MONASTERIO DE SANTA CLARA EN MEDINA DE POMAR. -Por Francisco Blanco-.

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En el año 1212 San Francisco y su discípula Santa Clara fundaban en la iglesia de San Damián de Asís (1), la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara, que han acabado conociéndose como las Clarisas. Pero en el año 1215 el Concilio de Letrán prohibía la creación de nuevas Órdenes religiosas, de modo que para poder procesar tuvieron que acogerse a la Orden de San Benito, que aceptaba  el título de Abadesa, el cual llevaba implícito el derecho a tener numerosas propiedades bajo su jurisdicción, recibir herencias, donaciones y privilegios, e incluso cobrar diezmos e impuestos de portazgo, montazgo, etc., todo ello en frontal contradicción con su riguroso voto de pobreza. Contradicción que solucionó Santa Clara en el año 1216 pidiendo y obteniendo del papa Inocencio III el “privilegio de la pobreza” para su nueva Regla, por el que renunciaban para siempre a disfrutar de rentas o poseer propiedades, creando un estilo de vida de retiro y austeridad, que se hizo común al resto de monasterios que se fueron fundando.

Esta nueva Regla, conocida como la Regla de Santa Clara, o Segunda Regla, fue aprobada por el papa Urbano IV en 1263 y es la Regla que las clarisas han venido observando, salvo algunas excepciones y algunas pequeñas variaciones que han surgido a lo largo de los siglos, incluyendo, todo hay que decirlo, a partir del siglo XV alguna relativa relajación que se apoderó de la vida de algunos conventos y monasterios, tanto de frailes cómo de monjas. En la mayoría de los numerosos conventos de Clarisas que existen en España se practica la Regla de Santa Clara aprobada por el Papa Urbano IV, también existen las Clarisas Coletinas o Descalzas, las Clarisas Urbanistas y  las Clarisas Capuchinas.

Curiosamente, la escritura de fundación del Monasterio de Medina de Pomar se realizó en Baeza, provincia de Jaén, el 11 de enero de 1313, a instancias de D. Sancho Sánchez de Velasco, Adelantado Mayor de Castilla, y de su mujer Doña Sancha García,  durante el reinado de Alfonso XI, Esta escritura, que se conserva en el archivo del Convento, decía lo siguiente: “facemos en Medina de Pumar en un heredamiento nuestro que compramos con nuestros dineros que es cerca de la iglesia de San Millán de la dicha Medina un Monasterio de Santa Clara…………..”

La intención de los fundadores era destinar el Monasterio a Panteón Familiar, donde pudieran reposar para siempre los miembros de la ilustre familia de los Velasco. Deseo que se cumplió, pues salvo D. Pedro Fernández de Velasco, primer Condestable de Castilla y su esposa Doña Mencía de Mendoza, que tienen su propio enterramiento en la Capilla de los Condestables de la Catedral de Burgos, el resto de los Velasco, tienen su propio monumento funerario dentro de este recinto monástico. Finalmente, el proyecto se convirtió en Iglesia, Monasterio y Panteón, desarrollándose a lo largo de los años, hasta quedar concluido en 1532.

La comunidad siempre estuvo integrada por  monjas clarisas de clausura, siendo su primera dotación de veinticuatro dueñas de velo prieto”, o veinticuatro monjas de velo negro, que Doña Sancha, la fundadora, en 1321 amplió a treinta. En la actualidad se ha convertido en un interesante complejo monástico de gran valor artístico y cultural, que vale la pena visitar.

Para los viajeros sin prisa dispone de una Hospedería, instalada en una construcción del siglo XVIII, en la que estaban las viviendas del personal auxiliar del Monasterio, como el capellán, las sirvientas y los colonos, modernamente reformadas, situada en un bello y silencioso paraje, que invita al descanso y la contemplación de un sitio lleno de historia y cargado de arte.

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La iglesia es de estilo gótico con presbiterio barroco y consta de una sola nave, con macizos pilares que soportan las bóvedas de crucería. Su interior es de gran luminosidad y está dividido en tres tramos, el primero es el más ancho, destacando los escudos de los Velasco, el segundo es posterior, añadido en el siglo XV y el tercero, que incluye la cabecera, pertenece al siglo XVII.

En los laterales se levantan las diferentes capillas; en la primera de estas capillas, a la derecha de la nave, se encuentra el Cristo de las Cinco Llagas, de la escuela castellana del siglo XVII, cuyo autor posiblemente fuese el escultor vallisoletano Gregorio Fernández, que ya había realizado otro similar para el Monasterio de Santa Clara de Lerma.

