CEREZO DE RÍO TIRÓN Y SAN VÍTORES. -Por Francisco Blanco-.

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En el curso medio del río Tirón que, después de su nacimiento en la Sierra de la Demanda a más de 1800 metros de altura, recorre 30 kilómetros por tierras burgalesas antes de entrar en La Rioja, se encontraba la antigua frontera que separaba Segisamunculum,  la última ciudad de los autrigones,  de Lybia, primera ciudad de los beronos, dos tribus celtíberas que habitaron estas tierras allá por la Edad del Hierro. La primera es la actual localidad burgalesa de Cerezo de Río Tirón y la segunda es la riojana Herramélluri. Algunos restos de los siglos IV y III a. d. C. se conservan en el Museo Arqueológico de Burgos.

Los romanos llegaron hacia el siglo I a. d. C., utilizando la Calzada Romana que unía Tarragona con Astorga, y en el mismo emplazamiento fundaron la ciudad de Cesarea, en honor al emperador Augusto, que posiblemente acampó en ella durante alguna de sus campañas contra los cántabros.  Como muestra dejaron los dos soberbios puentes romanos de San Ciprián y San García. La Calzada Romana también fue aprovechada posteriormente por los numerosos peregrinos que desde Francia se dirigían a Santiago y  eran atendidos en el Monasterio-Hospital de San Jorge, fundado por el conde Gonzalo Téllez y su esposa Flámula en el año 913, dejándolo a cargo del abad Belasio.

De la estancia visigótica por estas tierras se tiene poca constancia, aunque parece ser que mientras estuvieron bajo el dominio del Conde Casio, de la familia de los Banu Qasi, confraternizaron con los primeros árabes que llegaron hasta el norte de la península, convirtiéndose en una plaza defensiva de los territorios del valle del Ebro que ya habían conquistado y estaban protegidos por las cercanas fortalezas musulmanas de Ibrillos, Grañón y Pazuengos, estas dos últimas ya en tierras riojanas. En el año 754 el rey Alfonso I de Asturias, que ya había arrebatado numerosos territorios a los árabes aprovechándose de la desbandada berebere, sobre el cerro más alto del pueblo mandó construir un castillo defensivo de forma triangular, con foso, muralla y torre del homenaje, que alcanzó un gran valor estratégico en los siglos siguientes, y tuvo que resistir, primero las embestidas de los árabes, especialmente por parte de Abderramán I y Abderramán III durante los siglos IX y X y, posteriormente, en el siglo XI, diferentes acosos por parte de navarros y castellanos que pretendían su posesión, hasta que en el año 1054, tras la batalla de Atapuerca, ganada por el conde Fernando I, pasó definitivamente a formar parte del Condado de Castilla. Posteriormente, en el siglo XV, durante el reinado de Juan II de Castilla, pasó a ser propiedad de los Velasco, Condes de Haro y más tarde Condestables de Castilla. Pocos años después empezó a sufrir un lento pero inexorable deterioro, acabando totalmente arruinado a mediados del siglo XIX. Actualmente tan solo son unos tristes restos arqueológicos que fotografían los turistas.

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A finales del siglo IX, durante el reinado de Alfonso III el Magno, se incorpora al reino de León bajo el nuevo nombre de Cerasio, de donde procede el gentilicio Cerezano. A la época visigótica también pertenecen unas cuevas excavadas en los cerros circundantes, como el de Valdemoro, que fueron utilizadas como eremitorios.

La repoblación medieval de Cerezo se inició, por orden del rey García I de León (1), entre los últimos años del siglo IX y los primeros del X y estuvo a cargo de Gonzalo Téllez, Conde de Lantarón, que la convierte en la cabeza de su condado, siendo nombrado también por el Rey leonés Conde de Cerezo. De esta forma puede decirse que comenzó la expansión territorial hacia el Duero de lo que pronto iba a ser el poderoso Condado de Castilla.

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El conde Gonzalo Téllez, según el “Cartulario de Valpuesta”, falleció sin sucesión sobre el año 919 ó tal vez antes. Le sucedió Fernando Díaz como conde de Álava, Lantarón y Cerezo. Este nuevo Conde luchó junto con los reyes Ordoño II de León y Sancho Garcés I de Pamplona por el dominio total de las tierras de La Rioja, que permanecían en poder de los árabes, cosa que se consiguió totalmente hacia el año 924. Su sucesor fue Álvaro Herrameliz, que ya había participado junto a Ordoño II en la conquista de Nájera y Viguera. Su mandato fue corto, pues murió hacia el año 932, al implicarse en una lucha fratricida entre los hermanos Alfonso IV y Ramiro II de León, fieramente enfrentados por ocupar el trono leonés. A partir de aquí Fernán González, que ya era conde de Burgos, se convirtió también en conde de Castilla, Álava, Lantarón y Cerezo. Comenzaba la hegemonía del Condado de Castilla.

En el Barrio de Arriba, frente a las ruinas del Castillo, también se pueden contemplar los restos de la iglesia de Nuestra Señora de Villalba, levantada en el siglo XVI, de estilo gótico tardío, de la que se mantiene la torre con el reloj. Al parecer la iglesia tenía un interesante retablo flamenco, cuyas valiosas tablas se encuentran en paradero desconocido.

Otra iglesia de la que sólo quedan unas tristes ruinas es la de Nuestra Señora de la Llana, románica del siglo XII, cuya magnífica portada se puede admirar en el Paseo de la Isla de la capital burgalesa. Fue la iglesia parroquial en cuyo entorno se configuró el antiguo casco urbano del pueblo. Su abandono y consecuente deterioro comenzó a principios del siglo XIX, quedando reducida en la actualidad a un montón de piedras. Además del retablo, milagrosamente recuperado, en el Museo de los Claustros de Nueva York se encuentra un artístico grupo de cuatro relieves que representan la Adoración de los Reyes Magos.

