POR LA CUENCA DEL EBRO-EL CONDADO DE TREVIÑO Y LA PUEBLA DE ARGANZÓN. -Por Francisco Blanco-.

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La Llanada Alavesa es una comarca formada por una sucesión de valles y llanuras regadas por el río Zadorra, afluente del Ebro por su margen izquierdo, que administrativamente está dividida en dos sub-comarcas, la Cuadrilla de Vitoria, en la parte occidental y la Cuadrilla de Salvatierra en la parte oriental. En la parte occidental se encuentra Vitoria, la capital, y también el enclave jurisdiccional de Treviño, perteneciente geográficamente a la provincia de Vitoria y administrativamente a la provincia de Burgos, formado por los municipios de Condado de Treviño y La Puebla de Arganzón, en un territorio con una extensión aproximada de 30 kilómetros de largo y 15 de largo, atravesado de este a oeste por el río Ayuda, antes de desembocar en el Zadorra, afluente del Ebro. En el “Cartulario de San Millán de la Cogolla” existen unos documentos del siglo XI, conocidos como la “Reja de San Millán”, en los que se describe detalladamente la toponimia alavesa y la aparición de los primeros núcleos de población.

Se trata de un lugar cuyos orígenes se remontan a la Prehistoria y por cuya historia, desde la más remota antigüedad, han desfilado numerosos pueblos y culturas, provocando trascendentales acontecimientos, sobre los que caben muchas conjeturas, que han  dado pie a numerosas interpretaciones, muchas de ellas todavía de actualidad.

En la pedanía burgalesa de Laño, perteneciente al Condado de Treviño y situada en un terreno pantanoso, según recientes estudios e investigaciones arqueológicas, hace unos 65 millones de años estaba habitada por hadrosaurios, una especie de dinosaurios bípedos, con forma de lagartos gigantes, que llegaban a alcanzar los siete metros de longitud, una altura de cuatro metros y un peso de siete toneladas, que caminaban sobre sus patas traseras y utilizaban las delanteras para alimentarse, principalmente de las hojas de los árboles, que debían ser muy abundantes. Naturalmente, cuando se acabaron los árboles también desaparecieron estos simpáticos hadrosaurios.

Estas tierras también estuvieron habitadas por alguno de los pueblos celtas que poblaron el norte peninsular, como los autrigones, los caristios y los várdulos, de hecho, el nombre de Treviño es posible que derive del vocablo celta “Trifinium”, que significa “tres límites”. También estas tierras fueron romanizadas y es posible que estuvieran dentro del área de influencia de la importante ciudad romana de Iruña-Veleia (Iruña de Oca), que llegó a tener 10.000 habitantes. En la actualidad se conservan los yacimientos arqueológicos de Argote, Torre, Burgueta y Araico.

Los romanos fueron desplazados por la invasión de los pueblos bárbaros, siendo los godos los que les sustituyeron como invasores de la Península Ibérica, dando paso a un periodo en el que predominó la inestabilidad y la confusión, tanto militar, como política y religiosa. La población de origen celtíbero fue sustituida por vascones y navarros, que implantaron un nuevo modo de vida.

El incremento de la población empezó a adquirir importancia durante la Alta Edad Media, en la que fueron llegando eremitas que se instalaron en cuevas o eremitorios, muy abundantes por la zona, a vivir en soledad dedicados, principalmente, a la meditación religiosa. Tras estos eremitas, a partir del siglo VII, empezaron a  llegar familias dispuestas a establecerse en la zona, construyendo sus viviendas u ocupando las numerosas cuevas existentes, que también se utilizaron como graneros y almacenes para guardar cereales y alimentos, lo que dio paso a la aparición de pequeños núcleos de población, lo que, a su vez, provocó que algunos de los cenobios existentes se convirtieran en ermitas, monasterios o iglesias, que  rápidamente pasaron a ser  los centros espirituales de las nuevas poblaciones.

Casos destacables son los eremitorios de Santorcaria y Las Gobas, separados por el río Laño y construidos entre los siglos VI y VIII, en el primero se han localizado 18 eremitorios, alguno de los cuales son visitables, y en el segundo 13. Todas estas cuevas fueron declaradas Conjunto Arqueológico en 1978.

En la pequeña pedanía de Laño se sigue manteniendo una antigua tradición popular, según la cual una de las cuevas sigue habitada por la Zumba de oro, una especie de cencerro de oro, que en las noches de tormenta se pone a sonar para guiar a los caminantes hacia el pueblo.

