HISTORIAS DEL SANTORAL BURGALÉS: SAN INDALECIO, OBISPO DE OCA Y SAN FORNERIO. -Por Francisco Blanco-.

Según la tradición cristiana, San Pedro y San Pablo, los Padres de la Iglesia, enviaron a España siete discípulos de Santiago el Mayor para que continuaran su evangelización, conocidos como los “Siete Varones Apostólicos” cuyos nombres eran: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio, Cecilio y Esiquio. Estos siete varones, que ya habían sido cristianizados por el Apóstol Santiago durante su primera estancia en España, habían viajado a Roma para ser ordenados sacerdotes y de esta forma completar su formación evangelizadora. Siempre según la tradición, el grupo desembarcó en lo que ahora se conoce como Bahía de Cádiz durante la celebración de las fiestas romanas en honor de los dioses Júpiter, Mercurio y Juno, por lo que tuvieron que esconderse y dispersarse  precipitadamente, para evitar ser apresados y ejecutados en honor de los dioses paganos. De esta forma, Torcuato se quedó en Guadix, Tesifonte apareció en Berja, Esiquio llegó hasta Caravaca, Indalecio a Almería, Eufrasio a Andújar, Segundo a Ávila y Cecilio a Granada. Esto ocurría con toda probabilidad en los comienzos de la segunda mitad del siglo I d. C.

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A partir de aquí, la trayectoria religiosa de San Indalecio y sus compañeros está insuficientemente documentada y en consecuencia resulta bastante confusa, por lo que hay que recurrir a diferentes tradiciones y leyendas cuya verosimilitud resulta a veces sospechosa, teniendo en cuenta que los primeros “Martirologios” cristianos empezaron a aparecer nada menos que hacia el siglo VI y son, sobre todo, un catálogo de mártires y santos cristianos y una relación de los fundadores de monasterios e iglesia y de las diferentes fiestas y romerías populares que se celebraban en su honor. Hay que esperar hasta los “Martirologios” del siglo IX, con los árabes ya instalados en la península, cuando empiezan a aparecer noticias sobre la vida y milagros de estos primeros evangelizadores de la Hispania romana.

Volviendo a San Indalecio y su legendaria biografía, que nos dice que fue el primer obispo de Almería de cuya ciudad es patrón y también fue el primer obispo de la sede episcopal de Auca, es decir de la actual localidad burgalesa de Villafranca Montes de Oca, donde se le rinde culto milenario. Asegura además que en el Monasterio de San Juan de la Peña de Huesca se encuentran los restos o las reliquias de San Indalecio, que permanecieron en dicho monasterio hasta el año 1495, en el que fueron trasladados en una urna de plata al altar mayor de la catedral de Jaca, también en Huesca, donde todavía se encuentran y donde se les rinde culto. En dicha urna de plata se puede leer la siguiente inscripción: “Esta urna contiene los restos de Indalecio. Los astros protegen su alma”.

La primitiva localidad burgalesa de Auca fue fundada por los romanos, que fortificaron la zona para proteger el paso de sus legiones y la mantuvieron bajo su control y posteriormente el de los visigodos hasta la invasión musulmana del siglo VIII, en que fue conquistada y saqueada en varias ocasiones por los árabes. Su lenta reconstrucción durante la Alta Edad Media fue desplazando su casco urbano hacia el norte, en pleno valle del río Oca, pasando a denominarse Villafranca Montes de Oca. La sede episcopal de Oca permaneció en Villafranca hasta el año 1075, en que fue trasladada a Gamonal y posteriormente a Burgos.

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En las cercanías de la actual localidad de Villafranca Montes de Oca se encuentra la ermita pre-románica de la Virgen de Oca, en cuyo interior se conserva una talla del siglo XII que representa la imagen de San Indalecio, el discípulo del Apóstol Santiago que fundó la diócesis de Auca, y que también según una antigua leyenda fue martirizado hasta la muerte por los romanos y su cuerpo arrojado a una sima. La leyenda asegura que en el lugar en que cayó derramada su sangre brotó un manantial con sus aguas teñidas de rojo.

Actualmente este lugar se conoce como el Pozo de San Indalecio y en las piedras del fondo de su pileta todavía se aprecian unas pequeñas motas rojas, semejantes a gotas de sangre. La realidad puede ser que estas aguas son muy ricas en hierro y las motas pueden ser causadas por su oxidación, pero la leyenda sigue alimentando la devoción por San Indalecio y la Virgen de Oca, muy presente en las comarcas burgalesas de La Bureba y La Riojilla (1). Muy cerca del manantial se encuentran las fuentes del río Oca, cuyas aguas se embalsan un poco más adelante para abastecer de agua a la comarca.

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Auca siguió siendo sede episcopal durante la época visigoda y sus obispos estuvieron presentes en los diferentes concilios toledanos, según consta en sus actas conciliares.

El obispo Asterio, por ejemplo,  estuvo presente en el III Concilio de Toledo del año 589 y también en el de Zaragoza del 592 y también en el IV Concilio de Toledo del 597. Firmaba como Asterias Aucensis Ecclesiae Episcopus suscripsi”. Otros obispos de Oca” fueron: Amamungo (589-597); Litorio (649-656); Stercopio (675-688) y por último Constantino, que estuvo presente en el XVI Concilio de Toledo del año 693, firmando como “Constantinus Aucensis Sedis Episcopus subscripsi”.

En el siglo VIII se produjo la invasión de los árabes, que se apoderaron rápidamente de la zona y la sede episcopal de Oca quedó abandonada durante muchos años.

