SIGLO XX. UNA GENERACIÓN DE BURGALESES AL EXILIO. -Por Francisco Blanco-.

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Tras las elecciones generales de 1931, que siguieron a la proclamación de la II República Española,  el 9 de diciembre se aprobó la nueva Constitución, con 368 votos a favor y ninguno en contra. Se ausentaron los 89 diputados de la derecha. El socialista Julián Besteiro fue el primer presidente de las nuevas Cortes, mientras que el republicano moderado, D. Niceto Alcalá Zamora, era elegido presidente de la República, nombrando a D. Manuel Azañá jefe del gobierno.

Al mismo tiempo que se ponía en marcha la República, en España daba comienzo una nueva tentativa de democratizar y modernizar el país, de erradicar el caciquismo, tanto urbano como rural y eliminar los numerosos privilegios de clase que seguían existiendo, de conseguir que la ciudadanía se interesase más por la cosa pública, de mejorar la educación y fomentar el empleo……..En definitiva: había que transformar por completo el país, para lo que quedaba por delante una enorme tarea ¿Estaba capacitada la nueva República, que tanto entusiasmo y tantas esperanzas había levantado, para llevarla a cabo?. De entrada, la nueva Constitución había consagrado el derecho al voto de la mujer, pero por delante quedaban por resolver el problema religioso, la reforma agraria, la autonomía de las regiones, la reforma militar emprendida por Azaña, la reforma laboral, la reforma del Poder Judicial y los derechos de los ciudadanos. La tarea era ardua y llena de obstáculos.

Durante los dos primeros años, conocidos como el “Bienio Progresista”, la República puso en marcha, con mayor o menor éxito, todo hay que decirlo, muchas de estas reformas, pero en el 1933 (1) volvió a surgir la España oscurantista y regresiva, la de los caciques y las clases privilegiadas, dispuesta a defender estos privilegios a costa de lo que fuera. Los grandes terratenientes, la nobleza, la oligarquía industrial y una buena parte de los altos mandos del Ejército, que además contaban con la bendición y el apoyo de la Iglesia, que también se había sentido postergada, formaron un frente común para derribar aquella República que pretendía suprimir sus privilegios. Los tres años siguientes, en los que en España gobernó la derecha, fueron de un total desbarajuste político, social y económico sin precedentes, que llevaron al país a un callejón sin salida. En febrero del 1936, como solución de urgencia, se convocaron nuevas elecciones generales, con dos bloques enfrentados, el “Frente Popular”, formado por una coalición de partidos de izquierdas, integrada por republicanos, socialistas, comunistas, sindicalistas y diversos partidos valencianos y catalanes de izquierda, que consiguieron 4.654.116 votos, que representaban el 47,1% de los votantes y 263 escaños en el Congreso. La oposición, agrupada en lo que llamaron “Frente Nacional Contra Revolucionario”, obtuvo 4.503.505 votos, que representaban el 45,6% de los votos y 156 escaños, los partidos de centro consiguieron 54 escaños.

Estos resultados, aunque ajustados, daban la victoria al “Frente Popular”, que formó un nuevo gobierno presidido por Azaña, pero del que voluntariamente se excluyeron socialistas y comunistas, que no querían avivar más  desde el gobierno la hoguera del enfrentamiento. Pero todo resultó inútil, la España reaccionaria siguió conspirando para destruir la que se había autodenominado “República democrática de trabajadores de todas clases”. El 18 de julio un grupo de generales rebeldes se alzaban en armas contra la República que había elegido el pueblo. Las clases dominantes les apoyaban y la Iglesia les bendecía. Durante tres años, una despiadada guerra civil asoló todo el suelo español. El Ejército y la derecha contaron con la ayuda militar y económica de las dos potencias fascistas de Europa, Italia y Alemania; las demás potencias europeas permanecieron impasibles ante la agresión fascista. Tan sólo un puñado de voluntarios, integrados en las “Brigadas Internacionales,” acudieron a defender la República (2), convencidos de que también defendían la democracia y la unidad europea. El régimen comunista de la Unión Soviética fue la única potencia occidental que ayudó a la República Española, proporcionándola aviones, armamento, municiones y víveres, además de militares de alta especialización y políticos comunistas, que se convirtieron en comisarios políticos.

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Pero no todo fueron zonas oscuras en esta segunda etapa republicana, la cultura, por ejemplo, brilló con luz propia, alcanzando unos niveles de difusión hasta entonces impensables y que no se han vuelto a producir. Los intelectuales de la “Generación del 98” y los de la “Generación del 27” apoyaron sin reservas el nuevo régimen político, e incluso algunos, encabezados por Antonio Machado, José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala y Gregorio Marañón, crearon la “Agrupación al Servicio de la República”. Simultáneamente, el pedagogo riojano Manuel Bartolomé Cossío, que había sido discípulo de Giner de los Ríos, puso en marcha las “Misiones Pedagógicas”, un importante proyecto cultural para difundir la cultura española por todo el país. Esto dio lugar a que un grupo de actores y artistas profesionales, ayudados por estudiantes e intelectuales, pusieran en marcha un proyecto cultural, bajo la iniciativa del poeta granadino Federico García Lorca y el escenógrafo vasco Eduardo Ugarte, conocido como “La Barraca”, una compañía teatral que se dedicó a recorrer la geografía española, llegando hasta los más remotos y perdidos pueblos, en los que ofrecían representaciones teatrales de nuestras obras clásicas. Paralelamente, Alejandro Casona, otro ilustra autor teatral, fundó y dirigió el “Teatro del Pueblo”, otro teatro ambulante integrado por estudiantes universitarios, que viajaban con escaso vestuario y decorado, que montaban su espectáculo en las plazas y los porches de los más remotos lugares y llenaban de asombro y alegría a sus modestos habitantes, que jamás habían presenciado nada semejante.

