BURGOS MONUMENTAL: LA CASA DEL CORDÓN, HISTORIA VIVA. -Por Francisco Blanco-.

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Miguel Lucas de Iranzo, que fuera paje de confianza del Príncipe de Asturias, el futuro Enrique IV, quien al subir al trono de Castilla le nombró Condestable Castilla, falleció en 1473. Su sucesor, por designación del propio Enrique IV, fue su Camarero Mayor, el magnate burgalés D. Pedro Fernández de Velasco, que también ostentaba el título de II Conde de Haro. Este nombramiento, tal vez como agradecimiento a la ayuda que le prestó el conde en la batalla de Olmedo (1), tuvo carácter hereditario y vitalicio hasta su desaparición en el año 1726, encumbró, además, a la familia Velasco-Mendoza en lo más alto de la poderosa nobleza castellana. El linaje Velasco-Mendoza tenía su origen en el matrimonio celebrado en 1457 entre D. Pedro y Doña Mencía de Mendoza y Figueroa, hija del Marqués de Santillana, otro de los más influyentes personajes del reino de Castilla.

A la muerte de Enrique IV, ocurrida el 11 de diciembre de 1474, el Condestable no dudó en ponerse al servicio de la autoproclamada reina Isabel, estando incluso presente en la ceremonia de su coronación, celebrada en la Plaza Mayor de Segovia el día 13 de ese mismo mes y año. A partir de aquí D. Pedro se convirtió en un leal servidor y colaborador de los Reyes Católicos, a los que prestó innumerables y valiosos servicios, que comenzaron el año 1475 con su colaboración militar, al lado del rey D. Fernando II de Aragón,  en el asedio y conquista de la plaza de Burgos, que defendía los derechos de Doña Juana la Beltraneja.

La alta dignidad alcanzada por D. Pedro Fernández de Velasco  obligó a los condestables a cambiar su residencia en Burgos, situada en un viejo palacio de la calle Cantarranas, actualmente de San Lorenzo, por otra más acorde con su nuevo rango. Por este motivo, entre los años 1476 y 1482, en un solar de la Plaza del Mercado Mayor, también conocida como el Corral de las Vacas, en el  que parece que había existido la Casa de la Princesa, propiedad del Regimiento de Burgos (2), se construyó un hermoso palacio plateresco, aunque conservando muchos elementos góticos, que se conoce como Casa del Cordón, por el magnífico cordón franciscano que adorna su fachada principal. Parece ser que, tanto D. Pedro como Doña Mencía, eran unos fervientes devotos del santo de Asís y de su discípula Santa Clara.

La monumental obra, sin duda la más representativa de la arquitectura civil burgalesa, fue encargada por el Condestable al arquitecto alemán Juan de Colonia, que había llegado a Burgos en 1435, acompañando al nuevo obispo, D. Alonso de Cartagena, que regresaba con su séquito del Concilio de Basilea, donde había tenido una brillante intervención.

Este arquitecto alemán, que venía con el encargo de reanudar las interrumpidas obras de la catedral, acabó integrándose por completo en la ciudad burgalesa, casando con la burgalesa María Fernández, hija y nieta de los maestros canteros burgaleses, Juan y Martín Fernández, que fueron asiduos colaboradores suyos. De este matrimonio nacieron seis hijos, de los cuales dos, Simón y Diego, a los que hay añadir un nieto, Francisco, hijo de Simón, han pasado a la historia como grandes arquitectos y escultores. La familia de los Colonia estableció su domicilio en el  barrio de La Vega, situado en el margen izquierdo del Arlanzón, fuera de las murallas de la ciudad, perteneciente a la parroquia de San Cosme, de la que Juan era cofrade.

Juan y su hijo Diego fueron los principales artífices de las diferentes fachadas, torres, patios y columnas del edificio, pero contaron, sin duda, con la colaboración de numerosos albañiles, yeseros y carpinteros decoradores en yeso y madera, dirigidos por el alarife de origen morisco Mohamed de Segovia. Juan de Colonia no pudo ver terminada la espléndida obra, pues murió en 1481, siendo enterrado, según sus propios deseos, bajo las losas centrales del arco de entrada a la capilla de la Visitación de la catedral de Burgos, que él mismo había construido.[