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El año 801, con los árabes ocupando un amplio territorio peninsular y el emirato de Córdoba en pleno apogeo, el emir cordobés Al-Hakam I puso a su hijo Muawiya ibn al-Hakan al frente de un poderoso y bien preparado ejército, con el objetivo de que atravesaran el Ebro y realizaran una aceifa de castigo por los territorios que actualmente corresponderían a las provincias de Álava y Burgos. Estaban en la época del Ramadán, correspondiente a los meses de setiembre y octubre.

La tropas invasoras, siguiendo el curso del Zadorra, afluente del Ebro, quisieron atravesar el paso de las Conchas de Arganzón, donde fueron víctimas de una emboscada que les causó un gran número de bajas y les obligó a retroceder y emprender el camino de regreso a Córdoba. Las tropas emboscadas estaban acaudilladas por un jefe de nombre Belasio, y estaban formadas por los vascones que habían bajado a poblar aquellas tierras, algún navarro y un grupo de castellanos al mando de un tal Lope Sancho.

Años más tarde, hacia el 867, aproximadamente un año después de subir al trono, el rey de Asturias, Alfonso III el Magno, nombró a su tío el conde Rodrigo (1), al que ya había nombrado primer conde de Castilla, conde Álava, asignándole el dominio sobre un territorio que comprendía el centro y el este de la actual provincia de Álava, que por el norte y el oeste limitaba con los condados de Cerezo y Lantarón. Con este nombramiento, el rey astur buscaba reforzar militarmente, levantando castillos defensivos, un territorio que quería repoblar, perteneciente al reino asturiano, que había sido frecuentemente invadido y saqueado, no solamente por los árabes, sino también por la familia muladí de los Banu Qasi, que dominaban la ribera navarra del Ebro. Una de estas fortalezas fue la de San Fornerio en Pangua y otra en el  mismo Treviño, a pesar de que la villa aun no había sido fundada. A pesar de la existencia de esta línea defensiva, en el año 924 el califa cordobés Abd-Al-Rhamann III llevó a cabo otra terrible razia que devastó y asoló este territorio, llegando incluso hasta Pamplona. Finalmente, en el año 931, el conde burgalés Fernán González (2) integró los condados de Cerezo, Lantarón, Álava, Lara y Burgos en el Condado de Castilla, perteneciente al reino de León, que acabaría declarándose independiente, convirtiéndose más tarde en el Reino de Castilla. Álvaro Herrámeliz, conde de Lantarón y de Álava, fue el último Conde de Álava, a su muerte, ocurrida en el 931, el título de Conde de Álava se siguió ostentando como un título de carácter honorífico-militar, generalmente asociado con la tenencia de algún castillo de la zona.

En el año 1150 fallecía el rey de Pamplona García Ramírez, también llamado “El Restaurador”, por haber logrado consolidar el reino pamplonés, que había estado a punto de ser anexionado por el vecino reino de Aragón. Era hijo de Ramiro Sánchez, señor de Monzón, y de Cristina Rodríguez, una de las dos hijas del Cid y doña Jimena. Además, en segundas nupcias se había casado con Urraca Alfonso, conocida como “la Asturiana”, hija ilegítima del rey de León y Castilla, Alfonso VII. Este Rey castellano que se auto-llamaba el Emperador después de hacerse coronar en la catedral de León como ”Imperator totius Hispaniae”, también fue el primer monarca de la Casa de Borgoña; a pesar del parentesco que les unía, mantuvo con García Ramírez unas difíciles relaciones en las que los conflictos y las desavenencia tuvieron una presencia casi constante, con la participación activa, unas veces a favor del rey leonés, otras a favor del rey pamplonés, tanto del rey de Aragón Ramiro II el Monje, como del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. Su sucesor fue su primogénito Sancho VI, apodado el Sabio, que convirtió el reino de Pamplona en el reino de Navarra y emprendió una política de expansión territorial, pero continuando sus conflictivas relaciones con su vecino Alfonso VII, a pesar de ser cuñados, pues había casado a su hermana Blanca con el infante Sancho, primogénito de Alfonso VII y futuro Sancho III de Castilla. A este parentesco hay que añadir su matrimonio con la infanta Blanca de Castilla, hija de Alfonso VII. La boda se celebró en Carrión de los Condes en el mes de junio del 1157, poco antes de la muerte del emperador, acaecida durante el siguiente mes de agosto en el Viso de Marqués (Ciudad Real).

El nuevo rey de Castilla, Sancho III el Deseado, también era cuñado del rey navarro, pues en el 1151 se había casado en Calahorra con su hermana Blanca Garcés. Su reinado se puede calificar de efímero, pues fallecía en Toledo el 31 de agosto del 1158, dejando como sucesor  su hijo Alfonso, de tan sólo tres años de edad. La regencia de Castilla pasó a manos de dos poderosas familias rivales: Los Lara y los Castro, que se enzarzaron en una lucha por el poder que degeneró en guerra civil.