También en este lado se encuentra la Capilla de la Concepción, una de las más notables, a la que se accede por una monumental y artística reja de entrada, obra del famoso rejero burgalés Cristóbal de Andino (2). La mandaron construir D. Bernardino Fernández de Velasco y su esposa Doña Juana de Aragón, continuando la obra, primero su sobrino D. Pedro Fernández de Velasco y, finalmente, su hermano D. Íñigo Fernández de Velasco, que se hizo cargo del resto de la obra, hasta que se finalizó en 1532. Es de planta cuadrangular, que se convierte en octogonal mediante unas bóvedas en forma de conchas. Bajo una de estas conchas se puede admirar un monumental escudo de los Velasco.

El retablo renacentista es obra de Felipe de Bigarny y el burgalés Diego de Siloé, en él aparecen las estatuas de San Andrés, San Mateo, Santiago el Menor y Santiago el Mayor. La figura central de este retablo es la Virgen con el Niño sobre sus rodillas, rodeada de llamas y rayos, magnífica muestra del gótico flamígero. Todo este retablo destaca por su esmerada y dorada policromía. Una pequeña puerta plateresca da acceso a la sacristía, en la que destaca su esbelta bóveda estrellada, igualmente de estilo gótico flamígero.

En el segundo tramo se encuentran cuatro capillas simétricas cubiertas por bóvedas de crucería y con grandes ventanales en los muros; la primera capilla de la izquierda está dedicada a San Bernardino de Siena y la segunda a Santiago Apóstol, en ésta se encuentran tres sepulcros adornados con los escudos de los Velasco, con una leyenda que dice: “Aquí yacen Sancha, Juan y Diego, hermanos, que fueron hijos de Juan de Velasco, camarero Real y María Solier, señores de esta villa, los cuales fallecieron niños”.  

En el lado derecho hay una capilla dedicada a San Luis de Tolosa y la siguiente a San Antonio de Padua, en la que  hay una puerta que comunica con la clausura, por la que las monjas penetraban en el templo para acudir a los servicios religiosos; ambas capillas están decoradas con blasones de los Velasco.

El tercer tramo, o cabecera, corresponde a la Capilla Mayor, con tres retablos barrocos bañados en pan de oro. El más interesante es el Retablo Central, instalado en el siglo XVIII, en el que aparecen las estatuas de San Miguel Arcángel, San José, Santa Coleta, Santa Inés, la hermana de Santa Clara, y en la hornacina principal, presidiendo todo el conjunto, la de Santa Clara de Asís, luciendo sus atributos: el báculo y la custodia.

En su parte inferior se encuentra El Tabernáculo, un relicario de 206 celdillas dentro de un expositor al que se le conoce como “El Manifestador de la Paloma”, sobre el que se coloca la custodia en las solemnes exposiciones del Santísimo, que tan sólo se muestra al público tres veces al año, el 11 de agosto, festividad de Santa Clara; el Jueves Santo y el Corpus Cristi.

Posteriormente, en el mismo siglo XVIII, en el lado de la Epístola se instaló el retablo de San Francisco de Asís y en el del Evangelio el de San Juan Evangelista, ambos de menor tamaño.

El coro alto está cubierto por tres bóvedas de crucería de estilo gótico del siglo XVI. Su decoración es muy austera, destacando la sillería de nogal, formada por 106 sillas de las cuales en dos de los respaldos están tallados con los escudos de los Velasco y los Tovar, luciendo el Toisón de Oro y en el medio una silla abacial con la imagen de Santa Clara. También dispone de un pequeño retablo del siglo XVIII, con numerosas reliquias y las figuras de San Pedro Regalado, Santa Clara, San José y la Virgen de Trapani.

De uno de sus muros cuelga un Cristo en la Cruz, de madera sin policromar, atribuido a Felipe de Bigarny.

Lo más destacable es el frontis, con dos artísticas rejas y un cuerpo central con el mausoleo de D. Íñigo Fernández de Velasco y su esposa Doña María Tovar, labrado magistralmente  en alabastro; en su parte central aparecen las figuras de los duques de Frías, mirando de frente y en actitud orante; encima de las figuras, presidiendo el frontis, un policromado escudo familiar, enmarcado por dos candelabros unidos por un cordón. Este espectacular frontis se lo encargó D. Pedro Fernández de Velasco, hijo de los enterrados, al famoso escultor Felipe de Bigarny.

