CONCLUSIÓN FINAL: LA DECADENCIA DE ESPAÑA. -Por Francisco Blanco-.

u63

“De entre tus piedras seculares, tumba

de rememoranzas del ayer glorioso,

de entre tus piedras recogió mi espíritu

fe, paz y fuerza…

……Ara gigante, tierra castellana…

Castilla, Castilla, Castilla,

madriguera de viejos hombres,

tus castillos nuerden el polvo……”

(Miguel de Unamuno)

Naturalmente, la derrota comunera en Villalar sacó de la órbita de la influencia imperial a la mayor parte de las ciudades castellanas que se habían enfrentado a D. Carlos V, el nuevo y flamante Emperador de Alemania, cargo que consiguió gracias, en gran parte, al dinero que aportaron sus súbditos castellanos, y que prácticamente acaparaba toda su atención, pasando su reino de España a un segundo plano. Muchas ciudades españolas comenzaron a padecer una lenta pero inexorable decadencia, por el contrario, alguna, como Madrid, se convirtió en la capital y Corte de los reinos de España, iniciando una gran prosperidad y engrandecimiento a todos los niveles, siendo favorecida igualmente por Austrias y Borbones. Burgos, lamentablemente, se encontraba entre las primeras y aunque su participación al final de la guerra, apoyando al emperador, fue decisiva para el triunfo de la causa imperial, y el emperador la recompensó con algunas concesiones, a partir del rígido centralismo impuesto por su hijo Felipe II desde El Escorial, se inicia una larga fase de decadencia política, económica y social de la que no ha podido recuperarse. Casi se podría decir que se convirtió en una ciudad de paso: De paso para Madrid, de paso para Valladolid, de paso para el norte, principalmente para La Rioja y el país vasco. De paso….., nuestros visitantes siempre estaban de paso.

Otras muchas ciudades castellanas, como Ávila, Segovia y Palencia también viven sumidas en su pasado esplendor, a la sombra de sus históricos y glorioso monumentos, que causan, eso sí, la admiración de sus visitantes.

Tal vez por eso, actualmente Castilla agoniza, vive soñando en glorias pasadas, adormecida por el continuo tañer de las viejas campanas de sus infinitas iglesias, que marcan el ritmo del adormecido caminar de sus gentes, antiguamente libres y activas, hoy adormiladas y sometidas. Hay que volver la vista y la memoria hacia atrás, hacia el lejano pasado que fue nuestro inicio, y recuperar la figura de Fernán González, aquél conde castellano que, en el siglo X, hizo de Castilla un estado libre y soberano, poderoso y activo, cuna y origen de una nación, España, que también ha sido grande, respetada y poderosa, pero injusta y secularmente maltratada por la ineptitud, la falta de escrúpulos, la corrupción  y la ambición personal de sus gobernantes………

Pero aquellas gentes valientes, tenaces y luchadoras que hace siglos poblaron, fundaron e imprimieron carácter y personalidad a Castilla ya no existen, las que aun quedan se marchan en busca de nuevos horizontes con mejor porvenir. Por eso hace años que Castilla perdió su independencia y casi está perdiendo su identidad, para impedirlo hay que dejar de entonar el “Dios salve a Castilla” y ponerse a trabajar, sustituir el tañido de las campanas por el de la expansión social, económica y cultural, priorizar el interés general de Castilla sobre los viejos y caducos intereses caciquiles y de clase. Hay que seguir luchando por recuperar la ”Unidad del Pueblo Castellano”, solo así conseguiremos restaurar la pasada grandeza de Castilla.

Entre los siglos XVI y XVII, en la “Corte de los Milagros”, como se conocía Madrid, hizo eclosión un inesperado esplendor cultural, que elevó el arte literario, especialmente la poesía, el teatro y también la novela a cotas impensables hasta entonces. Esta insólita eclosión cultural ha pasado nuestra historia con el merecido nombre de “Siglo de Oro Español”.

Los orígenes de este periodo tan brillante, conocido universalmente como el Renacimiento, hay que atribuirlos, entre otros, a la aparición de la imprenta, que revolucionó el mundo del libro, permitiendo editar y difundir a gran escala las obras de los clásicos, facilitando al mismo tiempo el conocimiento y la lectura de las obras de los modernos autores. El máximo apogeo del libro se alcanzó en Bélgica y Holanda, que estaban libres de la terrible censura eclesiástica impuesta por la Iglesia Católica, que condenaba cualquier publicación que no contase con su obligada autorización.

En España funcionaba la no menos terrible Inquisición, que levantó una infranqueable barrera para impedir la entrada de libros en nuestro país, cosa que se convirtió en un acto de alto riesgo, que  muy pocos se atrevían a realizar.

