POR LA PEÑA AMAYA. LA BATALLA DE ORDEJÓN. —-Por Francisco Blanco—-

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Cerca de la Peña Amaya, al sur de la cordillera Cantábrica, se alza el macizo conocido como la Peña Ureña, en el que actualmente se encuentran dos pequeñas localidades, conocidas como Oredejón de Arriba y Ordejón de Abajo, situadas en un agreste paraje, lleno de peñascos, castros, barrancos y cortados naturales, protegidos por una muralla igualmente natural, en los que todavía se pueden encontrar restos de la Edad de Hierro y también de la época romana y visigótica, pues están muy cercanas a la antigua calzada romana que iba de Clunia y Sasamón a Cantabria. Se trata, pues, de un lugar con unas extraordinarias características defensivas, que le convertían prácticamente en inexpugnable, especialmente para aquellos remotos tiempos a los que nos referimos, en los que se sitúa la legendaria batalla de Ordejón.

También la leyenda ha convertido a Bernardo del Carpio en uno de los prototipos del héroe épico medieval, cuyas hazañas guerreras han sido difundidas en numerosos romances y poemas épicos, destacando especialmente su brillante victoria sobre el rey de los francos Carlomagno y su poderoso ejército, en la conocida como la Segunda Batalla de Roncesvalles, supuestamente acaecida en el año 823 por el Pirineo navarro, en la que encontró la muerte el caballero Roldán, uno de los “Doce Pares de Francia” y sobrino del emperador franco. Esta batalla legendaria fue cantada en numerosos romances:

¡Mala la hubisteis franceses,

en esa de Roncesvalles!

Pero su veracidad histórica es puesta en duda por numerosos medievalistas, que se basan en la falta de documentación auténtica, aunque tiene un defensor en el historiador y sacerdote asturiano Vicente José González García, que afirma que existe una confusión de fechas entre la Primera y la Segunda Batalla de Roncesvalles, que es la razón por la que se duda de su autenticidad.

L0s datos biográficos de Bernardo carecen igualmente de documentación fehaciente, generados principalmente por la leyenda. Se supone que fue un hijo extramatrimonial del conde de Saldaña y mayordomo de Alfonso II, Sancho Díaz y de la infanta asturiana Doña Jimena, hermana del rey de Asturias Alfonso II el Casto, uno de los grandes propulsores de la Reconquista. Lo que nos lleva a suponer que había nacido a finales del sigo octavo en la localidad palentina de Saldaña, en la que todavía se pueden ver las ruinas del castillo de los Condes de Saldaña.

“-Padre fidalgo habéis, fijo,

fidalgo, que non villano.

El Conde don Sancho Díaz,

que en Saldaña es su condado,

os ovo en Doña Ximena

en casa del rey estando.

Y como su hermana era,

por vengarse del agravio,

en el castillo de Luna

puso al Conde aprisionado,

y a vuestra madre también,

reclusa y a buen recaudo,

porque aunque público,

non fue el matrimonio aclarado.”

 

“Bastardo me llaman, rey,

siendo hijo de tu hermana.

Tu y los tuyos lo dicen,

que ninguno otro no osaba;

cualquiera que de tal dicho

ha mentido por la barba,

que ni mi padre es traidor

ni mala mujer tu hermana,

 que cuando yo fui nacido,

ya mi madre era casada”.

 

Fragmentos de la “Primera Crónica General de España” de Alfonso X el Sabio. 

Según parece, esta unión no fue del agrado del rey asturiano, tal vez porque iba contra sus castas costumbres ó porque tenía otros planes para su hermana. El caso es qué, lleno de indignación, encerró al conde en una mazmorra del castillo de Luna en León, y a su hermana la internó en un monasterio. Sin embargo, a Bernardo, el fruto de esta unión carnal, no le causó ningún daño, más bien al contrario, pues se lo llevó consigo a la Corte asturiana, que se había trasladado a León, protegiéndole y tratándole casi como a un hijo, además de proporcionarle una esmerada educación y convertirle en uno de los principales caballeros del reino astur, pero sin informarle nunca de su origen, ni del encierro de sus padres.

La primera mención sobre estos hechos, supuestamente legendarios, se encuentra en la “Primera Crónica General” de Alfonso X, que dedica los capítulos 617 al 655 a narrar la vida y proezas del héroe palentino.

Los hechos que provocaron la Batalla de Ordejón, tampoco tienen ninguna base histórica, por lo que su relato se basa en una o varias leyendas, cuyo origen es igualmente desconocido.