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Sancho VI aprovechó el vacío de poder que la rivalidad de estas dos familias creó en Castilla para sacar provecho de la situación, liberándose del compromiso de vasallaje adquirido con Alfonso VII y apoderándose de Logroño y de otros territorios de la Llanada Alavesa, fundando en el 1161 la villa de Treviño, a la que siguió, en el 1191, la de La Puebla de Arganzón, que permanecieron en poder de los navarros hasta el año 1199. También, en el 1181, sobre el primitivo poblado de Gasteiz fundó Nueva Victoria, la actual ciudad de Vitoria. Hasta su muerte, ocurrida el 27 de junio del 1194, Sancho VI de Navarra mantuvo un duro y tenaz enfrentamiento con Castilla, tanto durante el reinado de Alfonso VII, como en el posterior de su nieto Alfonso VIII, que subió al trono en el 1172, llegando a invadir militarmente en más de una ocasión las tierras de Castilla. Le sucedió en el trono navarro su hijo, Sancho VII el Fuerte, quien, a pesar de ser primo de Alfonso VIII, continuó la política de hostilidad hacia Castilla practicada por su padre. Finalmente, tras los últimos choques armados entre los dos reinos, que se decantaron a favor de los castellanos, la recuperación de estos territorios por el reino de Castilla la realizó el rey castellano Alfonso VIII después de la llamada Campaña de Álava, que tuvo lugar entre los años 1199 y 1200, anexionándose Guipúzcoa, Álava y, por trueque, lo que es el actual Condado de Treviño. A pesar de estas discrepancias, en el año 1212 Alfonso VIII, Sancho VII y Pedro II de Aragón organizaron una cruzada contra los almohades, que acabó con la célebre victoria de las Navas de Tolosa.

En el 1254 Alfonso X de Castilla, llamado el Sabio, concede fueros a Treviño, que empieza a ser conocido como  Treviño de Uda, con jurisdicción de realengo, por lo que dependía, al igual que Vitoria, únicamente de la autoridad del monarca castellano, lo que propicia el comienzo de una época de progreso y bonanza económica, con un notable incremento de la población y la construcción de numerosas casas, palacios, ermitas e iglesias románicas, algunas de las cuales todavía se conservan. Estos fueros fueron confirmados el año 1302 por el rey Fernando IV de Castilla. También, por la cuenca del Zadorra y su afluente el Ayuda, fueron apareciendo nuevos pueblos como Ozana, Muergas, Cucho, Villanueva de Tobera o Zubitu.

En el año 1366 el rey de Castilla, Enrique II el de las Mercedes, primer monarca de la Casa Trastamara, tal vez en compensación a las ayudas recibidas para sentarse en el trono castellano, nombró a D. Pedro Manrique de Lara, que ya era su Adelantado Mayor, señor de Treviño, con lo que la villa pasó a tener jurisdicción de señorío, correspondiendo a los Manrique de Lara los privilegios de recaudar impuestos, administrar justicia y nombrar los alcaldes pedáneos. Fue D. Diego Manrique de Lara quien, en el 1453, durante el reinado de Juan II de Castilla, convierte el Señorío de Treviño en Condado, título confirmado por los Reyes Católicos en 1482, al que se añadió el de Duque de Nájera, concedido personalmente por la reina Isabel I a D. Pedro Manrique de Lara y Sandoval, II conde de Treviño, como recompensa por sus servicios y lealtad  a la corona: Acatando los muchos e buenos e grandes e leales e señalados servicios que nos habedes fecho e facedes cada día”

En el nuevo condado se inicia una nueva etapa de prosperidad económica, debido principalmente a que en el 1458 los condes D. Pedro Manrique y su esposa Doña María de Sandoval, liberaron a los treviñeses del gravoso impuesto llamado “moyos y cerraduras de sus montes”, de nada menos que 1.400 fanegas de trigo, cuyos derechos  poseía el Repostero del rey D. Pedro Ruiz Sarmiento. Esta prosperidad se refleja especialmente en la intensa actividad artística desarrollada en la restauración y el embellecimiento de las numerosas iglesias y ermitas, como la de Pangua, construida en el siglo XII y dedicada a San Formerio, patrono de Treeviño, ó la de la Purísima Concepción en San Vicentejo. La actual sede del Consistorio de Treviño corresponde al ala este del palacio renacentista que construyeron durante el siglo XVI los Condes para su residencia. En el año 1983 la villa de Treviño fue declarada Conjunto Histórico-Artístico.

