POR EL VALLE DEL EBRO: MIRANDA DE EBRO. Autor, Francisco Blanco.

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Miranda de Ebro se estrenó como ciudad el siete de julio de 1907, festividad de San Fermín, merced concedida por la Gracia de Su Majestad D. Alfonso XIII mediante un Real Decreto: “Queriendo dar una prueba de Mi Real aprecio a la villa de Miranda de Ebro, provincia de Burgos; vengo en concederle el título de Ciudad. Dado en San Ildefonso a siete de julio de mil novecientos siete. Alfonso XIII”.

Naturalmente la historia de Miranda se remonta a la Prehistoria, como lo demuestran los numerosos vestigios prehistóricos encontrados por sus alrededores, como cuchillos y punzones de silex, que apuntan a la presencia de asentamientos humanos desde el Neolítico, lo que equivale a decir unos 5500 años. Ya en la Edad de Hierro, o sea hacia el siglo VI a. de C. llegaron a esta zona algunos pueblos centroeuropeos, como los autrigones, que se instalaron por el centro-norte de la península. Según Ptolomeo, la ciudad autrigona de Deóbriga se encontraba muy próxima al enclave actual de Miranda de Ebro y así lo parecen confirmar los estudios recientemente realizados en el yacimiento de Arce-Mirapérez (3). La romanización se produjo durante el siglo II a. C., principalmente en tiempos de Pompeyo, en los que se finalizó la calzada romana que desde Burdeos llegaba hasta Astorga, la cual cruzaba el Ebro por el puente de Deóbriga. En el siglo V los visigodos, aliados con el Imperio romano, se impusieron sobre el resto de los pueblos bárbaros que habían penetrado en la península, suevos, vándalos y alanos principalmente, estableciendo la capital de la Hispania visigótica en la ciudad romana de Augusta Emérita, la actual Mérida, para pasarla después a Toledo en tiempos de Leovigildo. Durante el reinado de éste, Miranda se convirtió en la cabecera de la campaña contra los cántabros, pasando a pertenecer al Ducado de Cantabria. Durante la época visigótica llegaron a estas tierras del norte del Ebro gran número de ermitaños a vivir en soledad dedicados a la oración, que se instalaron en las numerosas cuevas existentes por la zona, algunos de los cuales, como San Felices, San Fornerio, San Millán, San Prudencio y San Saturio, alcanzaron fama de santidad y ejercieron gran influencia sobre la población, que les llegó a tener gran devoción y respeto.