La sugestiva y espléndida fachada principal tal vez sea la parte más destacable de todo el conjunto, en la que se refleja claramente el poderío de los Velasco y la espiritualidad de los Mendoza. El dintel, decorado en sus ángulos por dos unicornios, aunque ligeramente descentrado, enmarca un enorme cordón franciscano, delicadamente labrado en piedra, que da protección a los escudos de los fundadores, los Velasco y los Mendoza, con sus respectivos blasones. En el blasón de los Velasco aparece la inscripción “UN BUEN MORIR ONRA TODA LA VIDA”  y en el de los Mendoza: “OMNIA PRETERUNT PRETER AMARE DEUM” (Todo pasa menos amar a Dios). Encima de los escudos luce un flamígero Sol Eucarístico, en cuyo centro aparece el monograma religioso “IHS”. Encima del cordón, en el frontispicio, se encuentra el escudo real. Los escudos de los fundadores se repiten, en posición oblicua, en todas las esquinas de las torres y en la crestería, el de los Velasco lo sostiene un león y el de los Mendoza un pegaso.

La parte más gótica del edificio es la fachada Este, pues se levantó aprovechando los restos de la Casa de la Princesa y era la que daba acceso al jardín. La torre fue reconstruida en el año 1744, posteriormente, en el año 1845, la fachada quedó oculta por la construcción de un edificio de la calle de la Puebla, adosado a la torre (3).

En la fachada Oeste existían varios arcos ojivales y dos puertas de acceso para los servicios. Esta fachada, que ocupa parte de la actual calle de Santander, es la que más transformaciones ha sufrido a lo largo del tiempo. El aspecto actual de la misma se debe a la reforma llevada a cabo por el arquitecto D. Vicente Lampérez en los comienzos del siglo XX. En el interior del edificio el patio está formado por cinco arcos porticados, formando un cuadrado casi perfecto, sobre los que se levantan dos galerías que dan acceso a las distintas habitaciones y dependencias. Posteriormente, en el ala Norte se levantó una tercera galería. Estos arcos están decorados con los escudos de los Velasco, los Mendoza y los Figueroa.

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Prácticamente desde su construcción, en la Casa del Cordón la historia ha entrado a raudales por sus puertas y ventanas. En sus aposentos descansaron egregios personajes y se desarrollaron acontecimientos de verdadera importancia histórica, algunos de los cuales fueron determinantes en el curso de  nuestra historia.

Los Reyes Católicos, que sentían una especial predilección por la ciudad de Burgos y por su Condestable, D. Pedro Fernández de Velasco, fueron  huéspedes del Palacio en más de una ocasión, llegando a convocar en él las Cortes del Reino.

En abril de 1497 se celebraba con gran solemnidad, en la catedral de Burgos, el matrimonio del Príncipe de Asturias, D. Juan de Aragón y Castilla, segundo hijo de los Reyes Católicos, Príncipe de Asturias y heredero, por tanto, de los reinos de Castilla y Aragón, con la archiduquesa Doña Margarita de Austria, hija del emperador D. Maximiliano I de Hamsburgo. Naturalmente, la joven pareja-él tenía 19 años y ella 17- pasó su estancia burgalesa en los aposentos de la Casa del Cordón. Desgraciadamente, este matrimonio se deshizo prematuramente seis meses después, pues el 4 de octubre el Infante D. Juan fallecía en Salamanca a causa de la viruela. La joven viuda estaba embarazada de una niña, que murió en el parto. Este fatídico e inesperado desenlace, convirtió en Princesa de Asturias a Doña Isabel de Aragón y Castilla, la hija primogénita de los Reyes Católicos, casada con el rey Manuel I de Portugal, del que estaba embarazada. Pero la tragedia se siguió ensañando con la familia real castellana pues, el 4 de agosto de 1498, la Infanta Isabel fallecía al dar a luz a su hijo Miguel de la Paz, que automáticamente se convertía en el heredero de los reinos de Portugal, Castilla y Aragón, incluidas todas sus posesiones mediterráneas y de ultramar, lo que permitía pensar que la unificación de los reinos ibéricos estaba próxima. ¡Un sueño tantas veces acariciado por la Reina Católica!. Pero la tragedia no había llegado a su fin, el joven príncipe apenas si cumplió los dos años de edad, pues fallecía en Granada, el 19 de julio del 1500.