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En la ermita de San Formerio Mártir se guardan las reliquias del Santo de la Capadocia, depositadas en un arca forrada de paño verde. Según la leyenda, el cuerpo de San Formerio llegó hasta este lugar transportado por una yegua y sus pisadas hicieron brotar milagrosamente una abundante fuente, conocida como la Fuente de San Formerio. Su festividad se celebra en todo el Condado de Treviño cada 25 de setiembre.

En tiempos del emperador Carlos V, con motivo de la guerra de los Comuneros, el Condado de Treviño mantuvo su fidelidad a la causa real, poniéndose a disposición del Condestable de Castilla y enfrentándose al Conde de Salvatierra, jefe de los Comuneros en Álava y Logroño, esta fidelidad fue premiada por el emperador, que concedió a los Duques de Nájera la dignidad de Grandes de España.

El IV Duque de Nájera, D. Juan Esteban Manrique de Lara falleció en el 1600 sin herederos masculinos, por lo que el mayorazgo pasó a su hija Doña Luisa Manrique de Lara y Girón. Ese mismo año la Casa de Treviño se une al Marquesado de Elche, título creado en el 1520 por el emperador Carlos para recompensar los servicios de D. Bernardino de Cárdenas y Pacheco, I Marqués de Elche. En el 1600, el título de V Marqués de Elche lo ostentaba D. Jorge Manuel de Cárdenas y Manrique de Lara. A partir de aquí comienzan los litigios, las permutas y ventas de tierras que provocan una serie de procesos sucesorios que se alargaron durante todo el siglo XVII, provocando el deterioro de las relaciones entre los condes y el condado. Las poblaciones de Sáseta, Pariza y Añastro se disgregan de Treviño, convirtiéndose en ayuntamientos administrativamente independientes, aunque siguieron perteneciendo al señorío del Condado de Treviño.

A principios del siglo XIX, con motivo de la invasión napoleónica que provocó nuestra Guerra de la Independencia, el Condado de Treviño volvió a alcanzar protagonismo, gracias, especialmente, a las hazañas militares del guerrillero Francisco de Longa, un vasco que había llegado muy joven a La Puebla de Arganzón, donde trabajaba como ayudante del herrero, llegando a casarse con la hija del patrón. En 1809 se puso al frente de una partida de unos cien hombres, lanzándose a hacer la guerrilla contra los franceses por tierras de Burgos y Álava, convirtiéndose en azote de las tropas francesas, a las que tendió numerosas emboscadas y causó numerosas bajas y pérdida de material y animales de carga. Una de las más famosas fue la de las Conchas de Arganzón, contra un batallón francés, al que causó muertos y heridos, apoderándose de numerosas mulas y caballos, además de valiosos pertrechos de guerra. También tuvo acciones destacadas por Pancorbo, Orduña, Valdeajos, el valle de Sedano y Castro Urdiales, cuya plaza conquistó, estando igualmente presente en la decisiva Batalla de Vitoria. Su carrera militar fue de lo más brillante, pues en el 1821 alcanzó el grado de teniente general. Murió en el año 1831 a los 48 años de edad.

En el año 1833 se produjeron en España una serie de acontecimientos que fueron decisivos para el posterior desarrollo de la historia de nuestro país. En el mes de setiembre fallecía el rey absolutista Fernando VII, dejando como heredera a su hija Isabel II, gracias a haber promulgado en 1830 la “Pragmática Sanción” (3). Debido a la corta edad de la nueva reina, la regencia fue asumida por su madre, Doña María Cristina de Borbón Dos-Sicilias. Sin embargo, aun no había transcurrido un mes cuando, el 6 de octubre de 1833, en Tricio, un pequeño pueblo de la Rioja muy próximo a Nájera, su tío D. Carlos María Isidro de Borbón, que se sintió postergado del trono por la citada Pragmática Sanción, con el apoyo del general Santos Ladrón de Cegama, se hizo coronar rey de España con el nombre de Carlos V. De esta forma daba comienzo la Primera Guerra Carlista entre carlistas e isabelinos, que se prolongó nada menos que durante siete años.

Los carlistas contaban con el apoyo de las provincias vascongadas, gran parte de la Rioja y toda Navarra, donde el coronel retirado D. Tomás de Zumalacárregui, que vivía en Pamplona, se puso al frente de los voluntarios navarros partidarios de Carlos V.

Una de las primeras acciones de Zumalacárregui fue acampar en las Ventas de Armentia, a orillas del río Ayuda, asaltando y apoderándose del castillo de Treviño, que dinamitó sin miramientos para acabar con su poder defensivo, por si volvía a caer en manos de los isabelinos.

