LOS BORBONES VAN Y VIENEN . “Comamos y bebamos, que mañana moriremos” (Epicuro) . -Por Francisco Blanco-.

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Tras la renuncia de Espartero a la regencia de España, las Cortes, reunidas el 8 de noviembre del año 1843, decidieron por mayoría absoluta declarar mayor de edad a la infanta Isabel, Princesa de Asturias, que tan sólo contaba 13 años de edad. Dos días después, la reina Isabel II juraba solemnemente la Constitución ante el pleno de las Cortes. España tenía una nueva reina: Isabel II de Borbón.

No se sabe seguro si fueron las razones de estado o la influencia de su madre Mª Cristina lo que la obligaron a casarse con su primo Francisco de Asís de Borbón, apenas cumplidos los 16 años. Su primo era hijo del infante Francisco de Paula de Borbón y de Luisa de Borbón Dos Sicilias, conocido popularmente como “Doña Paquita” o “Paco Natillas”, a causa de sus no disimuladas tendencias homosexuales. Según parece, al enterarse la reina de semejante decisión su reacción fue gritar: “¡No, con la Paquita no, con la Paquita no!”. Esta descabellada unión matrimonial, que por otro lado mantenía la tradicional costumbre borbónica de la unión consanguínea entre ellos, se convirtió en un desastre total desde la primera noche de bodas, según testimonio de la propia Isabel: “Qué podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo”. A partir de aquí, la azarosa vida sexual de la reina tuvo total prioridad sobre sus restantes actividades como mujer y como reina, aunque, según parece, a Isabel II le traían bastante sin cuidado las opiniones de sus súbditos, que la colocaron el apodo de “la Golfona”. En el mes de enero del 1865 en la revista “Gil Blas”  se publicaba el siguiente poema satírico (1):

 

“Es madre, y de sus hijos se murmura;

es vieja y con enredos se entretiene;

es rica y nadie sabe lo que tiene;

es enferma de amor, y pide cura.

Aunque pocos le han visto la figura,

dicen que con su espíritu se aviene,

y tímido o viril, según le conviene,

el eco de su voz vibra en la altura.

Pilláronla una vez en un renuncio,

y aun puedes ver impreso en los diarios

de su historia fatal claro anuncio.

Vive en la corte, haciendo calendarios,

y en la plaza del Rey o en la del Nuncio,

admite  flete a precios ordinarios.”

 

No obstante, hay quien defiende que la ninfomanía de la reina Isabel estaba provocada, principalmente, por una violenta agresión sexual de que fue víctima a los pocos días de ser coronada reina de España. Ella misma acusa a Salustiano Olózaga, a quien había nombrado Presidente del Consejo de Ministros, de ser el autor de la agresión: “Me agarró del vestido, me obligó a sentarme  y me agarró de la mano hasta obligarme a rubricar”.

La acusación también provenía del vicepresidente del Consejo, el conservador Luis González Bravo, que acusaba a Olózaga de haber utilizado la intimidación para obligar a la reina a disolver las Cortes, que gozaban de mayoría conservadora. Olózaga se tuvo que exilar a Francia, mientras que el propio González Bravo, con el apoyo de Narváez, otro conservador, y también de Isabel II, se convertía en el nuevo presidente del Consejo. Sus primeras medidas fueron declarar el estado de sitio, disolver los ayuntamientos liberales e imponer la censura previa de prensa, para impedir que la oposición se defendiese.

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Isabel II tuvo una lista de amantes tan larga como escandalosa, encabezada por el general Serrano, con el que tuvo relaciones sexuales muy tempranas, a quien cariñosamente llamaba “mi general bonito”, pero la promiscuidad de la ardiente reina era insaciable. En la larga lista figuran políticos, militares, músicos, médicos, aristócratas,……….., con los que tuvo hasta doce embarazos, de los cuales seis nacieron muertos o fallecieron a las pocas horas o los pocos días de vida. En el 1857, fruto de su séptimo embarazo, nació un varón, Alfonso, Príncipe de Asturias y posteriormente rey de España con el nombre de Alfonso XII. La más longeva fue la infanta María Eulalia, duquesa de Galliera, casada con Antonio de Orleans y Borbón, que vivió nada menos que 92 años. Lo que no queda nada claro y posiblemente tampoco lo estuviera para la reina, es la paternidad de cada uno de ellos. La misma Isabel, dirigiéndose a su séptimo hijo Alfonso, le comentó: “Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía”. Sobre la posible paternidad de Alfonso XII corrían ciertos rumores, que se la atribuían al aristócrata valenciano Enrique Puigmoltó, conde de Torrefiel, vizconde de Miranda y militar cortesano, condecorado por su amante con la Gran Cruz de San Fernando de Primera Clase, se supone que para premiarle los servicios prestados en la cama.