Los musulmanes, que entraron en la península en el 711, invadieron el valle del Ebro en el 713, quedando la zona conquistada en poder de la poderosa familia de los Banu-Qasi. Durante los dos siglos siguientes, la primitiva Bardulia fue un escenario en el que se repitieron de forma continuada los enfrentamientos entre moros y cristianos, en los que estos últimos acostumbraban a llevarse la peor parte, debido, fundamentalmente, a la superioridad militar, táctica y numérica de los invasores, quienes, sin embargo, a pesar de cruzar el Ebro en numerosas ocasiones, sólo buscaban el saqueo, retirándose, después de realizarlo, a sus fronteras allende el Duero. Es de destacar la derrota sufrida por los cristianos en el mes de agosto del año 865, en el que las tropas cristianas del rey de Asturias Ordoño I, en coalición con las del conde Rodrigo de Castilla y las del emir de Córdoba Abd al-Rahman I, que regresaban de una incursión por tierras de Álava y La Rioja, se encontraron en el desfiladero de la Hoz de Morcuera, muy cercano a Miranda de Ebro, sufriendo la coalición cristiana un serio descalabró. Estas constantes incursiones árabes fueron la causa del despoblamiento de la zona, que duró hasta principios del siglo X, en que aparecieron los primeros puntos defensivos como Pancorbo y Lantarón, que propiciaron el comienzo de la repoblación del norte del Condado de Castilla, incluyendo el valle de Miranda de Ebro; en esta repoblación tuvo una parte muy activa la clase eclesiástica que llegó a la zona, fundando diversos monasterios al abrigo de los Montes Obarenes y atrayendo a numerosos campesinos que llegaron con sus familias y tomaron posesión, mediante presura, de las tierras circundantes, dispuestos a defenderlas con la espada en la mano y con su vida, si fuera preciso. Ya en el año 804 el obispo Juan había incluido Miranda de Ebro en  la Diócesis de Valpuesta, pasando a disfrutar de los privilegios del Fuero de Valpuesta, entre los que figuraban algunas exenciones de impuestos y privilegios jurídicos para sus vecinos, que quedaban libres del pago del montazgo y el portazgo. El conde Fernán González, a partir del año 932 fue el unificador de los diversos condados del norte oriental de la península, integrándolos en el Condado de Castilla, que poco después se independizaría del reino de León. Esto fue el origen del enfrentamiento con el reino de Navarra, que aspiraba a ejercer su hegemonía sobre Álava y La Rioja, parte de las cuales pertenecían a los condados de Cerezo y Lantarón. Esta unificación también tuvo una gran repercusión sobre la repoblación de la zona, incluido el valle de Miranda de Ebro. En el año 1099 el rey de Castilla Alfonso VI promulgó el Fuero de Miranda, muy parecido al de Logroño que había promulgado tres años antes, que pasó a sustituir al de Valpuesta. Este fuero real, confirmado y ampliado posteriormente por otros monarcas como Alfonso VII, Fernando IV y Alfonso X, fue el verdadero punto de partida para la posterior expansión y prosperidad de Miranda de Ebro y su comarca. En el ámbito territorial se fijó el territorio, incluidos pueblos, aldeas, montes, prados, pastos, etc., que quedaban sujetos a la autoridad del Concejo de Miranda, sin que en sus decisiones pudiera intervenir el Merino Mayor de Castilla; en el ámbito jurídico  se suprimieron las ordalías, o pruebas de fuego para determinar la inocencia o culpabilidad de los reos y se estableció un derecho local para todos los vecinos; desde el punto de vista económico se estableció un mercado semanal en el que los comerciantes de fuera estaban obligados a pagar el impuesto del portazgo sobre todas las mercancías que portasen; se estableció, además, que el puente de Miranda fuera paso obligado para cruzar el Ebro entre Miranda de Ebro y Logroño: Todas las personas de Logroño, o de Nájera o de Rioja que quieran trasladar mercancías al otro lado del Ebro, lo deben hacer por Logroño o Miranda, y no por otro lugar ni siquiera en barca; de otro modo perderán las mercancías”. Con estas medidas proteccionistas, Miranda de Ebro no tardó en convertirse en un importante enclave estratégico de comunicación, que propició el rápido auge económico, político y demográfico, tanto de la ciudad como de la comarca (4). El puente de Miranda provocó que el núcleo urbano y la población se dividieran en dos barrios, el más antiguo  correspondía al margen derecho del río y se llamó Aquende, mientras que el nuevo surgió en el margen izquierdo y se llamó Allende, siendo el obispo de Calahorra el beneficiario de la explotación del paso del puente, hasta que en el siglo XIII pasó a poder  del Concejo mirandés. Este puente fue parcialmente derruido en el siglo XVIII por una fuerte crecida del Ebro, en su lugar, en el año 1777, se construyó el Puente de Carlos III con seis ojos de medio punto reforzados con tajamares. Actualmente en Miranda existen cuatro puentes que atraviesan el Ebro: el ya citado de Carlos III, el Puente del Inglés o Puente de Hierro, el Puente Francés y el Puente de la Nacional I, el más moderno, construido para desviar el tráfico de la nacional I.