En noviembre de este ajetreado 1833, siendo ministro de Fomento Cea Bermúdez, su secretario de Estado, el gaditano Javier de Burgos, publicó una circular que cambiaba la división territorial de España, organizándola en 15 regiones y 49 provincias, quedando Las Vascongadas y Navarra de la siguiente manera: Guipúzcoa, capital San Sebastián; Vizcaya, capital Bilbao; Álava, capital Vitoria y Navarra, capital Pamplona.

El Condado de Treviño, por razones históricas y jurídicas, quedó adscrito a la provincia de Burgos, dentro de la región de Castilla la Vieja, a pesar de que geográficamente se encontraba dentro de la provincia de Álava. Años más tarde, el 14 de enero de 1845, una Ley municipal suprimía los municipios de menos de 30 vecinos, quedando Páriza y Sáseta incorporados de nuevo a Treviño.

La Tercera Guerra Carlista se desarrolló entre los años 1872 y 1876. Tuvo como protagonistas a Carlos VII por el bando carlista y por el bando realista ó liberal, el corto reinado de Amadeo I, al que siguió la igualmente breve 1ª República Española, siendo finalizada durante el reinado del restaurado Alfonso XII, por lo que fue llamado “El Pacificador”.

También en esta ocasión el Condado de Treviño fue escenario destacado de importantes acciones de guerra, con grandes protagonistas por ambos bandos. Ya en su fase final, durante el mes de  julio de 1875, los carlistas eran dueños de Navarra y ocupaban, por la zona del noroeste, unas posiciones más ventajosas que los liberales, amenazando con apoderarse de Miranda de Ebro, punto estratégico clave para invadir la meseta castellana. Ocupaban 35 kilómetros de frente y disponían de 16 batallones, 6 escuadrones de caballería y 6 baterías de artillería, todo al mando del general Pérula. Los liberales, conscientes de la gravedad de la situación, el 7 de julio iniciaron un ataque de distracción que les permitiera reagrupar sus tropas, tomando posiciones desde Miranda de Ebro hasta La Puebla de Arganzón, por las faldas de San Formerio, llegando a ocupar la ermita. Para esta operación utilizaron una brigada al mando del brigadier Pino, aunque el grueso de las tropas liberales estaba al mando del general Quesada, que mandó desplegarse otra columna por Treviño y las Ventas de Armentia, a la que se unió la brigada del general Tello, obligando a los carlistas a replegarse hacia los montes de Vitoria. La batalla se generalizó, teniendo como epicentro la pequeña localidad alavesa de Zumelzu, donde tuvieron lugar los enfrentamientos más sangrientos. El escuadrón de los Lanceros del Rey, al mando del coronel Contreras, arrolló al tercer batallón carlista de Navarra, obligándoles a abandonar el campo de batalla por el puerto de Zaldiarán. Esta retirada permitió a los liberales reforzar sus posiciones, estableciendo nuevas guarniciones a lo largo de la línea Miranda-Vitoria.

Además, finalizada la campaña de Cataluña, Alfonso XII ordenó al general Martínez Campos unir sus tropas a las de Quesada, con lo que el ejército liberal, muy superior al carlista, pudo emprender la campaña final. El último enfrentamiento tuvo lugar el 5 de febrero de 1876 en la localidad vizcaína de Abadiano, en la que los batallones carlistas fueron batidos por las tropas liberales, teniendo que retirarse por el alto de Elgueta hacia Zumárraga, ya en la provincia de Guipúzcoa. Carlos VII, acuartelado en Estella, tuvo que refugiarse en Francia, acompañado de su séquito y su plana mayor. Su grito de despedida fue ¡Volveré!, pero no pudo cumplir su promesa, había terminado la Tercera Guerra Carlista.

A partir de 1878, suprimidos los fueros que disfrutaban las provincias vascas, se establecieron, para sustituirlos, ventajosos conciertos económicos con las cuatro provincias, Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya y Álava. A pesar de ello, el 31 de julio de 1895 Sabino Arana fundaba el Partido Nacionalista Vasco (PNV), de ideología extremadamente nacionalista, pero con fuerte contenido burgués-liberal, católico y fuerista, es decir, que reclamaban la devolución a Euskal-Herría de los Fueros perdidos en las pasadas guerras carlistas.