Toda esta infortunada concatenación de nacimientos y muertes, como si de un complicada partida del Destino se tratara, tuvo como consecuencia que la nueva Princesa de Asturias  fuese la Infanta Doña Juana, tercera hija de los Reyes Católicos, quien desde 1496 estaba casada con el duque de Borgoña, Felipe de Hamsburgo, también conocido como “El Hermoso”, hijo del Emperador Maximiliano y hermano de la archiduquesa Doña Margarita de Austria, viuda del Infante D. Juan de Aragón y Castilla. Por aquellas fechas, el matrimonio de Juana y Felipe ya tenía dos hijos, Doña Leonor y D. Carlos de Hamsburgo, que había nacido en la ciudad flamenca de Gante el 24 de febrero del 1500, unos pocos meses antes de que muriera su primo carnal, Miguel de la Paz.

La partida había terminado con un claro e imprevisto ganador: D. Carlos de Hamsburgo, nieto del Emperador Maximiliano y de los Reyes Católicos, que acabaría siendo la testa más coronada de Europa, incluida la corona de Emperador.

En setiembre de 1506 Doña Juana y Don Felipe, que en el mes junio habían sido confirmados como reyes de Castilla por la “Concordia de Villafáfila”, se trasladan a Burgos, instalándose, con su numerosa corte, precisamente en la Casa del Cordón.

El nuevo rey de Castilla, D. Felipe I “El Hermoso”, ya había visitado Burgos en su viaje anterior a España, ciudad que le había dejado un grato recuerdo por los agasajos recibidos y en la que había contemplado, por primera vez, una corrida de toros. Pero en esta ocasión su estancia en nuestra ciudad tuvo un mal cariz, pues a los ocho días de su llegada, el 25 de setiembre, moría súbita y misteriosamente, al parecer tras jugar un partido de pelota y beber gran cantidad de agua helada. Esta muerte causó un gran dolor a la reina Doña Juana, que por entonces se encontraba embarazada de su sexta hija, la Infanta Doña Catalina de Hamsburgo, hasta el punto que pareció afectarle la razón, pues en diciembre de ese mismo año, en pleno invierno burgalés, recogió los restos de su esposo, que había sido enterrado en la Cartuja de Miraflores y, acompañada por  un nutrido y fúnebre séquito,  abandonó la Casa del Cordón y Burgos, emprendiendo un errático viaje hacia Granada, presa de una especie de delirio, por el que se la empezó a conocer como “La Loca”. Este viaje acabó en la localidad palentina de Torquemada, en la que, el 14 de enero de 1507, dio a luz a su hija Catalina.

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La marcha de Doña Juana y el vacío de poder que originó, fue la causa de que en la Casa del Cordón se reuniesen los Grandes del Reino, que decidieron crear un Consejo de Regencia presidido por el rey de Aragón, Fernando el Católico, que establece su gobierno en el Palacio de los Condestables.

En el 1513 las Cortes navarras, tras la promesa de respetar los fueros del reino, aceptaron como rey al “Católico rey don Fernando, rey de Navarra nuestro señor de aquí en adelante…”. Sin embargo, el 7 de junio de 1515, las Cortes de Castilla, reunidas en la Casa del Cordón de Burgos, acordaron que, a la muerte del rey Fernando II de Aragón, que por entonces era también Regente de Castilla, Navarra pasase a formar parte del Reino de Castilla. No obstante, el control total sobre Navarra no se consiguió hasta el 1524, reinando su nieto D. Carlos I, rey de Aragón y Castilla y, por entonces, flamante “Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico”, aparte de otros cuantos títulos de menor cuantía.

El rey Carlos I de Castilla también fue un huésped asiduo de la Casa del Cordón. Por ella pasó en el 1520, en su viaje a Alemania en busca de la codiciada corona de Emperador. Permanencias más largas tuvo durante los años 1523, 1524 y 1527, teniendo lugar la última durante el mes de octubre de 1556, cuando se encaminaba, cansado y enfermo, hacia su retiro en el Monasterio de Yuste.

En su fachada principal puede verse  una placa conmemorativa con la siguiente inscripción: “En esta casa de los Condestables de Castilla recibieron los Reyes Católicos a Cristóbal Colón, que volvía de su segundo viaje al Nuevo Mundo, y le confirmaron todos sus privilegios, el 23 de Abril de 1497.”

No se sabe con exactitud cuánto duró la visita del Almirante a los Reyes Católicos al regreso de su segundo viaje a América, en la que éstos le extendieron una Real Cédula por la que le confirmaban todos los privilegios que le habían concedido, añadiéndole el derecho a fundar mayorazgo.