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La actual iglesia parroquial del pueblo, única que se conserva en pie, es la de San Nicolás de Bari, de estilo neoclásico, construida a finales  del siglo XVIII sobre los restos de otra del mismo nombre. La obra se dio por finalizada en el año 1804. Se trata de un templo de grandes dimensiones, con tres naves de cuatro tramos, linterna, sacristía y antesacristía. En su decoración se  emplearon diferentes retablos y elementos procedentes de las ruinas de otras iglesias, ermitas o monasterios cercanos. En la nave principal se encuentra el Altar Mayor, cuya cabecera la cubre una bóveda semiesférica sostenida por pechinas, detrás se encuentra la sacristía y al fondo el coro. Las naves laterales se cubren con bóvedas de ladrillo. Bajo el actual suelo de losas de mármol se encuentran numerosas sepulturas, algunas procedentes de la iglesia anterior. Todavía a la calle que está detrás de la iglesia se la conoce como la de “La Cementería”.

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A Cerezo de Río Tirón también le cabe el honor de ser la patria de San Vítores, un santo ermitaño nacido hacia el año 800, que pasó muchos años de su vida en soledad, viviendo y ocultándose  de la vecindad de los árabes en las cuevas de los alrededores, hasta que se decidió a abandonar esta vida de eremita y, tal vez inducido por la aparición de un ángel que le mostró su nuevo camino, se puso a predicar la fe cristiana, tan perseguida por aquellos tiempos, y lo hizo precisamente en su pueblo natal, que a la sazón estaba sitiado por los moros, instalándose en la ermita de Villalba, que después se convertiría en la iglesia parroquial del pueblo. Sus arengas, cargadas de vehemencia y de fe, levantaron el ánimo de los atemorizados cristianos, afianzándoles, al mismo tiempo, en sus creencias cristianas, consiguiendo incluso más de una conversión. Una leyenda le llega a atribuir la conversión de la princesa Coloma, hija del rey de Gaza. Tales actividades provocaron muy pronto la persecución de las autoridades árabes, que consiguieron capturarle mientras predicaba en el cercano pueblo de Quintanilla de las Dueñas, siendo de inmediato sometido a tormento. Fue atado y colgado de un madero en forma de cruz, y abandonado a la intemperie para que muriese lentamente de hambre, sed y frío y para que sirviera de advertencia y escarmiento a los que habían escuchado sus arengas. Pero Vítores, como si estuviera subido a un púlpito, siguió predicando sin cesar, como si nada le ocurriese, arengando a sus paisanos a mantenerse en la fe de Cristo y animándoles a luchar contra el moro invasor. Al cabo de tres días sin parar de rezar y predicar, fue descolgado y decapitado, este hecho parece que ocurrió el día 26 de agosto del año 850 y al santo se le empezó a representar predicando con la cabeza en la mano.

Poco después del martirio de San Vítores, hacia mediados del siglo IX, la zona quedó libre del acoso musulmán, y muchos árabes se convirtieron y bautizaron, pasando a formar parte de la comunidad cristiana. Los restos de San Vítores recibieron sepultura en un  sepulcro cavado en la piedra de una cueva cercana a Cubillas, dentro del término de Cerezo de Río Tirón. En el año 1446 los Condestables de Castilla mandaron construir en su honor el Convento de San Vítores (2), en la cercana localidad de Fresno de Río Tirón. Allí fueron trasladados los restos del santo, que fueron depositados en un arca situada en el retablo del Altar Mayor, convirtiéndose rápidamente en un lugar de veneración popular al que, cada 26 de agosto, acuden en romería numerosos vecinos de los pueblos de la comarca y también de La Rioja, Navarra y Cantabria, a rendir homenaje a su santo patrón. Los franciscanos, que habían ocupado el Convento desde 1625, lo abandonaron tras la Desamortización llevada a cabo por Mendizábal en el siglo XIX, pero el culto al santo todavía se mantiene gracias a la “Asociación Pueblos de San Vítores”, integrada por más de una veintena de pueblos, principalmente de Burgos y La Rioja.

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En la actualidad Cerezo de Río Tirón pertenece al partido judicial de Briviesca, en la comarca Demanda-Oca-Tirón, dentro de la zona geográfica conocida como “La Riojilla Burgalesa”, integrada por los siguiente pueblos: Bascuñana, Eterna, Castildelgado, Fresneña, Ibrillos, Redecilla del Camino, Redecilla del Campo, Viloria de Rioja, Cerezo de Río Tirón, Fresno de Río Tirón, Avellanosa de Rioja, Quintanilla del Monte en Rioja, Villamayor del Río, Sotillo de Rioja, San Pedro del Monte, San Cristóbal del Monte, Quintanilla de las Dueñas y Belorado, al que se considera la capital de la zona. Todos ellos comparten con los pueblos riojanos viejas costumbres y muchos siglos de cultura e historia.

En 1994 se constituye la “Mancomunidad de la Riojilla Burgalesa”, en la se agrupan los siguientes municipios: Bascuñana, Castildelgado, Fresneña, Ibrillos, Redecilla del Camino, Redecilla del Campo, San Vicente del Valle y Viloria de Rioja, la patria chica de Santo Domingo de la Calzada.

NOTAS 

  • García I fue el primer rey de León y era hijo de Alfonso III el Magno, último rey de Asturias.
  • Antes de la llegada de los franciscanos el Convento estuvo a cargo de la Orden de Predicadores.

Autor Paco Blanco, Barcelona setiembre 2016

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