POR LA RIBERA DEL DUERO: 4. LA VILLA DE ROA Y SU COMARCA. -Por Francisco Blanco-.

Sin título

Roa de Duero, tierra de vides y de granos, situada en el centro de la Ribera del Duero burgalesa, es también su balcón, el “Balcón del Duero” como se la llama también. Desde su paseo del Mirador ó del Espolón, se divisa una espléndida panorámica de estas tierras del Duero, desde la unión de las aguas del Riaza con las del Duero y el vetusto Puente Mayor, hasta las ermitas de San Roque y la Virgen de la Vega, sobresaliendo como fondo un extenso viñedo, que se extiende por los cuatro puntos cardinales.
Como dice una de las estrofas de su himno:

“Entre tierras de vides y espigas
que fecundan el agua y el sol
en la bella Ribera del Duero,
se alza Roa igual que una flor.”

Roa es tierra de buen vino, factores geográficos y climáticos confieren a sus caldos una singular y excepcional calidad, capaz de satisfacer al más exigente catador pero, además, Roa y su comarca han labrado un abrumador peso en nuestra historia, imposible de pasar por alto.

Los primeros asentamientos humanos por tierras de Roa se remontan hasta la Edad del Hierro, unos 1.300 años a. de C., en que se instaló un poblado cuyas huellas todavía se pueden ver actualmente en el Yacimiento de Carrasalinera.
Este poblado tuvo una gran continuidad en el tiempo, tomando el nombre de Rauda, (de donde procede el gentilicio de Raudense), hacia el siglo III a. C., en el que se instalaron los vacceos, una de las diversas tribus celtibéricas que poblaron nuestra península. La época romana abarca desde el siglo I a. C., hasta el III d. C., en que aparecen los visigodos, aunque de su supuesta estancia no existe ningún tipo de documentación, ni histórica ni arqueológica, a excepción de una necrópolis recientemente descubierta. Esta carencia de documentación histórica nos obliga a dar un salto hasta el siglo X, en plena ocupación musulmana, con la llegada de los repobladores del Duero, siendo ocupada por el conde de Castilla Nuño Núñez en el año 912, quien recientemente también había repoblado Castrojeriz y comenzado a construir los castillos que formaban una fuerte línea defensiva que protegía estas tierras ribereñas, recién repobladas, de las frecuentes incursiones musulmanas. Entre ellos se encontraba el de Roa, defendido por foso y muralla, de la que todavía quedan restos en buen estado. En el siglo XIII se le incorporó una gran torre defensiva, mandada levantar por doña Violante de Aragón, viuda del rey Alfonso X el Sabio, a la que se adosó el Palacio Real; también amplió la muralla, dotándola de seis puertas que todavía se conservan.

Anteriormente, en el año 1143, Alfonso VII concede fueros a la villa de Roa, que sirven de base para la creación, posteriormente, de la Comunidad de la Villa y Tierras de Roa, que actualmente conforma la comarca conocida como “Valle del Cuco”. Se la concedió jurisdicción de Señorío a favor del Conde de Siruela, que era quien nombraba su Alcalde Mayor. Posteriormente, este señorío pasó a poder de la Casa de Alba.

En 1464 el rey de Castilla, Enrique IV, entrega la villa de Roa a su favorito D. Beltrán de la Cueva, al que colmó de honores y privilegios, concediéndole varios títulos nobiliarios, como el Condado de Ledesma, el Ducado de Alburquerque y el Maestrazgo de la Orden de Santiago. De estas concesiones proviene el conocido refrán que aparece en el escudo de la villa: “Quien bien quiere a Beltrán, bien quiere a su can”. También le fueron concedidos a la villa un mercado semanal y dos ferias anuales, lo que dio paso a una época de cierta prosperidad.

También la historia de Roa está muy ligada a la del franciscano Fray Francisco Jiménez de Cisneros, el que fuera Cardenal Primado de Toledo y Regente de Castilla. Precisamente, sus primeros pasos en la carrera eclesiástica los dio en Roa, bajo la tutela de un tío suyo, clérigo de la villa, para continuarlos después en Palencia y Alcalá de Henares.

