POR EL VALLE DE MENA: ROMÁNICO Y GASTRONOMÍA. -Por Paco Blanco-.

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El pintoresco Valle de Mena se encuentra en el extremo noroeste de la provincia de Burgos, colindando con las provincias vascas de Álava y Vizcaya. Los atractivos que este valle ofrece al viajero son numerosos y variados, empezando por los gastronómicos y continuando por los culturales y artísticos, sin olvidar el paisaje espectacular de los numerosos bosques de robles y hayas, en los que también conviven diferentes especies de pinos, además de una rica y variada flora y fauna.

Esta exuberancia del paisaje será lo primero que disfrute el viajero que llegue desde Trespaderne, donde hay una doble desviación a la derecha, la carretera mas a la derecha le llevará por el valle de Tobalina hacia el embalse de Sobrón y Santa María de Garoña, donde en el año 1970 se levantó una central nuclear que lleva su nombre y que mantuvo su actividad hasta el año 2012, en que fue cerrada; la otra desviación es la carretera de Bilbao o BU-550, que atraviesa unos cañones que siguen el curso del rio Jerea, hasta llegar al túnel de Peña Angulo, en este punto vale la pena desviarse y ascender a la cima de Peña Angulo, desde donde se disfrutará de una amplia y atractiva perspectiva del Valle de Mena y de los impresionantes cortantes que caen por la parte de Álava.

Desde el puerto de Peña Angulo por la carretera que lleva a Valmaseda, cogiendo el desvío que conduce a Arza, el viajero se encontrará con la iglesia de San Pelayo de Ayega, una de las joyas que jalonan la ruta románica del Valle de Mena.

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La iglesia se encuentra en el pequeño caserío de Ayega, lindando con las provincias vascas de Álava y Vizcaya. Fue construida entre los siglos XI y XII sobre los restos de un viejo monasterio y está consagrada a la advocación de San Pelayo, aquel joven gallego de 14 años, apresado por Abd-al-Rahmán III poco después de la Batalla de Valdejunquera y martirizado en Córdoba el año 925, al negarse a aceptar sus requerimientos amorosos y afirmarse rotundamente en su fe cristiana.
Como es lógico, de la antigua fábrica se conservan pocos elementos originales, debido a las diversas modificaciones que sufrió, y también a la labor destructora del tiempo y el abandono.

En la actualidad, se puede admirar el ábside semicircular con canecillos en los que hay grabadas figuras vegetales y animales, con una ventana en la que se representa el tema de la Anunciación de Nuestra Señora, de mucha devoción por aquellos tiempos. También se puede admirar la portada con tímpano historiado. Este tímpano, posiblemente la pieza más destacada de la portada, es de una sola pieza, aunque a simple vista parezca apoyado sobre un dintel. Representa en relieve una escena que podría tener como posible lectura el martirio de los cristianos que eran arrojados a los leones. Así, un león aparece a la derecha teniendo en sus fauces a una figura humana. En el centro cuatro figuras en pie tienen las manos atadas, posibles próximas víctimas de las fieras; a la izquierda una figura a caballo pudiera representar un juez (otros ven a Sansón con el león); en lo alto se ven siete cabezas con alas o brazos, que podrían ser las almas de los mártires que se elevan al cielo. En el dintel puede leerse la siguiente inscripción : EGO SU(M) PELAGI(US) CORDU(BA), “yo soy Pelayo de Córdoba”, lo que hace pensar en el martirio de San Pelayo, que fue degollado en Córdoba en el año 925, cuya devoción se extendió rápidamente por toda la España cristiana.

Toda esta ornamentación, sin embargo, ha sido motivo de diversas e interesantes interpretaciones. En la “Enciclopedia del románico”, por ejemplo, José Manuel Rodríguez Montañés, nos dice al respecto: “sobre estas figuras terrenales se dispusieron otras angélicas, creando así una doble oposición, en el plano longitudinal, entre la victoria de la fe sobre el diablo y el castigo del pecador y, en el vertical, entre lo terrenal y lo divino”.

En el interior de la iglesia, que albergó el panteón de la poderosa familia burgalesa de los Salazar, todavía se conservan algunas pinturas.
Finalizada la visita a la iglesia de San Pelayo, se vuelve de nuevo a la carretera en dirección Valmaseda y poco antes de llegar a Antuñano hay que desviarse a la izquierda en dirección a Bortedo y El Berrón y coger de nuevo la carretera de Bilbao a Burgos hasta llegar a Vallejo de Mena, localidad enclavada en un antiguo ramal del Camino de Santiago, cuya iglesia es el segundo objetivo de esta excursión. Total, unos 12 kilómetros.

