POR LA RIBERA DEL DUERO: 6. ARANDA, LA CAPITAL. -Por Francisco Blanco-

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                                                   “Por las orillas del Duero
                                                              silba el viento,
                                                         cantan los álamos,
                                                           verdean las viñas,
                                                                y, a lo lejos,
                                                        suena el pitido del tren
                                                  y el tañer de una campana….”

En el siglo XV, después de la celebración del Concilio de Aranda en el año 1473, la villa de Aranda de Duero, capital de la comarca de la Ribera del Duero burgalesa, se puso del lado de Doña Isabel de Trastamara en la lucha dinástica que sostenía con su sobrina Doña Juana de Trastamara, hija del rey de Castilla Enrique IV, aunque buena parte de la nobleza y el pueblo llano la considerara hija ilegítima, de ahí su apodo de “La Beltraneja” y su rechazo a que heredara el trono de su padre. Finalmente Doña Isabel acabó ciñéndose la corona de Castilla y nunca se olvidó de quienes la habían ayudado a conseguirlo. Aranda se convirtió en una de sus villas favoritas, concediéndola numerosos privilegios que potenciaron su esplendor y su desarrollo, tanto monumental como económico.

Pero los orígenes de Aranda de Duero se remontan a las épocas pre romanas; es muy probable que los primeros asentamientos humanos se produjeran en la época megalítica, durante la Edad del Bronce, lo que supone entre unos 3000 y 2000 años a. d. C., aunque se trata solamente de un supuesto que se deduce por los escasos hallazgos arqueológicos encontrados. Unos cuantos siglos después, entre el VIII y VII a. d. C., estas tierras fueron conquistadas y colonizadas por tribus celtíberas, como los pelendones, a los que se atribuye “la cultura de los castros sorianos” y también de los arévacos, separados de los pelendones por el río Arandilla, que acostumbraban a construir sus poblados en lo alto de los cerros, desde donde podían vigilar posibles ataques extraños y organizar mejor su defensa. Sus poblados se extendieron principalmente por la franja sur del Duero. Es posible que en la actual Aranda de Duero estuviera enclavada la ciudad arévaca de “Aratza”. Los últimos arévacos sucumbieron ante el poderío de los romanos hacia la mitad del siglo I a. d. C. Los nuevos dueños de la Ribera del Duero dedicaron estas tierras a la siembra y recolección de toda clase de cereales, cuyas cosechas servían para alimentar al Imperio, por lo que se las conocía como “El Granero de Roma”. Según el “Itinerario de Antonino”, la actual Aranda estaba situada en la Calzada XXVI, que unía Rauda con Clunia, siendo Rauda una “mansio” romana o lugar de paso destinado a pasar la noche durante un viaje. Esto ha provocado una verdadera controversia sobre si el nombre de Rauda hay que adjudicársele a Roa ó a Aranda.

Los visigodos, derrotados y perseguidos por los francos, llegaron a nuestra península en el año 507, fundando el Reino Visigodo de Toledo, extendiéndose muy pronto por las actuales provincias de León, Palencia, Soria y Burgos. Tal vez el mayor logro de los visigodos fue conseguir la unidad religiosa del reino, desapareciendo el arrianismo e imponiéndose el imperio espiritual del cristianismo, que ya estaba presente en la Hispania romana. Establecieron la sede episcopal en la localidad soriana de Osma, antigua ciudad arévaca, y también levantaron diversas iglesias, ermitas o colegiatas.
En el año 711, con la invasión musulmana los visigodos tuvieron que someterse al mandato árabe ó emigrar, dispersándose por donde pudieron, algunos grupos se refugiaron por los montes astur-leoneses, de donde salió el pequeño núcleo que inició el proceso histórico que se conoce como “La Reconquista”.

Durante los primeros tiempos de la dominación musulmana, estas tierras ribereñas fueron uno de los principales objetivos de las numerosas aceifas de los árabes en busca de botín, de rapiña y de esclavos. Casi de forma simultánea a la aparición del Condado de Castilla, hacia los comienzos del siglo IX, dio comienzo también la repoblación de estos territorios por parte de los castellanos, que erigieron una línea defensiva de castillos para proteger a los nuevos colonos, que todavía tenían que salir a labrar la tierra con la azada en una mano y en la otra la espada. De esta forma se fueron creando nuevos núcleos de población y surgieron los Concejos, que se convirtieron en la auténtica base de la nueva sociedad, en la que la clase media, integrada por los labriegos, los menestrales y los infanzones, o pertenecientes a la segunda nobleza, alcanzó un notable desarrollo. El año 1088 la Iglesia Católica celebró en la localidad palentina de Husillos un concilio en el que, entre otras cuestiones, se configuraron las diócesis de Osma y la de Burgos, figurando Aranda de Duero en la primera. En el siglo XIII, durante el reinado de Sancho IV le fue concedida la condición de “Villa de Realengo”.

