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TRASLADO DE LOS RESTOS DEL CID Y DOÑA JIMENA DESDE FRANCIA A BURGOS EN 1921.

LOS RESTOS DEL CID Y DOÑA JIMENA que se encontraban temporalmente expoliados en Francía, reposaron por fin el día 21 de Julio de 1921 a eso del mediodía en la Catedral de Burgos. Bajo la presidencia de Su Majestad el Rey, el traslado de los restos desde las Casas Consistoriales se ha realizado de forma solemne. De la Sala de Jueces del Ayuntamiento salió la urna con los restos del Cid para, en procesión cívico religiosa, dirigirse hasta la Catedral.

En el paseo del Espolón quedó instalada una tribuna desde la que presenció el desfile S.M la Reina acompañada de la duquesa de San Carlos, del Cardenal Benlloch y del nuncio apostólico. Abrian la comitiva la Guardia Civil, Artillería, Infantería, representantes de organizaciones diversas (Salón de Recreo , Compañía de Teléfonos, Banco de España, Círculo de la Unión…) alcaldes de la provincia, etc. Junto a los restos del Cid desfiló S.M. el Rey con su compañía de guardia y el regimiento de Caballería.

A las 10.45 horas cuando la comitiva llegaba a la Catedral doblaron las campanas del templo y fueron disparadas salvas de artillería. El Orfeón de Azcoitia recibió a su Majestad con la interpretación de la Marcha Real. La urna quedó depositada en la nave mayor donde tuvo lugar una Misa de Réquiem oficiada por el arzobispo de Valencia.

Después de firmada el acta de entrega de los restos por el Rey, la urna fue entregada al Cabildo en la persona del arquitecto de la Catedral señor Lampérez,procediéndose al enterramiento bajo el crucero. La urna fue bajada al sepulcro definitivo por el infante Don Fernando, el ministro de Instrucción, el duque del Infantado, marqués de Bendaña, teniente de alcalde de Valencia y alcalde de Burgos. El acta fue guardada en un tubo de plomo y  mientras se procedía al cierre de la cripta con la losa sepulcral fueron disparadas quince salvas.

EL CID EN EL CINE Y LA LITERATURA DEL SIGLO XX.

Si los inicios del siglo XX fueron propicios al cultivo de los temas cidianos, el resto del siglo no ha desmentido ese impulso inicial. En el ámbito de la narrativa, puede destacarse el singular Mío Cid Campeador (1929) del poeta creacionista chilenoVicente Huidobro, que ofrece una obra vanguardista en la que adereza la vieja tradición argumental tanto con elementos paródicos como con datos rigurosamente históricos (obsérvese que ese mismo año publicó Ramón Menéndez Pidal su monumental estudio La España del Cid).

En cambio, María Teresa León adopta la perspectiva de la mujer del héroe en Doña Jimena Díaz de Vivar. Gran señora de todos los deberes (1968). También el teatro se ha ocupado de nuevo del Cid, retomándolo en clave de conflicto existencial, como se advierte en El amor es un potro desbocado (1959), de Luis Escobar, que desarrolla el amor de Rodrigo y Jimena, y en Anillos para una dama (1973), de Antonio Gala, en el que Jimena, muerto el Cid, debe renunciar a su auténtica voluntad para mantener su papel como viuda del héroe.

No obstante la vitalidad del argumento, en parte de estas manifestaciones el tema no deja de tener cierto tono epigónico, de etapa final. Será, en cambio, a través de los nuevos medios como la figura del héroe logre una renovada difusión.

En esta línea hay que situar la conocida película El Cid (1961), una auténtica «epopeya cinematográfica» de tres horas de duración, dirigida por Anthony Mann y protagonizada por Charlton Heston en el papel del Cid y Sofía Loren en el de doña Jimena. Al año siguiente se rodó, bajo la dirección de Miguel Iglesias, la coproducción hispano-italiana Las hijas del Cid, pero, frente a la estilización argumental de que hace gala la película americana, ésta resulta una burda adaptación de la parte final del Cantar de Mío Cid.

En el terreno de la historieta visual (llámese cómic o tebeo) destaca la labor pionera, a finales de los setenta, de Antonio Hernández Palacios, con El Cid, aparecido por entregas en la revista Trinca y luego publicado en álbumes en color. Una versión más netamente infantil produjo la compañía Walt Disney en 1984, con El Cid Campeador, en el que nada menos que el pato Donald (trasladado por una máquina del tiempo) sirve de testigo y narrador a las andanzas de Rodrigo.

Pocos años antes, como ya he dicho, se había realizado Ruy, el pequeño Cid, una serie de dibujos animados en que, siguiendo una técnica que más tarde Steven Spielberg aplicaría a los célebres personajes de la Warner (Buggs Bunny y compañía), se mostraba en su infancia a los principales personajes de la acción (Ruy, Jimena, Minaya), en este caso como niños que apuntaban ya las actitudes que luego los caracterizarían de mayores, aunque viviendo sus propias aventuras en las cercanías de San Pedro de Cardeña.

Texto de: Alberto Montaner Frutos

Puedes ver un fragmento de la película El Cid de 1961.

DIÓSCORO TEÓFILO PUEBLA TOLÍN -Pintor- -Autor del cuadro Las Hijas del Cid-

DIÓSCORO TEÓFILO PUEBLA TOLÍN conocido en la pintura española como Dióscoro Puebla. Pintor español, nace un 25 de Febrero de 1831 en Melgar de Fernamental (Burgos) y fallece en Madrid un 24 de Octubre de 1901.