Aparte de los ya mencionados, la lista de los intelectuales que apoyaron a la II República, muchos de los cuales tuvieron que tomar el camino del exilio, se completa con nombres tan ilustres como el escritor y político socialista Fernando de los Ríos, que escribió “Mi viaje a la Rusia sovietista” después de visitar en el 1921 la Rusia soviética de Lenín, para conocer de cerca el recién estrenado comunismo, fue varias veces ministro y murió en el exilio.

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Rafael Alberti y su esposa, la burgalesa María Teresa León Goyri, se conocieron en Madrid, a donde Mª Teresa se había trasladado desde Burgos al separarse de su marido, el burgalés Gonzalo de Sebastián Alfaro, vivía en casa de su tía, María Goyri, la esposa de Ramón Menéndez Pidal , por lo que frecuentaba las tertulias literarias madrileñas, en las que pronto destacó por su belleza, talento y simpatía, el escritor Jorge Guillén se refería a ella como “esa chica guapa de Burgos”. En una de estas tertulias conoció al que sería su segundo esposo, Rafael Alberti, que por entonces ya empezaba a ser conocido como un poeta de gran talento. Se enamoraron y se casaron, emprendiendo juntos una agitada vida literaria y política. Juntos montaron numerosos espectáculos teatrales y también realizaron numerosos viajes por Europa, especialmente por Alemania y Rusia, pensionados por la “Junta de Ampliación de Estudios”, de donde regresaron convencidos de que el comunismo era la mejor opción política que podían defender. A partir de aquí los dos mantuvieron un firme compromiso político a favor de la República, en defensa de la libertad, la justicia y la igualdad entre las personas. Su vida literaria también transcurrió a la sombra de la de su esposo, a pesar de eso dejó escritas una veintena de obras, entre las que destaca su autobiografía “Memoria de la Melancolía”. Los dos marcharon al exilio al finalizar la guerra, y no regresaron a España hasta el 1977, cuando Franco había muerto y la dictadura estaba a punto de ser desmantelada, pero lamentablemente, Mª Teresa, aquejada de “Alzheimer”, tuvo que ser internada en una clínica de Madrid, falleciendo el 13 de diciembre de 1988.

Rafael Albert nació a principios de siglo, al año 1902 en El Puerto de Santa María, en el seno de una acomodada familia de origen italiano, que se dedicaba al negocio del vino, que le llevaron a estudiar al colegio de Jesuitas “San Luis Gonzaga”, del que fue expulsado a los 14 años por su actitud rebelde y desobediente. Él quería ser pintor, por lo que cuando la familia se trasladó a Madrid, se dedicó exclusivamente a su vocación de pintor, consiguiendo exponer en el “Salón de Otoño” y en el Ateneo madrileño. Una enfermedad pulmonar le obliga a ingresar en un sanatorio del Guadarrama, donde empieza a leer poesía y escribe su primer poema, “Marinero en tierra”, por el que en el 1924 le concederían el “Premio Nacional de Poesía”, con el que dio su primer salto a la fama. Una vez restablecido ingresa en la “Residencia de Estudiantes”, donde entra en contacto con otros jóvenes poetas como García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre y otros, el núcleo principal de la “Generación del 27”. Tuvo una relación sentimental y profesional con la pintora gallega Marisa Mallo, otra exilada de la “Generación del 27”. La relación se acabó en el 1930, cuando el poeta conoció a Mª Teresa León, se enamoró y se casó con ella. Una de sus primeras acciones conjuntas fue fundar la revista revolucionaria “Octubre”, que prácticamente se convirtió en portavoz del Partido Comunista, en la que colaboraron otros escritores de la “Generación del 27”, como Luis Cernuda, Ramón J. Sender, Arturo Serrano Plaja, los cuales, como tantos otros, también acabaron su vida en el exilio. Era de contenido político, pero también publicaba muchos artículos sobre temas teatrales. Apareció quincenalmente durante los años 1933 y 1934. Su actividad política continuó en el 1936, después de estallar la guerra, desde la “Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura”, promotora a su vez de la revista “El Mono Azul”, en la que también colaboraron otros muchos escritores antifascistas, incluidos algunos no españoles, como Pablo Neruda, Vicente Huidobro, André Malraux o John Dos Pasos.

