LA REPÚBLICA LLEGA Y SE VA. -Por Francisco Blanco-.

La revolución de setiembre del 1868, encabezada por Prim y un grupo de generales descontentos, consiguió destronar a la reina Isabel II y expulsarla de España. El nuevo gobierno, para legalizar la nueva situación convocó Cortes Constituyentes, que proclamaron la Constitución de 1869 en la que, ante el asombro y la incredulidad de la mayoría del pueblo español, que soñaba con la desaparición de la monarquía y la instauración de la República, que reclamaba al grito de ¡Fuera los Borbones! ¡Viva España con honra!, España fue declarada una Monarquía Constitucional. Naturalmente esto fue posible gracias a que los monárquicos eran mayoritarios en la Cámara, cuyos Diputados fueron elegidos por el voto de todos los españoles mayores de 25 años.
Al general Prim le tocaba ahora la desagradable y complicada tarea de encontrar sustituto para el trono que él mismo había ayudado a desalojar recientemente.

Finalmente, tras muchas dudas y deliberaciones, la elección recayó en la persona del italiano Amadeo de Saboya, duque de Aosta y tercer hijo del rey de Italia Víctor Manuel II y su esposa Adelaida de Austria. Al parecer, este joven príncipe de 34 años ofrecía el mejor perfil posible para convertirse en el rey de todos los españoles: joven, atractivo, casado con la parisina Mª Victoria del Pozzo, princesa de La Cisterna; perteneciente a una Dinastía lejanamente emparentada con los Borbones, católico y con fama de progresista y tolerante. Otra cosa era que aceptara el cargo que le ofrecían ¿a quién no le gusta ser rey? Pero España en aquellos momentos estaba en una situación de empobrecimiento generalizado y sumida en un estado de total convulsión política, que la convertía en un país ingobernable. Pero, finalmente, Amadeo aceptó ceñirse la corona de rey constitucional de España y sus colonias. El 16 de noviembre del 1870 las Cortes españolas reunidas en sesión plenaria, por 191 votos a favor, 101 en contra y 19 abstenciones, nombraron a D. Amadeo I de Saboya nuevo Rey de España. El presidente de las Cortes, D. Manuel Ruiz Zorrilla, republicano declarado, ratificó dicho nombramiento:”Queda elegido Rey de los españoles el señor duque de Aosta”.

Una comisión parlamentaria se dirige a Florencia para comunicar al duque el resultado de la votación, éste, el 4 de diciembre acepta el nombramiento, embarcando poco después en el puerto italiano de La Spezia rumbo a su nuevo reino, desembarcando en Cartagena el 30 de diciembre y dirigiéndose, acto seguido, hacia Madrid.

el-atentado-de-prim_8d88ed42

Ese mismo día fallecía en Madrid su gran valedor el general Prim, como consecuencia del atentado que sufrió el pasado día 27 en la madrileña calle del Turco (1) cuando abandonaba el Palacio de Congresos para dirigirse a su domicilio en el Ministerio de la Guerra, situado en el Palacio de Buenavista, precisamente para ultimar los preparativos de su viaje a Cartagena para recibir al nuevo rey. En una tarde invernal, desapacible y oscura, dos carruajes interceptaron la berlina del general cuando iba a entrar en la calle de Alcalá, Moya, el cochero del presidente, tuvo que tirar de las riendas para evitar el encontronazo. Tres individuos, armados con trabucos de boca ancha, descendieron de los carruajes y comenzaron a acribillar por ambas portezuelas la berlina del general, que  viajaba acompañado de su ayudante Nandín, éste trató de protegerle con su cuerpo, acabando con una mano destrozada y varias heridas en el brazo. Por su parte, el presidente, en su instintivo gesto de defensa, fue alcanzado en la mano, brazo y hombro derecho, pero aparentemente sin tocar ningún órgano vital.  La acción apenas tardó unos segundos, los que necesitó el cochero para evitar los carruajes y fustigar a los caballos para escapar al trote por la calle de Alcalá. Una vez la berlina en su domicilio, Prim se apeó del vehículo sin ayuda y subió él sólo las escalinatas del ministerio de la Guerra, apoyándose en la barandilla con su brazo izquierdo intacto, pero dejando a su paso un reguero de sangre. Todavía tuvo la entereza de tranquilizar a su esposa y dirigirse a sus habitaciones para esperar al equipo médico.

