MONASTERIOS BUREBANOS: SANTA CLARA DE BRIVIESCA. -Por Francisco Blanco-

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“Corazón de la tierra de Burgos” llamó  Azorín a La Bureba, tierra llana y fértil, rodeada de montañas y regada por el río Oca y su cuenca fluvial, que acaba uniéndose a la del Ebro, que se comunica con el Norte de la Península a través del desfiladero de Pancorbo, también conocido como el Corredor de La Bureba.

Entre sus primeros pobladores se encuentran los antiguos Autrigones, cuya capital fue la actual Briviesca, de cuyo dios, Burovio, procede su nombre. Después llegaron los celtas, los romanos, los godos y los árabes. La invasión musulmana a principios del siglo VIII y el inicio del histórico y largo proceso  que se conoce como  La Reconquista, provocaron la repoblación de estas tierras por gentes llegadas del otro lado de los montes, los foramontanos, que poco a poco fueron confiriendo a la región una identidad propia en el aspecto político, religioso, económico y social, que la convirtió en el embrión de lo que después sería el Condado de Castilla.

Desde mediados del siglo XII, en tiempos de Alfonso VII, que se titulaba Emperador, además de  rey de Castilla, León, Pamplona, Aragón, Sobrarve y Ribagorza, y  hasta el siglo XVIII, se constituye la Merindad de La Bureba, una merindad menor cuyo merino dependía del Merino Mayor de Castilla. Fueron éstos,  siglos de gran esplendor para La Bureba, adquiriendo sus pueblos gran prosperidad, lo que les permitió construir numerosas iglesias, ermitas, conventos y monasterios, que actualmente constituyen un importante y valioso patrimonio artístico. Destaca por su abundancia, y especialmente por su calidad arquitectónica, el Románico burebano, cuyas bellas muestras se pueden admirar en numerosos pueblos de la comarca, entre los que vamos a destacar, entre otras muchas, las iglesias de Navas de Bureba, Soto de Bureba, Aguilar de Bureba, Los Barrios de Bureba; los monasterios de Rodilla y San Pedro de Tejada y las ermitas de San Martín de Piérnigas, Lences y Castil de Lences. Después del arte románico llegó el gótico, que también se extendió por toda Castilla, dejando en Burgos y su provincia hermosísimos e inimitables monumentos, empezando por su majestuosa catedral y continuando por iglesias, conventos y monasterios.

El Románico surge en España como consecuencia del espíritu de religiosidad que se apoderó de Europa durante los siglos IX y X, propiciando la expansión de las Órdenes religiosas, en especial las de Cluny y Císter, que llegaron a España a través del Camino de Santiago, y que fueron los primeros en construir iglesias y monasterios, principalmente en las zonas rurales más apartadas de las líneas fronterizas con los árabes. La mayor parte eran de pequeño tamaño y se  levantaron con aportaciones populares, tanto de fondos como de mano de obra: canteros, picapedreros, carpinteros, pintores, etc. En las grandes obras, por el contrario, participaron la nobleza y la alta jerarquía de la Iglesia, como obispos y abades, que también habían alcanzado un gran poder, encargándolas a artistas de gran renombre, muchos de ellos igualmente procedentes de Europa.

Por su parte, el Gótico se empezó a implantar en España a finales del siglo XII, siguiendo, durante mucho tiempo, las pautas marcadas por el gótico francés, aunque, al principio, en algunas zonas, y sobre todo hasta finales del siglo XIII, se combinó con numerosos elementos románicos y también mudéjares. Las características propias que diferencian el gótico español del francés se fueron consolidando a partir del siglo XIV, alcanzando su máximo esplendor durante los dos siglos siguientes.

El aumento del poder eclesiástico con la aparición de nuevas diócesis, como las de Ávila, Segovia, Zamora y Salamanca en Castilla, consecuencia del avance de las fronteras cristianas, propició la construcción, en los grandes núcleos urbanos, de suntuosas catedrales y ricas iglesias, financiada principalmente por las poderosas clases dominantes, como la alta nobleza, los ricos cabildos catedralicios, los prósperos mercaderes e incluso la corona. La arquitectura civil, sobre todo en las ciudades, también alcanzó un gran desarrollo, gracias al mecenazgo de las grandes familias de la nobleza.

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Los poderosos Velasco, una de las familias más importantes de La Bureba, fueron un preclaro ejemplo de este mecenazgo. El Condestable de Castilla, D. Pedro Fernández de Velasco y su esposa, Doña Mencía de Mendoza, personas de una notoria y ferviente religiosidad, habían tomado bajo su protección la fundación de diferentes obras, tanto de carácter civil como religioso, como la Casa del Cordón en Burgos, la Capilla de la Purificación en la catedral, o el convento de clarisas de Medina de Pomar, en La Bureba.