También en el siglo XIII pasó a formar parte de la Hermandad de Haro, junto con otras poblaciones cercanas como Vitoria, Logroño, Nájera o Santo Domingo de la Calzada, hasta que en el siglo XVI, después de haber pertenecido a la Hermandad de Álava , la familia Haro y ser testigo de los enfrentamientos dinásticos entre el rey Pedro I de Castilla y la familia de los Trastámara, pasó a formar parte de la Intendencia de Burgos, lo que provocó la aparición de numerosos pleitos y conflictos entre las dos ciudades, que se alargaron durante los siglos siguientes, pues los mirandeses querían mantener sus fueros y privilegios y ser gobernados por un Corregidor nombrado por su propio Concejo, rechazando el vasallaje que les imponía la capital burgalesa. La situación llegó a ser tan tensa en los siglos XVII y XVIII, que hubo intentos por parte de Miranda de pasarse a la provincia de Álava. La mediación real en el conflicto impidió que la separación se llegase a consumar. Las reuniones del Concejo mirandés se celebraban en el convento de San Francisco, pero sus decisiones tenían que recibir la conformidad del Intendente de Burgos, hasta que a principios del siglo XIX los cargos municipales seguirían recayendo sobre vecinos de Miranda, generalmente pertenecientes a las antiguas familias ilustres, pero se nombraban directamente en la capital burgalesa.

El convento de San Francisco, situado en una ladera llamada “Monte de los Frailes”, lo fundaron los franciscanos en el siglo XVI, aunque las familias nobles de Miranda, en especial los Padilla, aportaron mucho dinero a su financiación, a cambio, sus miembros exigieron ser enterrados en el crucero de la nueva iglesia. Tal vez por estar en manos de la nobleza, el convento no tardó en convertirse en el centro político más importante de la ciudad, donde sus autoridades municipales se reunían a deliberar y tomar decisiones; en 1880 pasó a ser ocupado por la Congregación de los Sagrados Corazones, que le reestructuraron totalmente, recuperando únicamente sus funciones religiosas, también construyeron un importante colegio religioso, donde se educaban los hijos de las familias más influyentes y acaudaladas de la zona. En la actualidad se llama Convento de los Sagrados Corazones, está cerrado al culto y sólo se utiliza para eventos y celebraciones religiosas de carácter privado. En 1996 se le añadieron unos lujosos anexos, dedicados al negocio de la Hostelería. La iglesia es de una sola nave con cinco tramos y ábside poligonal, con crucero, varias capillas laterales con altares y escudos de armas, entre los que sobresale el de los Padilla, la cubierta es de bóveda de crucería. El conjunto es de estilo renacentista, roto por la figura de su monumental espadaña, de inspiración barroca. Como detalle curioso cabe mencionar su viejo órgano, construido en Ruan el año 1884 para la Congregación de L´Havre, pero trasladado a Miranda obligada por la Ley de Desamortización francesa. Fue restaurado en el año 2007.

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Miranda contó también con otras iglesias, como la de San Martín, actualmente desaparecida, la de Santa María de Altamira en el barrio de Aquende, y la de San Nicolás en el barrio de Allende. La iglesia de Santa María, que ocupa el solar del antiguo Hospital del Chantre (5), se encuentra en pleno centro del casco histórico de la ciudad, junto al del Teatro Apolo, se trata de una construcción de finales del siglo XVI, cuya solidez la confiere el aspecto de inexpugnable fortaleza. Es de estilo renacentista con algunos elementos gótico-tardíos. Anteriormente, hacia el siglo XII, sobre el cerro llamado “La Picota” se levantaba la desaparecida iglesia románica de  de Santa María.

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La iglesia más antigua de Miranda era la de San Nicolás, de estilo románico, en la que ya aparecieron algunos elementos góticos, fue levantada entre los siglos XII y XIII muy cerca de la orilla del Ebro y en los capiteles de su portada ya figuraban un castillo y un león, símbolos de la unión de los dos reinos de Castilla y León, que se produjo en el año 1230. De una sola nave, con planta de cruz latina y un artístico ábside pentagonal soportado por recios contrafuertes y dobles columnas, que enmarcan unas ventanas con  doble arco de medio punto, soportados igualmente por estilizadas columnas. En el siglo XVI se le añadieron el coro y el campanario. En 1931 fue declarada Monumento Histórico Artístico de interés nacional y poco después, en 1936, antes de que estallara la Guerra Civil española, fue parcialmente destruida por un incendio, que afectó principalmente al ábside, lo que provocó que estuviera cerrada al culto hasta que se reanudó en  1972, esta vez bajo la nueva advocación del Espíritu Santo, aunque su estado de conservación era de gran deterioro. Fue objeto de una restauración el año 2003. Actualmente se la sigue conociendo con el nombre de Iglesia del Espíritu Santo. En la localidad alavesa de Tuesta, del municipio de Valdegobia, existe otra iglesia similar.

