POR LA RUTA DE LA LANA-3. CABAÑA REAL DE CARRETEROS. -Por Francisco Blanco-.

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“Ya se van los pastores a la Extremadura,
ya se queda la sierra triste y oscura.
Ya se van los pastores, ya se van marchando
más de cuatro zagalas quedan llorando.
Ya se van los pastores hacia la majada,
ya se queda la sierra triste y callada.
Ya se van los pastores, volverán cantando,
los amores que dejan ahora llorando.”
(Canción popular)

La actividad de la trashumancia se fue intensificando a medida que los reinos cristianos iban ensanchando sus fronteras hasta apoderarse de toda la Península. Su máximo esplendor lo alcanzó con los Reyes Católicos y se prolongó hasta el siglo XVIII. Naturalmente la actividad de la trashumancia también dejó su huella en el paisaje, que sufrió una fuerte deforestación, debido a la necesidad de crear nuevos y frescos pastos con que alimentar los inmensos rebaños de ovejas trashumantes. Solamente por la Sierra de la Demanda burgalesa se movían más de 200.000 ovejas de la raza merina.

El comercio de la lana y su transporte se convirtió en una importante fuente de riqueza, creándose  ranchos de esquileo, molinos de lavado, almacenes y fábricas textiles, además de las cañadas reales por las que transitaba el ganado, con trazados de larga distancia que atravesaban la península de norte a sur, algunas de las cuales aún se conservan. La provincia de Burgos la atravesaba la Cañada Real Segoviana, de 500 km. que arrancaba en la Sierra de Neila, por tierra de pinares, y acababa en Badajoz.

El transporte de la lana, desde los lavaderos y secaderos, se hacía por medio de carretas de madera tiradas por bueyes, su principal destino, en principio, era la ciudad de Medina del Campo, en cuya Feria tenía lugar el mayor número de transacciones y  contrataciones textiles de la península, hasta que, a partir del 1300, la ciudad de Burgos se convirtió en el principal centro de recogida y distribución de la lana, de donde salía para su embarque en los puertos de Santander, Castro Urdiales  y Laredo, a los que más tarde, a partir de su fundación en el 1301 por el burgalés D. Diego López de Haro, se añadió Bilbao. Para potenciar y controlar este importante tráfico comercial, en 1493 los Reyes Católicos crearon en Burgos el Consulado del Mar, que se convirtió en el centro administrativo de dicho tráfico, desde donde se realizaban todas las exportaciones de lana, tanto a Flandes como a Inglaterra. Unos años más tarde, en el 1497, instituyeron también la “Cabaña Real de Carreteros, Trajineros y Cabañiles”, una especie de gremio o hermandad que incluía todos los carreteros de España, a la que se concedieron muchos privilegios, llegando a monopolizar prácticamente todo el transporte nacional de mercancías, tanto públicas como privadas, ocupando la lana un lugar destacado. La hermandad de Burgos-Soria, una de las más importantes, llegó a superar las 5000 carretas, con sus correspondientes bueyes. Estaba integrada por 12 poblaciones de Burgos y Soria, todas pertenecientes a la Tierra de Pinares. En 1821, durante el “Trienio Liberal”, le fueron suspendidos sus privilegios, finalmente, en 1836 durante el reinado de Isabel II, fue suprimida definitivamente.

El importante negocio de la lana, en el que participaban ganaderos, transportistas, feriantes, mercaderes, cambistas y banqueros que endosaban créditos y giraban letras de cambio, alcanzó su máximo apogeo a mediados del siglo XVIII, en que empezó a disminuir la cabaña trashumante y se abrieron nuevas rutas, como la de Orduña, que desviaba el tráfico de mercancías hacia los puertos de Santander y Vizcaya. A partir de aquí da comienzo, de forma paulatina pero inexorable, la decadencia de la capital burgalesa.

La Ruta de la Lana burgalesa incluye las siguientes poblaciones: Hinojar del Rey,Quintanarraya, Huerta del Rey, Arauzo de Miel, Manolar, Santo Domingo de Silos, Santibañez del Val, Retuerta, Covarrubias, Mecerreyes, Hontoria de la Cantera, Revillarruz y Saldaña de Burgos. Muchas de ellas están también incluidas en “La Ruta del Cid”, que señala el camino que siguió Rodrigo Díaz de Vivar cuando tuvo que abandonar el reino de Castilla, desterrado por su rey D. Alfonso VI. 

Una de ellas es la pequeña localidad de Mamolar, donde nace el río Lobos a más de mil metros de altitud, perteneciente a la Sierra de la Demanda. Durante algún tiempo en el pueblo existió una “carretería” o fábrica de carretas para el transporte.

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Muy próximo a Burgos se encuentra el pueblo de Saldaña de Burgos, en el que vale la pena visitar el Palacio de Saldañuela, construido entre los siglos XV y XVI con la piedra extraída de Hontoria de la Cantera, otro pueblo perteneciente a la Ruta de la Lana. Lo mandó construir la burgalesa Doña Isabel de Osorio, descendiente de D. Pedro de Cartagena, señor de Olmillos de Sasamón. Esta dama fue durante muchos años amante de Felipe II quién, en 1556, la había financiado con 6.800 ducados la compra de una extensa finca regada por el río Ausín, que incluía terrenos de Saldaña, Sarracín, Olmos Albos y Cojóbar. El Palacio se construyó adosado a una Torre-fortaleza ya existente y posiblemente fue obra del burgalés Juan de Vallejo ó alguno de sus discípulos; quedó terminado en 1560 y  allí se retiró Doña Isabel, a consolarse de su amor imposible, aunque parece ser que las relaciones con sus vecinos no fueron lo que se dice apacibles, pues pronto empezaron a referirse al Palacio como “la casa de la puta del Rey”.

En 1678 el palacio pertenecía al Marqués de Cañizares, D. Juan Felipe de Borja y Palafox Bermúdez de Castro, por esta época sufrió un devastador incendio que lo destruyó en gran parte. Ya en el siglo XX fue adquirido por Caja Burgos, que encargó su restauración al arquitecto  D.  Vicente Lampérez y Romea. De estilo Renacimiento italo-español, se trata de una de las más notables muestras de la arquitectura civil burgalesa. Destaca especialmente el pórtico de la fachada principal, visible desde la carretera de Burgos a Salas de los Infantes, con sus seis columnas cilíndricas con capiteles corintios, que soportan una galería con arcos y una bella balaustrada de piedra.

Volviendo al pueblo de Saldaña, situado en la orilla izquierda de la carretera que conduce a Soria y a la Tierra de Pinares, parece que su fundación, en el año 884, se debe al conde Diego Rodríguez, el mismo que fundara la ciudad de Burgos, de la cual dista apenas 10 kilómetros, a cuyo Alfoz pertenece. Actualmente lo forman dos barrios, Saldaña de Burgos y Las Ventas de Saldaña; también existió otra población llamada Saldañuela, propiedad del Monasterio de San Pedro de Cardeña, que en siglo XVI se convirtió en el Señorío de Saldañuela, que actualmente corresponde al ya mencionado Palacio de Saldañuela, propiedad de Doña Isabel de Osorio. No obstante, los conflictos jurisdiccionales entre el Monasterio y la señora de Saldañuela y sus herederos han durado hasta bien entrado el siglo XVIII. En el término municipal de Saldaña confluyen el Ausín con el Modúbar. En las afueras del pueblo se levanta un viejo molino que tal vez fue utilizado para el lavado de lana.

Paco Blanco, Barcelona, julio 2016

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