Parece ser que en el año 843, reinando en Asturias Alfonso III el Magno, las tropas francas, acaudilladas por el caballero franco Don Bueso, habían penetrado en Castilla causando numerosos desmanes, por lo que el rey asturiano, que ya dominaba algunos condados castellanos, envió a su encuentro un poderoso ejército, al mando del caballero Bernardo, con el objetivo de frenar su avance. Asturianos y franceses se encontraron en las cercanías de la localidad burgalesa de Amaya, que por entonces pertenecía al Ducado de Cantabria, precisamente en el pueblo de Ordejón, que parece corresponde al actual Ordejón de Abajo, en un terreno en el que ambas tropas tropezaban con enormes dificultades geográficas para maniobrar. El choque fue muy duro y violento, empleándose ambas partes con desatada furia, pero sin que ninguna de ellas consiguiera hacer retroceder a la otra, hasta que los dos caudillos se encontraron frente a frente, entablando un singular combate a muerte. Primero se embistieron a caballo, lanza en ristre, hasta que ambos quedaron descabalgados, continuando luchando pie a tierra, a espadazo limpio, hasta que Bernardo, con un terrible mandoble, acabó con la vida de su oponente.

A la vista de su caudillo, tendido muerto en el suelo, las tropas francas abandonaron precipitadamente el campo de batalla, emprendiendo una veloz retirada.

La primera reseña escrita sobre esta legendaria batalla aparece también en la “Primera Crónica General” de Alfonso X el Sabio, en el siglo XIII, unos cinco siglos después y lo hace de la siguiente forma:

“Andado VII annos del regnado d’este rey don Alfonso el Magno— et fue esto en la era de DCCC et LXXX e I anno, et andava otrossí estonces ell anno de la Encarnatión del Sennor en DCCC et XLIII, et el dell imperio de Lotario emperador de Roma en VII— el rey don Alfonso cuedando ya estar en paz, llegaron las nuevas de cómo un alto omne de Francia, que avie nombre Bueso, le era entrado en la tierra con grand hueste, et que gela andava destruyendo, et faziendo en ella quantos males podie. El rey don Alfonso, luego que estas nuevas sopo, llegó su hueste et grand poder, et fue contra él, et falláronse, et ovo el rey don Alfonso su batalla con éll en Ordejón, que es en tierra de Castiella cerca’l castiello que dixen Amaya, et murieron ý muchos de cada parte. Et dizen algunos en sus cantares segund cuenta la estoria que este francés Bueso que so primo era de Bernaldo. El lidiando assí unos con otros oviéronse de fallar aquel Bueso et Bernaldo; et fuéronse ferir un por otro tan rezio que fizieron crebar las lanças por medio; et desí metieron mano a las espadas et dávanse muy grandes golpes con ellas; mas al cabo venció Bernaldo et mató ý a Bueso. Los franceses, cuando vieron so cabdiello muerto, desampararon el campo et fuxieron”. 

Se desconocen también los motivos o las razones por las que se originó y se divulgó la leyenda de la Batalla de Ordejón, es posible que se basara en otros acontecimientos militares que tuvieron lugar por esta zona de Amaya, que durante buena parte de los  siglos VIII y IX  sufrió numerosas acometidas por parte  de los árabes, que utilizaron la calzada romana de Clunia a Cantabria, arrasándola y saqueándola en más de una ocasión, llegando incluso hasta La Rioja y Álava. En este sentido existe una hipótesis elaborada por el historiador abulense D. Claudio Sánchez Albornoz.

Los éxitos militares del caballero Bernardo al lado del rey Alfonso III no se limitaron a la citada batalla de Ordejón, luchó también contra una rebelión de los vascones, venciendo y capturando a su caudillo Eylon, a quien el rey encerró por el resto de sus días, también participó activamente en una campaña por Extremadura y en la conquista de Zamora y de Toro. Por tan leales servicios y sus importantes acciones de guerra, Bernardo se ganó la confianza y agradecimiento de su rey, que le nombró señor del Carpio, una población salmantina donde construyó su propio castillo.

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Pero las relaciones entre el rey y su vasallo no tardaron en deteriorarse, hasta llegar a la ruptura total entre ambos. ¿Las causas?: Como en todos los acontecimientos en los que la Leyenda y la Historia se entremezclan y cofunden, llegar a establecer las verdaderas causas por las que estos se producen suele convertirse en complicada tarea, por lo que hay que contentarse con recurrir a las posibles hipótesis. Lo más probable es suponer que enterado Bernardo de su verdadero origen y del triste destino que sufrieron sus padres, pues su padre había muerto, ciego y enfermo y su madre continuaba enclaustrada, exigiera al rey Alfonso explicaciones sobre lo sucedido y alguna reparación oficial de la injusticia cometida, lo que no sentó muy bien al monarca, que acabó desterrándole de su reino, refugiándose Bernardo en su castillo del Carpio.

A partir de aquí las iras de Bernardo se volvieron contra su antiguo señor, contra el que emprendió numerosas acciones de hostigamiento.