Su médico personal doctor Losada y el doctor Lladó fueron los primeros en practicarle las primeras curas, tenía la mano derecha perforada y se vieron obligados a amputarle la primera falange del anular derecho, además, de su maltrecho costado le extrajeron hasta siete balas. Después de suministrarle algún sedante, el general Prim se sumió en un profundo sueño. Afortunadamente, la esperanza de que los órganos vitales no hubieran sufrido ningún daño se convirtió en certeza, por lo que el diagnóstico fue favorable a su rápida recuperación. Peor suerte corrió su ayudante Nandín, al que le quedó paralizado el brazo con el que intentó proteger a su presidente.

Los días 28 y 29 el herido presidente permaneció convaleciente en el lecho,  bajo los correspondientes y atentos cuidados médicos, sin que nada hiciera pensar que su recuperación no iba a ser rápida y total y que incluso podría acudir a recibir al nuevo rey, que estaba a punto de llegar a Madrid. Pero, inesperada y misteriosamente, el día 30 el herido se ve atacado por una fuerte infección pútrida, que nadie fue capaz de atajar y que sí afectó a sus órganos vitales, causándole la muerte.

Amadeo I llegó a Madrid el día dos de enero del año 1871. Su primer acto fue visitar la Basílica de Nuestra Señora de Atocha y postrarse a rezar ante el cadáver embalsamado del general Juan Prim, su gran valedor y principal artífice de su coronación como rey de España. Después se dirigió a las Cortes, reunidas bajo la presidencia de D. Manuel Ruiz Zorrilla, para prestar el preceptivo y solemne juramento: “Acepto la Constitución y juro guardar y hacer guardar las Leyes del Reino”. Acto seguido, el Presidente de las Cortes procede a clausurar el acto con otra solemne declaración: Las Cortes han presenciado y oído la aceptación y juramento que el Rey acaba de prestar a la Constitución de la Nación española y a las leyes. Queda proclamado Rey de España don Amadeo I”.

En primera instancia, el cuerpo momificado del general D. Juan Prim Prats recibió sepultura en el “Pabellón de Hombres Ilustres” de  Madrid. En el año 1971 sus restos mortales fueron trasladados a Reus, su ciudad natal.

Las verdaderas causas de la muerte de Prim siguen siendo un “misterio histórico” sin resolver, origen de innumerables teorías que continúan estando vigentes en la actualidad: ¿Murió como consecuencia de las heridas recibidas en el atentado, o a causa de la infección posterior? ¿Murió estrangulado o envenenado? ¿Quién fue el autor o los autores? ¿Existía un complot político detrás?.

El primer supuesto parece estar totalmente descartado, por lo que nos encontramos ante un crimen de Estado o Magnicidio, cuya verdadera autoría se desconoce, pero sobre la que existen numerosos sospechosos. El nombre que más se repite  es el del Duque de Montpensier, que había financiado la revolución de “La Gloriosa”  que destronó a su cuñada Isabel II, a cuya corona aspiraba. También suenan los nombres del Regente general Serrano y el del periodista y diputado republicano José Paúl y Angulo, al que se acusó de ser el autor material y a su Partido el instigador, que también quedan descartados si son ciertas las palabras del propio general Prim cuando ya estaba en la agonía: “No lo sé, pero no me matan los republicanos”. Más recientemente, en uno de sus libros, el ilustre historiador catalán Josep Fontana segura que sigue siendo un misterio la identidad de los asesinos de Prim (2).

Sin título

En este ambiente, un tanto fúnebre y poco favorable, comenzó el corto reinado de Amadeo I en un país en el que imperaba la inestabilidad política, el descontento ciudadano, la crisis económica y, por si fuera poco, estalló la Tercera Guerra Carlista y se recrudeció la guerra con Cuba, que luchaba por su independencia. Además, como postre, en el mes de julio del 1872 sufrió un atentado en el que, afortunadamente, su persona resultó ilesa. No es extraño que ante tan caótica situación exclamara:Io non capisco niente. Siamo  una gabbia di pazzi ” (No entiendo nada, esto parece una jaula de locos).

Evidentemente, la muerte de Prim rompió el consenso del Gobierno, la Unión Liberal se escindió, volviendo muchos de sus miembros a abrazar la causa monárquica; los Progresistas se dividieron en radicales, encabezados por Ruiz Zorrilla y constitucionalistas, dirigidos por Sagasta. Hasta seis ministerios se sucedieron en su corto reinado, lo que da idea del desbarajuste político que reinaba en España. Incluso a finales del 1872 Serrano y Sagasta propusieron a Amadeo I saltarse la Constitución y empezar a gobernar con más dureza. El rey, que en todo momento mantuvo una postura constitucional impecable, se negó en redondo a secundar semejante propuesta, lo que aumentó la tensión entre los partidos y una nueva convocatoria de las Cortes.