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Otra de las iglesias hoy desaparecidas que existieron en la Miranda medieval es la de San Juan Bautista, que hasta el siglo XVI fue la más importante de la ciudad. Estaba enclavada en un extremo del barrio de Aquende, adosada a la muralla medieval. Existen pocos datos sobre sus orígenes, aunque el estudio de sus restos hace pensar que se comenzó a construir a finales del siglo XIII, dándose por finalizada en el XIV. En el año 1874 el Arzobispo de Burgos, D. Saturnino Fernández de Castro, se vio obligado a suprimir el culto en el templo, debido al lamentable estado en que había quedado después de la invasión de las tropas napoleónicas que, además de expoliar todo lo que había de valor en su interior, la utilizaron de acuartelamiento y también de establo para el ganado, a lo que siguieron muchos años de abandono. La iglesia se puso en venta y fue adquirida por un grupo de vecinos que utilizaron lo que quedaba de la estructura para construir sus propias viviendas (6).

Según la “Crónica de Alfonso III”, en la Alta Edad Media Miranda de Ebro ya contaba con una fortaleza amurallada, no obstante, en el año 1358 el conde D. Tello, señor de Vizcaya, proyectó la construcción del castillo de Miranda, sobre unos terrenos situados en el cerro de La Picota, donde estaba enclavada la primitiva iglesia de Santa María, que fueron cedidos al Concejo mirandés por el obispo de Calahorra, a cuya diócesis pertenecía, efectuándose la escritura de cesión en el año 1374, tres años después de la muerte del conde. La construcción de la fortaleza no se inició hasta el año 1449, siendo su impulsor D. Pedro Ruiz Sarmiento, I Conde de Salinas,  Repostero Mayor y protegido del rey de Castilla D. Juan II y quien, al parecer, también fue el responsable de la desaparición de la citada iglesia de Santa María. Las obras del castillo se finalizaron en el 1485, quedando en propiedad de los Condes de Salinas hasta el siglo XVI, en que estos emparentaron con los Duques de Híjar, pasando estos a ser copropietarios. En el año 1772, tras numerosos pleitos con los propietarios, la titularidad del castillo pasa a ser del Ayuntamiento mirandés. Militarmente, los acontecimientos más graves que tuvo que afrontar el castillo, fueron la invasión francesa durante la Guerra de la Independencia y las dos primeras guerras carlistas, todas en el siglo XIX, quedando la fortaleza en estado ruinoso, lo que provocó que en el 1903 el Ayuntamiento decidió proceder a su desmantelamiento; actualmente solamente son visibles dos torreones y algún tramo de sus murallas. En 1949 estos restos fueron declarados Bien de Interés Nacional y en 1999, con motivo del IX Centenario del Fuero de Miranda de Ebro, el Ayuntamiento aprobó un generoso presupuesto para su parcial rehabilitación. Los primeros trabajos de excavación y los estudios arqueológicos comenzaron en el 2006, con la colaboración de la Universidad de Burgos, trazándose un Plan Director para su rehabilitación. Actualmente, el recinto con las obras y los hallazgos arquitectónicos realizados, se pueden visitar y conocer, siendo una de las actuales referencias culturales de la ciudad mirandesa.