Su primer número apareció el 27 de agosto del 1936. Tanto Alberti, que fue su director, como su esposa Mª Teresa, colaboraron intensamente en el contenido de la revista, totalmente comprometido con la lucha contra el fascismo, denunciando los numerosos abusos que cometían con total impunidad, y  la defensa de la legalidad de la República, que fue muy leída y apreciada por las clases más populares. Todos los poemas que publicó fueron recopilados posteriormente por el propio Alberti en su obra “Romancero de la Guerra Civil”. En el 1939, al terminar la guerra, el matrimonio emigra a Argentina, instalándose en Buenos Aires, en donde nace su hija Aitana, continuando desarrollando una intensa labor teatral y periodística, manteniendo una buena relación profesional y personal con el poeta chileno Pablo Neruda. En el 1962 se trasladan a Roma, donde continúan trabajando y publicando. En el 1977 el matrimonio regresa finalmente a España, donde Alberti se presenta como candidato a diputado por la lista del Partido Comunista, en las primeras elecciones  libres y democráticas que se celebraban en España desde el 1936, obteniendo uno de los 20 escaños que consiguió el PC. No obstante, no tardó en renunciar para   continuar su producción literaria con gran intensidad, obteniendo un gran éxito de público y crítica con la reedición de su “Arboleda perdida”. En el 1980 recibió el “Premio Nacional de Teatro” y renunció al “Príncipe de Asturias”, debido a sus convicciones republicanas, también  en el 1983 fue galardonado con el premio “Miguel de Cervantes”. En el 1990, fallecida ya su esposa

 María Teresa León, volvió a casarse a los 88 años con María Asunción Mateo. Murió el 28 de Octubre del 1999 a la avanzada edad de 96 años. Cumpliendo con sus deseos, sus cenizas se esparcieron por su querido “Mare Nostrum”, al que tanto había cantado en su “Marinero en tierra”.

El prolífico y novelista aragonés Ramón José Sender Garcés, más conocido como Ramón J. Sender, a quien en los primeros días de la guerra civil del 1936 los franquistas, que le andaban buscando y fusilaran en Zamora a su esposa Amparo Barayón, él se incorporó al frente, luchando primero a las órdenes de Líster y también en el frente del Ségre, y en Barcelona, al lado de la CNT,  de donde partió para Francia a recoger a sus dos hijos que estaban allí refugiados, exilándose después en  México y los EE. UU.,  donde tuvo que soportar la “Caza de brujas” que organizó el ultraderechista general McCarthy para eliminar del país a los comunistas. Su actividad profesional, tanto en su faceta de profesor universitario como en la de novelista, fue enorme. En la primera, impartió clases en numerosas universidades, como las de Denver, Washington, Hardvard, Colorado, San Diego o Albuquerque en Nuevo Méjico, donde en el año 1947 tomó posesión de la cátedra de Literatura Española. Su producción literaria es también muy extensa, desde “Imán”, publicada en el 1930, hasta “Toque de queda”, que se puede considerar su obra póstuma, publicada el año 1985, hay más de cien títulos, la mayoría novelas, pero también ensayo y teatro. Eso sin contar sus incontables artículos periodísticos; en el año 1935 se le concede el “Premio Nacional de Literatura” por su novela “Mister Witt en el cantón”, en la que se relata la insurrección cantonal de Cartagena. En el 1969 regresa por primera vez a España para recoger el “Premio Planeta”, que le habían concedido por su novela “En la vida de Ignacio Morell”. Todavía realizó algún viaje más a España, pero sus deseos de recuperar la nacionalidad española y volverse a vivir a su patria chica no se vieron cumplidos, aunque sí mantuvo una abundante correspondencia con la novelista española Carmen Laforet. Murió en los EE.UU. el 16 de enero del 1982 a los 80 años de edad.

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El pastor de Orihuela, Miguel Hernández Gilabert, tal vez fue el último gran poeta de la Generación del 27, aunque también escribió alguna obra de teatro. Colaboró con las “Misiones Pedagógicas“ y en la “Revista de Occidente”,  también fue secretario del escritor y cronista taurino José María de Cosío, mantuvo amistad con los poetas Vicente Aleixandre, Pablo Neruda y Juan Ramón Jiménez, quien le profesaba gran admiración. Republicano convencido, en 1937 se alisto en el Partido Comunista, siendo nombrado comisario político, luchando en Teruel, Andalucía y Extremadura. En abril del 1939, recién finalizada la guerra, fue detenido en Portugal por la policía fascista del presidente Salazar y entregado a la Guardia Civil. A partir de aquí comienza para el poeta, que fue condenado a muerte,  un verdadero calvario de cárcel en cárcel, hasta que en el 1941, gracias a la influencia de sus numerosas amistades, la pena de muerte le fue conmutada por la de cadena perpetua y le trasladaron al Reformatorio de adultos de Alicante, donde enfermó de tifus, que degeneró en tuberculosis, falleciendo en la enfermería el día 28 de marzo del 1942, cuando solamente contaba 31 años de edad. Su pasión por la poesía fue enorme y la calidad de su obra  es extraordinaria: de la mejor poesía que se ha escrito en lengua española. Entre su obra poética merecen ser destacadas: “El rayo que no cesa”, “Perito en lunas”, “Viento del pueblo”, “El hombre acecha” o “Cancionero y romancero de ausencias”; de su obra teatral citaremos: “El torero más valiente”, “Teatro en la guerra” y “El labrador de más honra”.