220px-Montabone,_Luigi_(18..-1877)_-_Milano_-_Amadeo_l_(1845-1890)_Duke_of_Aosta,_and_King_of_Spain

La crisis final se desató cuando surgió el conflicto entre Ruiz Zorrilla, Presidente de las Cortes, y el Cuerpo de Artillería. El primero estaba empeñado en disolver dicho Cuerpo a lo que el Ejército respondió exigiendo al rey que disolviese las Cortes y gobernase de forma personal y autoritaria. Esto debió de colmar la paciencia del monarca, que esta vez, convencido de que los españoles éramos ingobernables, sin consultar al gobierno ni a los diputados como exigía la Constitución, escribió una carta de abdicación, cogió a su familia y se refugió en  la embajada italiana. De aquí, acompañado de Ruiz Zorrilla, que se convirtió en su protector, viajó a Lisboa, de donde se trasladó definitivamente a Italia, estableciéndose en Turín.

El mismo día de su abdicación, el 11 de febrero del año 1873, tras conocerse la dimisión de Amadeo I, reunidos de urgencia el Congreso y el Senado, por 258 votos a favor y 32 en contra, proceden a proclamar la I República Española.

¡Llegaba con tres años de retraso!

El día siguiente 12 de febrero, la Asamblea Nacional nombra Presidente del Poder Ejecutivo al abogado catalán  D. Estanislao Figueras, republicano federal, lo que devuelve el poder a los republicanos, pero la división entre los Partidos y la falta de consenso hace inviable la formación de un gobierno estable, hasta que el 25 de abril, el diputado por Toledo Cristino Martos, apoyado por el Partido Conservador, los Generales monárquicos y la Guardia Civil provocó un golpe de estado que fracasó gracias a la contundente acción de Pí y Maragall desde el Ministerio de la Guerra. Finalmente, el día 11 de abril, cansado y aburrido de tanta lucha estéril, el presidente Figueras presenta su dimisión irrevocable y abandona el país estableciéndose en Francia. Le sucedió D. Francisco Pí y Maragall, otro republicano catalán, que tampoco consiguió el apoyo de los conservadores ni del Ejército, lo que provocó una nueva dimisión y la formación de otro Gobierno, esta vez presidido por D. Emilio Castelar, un republicano unitario que acababa de regresar del exilio al que se vio obligado a marchar por su dura oposición a Isabel II, que se hizo cargo del Gobierno el día 7 de setiembre del 1873.

Este nuevo gobierno inició una política autoritaria de pacto con los conservadores y recortes de libertades, tanto personales como institucionales. Pero Castelar, por una parte se encontró con la oposición del resto de los republicanos, partidarios del federalismo, pero lo más grave y definitivo fue el golpe de estado que, en nombre del Ejército, dio el general Pavía el 3 de enero del 1874, que dio paso a la creación de un gobierno provisional presidido por otro general, D. Francisco Serrano, antiguo amante de Isabel II. De esta forma tan a la española, finalizaba el “Sexenio Democrático“ y el primer intento de convertir España en República. Los monárquicos, encabezados por Cánovas del Castillo, con la ayuda de otro general, el segoviano D. Arsenio Martínez Campos, no tardaron en devolver la corona española a otro Borbón, D. Alfonso XII, el hijo de Isabel II:

1Republica

Esta discrepancia entre republicanos federalistas, radicales y unitarios también trajo como consecuencia la aparición de un movimiento cantonalista, de carácter independentista en algunos casos, que se extendió rápidamente por muchas regiones de España con la intención de dividirla. En el mes de julio de 1873 se constituyó en Madrid un “Comité de Salud Pública”, que con la colaboración de la “Asociación Internacional de Trabajadores” (AIT), inició la puesta en marcha del cantonalismo por las regiones de Valencia, Murcia y Andalucía, en las que fueron apareciendo los Cantones, como los de Cartagena, Alcoy, Jumilla y otros, lo que obligó al por entonces presidente del Poder ejecutivo, el republicano moderado D. Nicolás Salmerón, a utilizar el ejército para sofocar la rebelión. También en Extremadura y en algunas provincias de Castilla-León, como Salamanca y Ávila, se llegaron a constituir cantones independentistas, integrados en la “federación Española” de repúblicas independientes.