El Renacimiento, como tantas otras cosas, llegó tarde a España, en cuyo imperio no se ponía el sol, concentrándose prácticamente en Madrid y su corte. Los españoles, a pesar de las inmensas riquezas que periódicamente llegaban procedentes de las colonias americanas, pero que invariablemente salían destinadas a financiar los enormes gastos que ocasionaban las agotadoras guerras religiosas que manteníamos en Europa, éramos un país pobre. Los campesinos humildes, acosados por los impuestos,  apenas podían mal vivir. Las ciudades estaban llenas de mendigos, desarrapados y famélicos, que se agolpaban a las puertas de las iglesias o vagabundeando por las calles a la espera de que cayese en sus escuálidas manos un simple pedazo de pan que llevarse a la boca. Los valores dominantes eran la honra, el orgullo y la hidalguía, aderezados con grandes dosis de hipocresía. El trabajo era mal visto, era una mancha, un atentado al orgullo de clase y la hidalguía, era preferible pasar hambre y conservar las apariencias y el orgullo. En “El lazarillo de Tormes”, una de las joyas de nuestro “Siglo de Oro”, se puede leer lo siguiente:”Un hidalgo no debe a otro que a Dios, al rey nada”. Un triste espectáculo para un país en cuyo imperio nunca se ponía el sol.

hteho

En la corte madrileña los mendigos y los hidalgos pobres proliferaban más que en  ninguna otra parte, deambulando y pidiendo los primeros, luciendo su pureza de sangre, su pobreza y su hidalguía los segundos. Estas dos lacras sociales, que Quevedo definió como la “Cultura latiniparda”, propiciaron el auge del género literario conocido como la “Novela picaresca”, que dio como resultado una serie de obras inmortales en las que queda perfectamente reflejada la miseria, la ignorancia y el disimilo reinantes en aquella sociedad española de los gloriosos años del imperio.

Entre otras muchas, vamos a mencionar algunas especialmente notables, como “La Celestina”, cuya editio princep se publicó en Burgos el año 1499, en la imprenta de D. Fadrique de Basilea, aunque a lo largo del siglo XVI se publicaron numerosas ediciones más, esta genial novela, atribuida al bachiller Alejandro de Rojas, se convirtió en la referencia de la posterior literatura picaresca y costumbrista; también fueron importantes  el “Lazarillo de Tormes”, “La vida del buscón don Pablos”, el “Guzmán de Alfarache”, “La vida y obra de Estebanillo González”, “El Diablo cojuelo” y otras muchas más.

dwd

A principios del año 1605 D. Miguel de Cervantes publica la primera parte de su D. Quijote de la Mancha con el título de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, en la que desmitificaba y ridiculizaba la vida caballeresca y la grotesca imagen que ofrecían aquellos estrafalarios hidalgos arruinados y famélicos. En el 1615, en vista del éxito obtenido con la primera parte, publicó su “Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha”, en la que se completaba la vida del hidalgo manchego. No sé si entraba en las previsiones de Cervantes mientras escribía las aventuras y desventuras de aquel pobre hidalgo manchego, empeñado en emular las hazañas y aventuras de los legendarios caballeros andantes, pero lo cierto que su novela y su protagonista alcanzaron una gran fama e influencia en toda la posterior narrativa europea, incluida la española, siendo considerada como la primer novela moderna y una de las mejores obras de la historia.

De hecho, se convirtió en un icono universal del modernismo que rechazaba el medievalismo arcaico y oscurantista y apostaba por la cultura y el progreso que proponía el modernismo renacentista.

La figura de D. Quijote ha sido utilizada en numerosas ocasiones en España por políticos, intelectuales, filósofos, literatos y artistas como símbolo de la lucha de la España progresista contra la España decadente, oscurantista y clerical.

Además de en la novela, también destacaron en nuestro Siglo de Oro grandes poetas y autores de teatro, que han legado a la posteridad verdaderas obras maestras de la Literatura Universal. Muchos fueron los artistas que brillaron con luz propia en el firmamento literario de este Parnaso español, por lo que vamos a citar únicamente algunos que  alcanzaron con sus obras una merecida inmortalidad, como son: Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, Pedro Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Miguel de Cervantes, Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, Fray Juan de la Cruz, Fray Luis de Granada, Teresa de Jesús, Mateo Alemán, Gutierre de Cetina, Vicente Espinel, Baltasar Gracián, Lope de Rueda, Juan Ruiz de Alarcón, Juan Luis Vives, Luis Vélez de Güevara……..Muchos son los nombres famosos que se podrían añadir a esta lista, que sólo pretende reflejar la importancia que ha tenido nuestro Siglo de Oro en el desarrollo de la posterior literatura universal.