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Durante los siglos XVI y XVII el desarrollo de Miranda de Ebro fue notable; desde el punto de vista urbanístico, además de reforzar el puente, antes de la riada que se lo llevó, en 1581 en el barrio de Aquende se levantaron el Ayuntamiento y la Casa de Justicia y una torre en el barrio de Allende, que servía de cárcel; a mediados del siglo XVII se construyó la Plaza Real, en cuyo recinto tenían lugar las fiestas populares y las corridas de toros; alrededor de esta plaza se encuentran los edificios más notables de la ciudad, como  la Casa de las Cadenas, así llamada por llevar un cordón franciscano en su fachada, la Casa de los Urbina o la nueva Casa Consistorial, diseñada por el famoso arquitecto neoclásico Ventura Rodríguez, que también había diseñado la fachada del Ayuntamiento de Haro. Finalmente, una fortísima riada del Ebro en el mes de junio de 1775, que duró nada menos que tres días, se llevó por delante el puente de Miranda, que quedó aislada, obligando al Concejo a actuar rápidamente para construir un nuevo viaducto. La construcción del nuevo puente se encargó al arquitecto riojano Francisco Alejo Aranguren, que lo terminó en un tiempo récord, pues en 1775 ya estaba concluido, aunque oficialmente fue inaugurado en 1780, con el ya conocido nombre de Puente de Carlos III.

Desde finales del siglo XVIII el Puente de Carlos III se convirtió en la arteria que marcaba el pulso de la ciudad e impulsaba su desarrollo económico, comercial y urbanístico. Situado en el llamado Camino Real, era paso obligado para la comunicación entre Francia y España y entre el Nordeste y el resto de la Península. Innumerables han sido los personajes ilustres que lo han cruzado en uno u otro sentido y se han hospedado en la ciudad mirandesa. Entre otros fueron sus huéspedes los reyes de España Felipe IV, Carlos III y Fernando VII y también Napoleón Bonaparte y su hermano José, que tuvo su Cuartel General en Miranda de Ebro durante la fase final de la Guerra de la Independencia. También en la primera mitad del siglo XIX, durante la primera Guerra Carlista, en el mes de mayo de 1837, el Pretendiente D. Carlos, acompañado de su consejero espiritual, el obispo de Mondoñedo D. Francisco López Berricón, burgalés de Villarcayo, junto con el general Uranga y su Estado Mayor al frente de diez batallones, amenazaron con ocupar Miranda de Ebro, pero la fuerte defensa que opuso la ciudad, con la Milicia Nacional concentrada en su castillo, les hizo desistir, cruzando el Ebro aguas abajo, por el vado de Ircio. Pocos meses después, el 16 de agosto, en la Casa de las Cadenas fue asesinado el general de Artillería Rafael Ceballos-Escalera por los rebeldes carlistas que andaban sublevados por la ciudad. Su hijo, el también general Joaquín Ceballos-Escalera y González de la Pezuela, para honrar la memoria de su padre fue nombrado I Marqués de Miranda de Ebro por la Regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, madre del futuro Alfonso XIII.