A partir de esta fecha, son muy numerosas las visitas, reuniones y deliberaciones que tuvieron lugar en la Casa del Cordón, sobre asuntos relacionados con lo que se conocía como el Nuevo Mundo. Cabe destacar que en diciembre de 1512, fallecida ya la reina Isabel, D. Fernando firmó las conocidas como “Leyes de Burgos”, que fueron el primer marco jurídico que se elaboró para regular las relaciones con los indios.

El hijo del Emperador, D. Felipe II “El Prudente” no fue un rey muy viajero, pues dirigía su vasto imperio desde la soledad del Escorial, pero también fue huésped de la Casa del Cordón en el año 1560, cuando regresaba de Francia con su flamante tercera esposa, la joven princesa Isabel de Valois, hija del rey D. Enrique II de Francia y Doña Catalina de Médicis.

Todos los Austrias se albergaron en alguna ocasión en el Palacio de los Condestables por uno u otro motivo. En junio de 1603 la ciudad acogió, con popular entusiasmo, la visita de D. Felipe III “El Piadoso” y su esposa, la Archiduquesa Doña Margarita de Austria, repitiendo la visita en 1610 y nuevamente en 1615, en  esta ocasión el Rey Piadoso, venía acompañado de sus hijos, los príncipes Felipe y Ana María Mauricia; el motivo de esta visita era la boda en la Catedral de la princesa Ana con el Delfín de Francia, el futuro rey Luis XIII, aunque éste no estuvo presente en la ceremonia, siendo representado por el Duque de Uceda. El enlace definitivo se celebró en Burdeos, en noviembre de ese mismo año.

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Con motivo del matrimonio de María Teresa de Austria, sexta hija de D. Felipe IV, también conocido como “El Rey Planeta”, con el rey de Francia Luis XIV, al que se le conocía como “El Rey Sol”, se organizó en la Corte una nutrida y variopinta caravana nupcial, que salió de Madrid para dirigirse, atravesando media España, hasta Fuenterrabía y la Isla de los Faisanes, donde iba a tener lugar la ceremonia de la boda. Naturalmente esta alegre caravana tuvo que pasar por Burgos, donde hicieron escala y donde se organizaron en su honor unas atractivas fiestas, en las que participó toda la ciudad, con numerosos juegos, pasacalles, torneos y fuegos artificiales, incluida una corrida de toros en la Plaza Mayor. Huelga decir que el rey, la princesa y su séquito personal recibieron acomodo en la Casa del Cordón.

El último monarca de los Austrias, D. Carlos II “El Hechizado” que, en noviembre de 1679, se había casado en la iglesia del pequeño pueblo burgalés de Quintanapalla con la bella princesita María Luisa de Orleans, sobrina del rey Sol, fue a pasar una corta luna de miel en Burgos, alojándose, naturalmente, en el Palacio de los Condestables, siendo la pareja objeto de la curiosidad y admiración del pueblo burgalés, especialmente la joven reina, por su belleza y simpatía.

  1. Felipe V fue el primer monarca de la Casa Borbón que reinó en España, y también el último Rey que, en el año 1701, visitó como huésped la Casa del Cordón.

Por estas fechas, el palacio de la Plaza del Mercado, que prácticamente se utilizaba como mansión real, pues los Condestables apenas lo visitaban, había sufrido un notable deterioro, que había obligado al Regimiento de Burgos a realizar diversas obras de mantenimiento del edificio, que cada vez resultaban más costosas. También el desarrollo urbanístico de la ciudad fue reduciendo paulatinamente la superficie que ocupaba el edificio y sus dependencias. Se construyeron las casas de los soportales de Antón, que limitaron el acceso a la plaza por el lado Oeste y también se abrió la calle del Cordón por el lado Norte, con lo que se redujo la superficie construida, especialmente en la fachada de la calle Santander, conocida entonces como del Juego de Pelota. Ya en 1840, en la Casa del Cordón se instaló la Capitanía General de Burgos, lo que provocó reformas en sus fachadas, provocadas, fundamentalmente, por la apertura de nuevos vanos para ventanas, balcones y miradores.

