SANTA CASILDA. -Por Francisco Blanco-.

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En la comarca burgalesa de La Bureba, muy cerca de su capital Briviesca y dentro del actual término municipal de Salinillas, sobre lo alto de un cerro en el que abundan los manantiales de aguas curativas, que han devuelto la salud a muchas personas y la fecundidad a muchas mujeres, popularmente conocidos como pozos, y donde la naturaleza se reviste con sus mejores galas, dotando al paisaje de un incomparable verdor , se levanta majestuoso e imponente el Santuario de Santa Casilda, lugar de veneración, peregrinación y romería de muchos burebanos y muchos burgaleses.

Se trata de un pequeño templo barroco del siglo XVI, cuya fachada es obra de Nicolás de Vergara el Viejo (1). En su interior, dentro del altar mayor, se encuentra una notable estatua yacente de Santa Casilda, obra del genial escultor burgalés Diego de Siloé (2), también dispone de un pequeño camarín barroco lleno de exvotos y ofrendas de los devotos de la santa. Enfrente del templo se encuentra la Hospedería que acoge a los romeros y peregrinos que visitan el santuario, en cuya explanada se celebran diferentes fiestas y romerías en honor de Santa Casilda.

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Esta popular santa, cuya historia está llena de leyenda, vivió en el siglo  XI, había nacido en Toledo a principios del siglo XI antes de  ser conquistada por el rey de Castilla Alfonso VI,  y era hija del emir de la Taifa musulmana de dicha ciudad, cuyo nombre parece que era Almamún.

El nombre de Casilda procede de la palabra árabe kasida, que se refiere a  poemas panegíricos que se dedicaban a personas importantes, como lo era realmente Casilda, quien siempre según la leyenda, era una joven princesa de gran belleza y simpatía, que también practicaba la caridad con los más necesitados. Sus generosos sentimientos la llevaron a visitar a los cristianos prisioneros encerrados en las cárceles de su padre, que tenían que soportar unas pésimas condiciones de vida, por lo que además de intentar elevar sus decaídos ánimos con la palabra, también les suministraba alimentos que fortalecieran sus cuerpos. Naturalmente, toda esta actividad la desarrollaba sin el conocimiento ni la autorización de su padre, aprovechando sus numerosas ausencias de la ciudad por motivos políticos o militares.

Pero alguien se fue de la lengua y puso al emir al corriente de las actividades clandestinas de su hija, lo que le enfureció, proponiéndose descubrirla y castigarla.

Para ello, un día comunicó a su hija que tenía que ausentarse simulando que abandonaba la ciudad seguido de sus vasallos, pero lo que hizo fue esconderse cerca de las cárceles a la espera de que apareciera su hija. Y así ocurrió: no tardó mucho tiempo en aparecer Casilda cargada con una gran cesta llena de alimentos en dirección a los calabozos. Encolerizado, le sale al paso espetándola a gritos:

¿Qué llevas en esa cesta?.

La sorprendida y asustada princesa sólo acierta a responder con voz balbuceante:

Rosas.

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El emir, fuera de sí, de un manotazo arranca el mantel que cubría la cesta y ante el asombro general, esta apareció llena de fragantes rosas rojas.

La vida en palacio, después de este milagroso incidente, fue recuperando lentamente la normalidad, y aunque más espaciadamente, Casilda siguió procurando consuelo a los cautivos cristianos,  al tiempo que ella misma iba abrazando con más entusiasmo su religión, pero sin poder recibir el bautismo.  Siguiendo con la leyenda, al cabo de un tiempo Casilda cayó enferma, aquejada de un extraño mal que alteraba su flujo sanguíneo y contra el que ningún médico de la corte toledana fue capaz de encontrar remedio por lo que se empezó a temer por su vida. La solución llegó a través de uno de los presos cristianos, que le hizo llegar un mensaje en el que le aconsejaba que tomara baños en las aguas milagrosas de los lagos de San Vicente, allá por las tierras de Castilla. Sorprendentemente, en esta ocasión el emir hace caso del consejo y se apresura a preparar una comitiva que acompañe a su hija en su viaje a tierras burgalesas. Lo primero que hace Casilda al llegar a Briviesca es recibir el anhelado bautismo, encaminándose después hacia los cercanos lagos para recibir el tratamiento de sus aguas milagrosas, que la devolvieron rápidamente la salud. Al sentirse curada, Casilda decide quedarse en aquella tierra para consagrar su vida a Cristo y vivir el resto de su vida en soledad, dedicada plenamente a la oración. Despide a su comitiva, a la que entrega todo lo que poseía y se retira a vivir el resto de su vida como una ermitaña, no tardando en alcanzar por toda aquella comarca de La Bureba merecida fama de santidad. Parece que murió a muy avanzada edad y fue enterrada en la ermita donde vivía, situada en lo más alto del cerro que pronto se convirtió en lugar de peregrinación y culto a la santa.

El pozo de aguas curativas se conoce como el Pozo Blanco de Santa Casilda, con fama de milagroso al que empezaron a acudir muchas parejas que solicitaban  a la santa que les concediera un hijo. Para eso, según la leyenda si solicitaban una niña debían lanzar una teja desde un lugar determinado, si por el contrario solicitaban un niño debían lanzar una piedra desde otro lugar. Naturalmente, para que se cumplieran sus deseos tanto la teja como la piedra debían de caer dentro del pozo. Esta costumbre aun se sigue practicando, aunque no hay datos fiables sobre sus resultados.

Por aquellos tiempos de la Alta Edad Media por la España cristiana empezaron a ser frecuentes las rogativas populares, en las que los vecinos de los pueblos acudían en procesión rezando y cantando hacia los lugares, ermitas, iglesias o santuarios en los que se rendía culto a algún santo o santa famoso, a pedirle su intercesión, en forma de favores o de protección. Estas procesiones casi siempre acababan en alegres romerías populares, en las que finalizados los rezos se bailaba, se cantaba, se comía y se bebía.