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También durante la tercera Guerra Carlista, en 1872, la ciudad de Miranda de Ebro tomó partido por el bando Alfonsino, impidiendo, otra vez desde el castillo de Miranda, que los carlistas penetraran en Castilla. En el ámbito cultural, a finales del siglo empezaron a publicarse algunos periódicos locales, el primero de los cuales fue “La Prensa Mirandesa”, al que siguieron “El Benéfico”, “La Concordia”, “El Eco de Miranda” y “La Verdad”. Otro acontecimiento importante, especialmente para el desarrollo económico de la ciudad, fue el inicio de las obras del ferrocarril, que daban trabajo a unas 300 personas, lo que también significó el inicio de la industrialización de la ciudad. En 1862 entró en funcionamiento la estación de trenes de Miranda de Ebro, una de las más antiguas de España, construida por la “Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España”. Ya en el siglo XX, en el 1903 se puso en marcha el “Plan de Ordenación de la Villa de Miranda de Ebro”, con el fin de dotarla de una moderna estructura urbana. De esta forma, Miranda se convirtió en el núcleo industrial más importante de la provincia de Burgos, lo que impulsó su crecimiento demográfico, con el que llegaron las convulsiones y las luchas sociales. Ya en 1917, la recién estrenada ciudad de Miranda sufrió los efectos de la Huelga General de ese año, que fue seguida tanto por los trabajadores ferroviarios como por los de la industria. En las elecciones del 12 de abril de 1931, en las que España se jugaba su futuro, en Miranda obtuvo la mayoría de votos la coalición Republicano-Socialista, por lo que el Ayuntamiento quedó formado por una mayoría de concejales republicanos y socialistas. La situación cambió en 1934, durante el gobierno de Lerroux, siendo sustituidos los concejales de izquierdas por otros de derechas. Pero en 1936, con el país a punto de explotar, en Miranda ganó también el Frente Popular, siendo elegido como alcalde Emiliano Bajo Iglesias, de Izquierda Republicana, que fue fusilado el 18 de setiembre de ese mismo año, junto con otros cinco concejales de izquierdas, por guardias civiles y falangistas sublevados Los días que siguieron al levantamiento del 18 de julio, especialmente el 19, fueron convulsos y cargados de odio y de violencia, practicada sin control, a pesar de los esfuerzos por contenerla hechos por la Corporación municipal, por grupos extremistas de los dos bandos. Fueron quemadas y profanadas las iglesias de la Magdalena y de Santa María, mientras que grupos sublevados de la Guardia Civil y la de Asalto, ayudados por falangistas armados, se enfrentaban con grupos de milicias del Frente Popular, que habían formado barricadas en el Puente de Carlos III. Finalmente, tras horas de intensa lucha, las fuerzas rebeldes consiguieron apoderarse de la ciudad, comenzando, acto seguido, una dura, sangrienta y larga represión. Miranda pasó entonces a formar parte del Frente Norte, dentro del territorio en poder de los sublevados, convirtiéndose la mayoría de sus edificios públicos en dependencias militares al servicio de Franco, en las que destacaba la presencia de alemanes e italianos, en  uno de ellos establecieron éstos últimos su Estado Mayor. El resultado de la guerra en el norte, favorable a los sublevados, provocó la aparición de numerosos prisioneros de guerra, que tuvieron que vivir en condiciones infrahumanas, hacinados en cárceles improvisadas, carentes de los más mínimos servicios de habitabilidad. En 1937, el Gobierno franquista de Burgos ordenó la construcción de cuatro campos de concentración en la provincia, para dar cabida a tanto preso, tanto militar como político. Uno de estos campos, que se hizo tristemente célebre (7), fue el de Miranda de Ebro. Fue construido, en un tiempo record de dos meses, por obreros forzosos reclutados entre los mismos vecinos de Miranda y en el mes de setiembre empezó a recibir prisioneros en su recinto, que tenía capacidad para 1500 reclusos, aunque esta cifra fue ampliamente superada en muy poco tiempo, pudiéndose calificar de inhumanas las condiciones de vida que tuvieron que soportar los prisioneros allí encerrados. Estaba situado entre las instalaciones ferroviarias y el río Bayas, afluente del Ebro por su margen izquierdo, permaneciendo en activo hasta 1947. Fue el último campo de concentración franquista clausurado y en sus años de funcionamiento pasaron por sus celdas más de 65.000 prisioneros entre republicanos españoles y también de otras nacionalidades, incluidos algunos judíos que intentaban escapar del holocausto nazi (8). Los destinos de estos prisioneros estuvieron durante mucho tiempo en manos de los nazis y en 1940 el campo recibió la visita del jefe de la Gestapo Heinrich Himmler; también Franco lo visitó en una o dos ocasiones. En 1949 pasó a ser un centro de adiestramiento de reclutas, hasta que, finalmente, en 1954 fue demolido, quedando tan sólo el lavadero y algún trozo del muro. El terreno fue ocupado por nuevas empresas creadas por los Planes de Desarrollo que promocionaron los gobiernos de Franco, lo que provocó que el crecimiento demográfico de la ciudad se disparase, llegando a rozar los 40.000 habitantes.