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                                            Iglesia de San Juan Bautista

El año 1473 el obispo Carrillo convocó el llamado “Concilio de Aranda”, en el que se trataron temas referentes a diversas reformas que afectaban a las costumbres del clero, pero que también tuvo un marcado cariz político, pues el propio obispo Carrillo se declaró partidario incondicional de la princesa Isabel como aspirante al trono de Castilla. Las sesiones del concilio tuvieron lugar en la iglesia de San Juan Bautista, situada en el centro de la ciudad. Se trata de un templo gótico construido entre los siglos XIV y XV, con una torre fortificada adosada y una magnífica portada gótica. En su interior es destacable su retablo renacentista y actualmente se encuentra el Museo de Arte Sacro de la Ribera. En el año 1982 fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC).

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                                            Portada de San Juan Bautista

Situada prácticamente en el centro de la ciudad, muy cerca de la Plaza Mayor, se encuentra la verdadera joya arquitectónica de Aranda, se trata, sin duda, de la iglesia gótica de Santa María, construida sobre los restos de un templo románico, del que permanece la torre defensiva; las obras dieron comienzo hacia el año 1439 y finalizaron en el siglo XVI, hacia el año1515, que es cuando se da por finalizada su prodigiosa portada de estilo gótico isabelino, obra genial del arquitecto burgalés Simón de Colonia y su equipo, aunque la finalizó su hijo, el también arquitecto burgalés Francisco de Colonia. Esta bella portada constituye una magnífica muestra del esplendor que alcanzó Aranda de Duero mientras contó con el mecenazgo de la Reina Católica. La figura central representa la escena del Calvario y está coronada por una impresionante crestería. También aparecen los escudos de Aranda y los reales, destacando el del Yugo y las Flechas, símbolo de la unión entre Castilla Y Aragón. Contemplar esta monumental portada es uno de los grandes atractivos que ofrece esta visita a la capital arandina.

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                                                  Portada de Santa María

El interior es de planta de cruz latina con tres naves, a la que se añadió una cuarta, cubiertas por bóvedas de crucería, asentadas sobre columnas adosadas. Está iluminada por vidrieras y rosetones profusamente decorados. En toda la ornamentación interior predomina el estilo gótico flamígero, también llamado “isabelino”. El retablo principal es renacentista, de madera policromada, con una escalera mudéjar que conduce al coro, formada por tres tramos con diferente ornamentación, está atribuida al escultor Sebastián de la Torre. El interior se completa con otros cuatro retablos barrocos del siglo XVIII, el de S. Pedro, el de S. Miguel Arcángel, el de la Sagrada Familia y el de S. Cristóbal. En todos ellos se pueden ver diferentes tallas y pinturas.

La Virgen de las Viñas, patrona de Aranda, tiene su santuario sobre lo alto de una colina, situada en un parque al norte de la ciudad. En el interior de este templo del siglo XVII, mandado construir por el mecenas D. Pedro Álvarez de Acosta, obispo de Osma, se encuentra la talla de la Virgen de las Viñas, que según cuenta la leyenda, se le apareció a un labrador de la zona para indicarle donde se encontraba la imagen que había sido robada del monasterio visigótico de Quintanilla de las Viñas durante la invasión musulmana.

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                                                    La Virgen de las Viñas

Actualmente está al cuidado de la Cofradía de Nuestra Señora de las Viñas, cuyos cofrades se preocupan de mantener su culto y organizar anualmente las fiestas en su honor, que duran nada menos que nueve días, durante los cuales tienen lugar diversos festejos, como una misa solemne en honor de la Virgen, que se celebra en la Ermita, y por la Plaza Mayor y sus alrededores tienen lugar procesiones, pasacalles, desfiles de gigantes y cabezudos, además de varias corridas de toros. Estos festejos dan comienzo el domingo siguiente al 8 de setiembre.

En el barrio de Sinovas se puede visitar la iglesia de San Nicolás de Bari, declarada Monumento Nacional en el año 1964. Se trata de una iglesia románica del siglo XIII, de una sola nave con techumbre mudéjar, a la que posteriormente se le fueron añadiendo elementos góticos y renacentistas. Cuenta también con una torre defensiva con saeteras, que posiblemente se construyó durante los comienzos del siglo XII.

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                                            Iglesia de San Nicolás de Bari

El tejado descansa sobre un pórtico de ocho columnas con doble capitel labrado, de estilo renacentista del siglo XVI. En su interior destaca un retablo renacentista, con escalera que sube al coro del mismo estilo, todo ello completado por un magnífico artesonado bellamente decorado del siglo XVI, perteneciente sin duda a la escuela castellana de Juan de Juni. Esta iglesia fue objeto de una restauración que duró del año 2005 al 2010.