Sin títuloo

noviembre comenzó su agonía, falleciendo al día siguiente, 8 de noviembre, al parecer mientras intentaba dictar una carta dando consejos a su nuevo Rey, por el que tanto había luchado, y al que nunca llegó a conocer personalmente. Sus restos mortales fueron trasladados a Alcalá de Henares, cumpliendo sus propios deseos. En el Paseo del Espolón se encuentra el monumento que en su honor levantó el pueblo de Roa.

Otro personaje, ligado de forma indisoluble a la historia de Roa, es el famoso, y casi legendario cura Merino. D. Jerónimo Merino Cob, cura de su pueblo, Viloviado, muy cerca de Lerma, que colgó los hábitos para convertirse en un feroz guerrillero, cuando los gabachos que invadieron España en el 1808 se atrevieron a entrar en su pueblo, profanar su iglesia, ofender la Religión, vejar a su persona e insultar a sus feligreses.

merino

Su cuadrilla, que se integró en el Regimiento de Húsares de Burgos (3), llegó a ser numerosa y disciplinada, contando con más de 200 caballos y convirtiéndose en una auténtica pesadilla para la caballería y las tropas regulares francesas, a las que sometían a incesantes ataques por sorpresa, que les llenaban de pánico y les causaban numerosas bajas. Su terreno de operaciones favorito era la zona de pinares, comprendiendo desde Neila y Quintanar de la Sierra hasta Salas de los Infantes, procurando no salir nunca a terreno descubierto. Sin embargo, el año 1813, en una de sus pocas salidas a campo abierto, logró conquistar y liberar la plaza de Roa, que estaba ocupada por tropas francesas, que habían saqueado gran parte del patrimonio artístico de la villa. Su valor y su patriotismo le valieron alcanzar el grado de General del Ejército Español.

En el año 1835, en plena guerra carlista, el cura Merino, convertido esta vez en un fanático defensor del aspirante D. Carlos y todo lo que representaba, volvió a empuñar las armas, en esta ocasión luchando contra la hija de Fernando VII, al que con tanto ardor había defendido años atrás. También pasó por Roa con sus tropas, pero esta vez para intentar incendiar la iglesia y varias casas del pueblo y castigar a los impíos liberales.

Otro héroe de nuestra Guerra de la Independencia, ligado a la historia de Roa por una ignominiosa ejecución, es el Mariscal de Campo D. Juan Martín Díez el Empecinado, un hombre fiel a su Patria y a su Rey, pero también a sus principios, por los que estaba dispuesto a morir. El pueblo de Roa, con su alcalde a la cabeza, fue su verdugo, ajusticiándole masiva y públicamente en su Plaza Mayor, el 20 de agosto de 1825. Pero Roa y los raudenses también han sabido rectificar, devolviendo su honor y su valía a este héroe castellano, hijo del pueblo, prototipo de las virtudes que honran a los hombres de Castilla. Roa honró su memoria dedicándole la antigua calle de las Armas, rindiéndole diversos homenajes y, posteriormente, en el año 1993, erigiéndole este monumento, obra del escultor burgalés José Ignacio Ruiz Martínez. También se ha creado la asociación raudense de “Amigos del Empecinado”.

25638731

Juan Martín había nacido el 5 de setiembre del año 1775 en el pequeño pueblo vallisoletano de Castrillo de Duero, de origen totalmente campesino, sus padres eran labradores con mediana hacienda, por lo que muy pronto tuvo que arrimar el hombro para ayudar en las tareas de labranza. Pero parece que aquello no era lo suyo, pues a los 16 años marchó voluntario a la guerra del Rosellón (4), donde tuvo sus inicios como guerrillero, luchando precisamente contra los franceses. En el año 1796, a su regreso, casó con la burgalesa Catalina de la Fuente, natural del pequeño pueblo ribereño de Fuentecén, muy cercano a Roa, donde se estableció y vivió como un vecino más, hasta que en el 1808 las tropas napoleónicas entraron en España con la firme intención de conquistarla, y llegaron hasta Roa y Fuentecén, de las que se apoderaron y donde cometieron numerosas tropelías.

