

  1. Eva Edith Torres Quintanilla

    Buenos tardes mi nombre es Eva Edith Torres Quintanilla y me gustaría de ser posible y dado que mis orígenes son de Poza de la Sal mis tatarabuelos y mis bisabuelos y abuelos de Las Vesgas, poder acceder a información de esos pueblos los cuáles pude conocer en el 2013. Dado el corto tiempo de estadía en los mismos no pude recabar datos de mis ancestros.
    Al aguardo de tener la grata sorpresa de que Uds. publiquen historial de los mismos y poder encontrar el lugar donde se encuentran los restos de mi bisabuela.
    Los saludo cordialmente desde Argentina

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