Una vez conseguida la restauración de la monarquía, en la persona de Alfonso XII, D. Antonio Cánovas del Castillo, el artífice de la hazaña, aunque contó con la ayuda no solicitada de los generales Pavía y Martínez Campos, se dedicó a diseñar una nueva Constitución, la de 1876, que sustituyera la democrática de 1869. Para ello, en mayo de 1875 convocó la “Asamblea de Notables”, integrada en su mayoría por monárquicos moderados y presidida por  el jurista burgalés D. Manuel Alonso Martínez.

Estaba compuesta por 39 miembros, que finalmente quedaron reducidos a nueve. El objetivo principal de la nueva Constitución era  blindar y dejar bien protegidos los privilegios del Antiguo Régimen, tal como el mismo Cánovas se encargó de definirla: “Preténdese restaurar no en el sentido riguroso de restablecer un antiguo régimen, sino en el de concertar ciertos principios políticos tradicionales y las innovaciones reclamadas por los tiempos, con la pretensión de salvar el dualismo abierto por el reciente movimiento revolucionario”.

Cánovas, siguiendo el modelo inglés, trata de imponer el bipartidismo como base fundamental para conseguir la estabilidad política, aunque en su Artículo 18 concede una importancia decisiva a la figura del rey: “La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey”.

Como resulta fácil de entender, en este convulso clima de enfrentamiento político y social, rozando lo militar, la gastronomía no ocupaba un lugar prioritario entre los asuntos que preocupaban a los españoles, lo que quiere decir, salvo alguna que otra excepción, que en las capas más acomodadas siguió predominando la cocina francesa, mientras que en el resto seguían dominando las diferentes cocinas regionales, con sus platos más tradicionales a la cabeza. También es cierto que la migración del campo a la ciudad del campesinado más pobre, la aparición del automóvil y la llegada de los primeros turistas, supuso que restaurantes, mesones y casas de comida fueran en aumento en las zonas urbanas, principalmente en Madrid. También, en relación con las comidas, empezaron a aparecer y tenerse en cuenta los primeros conceptos sobre la alimentación, tales como las calorías, las vitaminas, los hidratos de carbono y las comidas más sanas, que ocasionaron la aparición de las dietas alimenticias, directamente relacionadas con la salud.

Sin título

Sin embargo, toda España, incluidas Castilla la Vieja y Burgos, atravesaba por una larga y profunda crisis económica que afectaba a una gran mayoría de la población, con  una importante serie de carencias que les impedía llevar una vida digna, afectando incluso a su diaria alimentación. ¿Cómo, en tales circunstancias, se podía hablar de “dietas alimentarias?. Había que procurarse el cotidiano sustento como mejor podía cada cual.

La base alimenticia de Castilla seguía siendo, sobre todo, los cereales, las legumbres, las verduras, y los tradicionales platos que con ellos se cocinaban su comida diaria. Felices eran las familias que a la hora de comer podían reunirse en torno a una fuente con un buen cocido con  algún trozo de pollo o vacuno, acompañado por un buen trozo de pan y una copa de vino.

Trascribimos un fragmento del “Practicón”, un tratado de cocina que se hizo muy popular, escrito por Angel Muro (3) a finales del siglo XIX:

Oda al garbanzo
“Si a pensar en los males de Castilla
y en su miseria y desnudez me lanzo,
como origen fatal de esta mancilla,
te saludo, ¡Oh garbanzo!
Tú en Burgos, y en Sigüenza, y en Zamora,
y en Guadalajara, capital del hielo,
alimentas la raza comedora,
y así le crece el pelo.
Esa tu masa insípida y caliza,
que de aroma privó naturaleza,
y de jugo y sabor, ¿qué simboliza?
vanidad y pobreza”. 

 

NOTAS

  • La calle del Turco es la actual calle del Marqués de Cubas
  • Josep Fontana es un historiador catalán, profesor emérito de la Universidad Pompeu Fabra, fallecido recientemente, el 20 de agosto de este mismo año 2018, que ha dejado una importante obra histórica y de investigación económica y social.
  • Angel Muro (1839-1893) fue un escritor madrileño que se especializó en temas gastronómicos de la cocina española. Además de “El Practicón” había publicado un “Diccionario General de Cocina” y numerosos recetarios. La “Oda al garbanzo” que reproducimos pertenece a un autor anónimo, posiblemente del Siglo de Oro, que aparece en la citada obra de Angel Muro.

Autor Paco Blanco, Barcelona, setiembre 2018

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s