Paradójico puede resultar también  que en el entorno más cercano a la reina, lo que se podría llamar su “camarilla”, que ejercía una gran influencia sobre su persona, figuraban personajes tan ligados a la religión católica, como su confesor, el padre Antonio María Claret, fundador de los claretianos y la monja de la Orden de la Inmaculada Concepción, Sor Patrocinio, conocida como la “Monja de las Llagas”(2), o la madre Micaela del Santísimo Sacramento, una aristócrata incorporada al grupo por el padre Claret, que fundó la congregación religiosa de las “Adoratrices Esclavas” (3). Esta “camarilla” la completaban el general Narváez y su pariente Carlos Marfori, el marqués de Loja, político, ministro de Ultramar y uno de los principales amantes de Isabel II.

Su hija Amalia, comentaba sobre dicha camarilla: “Oí muchas veces hablar a mi madre de que el Padre Claret, su confesor y personaje de gran influencia cerca de ella, y la monja Sor Patrocinio, le habían sugerido el dirigirse a Pío IX en solicitud de la declaración del nuevo dogma. Mi madre, muy religiosa, consiguió que otros soberanos católicos la firmaran con ella y también actuaran cerca del Pontífice”.(3)

Por su parte Sor Patrocinio, que ya había tratado con la regente Mª Cristina y su hija Isabel, cuando estaba en el convento madrileño de La Latina, se convirtió en consejera de la reina Isabel y su esposo Francisco de Asís, principalmente en temas políticos, defendiendo los intereses más ultraconservadores y totalmente  en contra de los liberales. También se dedicó a fundar o reformar conventos utilizando fondos públicos. Sus manejos políticos le crearon numerosas enemistades, tanto con los liberales como con los conservadores. El presidente del Consejo, Bravo Murillo, la obligó a marcharse a un convento en Roma, de donde pasó a Francia, no pudiendo regresar a España hasta la Restauración Borbónica, llamada por el propio Alfonso XII.

En lo que a la mesa se refiere, Isabel II tenía un excelente apetito, por lo que comía y bebía en abundancia, incorporando una nueva comida en las costumbres de Palacio, la famosa “Merienda”, en la que se tomaba chocolate con pastas, se charlaba y se criticaba.

A pesar de que en la mesa de la reina todavía predominaba la comida francesa, uno de sus platos favoritos era la “Olla podrida” o “Cocido castellano”, que prácticamente se convirtió en el plato nacional más emblemático y consumido.

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Políticamente, el reinado de Isabel II se caracteriza por la corrupción a todos los niveles, por su inestabilidad y por las continuas crisis de gobierno, sin que faltaran los pronunciamientos militares y los golpes de Estado. Se llegaron a suceder cerca de sesenta gabinetes de gobierno de todos los colores políticos,  que estuvieron al frente del país, desde liberales, moderados y progresistas, hasta el ultraconservador de González Bravo, que con su autoritarismo desencadenó la Revolución de setiembre del 1868 y la destitución de la propia reina. Este triste final del reinado se produjo como consecuencia de su insistente interferencia en los asuntos que eran competencia del Gobierno, como la trágica “Noche de San Daniel”, del 10 de abril del 1855, con motivo de la expulsión del republicano Castelar como rector de la Universidad Central y la intervención de la Guardia Civil por las calles de Madrid, provocando nada menos que 11 muertos y 193 heridos, entre los que había ancianos, mujeres y niños, que únicamente andaban paseando. A partir de este momento se puede decir que comienza la última etapa del reinado de Isabel II, sucediéndose los gobiernos de carácter moderado y represivo, lo que provocó el aumento progresivo de la oposición en todos los frentes y el creciente descrédito de la monarquía, gracias a los continuos escándalos de la propia reina y su “camarilla”. El ambiente político se enrareció y el camino de la insurrección fue tomando cada vez más consistencia. En el mes de enero del 1866 hay un intento de pronunciamiento por parte del general Prim, poco más tarde, el 22 de junio se produce el del Cuartel de San Gil, organizado por los Partidos progresista y democrático, con el firme propósito de destronar a la reina. Esta coalición firmó en agosto de 1866 el conocido  como el “Pacto de “Ostende”, al que se unieron O´Donell y los liberales, destinado a crear un ambiente pre revolucionario, que acabara con el régimen borbónico. Simultáneamente se fue creando una extensa trama civil formada por clubes y asociaciones democráticas que apoyaban sin reservas la revolución popular anti monárquica. Finalmente, el 18 de setiembre del 1868, la Armada española, que se encontraba anclada la bahía de Cádiz, se pronuncia al grito de “¡Abajo los Borbones! ¡Viva España con honra!”.