A principios del siglo XX el Palacio era propiedad de D. Víctor Conde, quien, a la vista del alarmante estado ruinoso en que se encontraba, el año 1906 encarga al destacado arquitecto madrileño, D. Vicente Lampérez Romea, una profunda reforma estructural del Palacio, que detuviera el estado de decadencia en que se encontraba y asegurase, al mismo tiempo, su supervivencia. La reforma de Lampérez consistió en reconstruir y restaurar las fachadas, reordenando la distribución de balcones y ventanas y añadiendo cuatro miradores de piedra, respetando los elementos decorativos originales, para lo que utilizó un estilo neogótico. La fachada de la calle Santander fue totalmente reconstruida para ensanchar la calle, dándola un aspecto más homogéneo y simétrico, semejante al de la fachada principal. También fue ampliada la calle del Cordón. En el interior se reformaron las galerías y el patio, al que añadió una escalera de piedra.

A partir de esta importante reforma, que todavía se puede apreciar en su mayor parte, la Casa del Cordón deja de ser Mansión Real, para convertirse en un edificio multiuso con la instalación de oficinas de diferentes organismos oficiales, la entrada de vecinos y la instalación en sus bajos de hasta 11locales comerciales, dedicados a  las más   diversas actividades, como droguería, ferretería, tienda de vinos, etc.

La Caja de Ahorros Municipal de Burgos, en enero de 1930 compra todo el edificio, haciéndose cargo de su mantenimiento, lo que la obliga, en 1953, a realizar nuevas obras de reformas, que consoliden la conservación del conjunto arquitectónico.

En julio de 1936, Burgos se convierte en la Capital de la Cruzada, o lo que es lo mismo: la capital política de la España sublevada, por lo que todo el aparato político administrativo del nuevo Estado se instala en la capital burgalesa. En la Casa del Cordón se establecen la Junta Técnica del Estado, máximo organismo político, el Ministerio de Exteriores y el de Enseñanza.

Finalmente, tras más de cien años de espera, mediante el Decreto 1286/68 del 11 de Mayo de 1968, la Casa del Cordón es declarada Monumento Histórico Artístico, reconociéndose, de esta forma, el alto valor artístico del edificio, admitido sobradamente a nivel popular, que durante siglos fuera testigo paciente y mudo de singulares acontecimientos históricos.

Actualmente, la Casa del Cordón se ha convertido en la sede de la Caja de Ahorros Municipal de Burgos, y el espléndido aspecto actual del Palacio, tanto de las fachadas externas, como de su suntuoso interior, se debe a  la última reforma emprendida por la entidad.

El nuevo proyecto, realizado por la empresa Agromán, fue dirigido hasta 1986 por el prestigioso arquitecto D. Fernando Moreno Barberá, siendo finalizado en junio de 1987 por el arquitecto burgalés, D. Pedro Gutiérrez Ruiz, que había sido un asiduo colaborador del primero.

Una espléndida joya arquitectónica recuperada, digna de ser admirada y visitada.

 NOTAS

  • Se refiere a la batalla que tuvo lugar extramuros de la villa de Olmedo el 19 de marzo de 1445, en la que las tropas de D. Juan II de Castilla se enfrentaron a las de los Infantes de Aragón, que aspiraban a apoderarse del trono de Castilla. Parece ser que el por entonces Príncipe de Asturias, el infante D. Enrique, estuvo a punto de ser capturado por los navarros, pudiendo finalmente escapar gracias a la ayuda del burgalés D. Pedro Fernández de Velasco, que era su Camarero Mayor.
  • El Regimiento de Burgos fue creado por el rey Alfonso XI de Castilla en 1345 y estaba formado por 16 hombres buenos, que constituían “de facto” el Ayuntamiento de la ciudad. El objetivo era asegurar el orden de la ciudad y su lealtad a la corona.
  • En este edificio estuvo instalado durante algunos años el Hotel Boston y en los bajos funcionaba el Bar Miguel Saiz, más conocido por el “Manitas”, especialista en toda clase de tapas y cazuelas, al que acudían muchos militares, tanto soldados, como suboficiales y oficiales; también era frecuentado por diversas sociedades de cazadores, que celebraban allí sus comilonas, especialmente meriendas y cenas. Uno de los hijos del “Manitas”, también de nombre Miguel, buen amigo del que esto escribe, es un conocido y eficiente Asesor Fiscal, que tiene su despacho en la misma Plaza de la Libertad, en la casa que linda con el Bar Polvorilla.   

Autor: Paco Blanco, Barcelona, octubre 2015

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