En el siglo XI, gracias al impulso protector que recibió del rey de Castilla Alfonso VI y a la extraordinaria labor de reconstrucción de la ruta jacobea, llevada a cabo por Domingo García y Juan de Ortega dos santos burgaleses, que desde La Rioja llegaba hasta Burgos, atravesando la montañosa zona de los Montes de Oca por unos caminos solitarios, intrincados y boscosos, por los que abundaban bandoleros y salteadores de caminos, que no tenían reparo en asaltar a los peregrinos que utilizaban la ruta y despojarles de todas sus pertenencias. Estos dos burgaleses abrieron nuevos caminos empedrados, levantaron puentes, construyeron albergues y hospitales, consiguiendo que el nuevo tramo del Camino de Santiago fuera nuevamente seguido por numerosos peregrinos.

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SAN FORNERIO

Según  una vieja tradición cristiana, San Fornerio nació en un lugar conocido como Cesarea, y todo parece indicar que se trata de la localidad burgalesa de Cerezo de Río Tirón, fundada por los romanos en el siglo I d. C., que la denominaron con ese nombra en honor al emperador César Augusto. Se encontraba situado dentro de la Calzada Romana que iba de Tarragona a Astorga.

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Fornerio nació en el siglo III d. C. y pertenecía a una familia romana de buena posición, pero parece que siendo aún muy joven fue bautizado y convertido a la fe cristiana. Al quedarse huérfano con menos de catorce años, decidió vender sus propiedades, repartir su producto entre los pobres y retirarse a vivir a una cueva en el monte cercano para hacer vida de ermitaño, aunque parece que también hacía de pastor de un pequeño rebaño de ovejas, del que obtenía su sustento. Un buen día, estando pastoreando su rebaño, se le apareció un ángel que le ofreció un cayado de pastor y un evangelio, proponiéndole que además de seguir pastoreando su ganado se convirtiera también en pastor de almas, predicando la fe cristiana entre sus paisanos, casi todos paganos. Fornerio se tomó tan en serio esta proposición, que empezó a predicar el evangelio a todo el que se cruzaba en su camino, ya fuera animal o persona. Según la leyenda, los animales de labranza se acercaban embelesados a escuchar su discurso, lo que atraía la curiosidad de muchos vecinos, que también se acercaban a escuchar las palabras del joven predicador, consiguiendo que muchos se convirtieran al cristianismo. Hacia la segunda mitad del siglo III de nuestra era, el emperador Aureliano (1) publicó un decreto ordenando la persecución de los cristianos. Fornerio fue perseguido, apresado y sometido a terribles tormentos: primero fue quemado vivo durante cinco días dentro de un horno, del que salió sin una  quemadura; después decidieron meterle en un circo y entregarle a los leones pero, ante el asombre de todos estos se le acercaron sumisos y meneando la cola en señal de obediencia. Finalmente le trasladaron a la localidad de Tormantos, cercana a Cerezo, por la que también cruza el río Tirón, donde fue decapitado. Sus restos fueron trasladados a Bañares (2), donde todavía se guardan en la iglesia parroquial de la Santa Cruz, dentro de  un arca románica de madera cubierta por capas de cobre  esmaltadas y decoradas con diferentes motivos, su origen es posiblemente del siglo XII y está considerada como una verdadera joya del arte románico español.

San Fornerio es considerado como protector del ganado y de las cosechas y su festividad se celebra el 25 de setiembre. Se le representa joven y sin barba, cubierto de pieles, con un cayado de pastor en la mano izquierda y el Evangelio en la derecha, uno de sus pies descansa sobre la cabeza de un león.

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Otra versión de la leyenda afirma que Fornerio sí nació en Cesarea, pero  de la Capadocia, en la actual Turquía. Abrazó la fe cristiana por lo que fue martirizado, muriendo en la hoguera en el año 318. Cuenta la leyenda que sus restos llegaron a España transportados por una yegua, que los depositó en el lugar donde hoy se levanta la ermita de San Fornerio, un templo románico del siglo XII, en la localidad de Pangua, dentro del enclave burgalés del Condado de Treviño (3), del cual es también patrón.

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Tanto en Cerezo de Río Tirón, como en el Condado de Treviño y en Bañares, la festividad de San Fornerio se celebra el día 25 de setiembre, pero aquí se acaban las coincidencias, pues ni sus imágenes, ni sus datos biográficos, ni la época en que vivieron coinciden. También resulta difícil de creer que se trate de dos santos diferentes, lo que refuerza la teoría de que ambas versiones sean fruto de la leyenda.

NOTAS:

  • Aureliano fue emperador de Roma entre los años 270-275 d. C.
  • Actualmente Tormantos y Bañares pertenecen a la Comunidad autónoma de La Rioja.

El Condado de Treviño desde el siglo XIII, siendo rey de Castilla Alfonso VIII, es un enclave burgalés dentro de la provincia de Álava, que se creó como consecuencia de los enfrentamientos militares de los reyes de Navarra y de Castilla.

PACO BLANCO, 2019. BARCELONA

Una respuesta a “HISTORIAS DEL SANTORAL BURGALÉS: SAN INDALECIO, OBISPO DE OCA Y SAN FORNERIO. -Por Francisco Blanco-.

  1. Abel Maestro García

    Los condes de Cerezo y Lantarón desde el Alcázar de la Castella Romana de Cerasio, fueron los Condes de Castilla y de Álava. Por no hablar del Obispado de Auca y de Valpuesta cuna del idioma Castellano. Así que treviño es Castellano y Álabes desde hace muchos mas años.

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