Actualmente, a pesar de la dura crisis económica que está atravesando España desde el 2008, Miranda, que también sufrió sus consecuencias, sigue teniendo un importante carácter industrial, sobre todo en el sector químico, aeronáutico y alimentario, además de continuar siendo un importante nudo de comunicaciones ferroviarias, que ha impulsado su desarrollo económico, urbanístico y cultural desde finales del siglo XIX, es además un privilegiado enclave geográfico, prácticamente equidistante de Burgos, Bilbao, Vitoria y Logroño, ciudades a la que está fuertemente ligada y con las que mantiene toda clase de relaciones. Desde el año 2010 el logotipo “VIVIR MIRANDA”, es el lema que preside la vida de la ciudad, que persigue recuperar sus valores tradicionales, como su historia, sus monumentos, sus figuras, su cultura, sus tradiciones, su folklore, su gastronomía…….., sin olvidar tampoco otras facetas de la sociedad moderna, como son la educación, la sanidad, el bienestar social o el deporte. También, a través de la “Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Miranda de Ebro”, con la que colabora el Ayuntamiento, se ha potenciado la utilización de la antigua “Ruta Jacobea Vasca”, también conocida como “Camino de Santiago francés”, que durante la Baja Edad Media y la Alta Edad Media fue uno de los más concurridos por los peregrinos que se dirigían a Santiago, por lo que por las calles de la ciudad  se vuelve a ver la figura del peregrino con su atuendo clásico y su vara.

También se puede disfrutar de la gastronomía mirandesa, en la que se conjugan las cocinas castellana, vasca y riojana. En el año 2007 el mirandés Alberto Molinero fue elegido mejor cocinero de Castilla-León, mientras que en el 2008 otro  mirandés, Juan Antonio Villamor, chef del Restaurante La Fundición, ganó el premio “Bocadillo de Autor”, dentro del certamen “Madrid-Fusión”. Como productos típicos mirandeses destacan la morcilla en una variedad local llamada “delgadilla”, los hongos y las setas, además de ricos postres como el goshúa, de origen vasco, similar a la crema catalana y una gran variedad de hojaldres; también son muy populares y consumidos los suculentos y variados “pinchos”, celebrándose en cada otoño “La Semana del Pincho”. En cuanto a la bebida, es muy típico el “zurracapote”, de sabor dulzón, que se prepara con frutas y vino tinto. El vino más consumido es el de la cercana Rioja, aunque en el término municipal de Miranda existe una bodega que elabora vinos con la D.O Rioja. El “chiquiteo”, por los numerosos bares y tabernas de Miranda, es una práctica muy habitual entre sus vecinos.

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También son famosas las fiestas tradicionales de San Juan del Monte, cuyos orígenes se remontan a la Edad Media, ya en el Fuero de Miranda del 1099 se hace referencia a un lugar llamado los “Llanos de Miranda”, en los que un ermitaño llamado Juan vivía solitario en una gruta, dedicado a la oración y la vida contemplativa, adquiriendo fama de santidad por toda la comarca, hasta el punto que muchos vecinos acudían en el mes de mayo en peregrinación hasta la ermita a pedirle consejo y protección para sus cosechas; por esa razón la romería se realizaba el día seis de mayo, festividad del martirio de San Juan Evangelista y estaba organizada por las cuadrillas de los vecinos de Miranda, como las de Santa María, San Juan y el Mercado Viejo en el barrio de Aquende y la de San Nicolás en el de Allende. La celebración religiosa acabó convirtiéndose en una fiesta popular con baile y comida campestre incluidos. Por esta razón las autoridades eclesiásticas se pusieron en contra de la celebración de la romería, limitando exclusivamente su celebración a los actos religiosos, incluso el obispo de Calahorra la prohibió en el siglo XVII y el arzobispo de Burgos hizo lo mismo en el XVIII, ordenando además la demolición de la ermita, llegándose a producir, en ambos casos, motines populares en contra de la prohibición. La fiesta prácticamente desapareció, hasta que volvió a resurgir a finales  del siglo XIX, en que se trasladó al lunes de Pentecostés, que solía caer entre mayo y junio, y esta vez los romeros volvieron a subir al monte en carros profusamente engalanados, cargados de vituallas y acompañados de bandas de música, gaiteros y tamborileros, dispuestos a homenajear a su patrón San Juan del Monte y disfrutar de una alegre jornada festiva.