Además, muchos de sus poemas fueron musicalizados posteriormente por cantautores o grupos musicales, alcanzando gran popularidad y audiencia, como por ejemplo “Andaluces de Jaén”, del grupo “Jarcha” y también del cantautor Paco Ibáñez, basado en su poema “Aceituneros”, en 1971 el cantante flamenco Enrique Morente, acompañado por los guitarristas Parrilla de Jerez y Perico el del Lunar, editaron “Homenaje flamenco a Miguel Hernández”, compuesto por una selección de sus poemas. También el cantautor Joan Manuel Serrat compuso un álbum  con poemas musicalizados de Miguel Hernández. En 1973 el cantante chileno Víctor Jara musicalizaba el poema de Hernández “Vientos del pueblo”, casi profetizando la cercana tragedia chilena del mes de setiembre. Durante su estancia en la prisión de Alicante, Miguel Hernández convivió con el dramaturgo de Guadalajara Antonio Buero Vallejo, que había sido detenido al acabar la guerra y condenado a muerte por pertenecer al Partido Comunista, por entonces Buero Vallejo se dedicaba preferentemente a dibujar e hizo un magnífico retrato del poeta, pasó por varias cárceles, acabando en el Penal de Ocaña, de donde en el año 1946 salió en libertad condicional, pero desterrado a Madrid, instalándose a vivir en Carabanchel, donde compartió el dibujo con el teatro, hasta que acabó por dedicarse exclusivamente a esto último. Su obra teatral es de las mejores y más original del siglo XX, obteniendo el Premio Lope de Vega  en 1949 y el Premio Cervantes en el 1980. Una de sus primeras obras, publicada en el mismo año que salió de la cárcel fue “En la ardiente oscuridad”, que trata sobre la ceguera en varios de sus aspectos, a esta le siguieron “Historia de una escalera”, “Casi un cuento de hadas”, “La tejedora de sueños”, “Madrugada”, “Un soñador para un pueblo” y otras muchas, algunas de las cuales tardaron mucho tiempo en estrenarse por culpa de la censura, pero el conjunto de su obra le convierten en uno de nuestros autores teatrales más importantes de todos los tiempos. Estuvo apartado de la política, aunque mantuvo  alguna polémica literaria en la revista “Primer acto”, especialmente con su colega Alfonso Sastre, también publicó “Un poema y un recuerdo”, en memoria de Miguel Hernández, su antiguo compañero de prisión. Estuvo casado con la actriz Dolores Rodríguez Clavijo, con la que tuvo dos hijos. Murió en Madrid en el mes de abril del año 2000 a los 84 años.

La filósofa y ensayista malagueña, María Zambrano Alarcón,  es autora de una extensa obra de contenido política y socialmente comprometido, que fue ignorada y prohibida en España hasta finales del siglo XX, al regresar de un largo exilio. En los últimos años de su vida le fueron concedidos el “Premio Príncipe de Asturias” en 1981 y el “Premio Cervantes” en 1988. Durante los primeros años de la República colaboró con las “Misiones Pedagógicas” y con el filósofo José Ortega y Gasset. En enero de 1939 pasó con parte de su familia a Francia y de allí saltó a México, invitada por la “Casa de España”. También viajó por Cuba, Puerto Rico y EE. UU., colaborando y dando conferencias en numerosas Universidades de todos ellos, además de publicar varios libros de Poesía y Filosofía. Fallecida su madre en París en el 1947, María pasa a vivir con su hermana Araceli, residiendo en París y Roma hasta que regresan a México. Las dos llevan una vida itinerante entre México, La Habana, Roma y París. En el mes de febrero del 1972 fallece su hermana Araceli, por lo que María continúa sola su vida itinerante. Finalmente, con la salud muy deteriorada, en noviembre del 1984 María Zambrano regresa definitivamente a España, instalándose en Madrid donde, a pesar de su deterioro físico, siguió desarrollando una intensa actividad intelectual, al tiempo que iba recibiendo homenajes y premios a su larga trayectoria intelectual: en 1985 en su pueblo natal Vélez-Málaga se creó una fundación con su nombre y también fue nombrada “Hija Predilecta de Andalucía” y tres años más tarde, en el 1988 le fue concedido el “Premio Cervantes”. Murió en Madrid el 6 de febrero del 1991 a los 86 años.

La gran figura de la “Generación del 27” es sin duda el gran poeta de Palos de Moguer Juan Ramón Jiménez, que en el 1916 se casó con la escritora y lingüista catalana Zenobia Camprubí Aymar, que se convertiría en su inseparable compañera e imprescindible colaboradora en todos los proyectos literarios que emprendió, además de ayudarle a superar las numerosas depresiones que sufría. Juan Ramón definía la poesía como: “La poesía es un intento de aproximación a lo absoluto por medio de los símbolos”. Fue un incansable buscador de la perfección y la belleza, que utilizaba un lenguaje lleno de neologismos, que llenan su poesía de un simbolismo seudo-religioso lleno de plasticidad. Fue uno de los iniciadores del “Modernismo”, pero su poesía fue evolucionando constantemente hacia un esquemático realismo lleno de lirismo y belleza. Su obra poética es muy interesante, aunque la más popular y leída es, sin duda, “Platero y yo”, escrita en prosa poetizada. También fue un republicano convencido, amigo de Azaña, quien al comenzar la guerra en 1936, facilitó al matrimonio un pasaporte diplomático para trasladarse a Washington como agregado diplomático, residiendo después de la guerra en Miami, Cuba y Puerto Rico. En el verano del 1956 la Academia Sueca le concede el codiciado “Premio Nobel” de Literatura, lamentablemente Juan Ramón no puede recogerlo personalmente, pues su esposa Zenobia se encontraba ingresada en una clínica de San Juan de Puerto Rico, en la que fallece tres días después, aquejada de cáncer. Juan Ramón no pudo recuperarse del dolor que le produjo la pérdida de su inseparable compañera, falleciendo dos años más tarde, en el mes de mayo del 1958, en la misma clínica en que murió Zenobia. Los restos mortales de ambos descansan en España, en el cementerio de la Ermita de San Sebastián de Palos de Moguer, en la provincia de Huelva. En el año 2015 el conjunto fue declarado “Bien de Interés Cultural”.