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Para acceder al coro hay que pasar por la cratícula, llamada así por disponer de un ventanuco con reja por el que las religiosas recibían la comunión cuando asistían a la misa desde el coro. Se trata de una sala con un techo artesonado renacentista, en el que se lee el monograma “Jesucristo Salvador de los Hombres”. Actualmente se exhiben varias vitrinas conteniendo objetos domésticos antiguos, de los que usaban las monjas que habitaban el Monasterio, como floreros, cuencos, jarrones, braseros, etc.

El claustro, de estilo gótico tardío, es del siglo XVI y de acuerdo con los preceptos canónicos, está adosado a la iglesia por su lado sur; en principio sólo disponía de una planta, cubierta por bóvedas de crucería y arcos de medio punto, sobre columnas decoradas con capiteles florales, especialmente con granadas abiertas recordando la reciente conquista de Granada, la decoración se completa con ménsulas. Posteriormente, seguramente para solucionar problemas de espacio, se le añadió otro superpuesto, de estilo renacentista, con techo de vigas de madera y arcos escarzados.

Desde el claustro, como era habitual en los monasterios de clausura, por su lado este se puede acceder a la Sala Capitular, que como su mismo nombre indica, está destinada a que toda la comunidad se pueda reunir en ella para celebrar capítulo o asamblea general, requiere, por tanto, de holgadas dimensiones y nutridas bancadas, donde las monjas se sentaban siguiendo un riguroso orden de antigüedad, aunque la presidencia correspondía a la priora o abadesa. También, durante muchos años, sirvió de enterramiento a las religiosas que pasaban a mejor vida.

La historia de este monasterio sin duda tiene un alto interés artístico y arquitectónico, destacando la puerta, enmarcada en un arco rebajado, apoyado sobre ménsulas con adornos entrelazados de indudable origen mozárabe. La techumbre es de un artesonado decorado con molduras semicirculares con cruces en su interior, predominando los colores rojos, azules y dorados, que proporcionan a esta Sala un aspecto deslumbrante, que sorprende al visitante. Por debajo del artesonado, recorren toda la estancia dos cenefas decoradas con diferentes escudos.

También vale la pena visitar en Museo de los Condestables, situado en lo que fuera la Cripta o Pudridero, en el que permanecían los cuerpos amortajados de las religiosas fallecidas antes de recibir sepultura. Consta de ocho huecos en los que actualmente se exponen vitrinas con objetos sagrados y también profanos, como cálices, hostiarios, ropas litúrgicas, cofres, pergaminos, sellos y también muchos relicarios.

Lo más destacable que el visitante encuentra en esta sala es un impresionante Cristo Yacente del siglo XVII, una de las mejores obras del escultor Gregorio Fernández, se trata de una talla en madera de nogal policromada, dotada de gran realismo gracias a la utilización de algunos postizos de marfil, cristal, corcho y resina.

De sus paredes cuelgan algunas tablas flamencas de los siglos XV y XVI, destacando La Adoración de los Reyes Magos y La Sagrada Familia con Santa Ana. Finalmente, en un lugar destacado de la sala, preside el Museo un Cristo de Lepanto de ébano y marfil, que fuera bendecido para participar junto a los cristianos en la Batalla de Lepanto, regalo de Felipe II al XI Condestable de Castilla D. Juan Fernández de Velasco y Tovar, V duque de Frías, IV marqués de Berlanga, VII conde de Haro, gobernador del Milanesado y presidente del Consejo de Italia. El crucifijo posiblemente sea obra del famoso escultor italiano Benvenuto Cellini.

Todo el impresionante complejo que integra el Monasterio de Santa Clara de Medina de Pomar fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en abril de 1992. Se puede visitar durante todo el año, excepto los domingos por la tarde y los lunes. También existen visitas guiadas para grupos.

NOTAS:

(1) A la iglesia de San Damián de Asís, muy cercana a Asís, ya acudía a orar San Francisco en el año 1206, años más tarde la frecuentaban también Santa Clara y sus primeras seguidoras, a las que, en el año 1212, el obispo Guido autorizó a utilizar la iglesia y sus dependencias para llevar en ellas la vida de oración y retiro que querían practicar.
(2) El rejero, platero y arquitecto Cristóbal de Andino (Burgos 1480-1543), era hijo del también rejero Pedro de Andino y eran originarios de La Bureba. Realizó importantes obras para las catedrales de Burgos, Palencia, el convento de San Francisco de Medina de Rioseco y el Monasterio de Santa Clara de Medina de Pomar. Diseñó su propio sepulcro y el de su mujer, Catalina de Frías, de gran belleza, que todavía se puede ver en la iglesia de San Cosme y San Damián. También colaboró en el diseño del Arco de Santa María de Burgos.

Autor: Paco Blanco, Barcelona, noviembre 2015.

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