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A comienzos del siglo XX, impulsada por la “Cofradía de San Juan del Monte”, fundada en el 1917, la fiesta adquirió carácter oficial y la afluencia de romeros fue aumentando masivamente, adquiriendo un inusitado esplendor, que la convirtió en una de las Fiestas Populares más famosa de toda España. Después aparecieron las “Peñas Sanjuaneras de Blusas”, formadas por mozas y mozos mirandeses, calzados con alpargatas y ataviados con boina, pañuelo al cuello y la típica blusa sanjuanera, que con sus charangas, sus bailes y sus cánticos, dotaron a la romería de un especial carácter bullangero y de un espectacular colorido. Algunas de estas cuadrillas, como “Los Hijos de la Antonia”, “Los Barullos”, “La Cucaracha”, “Los Piripis”, “Los Chapelandis” y otras muchas, alcanzaron gran notoriedad en la ciudad mirandesa. El auge de las fiestas mirandesas ha sido tan grande, que actualmente pasan de ochenta las cuadrillas de “blusas” que participan en ellas y el número de asistentes, entre los que se cuentan numerosos forasteros, se ha multiplicado, con lo que también se ha multiplicado el bullicio y la alegría popular. También ha aumentado su duración, pues comienzan el viernes anterior al domingo de Pascua de Pentecostés,  alcanzan su apogeo el lunes de Pascua y desde 1976 se celebra también el martes de San Juanín. El espectáculo que ofrecen estas populares fiestas mirandesas, su colorido, sus cánticos, su música, sus bailes, sus desfiles, la alegría y el movimiento continuo en que se desarrollan, resulta verdaderamente impresionante, irrepetible y, por supuesto, inolvidable. En el año 1975 y posteriormente en el 2015, las Fiestas de San Juan del Monte fueron declaradas Fiestas de Interés Turístico Nacional y también de la Comunidad Autónoma de Castilla y León.

En el año 1927 se estrenó en Madrid la Zarzuela de San Juan del Monte, con música de Basilio Miranda y letra de Tomás Lozal, de la que trascribimos un párrafo:

“Venimos de la verbena,
del monte más popular,
venimos de la función,
de la Ermita de San Juan.

Es la de San Juan del Monte,
la fiesta de la alegría,
donde acude a disfrutar
del Santo, la Cofradía.

También el pueblo en masa,
sube alegre y bullanguero,
a honrarle que es de casa,
nuestro Santo verdadero

Del monte venimos,
venimos cantando,
contentos subimos,
alegres bajamos”.

NOTAS 

  • Algunos restos visigóticos y románicos del monasterio se conservan en el Museo de Burgos y en el de la Catedral.
  • En el siglo XIX la Merindad de Cuesta Urría se fragmentó, pasando Trespaderne al Partido Judicial de Villarcayo.
  • Parece que existió otra Deóbriga por la zona de Tardajos, que pertenecía a los turmogos.
  • Sobre el tema se puede consultar la obra del ilustre académico mirandés D. Francisco Cantera Burgos “El Fuero de Miranda de Ebro”, publicada en 1998.
  • En él se daba de comer a los peregrinos que se dirigían a Santiago.
  • La Junta de Castilla y León ha publicado “Documentación básica de Monumentos”, en la que se hace referencia a esta iglesia.
  • En el monumento a las víctimas de la II Guerra Mundial levantado en Tarbes (Francia), hay una placa en la que se mencionan los campos de concentración de Auschwitz, Mauthausen y Miranda de Ebro.
  • El poeta César Vallejo en su extenso poema “España, aparta de mí este cáliz”, se refiere al campo de concentración de Miranda.

Autor Paco Blanco, Barcelona abril 2017

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Una respuesta a “POR EL VALLE DEL EBRO: MIRANDA DE EBRO. Autor, Francisco Blanco.

  1. Great post! Have nice day ! 🙂 jomzp

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