El “Empecinado”, apodo que le viene precisamente por haber nacido en su pueblo, Castrillo de Duero, por donde discurre un pequeño riachuelo, denominado “Botijo”, en el que abundaban las bolsas de pecina, se convirtió en el guerrillero más eficaz, más astuto y más implacable de todos los que lucharon contra los franceses en la Guerra de la Independencia. Su trayectoria, tanto política como militar, pues en ambas facetas destacó, fue de lo más brillante y su fama, así como su campo de acción, transcendieron su comarca, extendiéndose por casi todo el territorio peninsular. Su apodo de “El Empecinado”, temido y odiado por los franceses, se convirtió en paradigma de militar ejemplar, siendo hoy un adjetivo que enaltece a quien lo recibe. Al frente de sus hombres su movilidad y su audacia eran ilimitadas, llegando a conquistar Salamanca y hacer hasta tres incursiones por la Villa y Corte, sembrando el pánico entre la guarnición francesa. Sus ascensos por méritos de guerra son continuos, hasta que Fernando VII le nombra Mariscal de Campo a su regreso triunfal a España.

Pero los honores no tardan en esfumarse y su estrella en apagarse y ser perseguida, al oponerse El Empecinado a la política absolutista puesta en marcha por el restaurado Fernando VII y exigirle su vuelta al orden constitucional, acatando de nuevo la Constitución de Cádiz.
Los “Cien Mil Hijos de San Luis” invadieron España en abril de 1823 con el único propósito de afianzar a Fernando VII en su trono absolutista, e impedir que a España la siguiera gobernando un gobierno liberal; estaban dirigidos por Luis Antonio de Borbón, sobrino de Luis XVI, que le había nombrado Duque de Angulema y lo integraban cinco cuerpos del Ejército regular francés, al que se unieron numerosos voluntarios españoles, entre los que se encontraba el Cura Merino, un viejo compañero de armas del Empecinado en la anterior lucha contra los franceses, cuando juntos defendían, precisamente, la vuelta al trono de Fernando VII.

La invasión acabó con la derrota del Ejército constitucional español. A partir de este descalabro, que se consumó el mes de agosto en la batalla del Trocadero, con todo el poder en manos del rey absolutista, dio comienzo un sistemático e implacable proceso de eliminación de todos los líderes, tanto políticos como militares, que habían hecho posible el “Trienio Liberal”. Varios generales fueron eliminados de la escena política sufriendo diferente suerte, entre ellos el navarro Espoz y Mina consiguió exilarse a Europa, Rafael Riego fue apresado, ahorcado y decapitado (5), Torrijos fue fusilado (6), a Juan Martín el Empecinado, que se entregó voluntariamente en Olmos de Peñafiel para evitar represalias a sus hombres, el 19 de agosto de 1925 le conducen encadenado, entre el escarnio y la burla de la plebe, hasta la Plaza Mayor de Roa, donde se había preparado el patíbulo en el que debía ser ahorcado “por atentar contra los derechos del trono”. Pero el Empecinado se rebela y en un titánico esfuerzo rompe sus cadenas y arremete contra sus carceleros tratando de huir y refugiarse en una iglesia. Finalmente es reducido y el verdugo consigue ponerle la cuerda al cuello. De esta manera infame acaba la vida de un militar castellano, valiente y cabal, que dedicó lo mejor de su vida por devolver la corona de España a un rey ingrato que prácticamente la había regalado a Napoleón.

tg35tmiadora

¡A vendimiar voy! ¡De la vendimia vengo!
De la Ribera del Duero Roa es el centro
¡Y también es su balcón