En el 1919 tuvo lugar el primer referéndum popular sobre la anexión del Condado de Treviño a Álava, en el que se impuso la continuidad en Burgos. Pero, lógicamente, la influencia de la doctrina nacionalista también llegó al Condado de Treviño, que en el 1921, posiblemente bajo la influencia del señuelo de formar parte del concierto económico de Álava, planteó su intención de separarse de la provincia de Burgos e integrarse en la de Álava, pero el proyecto fue rechazado por el Ayuntamiento treviñés. Durante los tres años de guerra civil (1936-1939), el Condado de Treviño, al igual que la provincia de Álava, se mantuvieron política y militarmente dentro del territorio denominado Zona Nacional, por lo que la unidad territorial estaba asegurada, manteniendo Álava su concierto económico, que perdieron Vizcaya y Guipúzcoa, que siguieron fieles a la II República. El siguiente intento de separación se volvió a repetir en 1940, nada más terminada la guerra, pero en esta ocasión fue la Diputación burgalesa la que rechazó la propuesta, presentando un detallado documento redactado por el Cronista de la Provincia, el P. Luciano Huidobro (5), en el que se exponían las diferentes razones que hacían inviable la citada separación, dicho informe fue refrendado por la Real Academia Española de la Historia. El tercer referéndum popular tuvo lugar en el 1958, mostrándose los treviñeses, en esta ocasión, partidarios de su integración en Álava. Como no podía ser de otra forma, la petición fue rechazada por el gobierno franquista.

Actualmente, en la Puebla de Arganzón se están realizando unas importantes excavaciones arqueológicas que han sacado a la luz nuevas estructuras subterráneas medievales que aportan nuevos datos sobre los orígenes y el pasado de la zona. Se trata, sobre todo, de los restos de un poblado medieval fortificado y con castillo, ocupado durante los siglos X y XI, en el que se han encontrado silos, cuevas, pozos y numerosos restos de carácter doméstico. Se encuentran cerca de la ermita de San Miguel, que fue abandonada y reconstruida en el 1784. Dichos descubrimientos vienen a demostrar que estas tierras estuvieron ocupadas durante la Alta Edad Media, antes de la fundación de la villa en siglo XII. También es posible que existiera una iglesia parroquial dedicada a San Miguel Arcángel.

Estas importantes investigaciones las está realizando el “Grupo de investigación en Patrimonio y Paisajes Culturales de la Universidad del País Vasco” (UPV-EHU), con la financiación de la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de La Puebla de Arganzón.

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La Puebla de Arganzón es el otro municipio que configura el Condado de Treviño, cuenta con unos 500 habitantes y pertenece al partido judicial de Miranda de Ebro, se encuentra en una privilegiada situación estratégica, a la salida del desfiladero de las Conchas de Arganzón y muy cerca de la carretera nacional Madrid-Irún, que la convierte en paso obligado para numerosos viajeros y peregrinos. Su casco urbano está configurado por una serie de calles medievales, estrechas y bien trazadas, agrupadas en torno a su calle principal, en todas ellas se pueden ver viejas casonas señoriales.

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Arquitectónicamente es de destacar la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, un templo de estilo gótico-tardío construido entre los siglos XIV y XV y reformado a principios del siglo XVII, en cuyo interior se puede admirar un espléndido retablo renacentista del siglo XVI, uno de los más bellos del renacimiento burgalés. También dispone de interesantes portadas góticas y una torre barroca.

El río Zardoya atraviesa el pueblo por un monumental puente medieval de origen romano.

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En 1978 comienza la llamada Transición Española hacia la Democracia y se aprueba una nueva Constitución, en la que España territorialmente queda dividida en Comunidades Autónomas, además, las provincias vascas y Navarra recibieron la calificación de “territorio histórico”, calificativo que, en opinión del que esto escribe, minimiza el peso histórico de Castilla y León, Cantabria, La Rioja y Aragón, por citar únicamente las Comunidades más próximas.

En 1979 se aprueba el Estatuto de Autonomía del País Vasco, también conocido como “Estatuto de Guernika”. Estaba integrado por 47 artículos, con un título preliminar, cuatro ordinarios, una disposición adicional y nueve transitorias. Básicamente está fundamentado en la foralidad histórica de las antiguas provincias vascongadas, a las que se les devuelven los conciertos económicos concedidos en 1876, actualizados y mejorados, que se empiezan a aplicar a partir de 1981.

La Comunidad Autónoma de Castilla y León no tuvo su Estatuto de Autonomía hasta el año 1983, sin que fuera refrendado por sus ciudadanos y ha sido reformado hasta en cuatro ocasiones, con el objeto de mejorar y ampliar sus competencias. Actualmente lo integran 91 artículos, con un preámbulo, un título preliminar, siete títulos adicionales, tres disposiciones adicionales y tres transitorias, una disposición derogatoria y una disposición final. En su preámbulo se la define como “Comunidad histórica y cultural”. Los municipios del Condado de Treviño siguen perteneciendo a la provincia de Burgos, dentro de la Comunidad Autonómica de Castilla-León.