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                                           Bodega subterránea

Hemos hablado hasta ahora de la Aranda monumental, la que se ve, la que se levanta sobre su suelo, pero existe otra Aranda, una verdadera ciudad subterránea en la que llegaron a existir más de 300 bodegas metidas en sus entrañas, en las que los arandinos almacenaban el vino que cosechaban en sus viñas, que se conservaba perfectamente gracias a que en su interior se aunaban unos factores ideales de temperatura y humedad, que también facilitaban su óptima maduración. Fueron construidas entre los siglos XII y XVII y en la actualidad todavía quedan alrededor de 120, principalmente bajo su casco antiguo, que se pueden visitar y en las que se puede saborear el rico vino ribereño, actualmente está acogido a D. O. Ribera del Duero. Se trata sin duda de un legado que proviene de la época romana, que se ha conservado y mejorado a lo largo de los siglos, constituyendo uno de los más valiosos patrimonios de la ciudad de Aranda.

Claro que unida a la cultura del vino va unida la cultura gastronómica. La Gastronomía arandina, está basada fundamentalmente en el lechazo asado al horno de leña. Prácticamente es el buque insignia del sector hostelero arandino y son numerosos los restaurantes que tienen este plato como especialidad. La calidad y el servicio están garantizados en todos ellos. El más antiguo es el Asador Rafael Corrales, fundado en el 1902. Aranda es además la sede del la Indicación Geográfica Protegida (I.G.P.) del “Lechazo de Castilla y León”. Anualmente se celebran en los restaurantes arandinos las “Jornadas del Lechazo”, con el propósito de promocionar al máximo este producto estrella de nuestra gastronomía.

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                                           Gastronomía arandina

Tampoco se pueden desdeñar las chuletillas de cordero a la brasa, la morcilla de Aranda, la Torta de Aranda, las yemas y los empiñonados.
A principios del siglo XIX Aranda se convierte en una de las ciudades españolas protagonistas de la lucha que muchos patriotas españoles, convertidos en guerrilleros, mantuvieron contra el ejército francés que el Emperador Napoleón envió a España, con la clara intención de apoderarse de ella e incorporarla a su ya poderoso Imperio. Lucharon denodadamente por recuperar el trono español para el desterrado Fernando VII, al que consideraban su verdadero y legítimo Rey.

Tres figuras, relacionadas directamente con Aranda, destacaron especialmente en esta desigual lucha sin cuartel: el cura de Villoviado, D. Jerónimo Merino, el que fuera Regidor de la ciudad, D. Eugenio Aviraneta, de origen vasco y el curtido labrador castellano D. José Martín Díaz, que alcanzó la fama con el sobrenombre de “El Empecinado”. Los tres lucharon juntos en más de una ocasión por estas tierras ribereñas, sembrando el pánico y el desconcierto del ejército invasor, que se veía impotente para neutralizar sus sorpresivas acciones guerrilleras. Finalmente consiguieron que el invasor se retirara y con ello el regreso triunfal del desterrado rey Fernando VII, que no dudó en ceñirse la corona real.

Pero la situación política española no tardó en dar un giro de 180 grados y los liberales españoles, los que habían defendido, además de la independencia de la Patria la Constitución de 1812, se vieron acosados y perseguidos por el absolutismo de Fernando VII, el nuevo rey al que habían devuelto el trono que había entregado a Napoleón. De los tres, el cura Merino se convirtió en un fanático y furibundo absolutista, que no tuvo ningún reparo en volver a empuñas las armas, esta vez contra sus antiguos compañeros. En 1833, a la muerte de Fernando VII, pasó e engrosar las filas de los partidarios del aspirante Carlos María Isidro de Borbón, hermano del fallecido monarca. Perdida la primera Guerra Carlista, el cura Merino tuvo que exilarse a Francia, donde recuperó los hábitos, pasando el resto de su vida como director espiritual de un convento de monjas. Por su parte, El Empecinado, ferviente defensor de la Constitución, fue detenido y condenado por traidor, acabando públicamente ahorcado, de forma infame, en la Plaza Mayor de Roa. El liberal Aviraneta se convirtió en un astuto conspirador, que acabó exilándose al país vecino para salvar su vida. Sobre el estudio de estas tres figuras se han escrito numerosas obras literarias de carácter biográfico, destacando especialmente las del canario D. Benito Pérez Galdós y el donostiarra D. Pío Baroja.

La Aranda del siglo XXI es una ciudad moderna y dinámica, en la que se desarrollan numerosas actividades, tanto económicas, pues cuenta con varios Polígonos Industriales, como sociales, culturales y deportivos. Además de disponer de varios Museos, como el del Ferrocarril y el de Cerámica, a lo largo del año se celebran numerosos certámenes, ferias, concursos, festivales, eventos deportivos de todo tipo, jornadas gastronómicas y de ocio, siendo especialmente destacados el Festival Musical Sonorama, el Concurso internacional de guitarra Villa de Aranda o los premios ENVERO de Gastronomía o la Milla Arandina.
Después de todo lo expuesto, se puede llegar a la firme conclusión de que los visitantes de la capital de la Ribera del Duero nunca saldrán defraudados de su estancia en esta atractiva ciudad que se llama Aranda de Duero.

Autor Paco Blanco, Barcelona setiembre 2016

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