En las afueras de Briviesca, desde mediados del siglo XV existía un convento de monjas clarisas, fundado mediante una bula concedida por el papa Pío II. En 1511 este modesto convento de clausura cayó bajo la protección de Doña Mencía de Velasco, viuda del conde de Oñate e hija del Condestable de Castilla, D. Íñigo Fernández de Velasco, nieta, por tanto, de D. Pedro y Doña Mencía, los fundadores citados con anterioridad.

Bajo su protección se levantó un nuevo complejo monástico, al estilo del de Medina de Pomar, integrado por el convento, la iglesia y un hospital para peregrinos, conocido como el Monasterio de Santa Clara, una bella  muestra del gótico isabelino o renacentista, que estaba situada en un lugar conocido como la Vega de Valdeprado, lindando con el casco urbano de Bivriesca.

El convento de clausura dispone de dos claustros con dos plantas cada uno, de arquería ojival tardo gótica, dispone también de una Sala Capitular, para uso interno y deliberaciones  de la Comunidad.

La iglesia, con planta de cruz latina, fue levantada en el 1523, después de la muerte de la fundadora, por el arquitecto cántabro Pedro de Rasines (1), de acuerdo con las indicaciones recibidas de Juan Gil de Ontañón, maestro de obras de los Velasco. Merece  ser  destacada la solidez de sus muros y contrafuertes, así como la vistosidad del ábside, que queda medio oculto por la huerta. El interior de la iglesia, cubierto por una bóveda estrellada, resulta amplio y luminoso,  sobresaliendo, por encima del resto, el grandioso retablo del altar mayor, en el que se reproduce “El Árbol de Jesé”, tema muy utilizado por la cultura cristiana de aquella época, que representa el árbol genealógico de Cristo, desde Jesé, padre del rey David, hasta llegar a José, padre de Cristo y está formado por tres elementos básicos: la raíz, árbol que nace del vientre de Jesé; la vara o las ramas, formada por los antepasados de Cristo, entre los que figura su madre, la Virgen María; y la flor, asumiendo la figura del propio Cristo, quien, según “El Apocalípsis” de San Juan afirma: “Yo soy la raíz y el retoño de David” (2). Su autor fue el escultor burgalés Pedro López de Gámiz, nacido en Barbadillo del Pez, pero que instaló su propio taller en Miranda de Ebro (3). También se pueden apreciar numerosos escudos de los Velasco, decorando los muros interiores.

A finales del siglo XVI, adosado al muro de la iglesia correspondiente al lado del Evangelio, o lado Norte, se construyó, también por la familia de los Velasco, el Hospital de Nuestra Señora del Rosario, también conocido popularmente como el Hospitalillo, destinado a atender a los peregrinos que llegaban por el Camino de Santiago. Es de destacar su patio con claustro, formado por dos series de arcos de  medio punto, sostenidos sobre pilares cuadrados, correspondiendo ya al estilo herreriano. En la actualidad, después de la marcha de las monjas, fue rehabilitado y está destinado a diferentes dependencias municipales.

El Monasterio estuvo destinado desde su fundación para albergar los miembros femeninos de la Orden de San  Francisco de Asís, más conocidas como monjas clarisas, que llevaban una vida de absoluta clausura. Esta comunidad se mantuvo en este lugar hasta el año 2005, en que las ocho que quedaban, ya de avanzada edad, fueron trasladadas al Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor, convento de clarisas de Lerma, que pasó a ser el nuevo dueño del de Briviesca.

En 1931 la iglesia fue declarada Monumento Histórico-Artístico y posteriormente bien de Interés Cultural (BIC). Puede visitarse de lunes a viernes mañanas y tardes y los fines de semana solo por las mañanas.

NOTAS 

  • Pedro de Rasines (1490-1542) nació en el pueblo cántabro de Rasines y desarrolló su actividad como arquitecto y cantero en las provincias de Burgos, Cantabria, La Rioja, Vizcaya y Soria. Muchas de sus obras fueron encargos de la familia de los Velasco.
  • En el claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos se puede ver un “Árbol de Jesé. También en la catedral de Burgos, en la capilla de la Presentación existe un magnífico retablo representando “El Árbol de Jesé”, obra de Gil de Siloé.
  • Pedro López de Gámiz (1528-1588), nació en Barbadillo del Pez, pero desarrolló su obra en Miranda de Ebro, donde creó un importante taller de escultura. Son dignos de admirar los retablos de Santa Casilda y Santa Clara en Briviesca; el de San Pedro Apóstol en Ircio, cerca de Miranda; el de Santa María de Bardauri, en Miranda y el de Santa María de Vileña, actualmente en el Museo del Retablo de Burgos.

Autor, Paco Blanco, Barcelona, noviembre 2015

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