En los años 1980 y 1998, con España entrando en democracia, se volvieron a repetir las consultas populares en las que los treviñeses volvieron a mostrarse partidarios de su anexión a Álava. En ambas ocasiones la Junta de Castilla y León rechazó dicha anexión, por lo que el Condado de Treviño siguió perteneciendo a la provincia de Burgos, pero sigue siendo pieza codiciada por el nacionalismo vasco.

Ya en el siglo XXI, concretamente en el año 2002, el Gobierno vasco del PNV, presidido por Juan José Ibarretxe, la Diputación Provincial de Álava y los Ayuntamientos de Treviño y La Puebla de Arganzón, firman un convenio en el que se tratan temas relativos a la educación, la cultura y la economía del Condado, que acabaron en los tribunales, resultando anulado en el año 2005 por sentencia de la Sala  del Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo, que estimaba que dicho convenio invadía competencias que correspondían exclusivamente a la Junta de Castilla y León, dicha sentencia se hizo pública en el 2008. Poco después, en el 2010, la Diputación Foral de Álava gobernada por el PNV, con la colaboración de otros partidos nacionalistas y también del Partido Socialista de Euskadi (PSE), aprueba y hace pública una declaración institucional por la que se compromete a “seguir con el compromiso ético-moral de trabajar por la integración de Treviño en Álava, convirtiéndola en la octava cuadrilla”. Una verdadera declaración de intenciones respaldada, en marzo del 2013, por los plenos municipales de Treviño y La Puebla de Arganzón, que aprobaron el inicio de un proceso de segregación de Burgos. En el Consistorio de Treviño la propuesta fue aprobada gracias a los votos de Bildu y el Partido Nacionalista Vasco, dos formaciones políticas pertenecientes al País Vasco. En el de La Puebla fue el voto del grupo independiente, que contaba con mayoría absoluta. Esta vez, el intento anexionista fue frenado por la Diputación de Burgos, cuyo pleno, reunido antes del verano de ese mismo año, rechazó la segregación alegando “mayores vinculaciones históricas, sociales, culturales y económicas con la provincia de Burgos”, destacando también las numerosas peculiaridades de todo tipo que diferencian ambas Comunidades. El litigio por el enclave de Treviño continúa vivo y activo. ¿Llegarán las partes litigantes a un consenso que ponga fin al enfrentamiento?. La historia, toda la historia, siempre estará presente, tal vez sería interesante conocerla bien y tomarla por consejera.

Finalmente, sólo queda añadir que el enclave territorial de Treviño no es una excepción dentro del ámbito geopolítico español, pues existen unos cuantos. Por citar algunos, nos vamos a referir, sin ir demasiado lejos, al municipio cántabro de Valle de Villaverde en Vizcaya, que se encuentra dentro de la comarca de Las Encartaciones, reclamado por el nacionalismo vasco como perteneciente a Vizcaya, a pesar de que el Tribunal Supremo ha dado la razón en dos ocasiones a la parte cántabra.

La ciudad vizcaína de Orduña es otro enclave cercano, situado entre las provincias de Álava y Burgos, se encuentra en la llanura alavesa y limita con los municipios alaveses de Ayala, Amurrio y Ucabustaiz y los burgaleses de Berberana y Junta de Villalba de Losa. Fue fundada en el 1229 por Lope Díaz de Haro, VI Señor de Vizcaya. Durante varios siglos tuvo gran valor estratégico y comercial, pues controlaba el paso de las mercancías que Castilla exportaba a Flandes, especialmente el mercado de la lana. Su decadencia comenzó en el siglo XIX, como consecuencia de las guerras carlistas. Actualmente cuenta con unos 4000 habitantes y su economía se basa principalmente en el turismo procedente del País Vasco. Está gobernada por Bildu y el PNV.

Villodrigo, la antigua Villa Rodrigo, fundada en el siglo X por el Conde Rodrigo, es un enclave palentino incrustado en la provincia de Burgos, rodeado por los pueblos burgaleses de Vizmalo, Revilla Vellejera, Villaverde-Mogina y Valles de Palenzuela. Entre los años 1785 y 1833 formaba parte de la Intendencia de Burgos, en la categoría de pueblos solos del Partido de Castrojeriz, pasando en 1834 a formar parte del partido judicial de Astudillo, en la provincia de Palencia.

El término municipal de Berzosilla está integrado por las pedanías de Báscones de Ebro, Cuillas del Valle, Olleros de Paredes Rubias y Berzosilla, pertenece a la provincia de Palencia, pero se encuentra dentro de la Comunidad de Cantabria y la provincia de Burgos.