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También a la “Generación del 27 pertenecen los poetas Pedro Salinas, madrileño y el vallisoletano Jorge Guillén, el primero al final de la guerra civil se exiló a los EE. UU., muriendo en Boston en el 1951 a causa de un cáncer; el segundo colaboró en la “Revista de Occidente”, estuvo preso en Pamplona y en 1938 se exiló a los EE. UU., donde dio clases en varias Universidades. En el 1957 regresa a España, instalándose en Málaga donde se dedica a la docencia; en el año 1970 recibe el “Premio Cervantes”. Falleció en Málaga en el mes de febrero de1984 a los 81 años, siendo enterrado en el Cementerio Anglicano de San Jorge de Málaga.

El sevillano Luis Cernuda fue otro importante poeta español de la “Generación del 27” que emigró a México al final de la guerra. Fue discípulo de Pedro Salinas en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, que fue quien le inculcó su afición por la poesía y la lectura de nuestros clásicos del Siglo de Oro. Políticamente fue un republicano convencido, que participó en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas celebrado en Valencia. En el 1938 marchó a Inglaterra para participar en unas conferencias literarias y ya no regresó más a su país. Fue profesor en varias Universidades inglesas, pasando después a los EE. UU., para acabar finalmente en  México. Las dificultades que tuvo que padecer el poeta se reflejan en su poesía, que es un canto constante y apasionado a la soledad, la tristeza y el desengaño, con grandes dosis de romanticismo, que en alguno de sus poemas recuerdan al gran poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer, aunque tampoco están exentas de una ácida crítica social, que la convierten en poesía de protesta. En España estuvo muy de moda entre la juventud inconformista de la segunda mitad del siglo XX. En “La realidad y el deseo” está incluida toda su obra poética completa. También realizó algunas traducciones y escribió varios ensayos como: “Estudio sobre la poesía española contemporánea” y dos tomos de “Poesía y Literatura”. Falleció en Ciudad de México el mes de noviembre del 1963, tenía 61 años.

El madrileño José Bergamín fue otro importante intelectual español que cultivó el ensayo, el teatro y la poesía. Fue el treceavo hijo de una familia acomodada y católica, por lo que fue educado en el más estricto catolicismo. Estudió Leyes en la Universidad de Madrid y muy joven empezó a sentir inquietudes ideológicas, que le convirtieron en un convencido republicano y un no menos convencido comunista, aunque continuó siendo un ferviente católico: “con los comunistas hasta la muerte…..pero ni un paso más”, solía repetir. Sostuvo una gran relación de amistad con Miguel de Unamuno, de quien era admirador y discípulo. Sus primeros artículos aparecieron en la revista “Índice”, que dirigía Juan Ramón Jiménez, con el que también mantuvo una gran amistad; era también admirador y amigo de Federico García Lorca, que fue asesinado durante la guerra. Fue en “Índice”, según el propio Bergamín, de donde salió la larga lista de escritores de la “Generación del 27”, aunque a él le gustaba más denominarse de “la Generación de la República”, la crítica oficial le ha incluido en la generación de 1914, también llamada el “Novecentismo” (3). En 1933 funda la revista independiente y liberal “Cruz y Raya”, que sólo dura hasta junio del 36, un poco antes de que estallara la Guerra Civil Española. Colaboró activamente con la República, presidiendo la “Alianza de Intelectuales Antifascistas”, colaborando en revistas como “El Mono Azul” y “Hora de España”. Al acabar la guerra se exiló a México, donde fundó la revista “España Peregrina”, que recogía las vivencias y aspiraciones de los numerosos exilados españoles, estrenando también algunas obras de teatro en las que denunciaba el trágico balance de muerte y desolación que habían provocado los rebeldes franquistas y su apropiación ilegítima del poder. Entre 1945 y 1954 estuvo residiendo en Venezuela, donde también se dedicó al teatro, vivió cuatro años en Francia y en el 1958 volvió a España, trabajando en la editorial “Cruz del Sur”, que había fundado en Chile otro exilado político, Arturo Soria Espinosa, pero en el 1963 fue expulsado de España por su abierta oposición al régimen de Franco, acusado desde las páginas del diario monárquico “ABC” por su director Luca de Tena. Regresó durante la llamada “Transición Española” y siguió dedicándose a la política y a defender  sus ideas republicanas, pero, sorprendentemente, sus simpatías se inclinaron hacia el independentismo vasco. Sus últimos años los pasó en el País Vasco, muriendo en el mes de agosto del 1983, a los 85 años, en Fuenterrabía, donde fue enterrado por expreso deseo suyo.