En lo alto de una colina, dominando el pequeño pero pintoresco pueblo de Vallejo de Mena, se levanta la iglesia de San Lorenzo, sin duda una de las más preciadas joyas de todo el románico peninsular, que todavía se puede admirar en perfecto estado de conservación.

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Construida entre finales del siglo XII y principios del XIII, se trata de un templo-fortaleza tardo románico, cuya fundación, según indica la inscripción que aparece en una de sus tumbas: “Donna Endrequina de Mena dio esta casa a Hierusalem”, es atribuible a dicha doña Endrequina, posible descendiente de alguno de los primeros foramontanos o repobladores que llegaron aeste Valle de Mena desde tierras cántabras o vasconas, la cual, según se deduce de la palabra Hierusalem, la legó a la “Soberana y Hospitalaria Orden Militar de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta”, más conocida por la Orden de Malta, fundada en el siglo XI, una de sus misiones, por aquellos agitados tiempos de la dominación árabe, consistía en proteger a los peregrinos que discurrían por la “Ruta Jacobea” en busca del sepulcro con las reliquias de Santiago Apóstol. Los Caballeros Hospitalarios ó de Malta, en España estaban agrupados en cuarenta y una Encomiendas que pertenecían al Priorato de San Jorge y Santiago.

La iglesia es de nave única, con presbiterio desarrollado y un ábside semicircular. Al interior de la iglesia se puede acceder por tres puertas, siendo la occidental la más interesante, con dos archivoltas exteriores, en cuya ornamentación aparecen centauros, caballeros medievales, una representación del pecado original y otra del pecado de lujuria. La puerta sur está formada por tres archivoltas decoradas con motivos vegetales; sobre esta puerta se levanta una galería de catorce arcos de medio punto sobre columnas prismáticas sin decoración, a la galería se asciende por una escalera de husillo, a esta galería está adosada la sacristía. La tercera puerta es la más sencilla y se la conoce como “Puerta del perdón”. Toda la fachada está recorrida por dos niveles de canecillos, el superior está sin decorar y en el inferior se representan serpientes entrelazadas, flores de lis, figuras humanas y otros objetos diversos.

Sobre el ábside puede afirmarse que es uno de los más bellos del románico español. Su estructura es clásica de tipo lombardo, de bellas proporciones y sillería perfecta. Existe un rico juego de columnas de diversa altura. Está dividido en cinco tramos o paños mediante haces de columnas, en cuyos capiteles se representan temas vegetales, animales y también rostros humanos; lo mismo ocurre en los canecillos del tejado y en las arquerías ciegas.

El interior está formado por una sola nave con tres tramos, acabando en el presbiterio que precede al ábside. Está cubierto por bóveda de crucería y cada tramo está dividido mediante arcos fajones que descansan sobre pilares compuestos. Detrás del presbiterio se abre un nicho donde se encuentra el sepulcro renacentista de D. Fernando de Vivanco y Sarabia, capitán de Monteros al servicio de Felipe III, perteneciente a una ilustre familia de Espinosa, muerto al año 1631.
Al igual que ocurre en el ábside, los capiteles de las columnas interiores están decorados con representaciones de vegetales y animales y también con diferentes escenas de temas religiosos, como San Martín repartiendo su capa con un pobre, hombres navegando en una barca, que pudiera referirse a Jesús y sus discípulos, o la resurrección de Lázaro.

El viajero siempre retendrá en su memoria la monumental imagen de esta singular iglesia, de una calidad arquitectónica sorprendente y en un perfecto estado de conservación. Lo cual también resulta sorprendente.

Después de visitar la iglesia de San Lorenzo, el nuevo destino tan solo se encuentra a unos tres o cuatro kilómetros de camino. Se trata, en esta ocasión, de la pequeña localidad de Siones de Mena, rodeada de bosques y bañada por el río Cadagua, a los pies de los montes de la Peña.

En la falda de los montes de la Peña, descansando sobre un verde prado, está enclavada la bella iglesia de Santa María de Siones, levantada en las postrimerías del siglo XII, siendo, según algunas fuentes, de origen templario. En cualquier caso, se trata de una magnífica muestra del tardo románico burgalés, perfectamente conservada, aunque la cabecera ha sufrido alguna restauración.El templo presenta excelente obra de sillería. Consta de una sola nave rectangular con dos portadas, cabecera con ábside semicircular y torre sobre el falso crucero. Tiene dos portadas. La meridional es sencilla, mientras que la occidental tiene un gran desarrollo con cinco archivoltas con molduras y cuatro pares de columnas. La visita exterior descubre un templo de tres volúmenes escalonados y armónicos. La escultura exterior es escasa, pero ayuda a embellecer el conjunto.