Para los visitantes amigos del arte y sus monumentos, además de pasear por su espléndido Paseo del Espolón, auténtico mirador del Duero, y admirar la estatua homenaje a la Vendimiadora, situada en la Plaza Mayor, entre sólidas casas de piedra, muchas de ellas blasonadas, podrá visitar sus monumentos y edificios más emblemáticos, como el antiguo Hospital de San Juan Bautista, del siglo XVI, en el que actualmente se encuentra la sede del Consejo Regulador de la D.O. Ribera del Duero, a la que se accede por la Puerta de San Juan, una de las seis que dan acceso a la villa. También merece la pena ser visitada la ex Colegiata de Nuestra Señora de la Ascensión, una iglesia monumental que conserva una portada románica de cinco arcos, pero en la que predomina el gótico tardío con influencias renacentistas de finales del siglo XVI, destacando su portada principal, en la que aparecen los escudos de la villa y del obispo de Osma D. Tello de Sandoval, en su interior se puede admirar el magnífico grupo escultórico representando a los Reyes Magos, obra del genial artista burgalés Diego de Siloé. La construcción de la Colegiata fue costeada por los Siruela, los Velasco y los Mencía.

fe

Tampoco se puede dejar de visitar la Ermita de la Virgen de la Vega, situada a cinco kilómetros de la villa, en medio de un pinar milenario; la Puerta y la iglesia de San Esteban, o el emblemático edificio de la Alhóndiga, del siglo XVII, donde antiguamente se almacenaba el grano y también disponía de lagares para elaborar el rico vino de la Ribera, que eran la base de la economía de la comarca. Para los aficionados a la Arqueología está disponible el “Aula Arqueológica”, en la que se puede visualizar un vídeo interactivo sobre las principales civilizaciones que han configurado estas tierras, desde la Edad del Hierro a la Edad Media, gracias a la gran abundancia de sus vestigios, motivo por el cual ha sido declarada como Zona de Interés Arqueológico Nacional.
Todavía quedan muchos atractivos para los visitantes de la villa raudense, que sin duda les dejarán un imborrable recuerdo. Me estoy refiriendo, naturalmente, a la Roa gastronómica y su cultura del vino, pudiéndose calificar su oferta de insuperable.

La cultura del vino es tan antigua como la propia historia de Roa, ya los romanos fueron grandes implantadores de cepas, cosecheros de uva y productores de vino que después se exportaba a diferentes ciudades del Imperio. Los visigodos también fueron unos excelentes viticultores, que cuidaron y mejoraron las cepas, obteniendo vinos de más calidad. San Isidoro, en sus famosas “Etimologías”, hace la siguiente definición del vino: “Al vino se le llama así porque, apenas terminado de beber, llena las venas con su sangre”.
La “tempranillo”, también llamada “tinta fina”, “tinto fino” o “tinta del país”, es la uva por excelencia cuyos viñedos ocupan alrededor del 85% de toda la extensión de la Ribera del Duero, otras variedades locales son la “garnacha” y la “albillo”, utilizadas sobre todo en la elaboración de los vinos claretes, blancos y rosados; últimamente se han incorporado variedades históricas, como la “merlot”, la “cabernet” y la “malbec”, cuyo cultivo es moderado y su uso, destinado principalmente a la elaboración de los reservas y los grandes reservas, está controlado por la “D.O. Ribera del Duero”.

Los claretes o rosados que se pueden saborear en Roa, así como los tintos jóvenes y con crianza son de una calidad envidiable,……….frescos, ligeros, afrutados, aromáticos, con cuerpo, equilibrados, con una graduación entre 13º y 15º, los paladares más refinados y exigentes encontrarán su vino y saldrán plenamente satisfechos con su degustación.

wd

Naturalmente el placer del buen beber se puede completar con el del buen comer. En Roa existen restaurantes donde elegir y también bodegas que disponen de restaurante propio para comer. Cualquiera que sea la elección, seguro que resulta un éxito. La estrella gastronómica de Roa, y casi me atrevería a decir que de toda la Ribera, es sin duda el cordero asado o “lechazo castellano”, preparado en horno de leña, previamente aromatizado con sarmientos ó matojos de los cercanos montes y acondicionado por el maestro asador, que es quien tiene la última palabra y decide cuando la blanca y tierna carne ha adquirido el dorado otoñal necesario para ser disfrutada por los comensales. En algunos restaurantes, como “El Chuleta”, regentado por el maestro asador Joaquín Alonso, el cordero se prepara a la vista de los que se van a sentar a la mesa; su amplio comedor ofrece además una amplia y panorámica visión de la vega de Roa y dispone también de una magnífica y antigua bodega subterránea muy bien provista.