Ya en los umbrales del siglo XX, una gran crisis patriótica se desencadenó en España en  1898, como consecuencia de la humillante derrota sufrida por nuestra armada en la corta guerra contra los Estados Unidos, con la consiguiente pérdida de los restos de nuestro imperio colonial en Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, provocando que un nutrido grupo de intelectuales españoles iniciara un importante movimiento de protesta, de carácter regeneracionista, conocido como “La Generación del 98”, que pretendía sacar a España del marasmo social, político, económico y cultural, en el que la habían sumido sus gobernantes, utilizando para ello un modelo histórico y romántico de nuestra historia, comenzando por diferenciar la España real, pobre, oprimida e inculta, de la España oficial, falsa, retórica y triunfalista, tratando de recuperar, al  mismo tiempo, la verdadera identidad de lo español, mediante el debate que denominaron: “Ser de España”. Entre sus propósitos entraba el de que la cultura europea entrase también en España y con ella la modernización del país y su integración en las nuevas corrientes culturales y de todo tipo que estaban apareciendo. Para ello recuperaron nuestra literatura popular, comenzando por el Romancero, al tiempo que revalorizaban nuestras tradiciones, nuestras costumbres, nuestro paisaje y nuestro paisanaje, volviendo a poner de moda lo castizo, rechazando lo amanerado y retórico, al tiempo que intentaban también que entraran en España las corrientes dominantes que corrían por Europa. Anhelo que refleja Antonio Machado en unos hermosos versos:

 

“Una España implacable y redentora,

España que alborea,

con un hacha en la mano vengadora,

España de la rabia y de la idea

 

La figura de don Quijote se convirtió en el símbolo por antonomasia del español iluso, que sueña con empresas imposibles, ajeno por completo a la realidad; en contraposición aparece la figura de Sancho Panza, atento a la dura realidad, que pisa con los pies en el suelo e intenta imprimir sentido común a sus actos, aunque las disparatadas fantasías de su amo le llegan en ocasiones a deslumbrar, haciéndole perder el sentido de la realidad.

Este movimiento modernista, que provocó la aparición del sindicalismo y potenció el republicanismo,  tiene su continuación en la segunda decena del siglo XX con la entrada en acción de la llamada “Generación del 27”, integrada por un importante grupo de intelectuales españoles que optaron por pasar del Regeneracionismo encabezado por Joaquín Costa y los del 98, a un movimiento revolucionario en lo social y lo económico y democrático en lo político, que convirtiera España en una sociedad libre y moderna. Se crea la conjunción republicano socialista con el firme propósito de acabar con el régimen monárquico.

No queremos dejar sin mencionar alguno de los nombres que dieron fama y gloria tanto a la “Generación del 98”, como a los de la “Generación del 27”. Entre los primeros brillan con luz propia Unamuno, Azorín, Ganivet, Machado, Baroja, Pardo Bazán, Valle Inclán, Pérez Galdós, Pereda, “Clarín” y muchos otros. A la “Generación del 27” pertenecen: Ortega y Gasset, Marañón, Tuñón de Lara, Madariaga, Azcárate, Pedro Garfías, Juan Rejno,  Sender, García Lorca, Rafael Alberti, Teresa León y otros muchos que voy a dejar de mencionar por no alargar demasiado esta lista.

Los continuos errores cometidos por D. Alfonso XIII y sus diferentes gobiernos propiciaron que una nueva Dictadura de carácter militarista y conservador,  encabezada por el general Primo de Rivera y un grupo de generales se hiciera con el poder en el año 1921, aunque eso sí, con la tácita aceptación del propio monarca.

El 12 de abril del 1931, con el general Primo de Rivera desposeído del poder, se celebran en toda España unas elecciones municipales que son decisivas para el futuro inmediato del país. Su resultado, 39.000 concejales republicanos por 41.000 concejales monárquicos, sin embargo, en los grandes núcleos urbanos la mayoría republicana es arrolladora lo que pone de manifiesto la profunda división que impera en el país. A la vista de los resultados, el rey, en una de sus más acertadas decisiones, presenta su dimisión, coge a su familia y se marcha al exilio. El 14 de abril en España se proclama la II Republica española.

Pero su vida, tal como ocurriera con la primera, también fue corta: España seguía dividida entre los conservadores, que aspiraban a recuperar sus antiguos privilegios y el autoritarismo monárquico, y los progresistas, que luchaban por sacar al país de su secular atraso y crear un estado moderno y progresista, para lo cual, mientras gobernaron, pusieron en marcha una serie de medidas encaminadas a reformar la educación, mejorar la economía, especialmente la de los menos favorecidos y democratizar nuestra sociedad. ¡Pero, una vez más, no pudo ser!. En julio de 1936, un grupo de generales y oficiales, apoyados por la aristocracia terrateniente, la oligarquía económica y caciquil y la bendición de la Iglesia Católica, dieron un golpe de estado que provocó una larga y cruenta guerra civil, de tres años de duración, que acabó con la desaparición de la república y la supresión de la democracia, dando paso a una larga dictadura de carácter policíaco-militar que duró cuarenta años, arruinó España y relegó a los españoles a la categoría de súbditos.

En el año 1978, casi en las postrimerías del siglo XX, España vuelve a tener una Constitución democrática, esta vez sin enfrentamientos militares, y se crea el Estado de las Autonomías, España se integra en Europa y los españoles vuelven a recuperar su categoría de ciudadanos, con libertad para votar, pensar y expresarse libremente.

Actualmente, en pleno siglo XXI, el cambio experimentado por el país ha sido considerable, pero todavía queda mucho camino hacia adelante por recorrer.

Paco Blanco, Barcelona enero 2018.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s