De esta forma en España daba comienzo una nueva etapa política, que tan sólo duraría seis años, conocida como el “Sexenio Democrático”, en la que se pusieron en marcha diferentes alternativas políticas, incluida una nueva monarquía, que finalmente acabaron con la proclamación de la Primera República Española.

Como dato positivo de este reinado destaca el esfuerzo realizado en promocionar las obras públicas, especialmente el trazado de nuevas carreteras con sus correspondientes puentes; la construcción de nuevas líneas de ferrocarril, que mejoraron notablemente las comunicaciones entre la Península,  y la construcción del Canal de Isabel II, cuya primera piedra se colocó en agosto del 1851, siendo inaugurado, en junio del 1858, por el  ministro de Fomento, el burgalés Manuel Alonso Martínez, por cuya labor recibió la Gran Cruz de la Orden de Carlos III.

En setiembre del año1868, como consecuencia de la Revolución conocida como “La Gloriosa”, se acaba el reinado de Isabel II, que estaba veraneando en San Sebastián y que se vio obligada a abandonar España, exilándose en Paris, donde fue acogida por otra grande de España, Eugenia de Montijo, esposa del emperador Napoleón III de Francia. Fijó su residencia en el Palacio de Castilla, un lujoso hotel propiedad del diplomático ruso Alexander Basiliewski, a quien se lo compró y que posteriormente se convirtió en el “Hôtel Majestic”. Aquí pasó el resto de su existencia, aunque separada de su marido, Francisco de Asís, que se fue a vivir a Epinay-Sur-Seine, a las afueras de París, donde falleció el 17 de abril del 1902, a los 79 años de edad.

La reina exilada abdicó de sus derechos a favor de su hijo Alfonso, aunque sus esperanzas fueran escasas, pues en el trono vacío de España, por capricho del general Prim, principal responsable de que estuviera vacante, se sentó un italiano, lejano pariente de los Borbones, Amadeo I de Saboya, que tampoco estuvo mucho tiempo. Después llegó la I República, tan esperada por la mayoría del pueblo español, pero tampoco fue muy duradera. El Destino cambió, con la ayuda de algún que otro  general, volviendo a favorecer a los Borbones, que se sentar0n de nuevo en el trono vacante, siendo igualmente testigo lejano de la restauración de su hijo como rey de España y su coronación el 29 de diciembre del 1874, también lo fue  de su muerte,  ocurrida el 25 de noviembre del 1885, cuando tan solo contaba 27 años de edad. Después llegó la regencia de su nuera, Mª Cristina de Hamburgo-Lorena, el nacimiento de su nieto Alfonso XIII y los comienzos de su reinado. De su vida privada durante todos estos años no se sabe demasiado. Murió en París, el día 9 de abril del 1904, a los 72 años de edad.

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Amadeo I, el nuevo rey de España, era hijo del rey de Italia Víctor Manuel II de Saboya y de María Adelaida de Austria, bisnieta del rey de España Carlos III.

En las postrimerías del reinado de Isabel II empezaron a circular por Madrid una serie de 89 ilustraciones, conocidas como “Los Borbones en pelotas”, que se publicaban en algunas revistas satíricas de la época y en láminas sueltas que corrían de mano en mano, dejando de aparecer en el 1870. Las ilustraciones se han atribuido al pintor Valeriano Bécquer y los textos a su hermano, el famoso poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer, aunque es muy posible que interviniera algún otro artista. Se trata de una serie de dibujos satíricos y pornográficos en los que aparecen, en posturas procaces, preferentemente la reina, su esposo, su famosa “camarilla” y  algunos miembros del gobierno, que suponían una durísima crítica a la corrupción y el desmadre  que imperaban en la Corte borbónica.

Oficialmente la serie no será publicada hasta el año 1991, y las láminas se refieren únicamente a la figura de Isabel II y su “camarilla”.

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NOTAS

  • “Gil Blas” fue una revista satírica de carácter político, que se publicó en Madrid entre los años 1864 y 1872.
  • Sor Patrocinio, conocida también como la “Monja de las Llagas”, se llamaba en realidad realmente María de los Dolores Anastasia de Quiroga, pertenecía a una ilustre familia de Cuenca y fue consejera de Isabel II y su esposo Francisco de Asís.
  • La madre Micaela era la vizcondesa de Jorbalán, María Micaela Desmaissieres y López de Dicastillo. Fue canonizada en el año 1931.
  • Se trata del dogma de la Inmaculada Concepción.

Autor Paco Blanco, Barcelona, julio 2018

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