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De las que todavía se celebran en honor de Santa Casilda, la más singular y concurrida es la conocida como “La Tabera”, en la que las rogativas a  la santa y los actos religiosos de la mañana se completan con el juego de la taba, que se celebra después de comer.

La procesión sale de la iglesia de San Martín de Briviesca, presidida por el Ayuntamiento y el cabildo en pleno, portando una imagen de Santa Casilda que según la leyenda fue bautizada en esta iglesia, y se dirige, rezando y cantando, hacia el Santuario de Santa Casilda, donde tienen lugar los actos religiosos, que finalizan con otra procesión alrededor del santuario, entre cánticos y el volteo de campanas:

 

Santa Casilda en un altar

San Vicente en una cueva.

Santa Casilda es la luz

Que ilumina la Bureba”

 

La comida es otro de los eventos más esperados de la romería. Muchas familias procedentes de Briviesca y su comarca, y también de otros muchos lugares de Burgos y la Rioja, van llegando al santuario portando bolsas llenas de apetitosas viandas de elaboración casera, instalándose cómodamente en los muchos rincones acogedores, muy abundantes por aquel espectacular paisaje. Cuando llega la hora de comer, finalizada la última procesión, despliegan los manteles y se disponen a dar buena cuenta de cuánto han traído. Otros romeros, más cómodos o más pudientes, prefieren comer en la hospedería, que también ofrece un apetitoso menú, aunque, en este caso, con frecuencia tienen que esperar su turno. Además, el Ayuntamiento de Briviesca organiza una comida popular, que se sirve en la explanada del santuario, consistente en un plato de paella acompañado de pan y vino, con el que obsequian a todos los romeros que se acerquen a solicitarlo. El condumio está preparado y servido por el personal de la hospedería.

Existe un refrán castellano que asegura que donde mejor se conoce a las personas es en la mesa y en el juego. Pues bien, la romería de Santa Casilda se completa con el juego llamado de la taba, que tanta popularidad y concurrencia ha alcanzado, hasta el punto que ya es más conocida como la romería de “LA TABERA”.

La taba, en realidad, se trata de uno de los siete huesos que configuran el tarso del pie y está formada por  seis caras de diferente forma.

Pero para lo que se conoce como el juego de la taba, que ya se practicaba en la antigüedad, se utiliza el astrágalo o taba del cordero, tan abundante y apreciado en La Bureba, sobre todo el de las patas traseras, que por las posibilidades aleatorias que ofrecen sus seis caras al caer, permite una serie de variantes que determinan quien gana y quien pierde.

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En España, hasta tiempos muy recientes la taba era un juego muy popular entre las niñas y los niños, que consideraban el astrágalo como un juguete que había que conservar limpio y reluciente. En realidad se le puede considerar como el precursor del actual dado de seis caras con el que se juega actualmente.

En “La Tabera” el juego comienza mientras muchos romeros se encuentran todavía comiendo, pero se sigue practicando hasta bien entrada la madrugada. Se encarga de iniciarlo el alcalde de Briviesca lanzando la taba al aire. A partir de este lanzamiento, los diferentes corros de jugadores empiezan a jugar y a lanzar la taba y comienzan las apuestas en las que a unos les toca ganar y a otros perder, a veces hasta importantes sumas de dinero, porque en este día, el único del año en que en Briviesca se permiten las apuestas, la verdad es que se apuesta fuerte, aunque también hay que decir que entre los jugadores se mantiene la calma y sus semblantes permanecen impasibles, sin revelar si ganan o pierden. Los apostantes depositan el dinero en el suelo, la banca iguala la apuesta y después de efectuada la tirada se encarga de cobrar o de pagar, según la posición en que hayan caído las tabas, que es finalmente la que decide quién gana y quien pierde. Las posturas en que pueden quedar las tabas son seis y se cantan así:

¡CARNES! ¡PENCAS! ¡BODIL! ¡CRUZ! ¡AGUAS! ¡LISOS! 

Estos nombres pueden cambiar según el sitio en que se juegue, pues la Taba se sigue jugando en diferentes lugares de España, por ejemplo  en Castilla es muy popular tanto en Ávila como en Segovia.

Los comienzos de “La Tabera” datan de finales del siglo XVIII y desde entonces se viene celebrando cada año, el martes anterior a la festividad de la Ascensión en la explanada del Santuario de Santa Casilda. El  culto a la santa, sin embargo, es muy anterior: Con motivo de la peste que afectó a Briviesca en el año 1486, el día 9 de mayo el cabildo y los regidores municipales organizaron una procesión al santuario para pedir su intercesión, nombrándola además patrona de Briviesca y haciendo votos solemnes de guardar su festividad y repetir cada año la procesión.

NOTAS:

  • Nicolás de Vergara el Viejo nació en Toledo a principios del siglo XVI, maestro vidriero, arquitecto y escultor, era miembro de una destacada familia de origen flamenco. Sus obras son muy numerosas y están muy repartidas. En Burgos también es el autor del sepulcro del obispo Juan de Ortega, en el convento de Santa Dorotea.

Murió en Toledo el año 1574.

  • Diego de Siloé nació en Burgos el año 1495, era hijo del escultor flamenco Gil de Siloé y fue uno de los escultores y arquitectos más importantes del Renacimiento, su obra es muy numerosa y variada, destacando la famosa “Escalera Dorada” de la catedral de Burgos o la “Tumba del Gran Capitán” en la catedral de Granada.

Murió en Granada el año 1563.

                                                                  
Autor Paco Blanco, Barcelona abril 2019

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