Sajuela y Ternero, son dos pequeños pueblos burgaleses, situados a unos tres kilómetros de distancia, pertenecientes al partido judicial de Miranda de Ebro, aunque están situados en plena Rioja Alta. Sajuela limita con Castilseco, Vilaseca, Foncea y Cellórigo, todos pertenecientes a La Rioja. Actualmente está despoblado, pero en el siglo XV era un señorío de D. Pedro Ruiz Sarmiento, conde de Salinas. Su sucesor, D. Diego Sarmiento, lo vendió a Miranda de Ebro  en el 1502.

Ternero colinda con Sajazarra, Castilseco, Villalba, Anguciana y Cihuri, todos pueblos riojanos. Posee una amplia zona de viñedos pertenecientes a “Viñedos Ternero”, una bodega instalada en un antiguo hospital de peregrinos edificado en el 1788. Fue totalmente restaurada en el 2003, de pequeñas dimensiones, elabora unos 200.000 litros de vino al año de la variedad tempranillo, que envejece en unas 350 barricas de roble, produciendo un vino de crianza de una excelente calidad.

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La Comunidad Autónoma de La Rioja reivindica la propiedad de estos territorios, alegando que históricamente están reconocidos como riojanos desde el año 1457.

Finalmente, aunque todavía quedan unos cuantos enclaves más repartidos por toda la geografía española, vamos a referirnos al de Petilla de Aragón, una especie de islote navarro situado en el centro de la provincia de Zaragoza, está situado en el valle del río Onsella, y actualmente cuenta con poco más de 40 vecinos censados. En el siglo XIII Petilla fue motivo de disputa entre los reyes Pedro II de Aragón y Sancho VII el Fuerte de Navarra, a causa de un préstamo de 20.000 maravedís que el rey navarro concedió al aragonés, que por entonces mantenían unas cordiales relaciones. Pero el préstamo venció, el aragonés no pudo pagar y el navarro lo saldó quedándose con cuatro castillos zaragozanos, entre ellos el de Petilla, quedando sus habitantes exentos de pagar impuestos a sus nuevos propietarios. En el año 1231 Petilla pasó a formar parte definitivamente al reino de Navarra. Los aragoneses han intentado recuperar el enclave sin conseguirlo, los vecinos de Petilla se sienten navarros y quieren conservar sus privilegios económicos. El gobierno municipal está presidido por Unión del Pueblo Navarro (UPN), una fuerza política que representa la derecha nacionalista navarra. Otro tema candente, del que no vamos a hablar en esta ocasión, es el de si Santiago Ramón y Cajal, nacido en Petilla, es navarro ó aragonés.

Vamos a finalizar esta crónica, en la que los enclaves territoriales han sido protagonistas, formulando una pregunta: ¿No existe una fórmula consensuada de solucionar estas divergencias jurisdiccionales, que tanta problemática generan? Ó tal vez  es que no se buscan. La Historia nos ofrece el ejemplo del Berlín Oriental de la Alemania del Este y la reunificación alemana del año 1990.

NOTAS

  • Al conde D. Rodrigo se le supone hijo del rey Ramiro I de Asturias y su segunda mujer, hermano por tanto de Ordoño I y tío de Alfonso III, al que ayudó a recuperar el trono asturiano. Su sucesor fue el conde Diego Rodríguez Porcelos.
  • El conde Fernán González estaba casado con Sancha Sánchez de Pamplona, hija de los reyes de Pamplona Sancho Garcés I y Toda Álvarez. Este fue su tercer matrimonio, pues anteriormente estuvo casada con el rey Ordoño II de León y Álvaro Herreméliz, conde de Álava entre los años 929 y 931.
  • La Pragmática Sanción dejaba sin efecto la Ley Sálica, que impedía el acceso al trono de España de las mujeres, siempre que existiese un sucesor masculino, como era el caso del infante Carlos María Isidro, hermano del rey.
  • Sobre esta batalla existen dos famosos cuadros, uno en el Museo del Ejército, obra de Eduardo Banda y el otro en la Academia de Caballería de Valladolid, obra de Víctor Morelli.
  • El P. Luciano Huidobro había nacido en Villadiego el año 1874. Su formación como sacerdote e historiador la realizó en el Seminario Diocesano de Burgos entre 1886 y 1901. Fue licenciado en Teología, Filosofía y Letras y Doctor en Derecho Canónico y también académico de la Real Academia de la Historia, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Academia de las Buenas Letras de Sevilla, la Institución Fernán González de Burgos, de la que llegó a ser vicedirector y cronista oficial de la Provincia de Burgos. También son numerosas sus obras sobre historia, arte y arqueología. Murió en el 1958.

Autor Paco Blanco, Barcelona agosto 2017

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