El P. Mariana en su “Historia de España” lo cuenta así: “hacia cabalgadas en las tierras del rey, robaba, saqueaba y talaba ganados y campos. Por otra parte los moros, a su instancia, molestaban grandemente las tierras de cristianos”.

También sobre este tema escribieron otros autores, como el obispo leonés Lucas de Tuy, también conocido como “el Tudense”, en su “Crónica Tudense” y el arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada, también conocido por “el Toledano, en su obra “De Rebus Hispanie”, la primera escrita a finales del siglo XII y la segunda a principios del XIII, unos siglos después de que supuestamente ocurrieran los hechos.

Bernardo tuvo una larga vida, pues parece que falleció a los 82 años, una edad muy superior a la media de vida de aquellos tiempos, que oscilaba sobre los 50, aproximadamente. Sus restos, junto con su espada, siempre siguiendo la leyenda, fueron enterrados en una cueva del Monasterio de Santa María la Real en Aguilar de Campoo, por tierras palentinas, convirtiéndose rápidamente en motivo de veneración y lugar de peregrinaje durante los siglos siguientes. Incluso el Emperador Carlos V la visitó en más de una ocasión. La última ocurrió en el año 1522, con motivo de su proclamación como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, visita que aprovechó para llevarse la legendaria espada del héroe palentino, que hoy se puede ver en la Armería del Palacio Real de Madrid.

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También en los orígenes del Monasterio de Santa María la Real se mezclan la historia y la leyenda, pues existe una en la que se afirma que su fundación se debe a dos eremitas burgaleses, los hermanos Opila y Alpidio, que habitaban en una ermita situada en las Hoces del Alto Ebro, muy cerca del pueblo de Tablada de Rudrón, quienes en una de sus correrías de caza por la zona, descubrieron las cuevas sobre las que posteriormente se levantó el monasterio.

La realidad es que las primeras noticias documentadas sobre el monasterio, que era una Abadía Premonstratenese en la que convivían “Frates y Sorores” (monjes y monjas),  proceden del “Cartulario de Aguilar” y datan de principios del siglo XI, aunque su construcción se prolongó durante casi un siglo, dándose por finalizado en el año 1169, en el que se finalizó la construcción de la iglesia.

Este Monasterio, que luego fue benedictino, está considerado como una de las muchas joyas del arte románico palentino. En la actualidad es la sede del “Centro de Estudios del Románico”,  aunque a lo largo de los siglos ha pasado por numerosas vicisitudes desfavorables y situaciones de total abandono, especialmente a raíz de la Desamortización de Mendizábal, abandono que continuó a pesar de que en el 1866 fuera declarado Monumento Nacional por uno de los últimos gobiernos de Isabel II. En el 1958 fue intervenido por la Dirección General de Bellas Artes, que se hizo cargo del mantenimiento y conservación del mismo hasta el 1958, aunque su definitiva restauración no se llevó a cabo hasta el año  1978, gracias fundamentalmente a la inestimable labor realizada por la “Asociación de Amigos del Monasterio de Aguilar”, entre los que se encontraba el famoso arquitecto cántabro “Peridis”. Dentro del recinto del Monasterio funciona una Escuela Taller, que se ocupa de continuar la labor conservadora, celebrar actos culturales y dar conferencias de carácter Histórico-Arqueológico. También está instalado un Instituto de Educación Secundaria y una Escuela de Idiomas. Además, ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC), con la categoría de Monumento Histórico Artístico.

Las nuevas actividades que se desarrollan en el monasterio están coordinadas actualmente por la “Fundación Santa María la Real”, una fundación privada creada en el año 1994, formada por un grupo de profesionales dedicados a promocionar y dar a conocer no sólo el patrimonio y la riqueza artística de la Fundación “Santa María la Real”, sino también de todo el patrimonio histórico de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, incluyendo sus monumentos, paisajes y personajes.

Una vasta pero interesante labor, que sin duda abrirá nuevos horizontes en el mundo cultural de Castilla y León, merecedora de toda clase de éxitos.

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De la supuesta tumba de Bernardo del Carpio no queda ningún resto, aunque aparece registrada en el “Diccionario Geográfico-Estadístico” que redactó Pascual Madoz en el año 1850. A principios del siglo XX, sin embargo, en su obra “Andanzas y Visiones Españolas”, Miguel de Unamuno nos habla de su estancia en Aguilar de Campoo y de su visita a la tumba en la cueva del Monasterio, en cuya lápida se leía el siguiente epitafio: “Aquí yace sepultado el noble y esforzado caballero Bernardo del Carpio………”, aunque también la califica de “ruina de la historia”, poniendo en duda su autenticidad.

Tampoco en la “Crónica del Monasterio” se menciona la existencia de dicha tumba, por lo que su pertenencia a la historia o la leyenda seguirá siendo un misterio.

Autor Paco Blanco, Barcelona noviembre del 2017

 

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