El poeta, editor y cineasta Manuel Altolaguirre en el año 1959 regresó a España para presentar en el Festival de Cine de San Sebastián su película “El Cantar de los Cantares”, cuando regresaba a Madrid, acompañado de su segunda esposa María Luisa Gómez Mena, en el pueblo burgalés de Cubo de Bureba sufrieron un trágico accidente automovilístico en el que fallecieron los dos, Mª Luisa en el acto y él tres días después, el 26 de julio del 1959.  Había nacido en Granada en el 1905, en el seno de una acomodada familia burguesa, recibiendo una esmerada educación en un colegio de jesuitas y cursando Derecho en la Universidad de Granda, pero su vocación no le llevó por el camino de la abogacía, pues pronto se convirtió en impresor y editor de la revista “Ambos” en el 1923 y en el 1926, junto con el poeta Emilio Prados fundaron la revista “Litoral”, que obtuvo un gran éxito de difusión, en la que también colaboraron distinguidos poetas de la “Generación del 27”. En el 1930, tras el cierre de “Litoral”, hace algunas traducciones y realiza viajes de estudio por París y Londres. También conoce a la poetisa Concha Méndez, que fue su colaboradora en la edición de diferentes libros y revistas, convirtiéndose finalmente en su esposa. Ambos pertenecían a la “Alianza de Intelectuales Antifascistas” y colaboraron con García Lorca en “La Barraca”, pero el fusilamiento de dos hermanos de Manuel por los milicianos, le produjeron una fuerte crisis emocional que le alteró momentáneamente la razón. A principios del 1939 Manuel pasó a Francia, yendo a parar a un campo de concentración, de donde pasó a un Centro Psiquiátrico, de donde le rescataron algunos amigos influyentes, entre los que se encontraba Pablo Picasso. Reunido el matrimonio en París, de nuevo con la ayuda de las amistades, en el mes de marzo se embarcan rumbo a Cuba, camino del exilio. En Cuba vuelve a desarrollar su actividad editorial hasta el año 1943 en que se traslada a México, al año siguiente entabla una relación sentimental con Mª Luisa Gómez Mena, una cubana adinerada y mecenas de artistas, que había conocido en La Habana y que  le ayudó a crear la editorial “Isla”y con la que finalmente se casó después de divorciarse Concha Méndez. En México su actividad principal fue el cine, trabajando como guionista, director y productor. En el año 1952 recibió el “Premio Ariel” por su guión de la película “Subida al cielo” de Luis Buñuel, otro exilado español que jamás regresó a su patria. Concha Méndez, que siempre se mantuvo en buena relación con su ex marido, continuó viviendo y trabajando en México, escribiendo y publicando numerosos poemas y obras teatrales. Su obra poética está recogida en “Poemas 1926-1986”, editada por su hija Paloma y su marido, el profesor Valender. En  su obra teatral predomina el teatro infantil y el guiñol, está muy dispersa y muchas de sus obras permanecieron inéditas durante muchos años, entre las últimas que escribió cabe reseñar “El solitario” (Amor), en 1941 y “El Solitario” (Soledad) en 1945. En el 1968 hizo un corto viaje a Madrid, regresando a México, donde residió hasta su fallecimiento en el mes de diciembre del año 1986.

Entre la nutrida nómina femenina que forma parte de la “Generación del 27”, destaca la figura de María Goyri, y no sólo por ser la mujer del ilustre filólogo y medievalista gallego Ramón Menéndez Pidal, sino por sus numerosos méritos propios. Esta mujer vasca, nacida en Algorta en el 1874, a los 22 años se convierte en la primera mujer española licenciada en Filosofía y Letras y la primera también en obtener el doctorado, (el que se le concedió en el siglo XVII a la aristócrata Isidra de Guzmán tenía carácter honorífico). Para conseguir entrar a estudiar en la Universidad de Madrid tuvo previamente que solicitar permiso al Ministerio de Fomento, que le impuso una serie de condiciones, alguna tan vergonzosa como tener que sentarse en una silla aparte, separada del resto de sus compañeros. Con Menéndez Pidal se casó en el 1900, emprendiendo un viaje de novios por muchos de los pueblos que había recorrido el Cid Campeador en su ruta hacia el destierro. Estuvo ligada, junto a María de Maeztu a la Institución Libre de Enseñanza, como profesora en el “Instituto Escuela”. La guerra les cogió en Segovia, en su casa de campo de San Rafael, una zona ocupada por los sublevados, siendo sometida la familia a una discreta vigilancia, pues D. Ramón era Presidente de la Real Academia de la Lengua y su esposa, María Goyri, estaba considerada como un elemento revolucionario peligroso. En setiembre del 36 consiguieron trasladarse al Madrid republicano y de allí a Valencia, para acabar en los EE. UU. Al finalizar la Guerra Civil se encontraban en Francia, de donde regresaron a Madrid para intentar reanudar sus actividades profesionales. El “Instituto Escuela” y todos los centros docentes incluidos en la “Junta para Ampliación de Estudios” fueron suprimidos y a María Goyri, como a tantos otros maestros, profesores y pedagogos, se le prohibió ejercer la docencia, por lo que el resto de su vida se dedicó al estudio, la investigación y la recopilación de nuestro viejo Romancero, publicando diversas obras sobre el mismo. Su hija la escritora Jimena y su nieto el filólogo Diego Catalán Menéndez Pidal, fueron los continuadores de su obra. Murió en Madrid, el año 1954.