Naturalmente destacan también otros ingredientes del cordero, como las chuletillas asadas en sarmiento, las patitas fritas o en salsa, las mollejas o criadillas, las cabecillas asadas……, completándose la oferta con los típicos productos del cerdo, como la famosa morcilla de Burgos, el picadillo, el lomo, el chorizo, la panceta y el jamón.
Otro plato típico de Roa, para las personas que prefieran el pescado, es el famoso bacalao al “Estilo Taberna”, que se elabora en cazuela de barro al fuego lento de leña.

Tampoco defraudarán los postres, destacando los quesos semi curados o curados, elaborados con leche de oveja churra, sin faltar los de elaboración casera y tradicional como los “empiñonados”, las “bolillas”, la torta de aceite o las pastas en general.

Finalmente, Roa es el punto de partida de un recorrido por su comarca conocido como la “Ruta del Vino”, que incluye los cercanos municipios de La Horra, Sotillo de la Ribera, Anguix, Olmedillo de Roa, Berlangas de Roa, Pedrosa de Duero, Haza, Guzmán, Fuentecén, Quintana del Pidio…..

Muy cercana a Roa se encuentra La Horra, un pueblo pequeño de poco más de 400 vecinos, pero que cuenta con una gran extensión de viñedos que se acerca a las 800 hectáreas, por lo que abundan las bodegas, creo que actualmente cuenta con catorce, en las que se elaboran excelentes caldos; son de destacar Sastre, Balbás y Monte Aixa. También cuenta con un Museo del Vino, instalado en una antigua bodega subterránea.

En el año 1143 Anguix ya pertenecía a la Comunidad y Tierra de Roa y el rey Alfonso VII la concede fueros similares a los de Sepúlveda, pasando, en tiempos de Enrique IV, a ser señorío del Conde de Siruela. Se trata, por tanto, de una población cargada de historia, que ofrece a sus visitantes interesantes atractivos.

er31eix

La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, dependiente del Arciprestazgo de Roa es un templo barroco del siglo XVIII levantado gracias a la contribución económica de los vecinos. Destaca la sobria plasticidad de su portada, con un amplio arco de medio punto y un segundo cuerpo formado por una sencilla hornacina, acabando en una torre campanario. También se puede visitar la Ermita de San Juan Bautista, situada en lo alto del cerro Torrejón, cuya ladera está perforada por numerosas bodegas subterráneas.

En el cercano pueblo de Berlangas de Roa el Riaza se une al padre Duero y, poco después, dentro de su término municipal lo hace el Gromejón, famoso río cangrejero. Semejante riqueza fluvial es el origen de numerosas fuentes y manantiales naturales, tanto subterráneas como en la superficie, que han convertido el entorno en una verde, fecunda y hermosa vega rodeada de yermos páramos. Hasta cinco fuentes públicas existen en el pueblo, siendo la más famosa la Fuente de los Caños que abastecía un antiguo lavadero de piedra; actualmente el conjunto está en fase de rehabilitación. A las afueras de la villa se encuentra la Ermita de la Virgen de Los Huertos, patrona de la villa, en la que se guarda una artística talla románica del siglo XII. El conde de Siruela tuvo jurisdicción de señorío sobre esta pintoresca villa ribereña.