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El interior del templo, con tres tramos perfectamente escalonados, es de gran riqueza. El presbiterio congrega el mayor interés y vistosidad. Tiene una bellísima arquería doble de siete arcos cada una, que recorre el hemiciclo. Existe una nutrida serie de capiteles decorados con esculturas con motivos vegetales y alegóricos. Se podría destacar una escena de “David y Goliat”, así como otra del “Paraíso Terrenal” con Adán, Eva, el árbol surtido de fruta y la serpiente.

El crucero merece una atención especial por su bóveda de crucería, soportada por arcos torales y en los muros laterales sendos edículos o tabernáculos con bóveda propia y variedad de arcos y capiteles con diversas decoraciones.

La visita ha terminado. Si el viajero no ha quedado satisfecho o el horario lo permite, en el cercano pueblo de El Vigo podrá detenerse a admirar el tímpano de su vieja iglesia románica de San Pedro, en el que hay grabada, en un bloque de piedra monolítico, una impresionante escena de La Crucifixión, que se desarrolla precisamente en el centro de dicho tímpano, en el que aparece la figura de Cristo semidesnudo dirigiéndose al Calvario con la cruz a cuestas, precedido por dos soldados romanos y escoltado por otros dos, todos ellos armados; la escena se completa con un personaje barbudo y una mujer cuyo rostro muestra un rictus de dolor. En los relieves externos se puede ver el sepulcro vacío vigilado por soldados y las tres Marías que acuden a visitarlo.

Esta pequeña iglesia románica, al igual que el pueblo en el que quedan alrededor de media docena de vecinos, se encuentra en franco estado de abandono, aunque se mantiene en pie la fachada y toda la estructura exterior de sólida piedra de sillería. Está situada muy próxima a la iglesia parroquial de San Pedro, construida en el siglo XIX.

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Otro de los atractivos, esta vez gastronómicos, que el Valle de Mena burgalés ofrece a sus visitantes es la “Cocina Menesa”, tanto la tradicional como la vanguardista. Hay platos para todos los gustos, incluidos los paladares más exigentes. Tanto del recetario típico regional, como de los más sofisticados platos de la “nueva cocina”, disfrutará el viajero por la calidad de los productos utilizados en su elaboración, la mayoría procedentes de la propia despensa comarcal. También son numerosas las “Jornadas Gastronómicas” que se celebran en diferentes localidades a lo largo de todo el año.

Tienen gran presencia en la cocina menesa los guisos y asados de cordero y también los de carne de cerdo, bovina y caprina. Y qué vamos a decir de los suculentos cocidos o platos de cuchara tan populares, elaborados con verduras, legumbres, carnes de cerdo y de vaca, morcillas, chorizos……., todos productos procedentes de la huerta o la cabaña del valle. Son tradicionales y dignos de ser disfrutados el Puchero menés o las Patatas a la menesa, también es muy popular y tradicional el Torto menés, consistente en un buen trozo de hogaza de pan blanco y enharinado, conteniendo en su interior una buena sarta de chorizo bien curado, procedente de la matanza. De los cercanos puertos del Cantábrico llegan diariamente al valle toda clase de pescado recién capturado, listo para ser cocinado al horno, a la sartén o a la plancha, aderezado o adornado con las ricas verduras, legumbres o patatas del valle y regados, si el comensal lo prefiere, con el chispeante “chacolí”, vino autóctono, elaborado en el Valle de Mena nada menos que desde la Edad Media. En los numerosos y tupidos bosques del valle, rodeados de verdes prados, abundan tanto un gran número de variedades de setas como de especies de caza, que también ocupan un lugar destacado en la rica cocina menesa.

Entre los pueblos a los que el viajero puede dirigir sus pasos para seguir disfrutando, esta vez de la suculenta gastronomía de este histórico y fértil valle, nos vamos a permitir citar los de Angulo, El Berrón, Mercadillo, Villasana, Cadagua o Valle de Mena, con la seguridad de que, sea cualquiera el que elija, no saldrá defraudado.

El alto valor ecológico de este singular y atractivo Valle le ha valido ser incluido en la “Red Natura 2000”, red ecológica europea y ser declarado cono “Zona de Especial Conservación” (ZEC).

Autor: Paco Blanco, Barcelona, marzo 2016

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