María de Maeztu fue ante todo una activa feminista, que luchó durante toda su vida por mejorar la situación de la mujer, principalmente a través de la educación, que la permitiera una  “participación igualitaria e integral”, como ella misma la definía, en todos los ámbitos de la sociedad española de su tiempo. La verdad, lamentablemente, es que ni tuvo mucho éxito, ni su labor fue reconocida ni valorada. Discípula de Ortega y Gasset y becaria de la “Junta para la Ampliación de Estudios”, viajó por diferentes países europeos para completar su formación. En el año 1918 participa en la fundación del “Instituto Escuela”, cuyo objetivo era ampliar la enseñanza de primaria a secundaria,

su actividad cesó al comienzo de la guerra y fue suprimida con la victoria de los sublevados. En el 1926, un grupo de mujeres de clase media y alta, todas ellas con estudios superiores, fundan el “Lyceum Club”, uno de cuyos objetivos era: “Se intenta facilitar a las mujeres españolas, recluidas hasta ahora en casa el mutuo conocimiento y la mutua ayuda. Queremos suscitar un movimiento de fraternidad femenina...”. En los años de la República llegaron a las 500 socias, la mayoría casadas. Al final de la guerra desapareció, siendo absorbido por la “Sección Femenina” de Pilar Primo de Rivera, pasando a denominarse “Club Medina”. María de Maeztu fue su primera directora, pero en la lista de socias figuraban nombres tan ilustres como Clara Campoamor, Victoria Kent, Carmen de Mesa, Zenobia Camprubí, Mª Teresa León, Margarita Nelken, Ernestina de Champourcin, María Lejarraga, Concha Méndez……, todas las cuales tuvieron que marchar al exilio. Al estallar la Guerra Civil en julio del 36, María, muy afectada por el fusilamiento de su hermano Ramiro por un grupo de milicianos republicanos, el 29 de octubre del 1936 decidió marchar al exilio, viajando a los EE. UU., de donde pasó a residir en Buenos Aires, ciudad en la que ocupó la cátedra de Historia de la Educación, puesto idóneo para ella que desempeñó hasta su muerte, ocurrida el 7 de enero del 1948 a los 66 años de edad. Sus restos fueron repatriados y reposan en el Mausoleo familiar de Estella, en Navarra.

Otra de las grandes veteranas de la “Generación del 27” fue la vallisoletana Rosa Chacel Aimón, republicana activista que colaboró con su marido, el pintor extremeño Timoteo Pérez Rubio en evacuar las obras de arte del Museo del Prado, también publicó varios artículos en la “Revista de Occidente” de Ortega y Gasset. Tras pasar primero a Valencia y más tarde a Barcelona, marcharon finalmente al exilio, que compartieron entre Brasil y  Argentina. En el 1977, tras la muerte de su marido regresó a España, instalándose en Madrid, donde continuó trabajando en la terminación de su novela “Barrio Maravillas”, la primera de su trilogía “Escuela de Platón”. En el 1978, la recuperación de la democracia en España tiene una incidencia muy positiva en la vida literaria y cultural del país, que permite recuperar y valorar la inmensa obra realizada por los intelectuales españoles durante su largo exilio, mucha de ella premeditadamente ignorada y por lo tanto prácticamente desconocida. Es el caso de Rosa Chacel, que empieza a recibir honores y puede reeditar y publicar muchas de sus obras. Todavía siguió trabajando y publicando durante muchos años, en el 1989 publica “Balaam”, un libro de cuentos infantiles. Murió en Madrid el 27 de julio del 1994, a los 96 años y está enterrada en el “Panteón de Personas Ilustres” de Valladolid.

También pertenece por méritos propios a la “Generación del 27” el activo periodista burgalés Eduardo Ontañón, fundador de la revista “Parábola”, en la que colaboraron muchos de sus más insignes representantes, como Pedro Salinas, Pedro Garfias, Francisco Ayala o Federico García Lorca. La revista intenta despertar el viejo inmovilismo castellano para que, sin renunciar a sus viejas y gloriosas tradiciones, abra las puertas a la modernidad y al progreso, aireando el pesado ambiente de la anquilosada sociedad burgalesa. También fue el principal impulsor de la tertulia literaria “El Ciprés”, que se inició en la “Librería Ontañón”, de su propiedad, pero se hizo tan popular y concurrida en tan poco tiempo, que se tuvo que trasladar al “Café Iris” situado en la vieja calle burgalesa del Caño Gordo. Se la llegó a conocer como “el Pombo burgalés” (4) y uno de sus tertulianos la definió como “verdadero hogar de ingenio y de encuentro intelectual”. Al margen de las opiniones, las ideologías o la actividad profesional de cada tertuliano, imperaban el respeto y la armonía. Del “Café Iris” la tertulia se trasladó al “Café Candelas”, mucho más moderno, que se encontraba entre los pórticos de la Plaza Mayor y el popular y concurrido Paseo del Espolón, disponía además de una amplia terraza para disfrutar de los cortos veranos burgaleses y ofrecía un buen servicio de cafetería y comedor. Lo regentaba su dueño Antonio Candelas, con la ayuda de su hijo Andrés “Candelillas”, un virtuoso violinista que deleitaba a la numerosa concurrencia interpretando un variado repertorio de melodías.