Haza o Aza, por ambos nombres se la conoce, es una pequeña localidad de la Ribera del Duero, situada a 910 metros de altitud, en lo alto del Pico de la Buitrera y protegida en su lado sur por el río Riaza. Esta estratégica posición la convirtió en una adelantada plaza fuerte, primer obstáculo que encontraban los árabes en sus incursiones por las tierras de la recién creada Castilla. Todavía existen los restos de su primitiva torre defensiva, levantada en el siglo XII y convertida posteriormente en castillo, al que en el siglo XV, por iniciativa de los Condes de Miranda del Castañar, señores de la villa, se le añadió un recinto amurallado en el que se integró la iglesia parroquial de San Miguel, en la que se aprecian interesantes elementos góticos.

rfr2

El año 1135, en la villa de Haza nació Juana Garcés, en el seno de una importante familia de la nobleza castellana. Su padre, García Garcés, fue tutor y mayordomo del rey Alfonso IX y su madre pertenecía a la Casa Trastamara, que unos pocos siglos más tarde se sentaría en los tronos de Castilla y Aragón. En el 1160 Juana casó con otro miembro de la nobleza castellana, Félix de Guzmán, señor de la cercana villa de Caleruega, “un hombre honrado y rico en su pueblo”, según sus paisanos, siendo este matrimonio el origen de una insólita familia de santos, pues a Félix, su marido, la Iglesia le concedió la dignidad de Venerable, ella misma fue elevada al rango de Beata, al igual que sus dos hijos mayores, Antonio y Mamerto, mientras que Domingo, el más joven, en cuyo nacimiento parece que se produjo la intervención de Santo Domingo de Silos, se convirtió en uno de los más grandes santos de la Iglesia Católica, gran defensor de la Fe, fundador de la Orden de los Dominicos y patrono de Burgos y su provincia. Juana falleció en Caleruega el 2 de agosto de 1205, por su biografía se sabe que fue una mujer piadosa, que ayudaba generosamente a los más necesitados. Se ha hecho popular su proverbial dadivosidad, que aseguraba a los peregrinos y los pobres que pasaban por su casa un buen pedazo de pan, se supone que acompañado de algo, y un buen trago de vino del que producían sus viñas. Ya en el terreno de la leyenda, parece ser que por mucho vino que llegase a repartir, las cubas de su bodega siempre estaban a rebosar. ¡Sin duda debía de ser un vino extraordinario y milagroso!.

En el extremo suroeste de la provincia de Burgos, lindando prácticamente con las provincias de Palencia y Valladolid, se encuentra Guzmán, otro pueblo ribereño rodeado de viñedos y cargado de historia. Según el historiador burgalés D. Canuto Merino Gayubas, el fundador de Guzmán fue un hijo del Rey de Bretaña, llamado Urbán, que llegó a España en el año 843 para ayudar al rey Ramiro I de Asturias en la lucha que mantenía por el trono con su cuñado Nepociano y al que se conocía por el apodo de “Goodman”, cuya traducción equivale a “hombre bueno”. En cualquier caso, de este lugar procede la ilustre estirpe de los Guzmanes, como Guzmán el Bueno, Santo Domingo de Guzmán ó la rama que pasó a Andalucía durante la Reconquista, como la sevillana Doña Leonor de Guzmán, amante del rey Alfonso XI, destacando también la figura del Conde-duque de Olivares D. Gaspar de Guzmán, válido de Felipe IV. En el Concilio de Burgos de 1136 ya se hace referencia a la villa de Guzmán y también aparece en el Fuero concedido a Roa por Alfonso VII en el año 1143.

fewrf

Uno de los edificios más emblemáticos de Guzmán es el Palacio barroco de dos torres, mandado construir a principios del siglo XVII por D. Cristóbal de Guzmán y Santoyo. Actualmente el Palacio ha sido restaurado y rehabilitado y es de propiedad municipal. Otro monumento digno de ser visitado, que ha sido recientemente restaurado, es la iglesia parroquial de San Juan Bautista, construida durante la primera mitad del siglo XVII a iniciativa del obispo de Palencia D. Cristóbal de Guzmán y Bertrán y con las aportaciones económicas de otros miembros de la familia.

fr2e4r

Se trata de un sobrio templo renacentista con tres naves, bóveda de crucería y una esbelta torre-campanario adosada, en la que destaca el escudo de armas de los Guzmán-Santoyo. De su interior sobresale el presbiterio barroco con la policromada imagen de San Juan Bautista, sobre la que aparece la representación de la Asunción de Nuestra Señora. También dispone de varias capillas como la de Santo Domingo de Guzmán y la de su coetáneo San Francisco de Asís. En lugar destacado de la primera se levanta la estatua yacente de su fundador el Obispo de Palencia vestido de pontifical, en la que se puede leer la siguiente inscripción: “Esta capilla fundó el Ilmo. Sr. Dn. Cristóbal de Guzmán y Santoyo, Obispo de Palencia, Conde de Pernía, del Consejo de S. M. para honra y gloria de Dios, para su entierro y el de los descendientes y sucesores dellos. Año de 1653”. En los muros laterales, bajo sendos arcos funerarios, se hallan las figuras orantes de D. Cristóbal de D. Guzmán y Santoyo y la de su esposa Doña María Bertrán, padres del Obispo.

Todavía, para los viajeros sin prisa, quedan numerosas localidades de estas atractivas Tierras de Roa, que merecen una espaciada y relajada visita. Para finalizar esta breve reseña, vamos a mencionar algunas como Sotillo de la Ribera, Pedrosa de Duero, Olmedillo de Roa, Quintana del Pidio, Quintanamanvirgo, Andrada, Nava de Roa, San Martín de Rubiales, Hontanga, Valdezate………………, en todas ellas tendrá el viajero una agradable acogida y una atractiva estancia. ¡Buen viaje para todos!

NOTAS

(1) El Monasterio de La Aguilera está dedicado a San Pedro Regalado y fue fundado por el franciscano Fray Pedro de Villacreces a principios del siglo XV, está ubicado en la localidad de La Aguilera, muy cercana a Aranda de Duero. Actualmente está ocupado por la Congregación Iesu Communio.
(2) El infante D. Fernando de Austria, era el cuarto hijo de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso, más joven y único hermano del Carlos I de España y V de Alemania, al que sucedió en el puesto de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, cuando aquél abdicó en 1558. Era el nieto favorito de Fernando el Católico y había sido educado en Alcalá de Henares, bajo la tutoría del Cardenal Cisneros.
(3) El Regimiento de Húsares de Burgos fue fundado en 1811 por el Cura Merino y el lermeño Ramón de Santillán, que posteriormente llegaría a ser Ministro de Hacienda. Vestían pelliza azul con bordados blancos y solían actuar conjuntamente con el Regimiento de Arlanza, principalmente por la zona de pinares.
(4) La Guerra del Rosellón, también conocida como Guerra de los Pirineos o Guerra de la Convención, tuvo lugar entre el 7 de marzo de 1793 y el 22 de julio de 1795. Acabó con la derrota de las tropas de Carlos IV por el ejército de la Convención Nacional francesa y la firma de la Paz de Basilea.
(5) El general Rafael Riego Flórez fue derrotado por los “Cien Mil hijos de San Luis” en la batalla de Jódar, el 14 de setiembre de 1823. Traicionado y abandonado por sus tropas, fue trasladado a Madrid y declarado culpable de alta traición. El 7 de noviembre fue ajusticiado públicamente en la Plaza de la Cebada de Madrid, primero ahorcado y después decapitado.
(6) El General Torrijos, al frente de 48 voluntarios liberales, en los primeros días de diciembre de 1831 desembarcó en Málaga e intentó un pronunciamiento contra el absolutismo de Fernando VII. Hechos prisioneros, fueron fusilados sin juicio previo al amanecer del día 11 de diciembre de 1831 en la playa malagueña de San Andrés. Torrijos, que vestía de paisano, se puso a la cabeza de sus hombres para recibir la primera descarga.

Autor Paco Blanco, Barcelona, junio 2016

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s