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En esta su nueva sede los tertulianos de “El Ciprés” se reunían cada tarde del jueves, desarrollando una actividad literaria, artística e intelectual sin precedentes en la vida cultural burgalesa, por encima de divergencias políticas, económicas, sociales o religiosas. Entre los asistentes se encontraban notables figuras de la sociedad burgalesa, como el músico Antonio José, director del Orfeón Burgalés y de la Escuela Municipal de Música, que ya empezaba a ser conocido más allá de nuestra provincia y de nuestras fronteras, cuya prometedora carrera se frustró en el 36, al ser asesinado por un grupo de fanáticos falangistas; el escultor Félix Alonso; el orfebre Saturnino Calvo, personaje muy popular conocido como “Maese Calvo”, que también pasó por las cárceles franquistas; el dibujante Ignacio Arroyo y el impresor y poeta Luis Sáiz, ambos víctimas de la guerra civil del 36; el diputado de Izquierda Republicana Moisés Barrio, que marchó al exilio; el pintor y escultor Fortunato Julián; el catedrático y cronista municipal Eloy García de Quevedo; el archivero y destacado carlista Gonzalo Díez de la Lastra; la escritora y periodista del “Diario de Burgos” María Cruz Ebro; el jefe provincial de Falange Florentino Martínez Mata, que sería alcalde de la ciudad durante los primeros años de la postguerra; los pintores Alfredo Palmero, Próspero García Gallardo y Alberto Retes; los escritores Eduardo Arasti y Antonio Pardo Casas; el destacado arqueólogo José Luis Monteverde y el político socialista Luis Labín Besuita, que pasó muchos años preso en el Penal de Burgos. Durante los cortos años de la II República, Ontañón participó también en la creación y promoción de las revistas burgalesas “Castilla industrial y agrícola” y “Burgos gráfico”. Al estallar la guerra civil en julio del 36, Burgos quedó en poder de los rebeldes, lo que obligó al republicano Ontañón a marchar a Valencia, donde dirigió el periódico “Verdad” y se casó con Mada Carreño, redactora de “Mundo Obrero”, periódico oficial del Partido Comunista de España (PCE). El matrimonio acompañó al gobierno republicano en su traslado a Barcelona, y a principios de 1939, con la guerra prácticamente perdida para la República, tomaron el camino del exilio, primero a Francia y después a Inglaterra, donde se unieron a otro grupo de exilados españoles protegidos por un miembro del Partido Laborista británico, en el que se encontraba el también poeta y escritor Pedro Garfias, antiguo colaborador de la revista “Parábola”.

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Finalmente, junto con otros mil seiscientos exilados (en realidad fueron exactamente 1599), abocados a abandonar España por haber permanecido fieles a la Republica, el 23 de mayo de 1939 zarparon de Séte, rumbo a México, a bordo del buque “Sinaia” en una travesía que ha pasado a la historia del exilio republicano español. Entre su abigarrado pasaje compuesto por españoles de todas las regiones, además de numerosos combatientes, figuraban mujeres y hombres de diferentes profesiones y condición social: había funcionarios, maestros, catedráticos, médicos, artistas, escritores, periodistas…., entre los que se reencontró Ontañón con viejos e ilustres conocidos de la Generación del 27, como el ya citado Pedro Garfias, Benjamín Jarnés, que también había colaborado en “Parabola”; María Enciso, notable poeta y escritora, o el escritor y periodista Juan Rejano, con el que coincidió poco tiempo después, trabajando ambos en la redacción del periódico mexicano “El Nacional”. Como no podía ser de otra forma, la actividad literaria y cultural de este grupo pronto hizo acto de presencia a bordo, especialmente en forma de un periódico al que llamaron “SINAIA, DIARIO DE LA PRIMERA EXPEDICIÓN DE REPUBLICANOS ESPAÑOLES A MÉXICO”, en cuya edición participaron numerosas personas y que se distribuía gratuitamente entre el pasaje.

NOTAS

  • Las elecciones del 19 de noviembre de 1933, en las que participaron por primera vez las mujeres (había 6.800.000 censadas), la coalición de derechas, encabezada por la C.E.D.A. (Confederación de Derechas Autónomas), obtuvo una gran mayoría.
  • En total llegaron a España unos 60.000 brigadistas, de los que murieron alrededor de 15.000.
  • El Novecentismo se sitúa entre la Generación del 98 y la Generación del 27. Entre sus miembros destacan José Ortega y Gasset, Manuel Azaña, Eugenio D’Ors, Ramón Gómez de la Serna, Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala.
  • El Café Pombo estaba situado en el número 4 de la madrileña calle de Carretas, su famosa tertulia la presidía Ramón Gómez de la Serna y cuando éste se exiló a Argentina en el 1942, primero desapareció la tertulia y poco después el Café.

Autor Paco Blanco, Barcelona, 2018

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