Dióscoro Puebla, después de estudiar en Madrid donde fue alumno de José de Madrazo y perfeccionar su arte en Roma gracias a una pensión por su cuadro Cayo Graco y su familia, enseñó en la Academia de San Fernando siendo profesor de colorido y composición .

En 1865 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, de cuya sección de pintura llegaría a ser presidente; fue también director de la Escuela Especial de Dibujo, Pintura y Grabado. Estuvo en posesión de las encomiendas de Isabel la Católica y de Carlos III.

Dióscoro Puebla, activo esencialmente durante la época del eclecticismo. Se dedicó en su mayor parte a la pintura de historia, género muy de moda en la época, que se aderezaba con grandes dosis de patriotismo y sentimentalismo, con cuadros como -Primer desembarco de Colón en el Nuevo Mundo-, con el que logró una discutida medalla de primera clase en la Exposición de 1865,  -Compromiso de Caspe-, –Las hijas del Cid-, etc.

Dióscoro Puebla, falleció en Madrid en 1901 y, pese a sus indudables y numerosos aciertos, su obra pictórica no es tan apreciada actualmente como la de otros pintores del momento, como Pradilla o Fortuny.

Las hijas del Cid, 1871.

Dióscoro Puebla presenta en este lienzo el episodio del ultraje que sufrieron las hijas del Cid Campeador por parte de los condes de Carrión tras su matrimonio. Doña Elvira y doña Sol aparecen atadas a un árbol, medio desnudas, en el robledal de Corpes donde fueron mancilladas por sus esposos, que huyen a caballo por un claro del bosque tras cometer su felonía.

El tema era una excusa perfecta para que los pintores de historia probaran su habilidad con el desnudo femenino, exhibiendo Puebla su facilidad para la anatomía femenina dentro del más puro academicismo. Una de las jóvenes se encuentra de pie, eleva al cielo su mirada como implorando perdón e intenta cubrir su cuerpo desnudo con un paño.

La hermana intenta desatarse mientras yace en el suelo, dejando caer su melena rubia hacia adelante al inclinar su cabeza, destacando su torso desnudo, el manto rojo y el vestido dorado. La precisa técnica dibujística del maestro es el elemento más destacable de la composición, modelando los cuerpos de las damas y ofreciéndonos los detalles y calidades táctiles de las telas, tratando el color en sintonía con Orazio Gentileschi, especialmente la blancura de las carnaciones dotadas de sensualidad e idealismo al acentuar sus formas.

El espesor de los árboles ha sido tratado por Dióscoro Puebla con una amplia variedad de matices cromáticos ante los que resaltan los dos desnudos, de clara influencia ingresca. En la derecha sitúa el artista una zona más iluminada al ser un claro del bosque para mostrar la huida y el punto de fuga de la composición. Los críticos no encontraron aceptable esta obra de Puebla, apelando a que faltaba dramatismo, «que se viesen más huellas del bárbaro proceder de los condes» como decía Cañete. El cuadro no fue premiado en la Exposición de 1871 recibiendo Puebla como compensación la cruz sencilla de María Victoria.

El Estado adquirió finalmente la obra por 8.000 reales para ser expuesto en el Museo del Prado donde se encuentra actualmente..

Puedes ver en vídeo la historia del museo del Prado.

JUAN VICENS COTS -Pintor- -Autor del cuadro La primera hazaña del Cid-

 JUAN VICENS COTS (1830-1886), pintor español representante de la escuela de raiz purista, enclavado en la generación de pintores dedicados a la historia, propios de la época del último romanticismo del siglo XIX.

Juan Vicens tuvo especial relevancia por sus obras  históricas como -La primera hazaña del Cid-, conservado y expuesto en el Museo del Prado,  premiado con una tercera medalla en la Exposición Nacional de 1864 y en la que su principal actor es el héroe burgalés Rodrigo Díaz de Vivar.

Otras de sus principales obras son la serie; -«Alegoría de las Ciencias Morales y Sociales» y «Alegoría de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales».

LA PRIMERA HAZAÑA DEL CID: que se puede ver en la primera imagen superior, es un óleo sobre lienzo de 1,56 x 2,145 cm.  Muestra a un joven Rodrigo Díaz, mas tarde Cid Campeador, presentando a su padre Diego Láinez la cabeza del Conde Lozano, ante la sorpresa y estupor de los dos acompañantes y los criados del fondo muy bien representados en su expresividad por el pincel de Juan Vicens.

 Con esta acción el Cid vengaba la afrenta hecha a su padre por el conde ahora decapitado. La escena se ambienta en un escenario que pretende reproducir con fidelidad arqueológica el ambiente de la época, pero que realmente consigue una combinación ecléctica de referencias estilísticas árabes y visigodas.

Destaca en este cuadro la claridad de la composición, la factura prieta y el dibujo preciso, así como los colores brillantes y el arbitrario tratamiento de la luz.

Puedes ver en vídeo la historia del museo del Prado

DIEGO RODRIGUEZ DE VIVAR -Hijo varón del CID-

DIEGO RODRÍGUEZ DE VIVAR (1076- 1097) era el hijo varón (tenía dos hermanas) del CID campeador. Diego murió un 15 de Agosto de 1097 cuando combatía junto a Alfonso VI para defender su reino cristiano. Ese día las tropas almorávides hicieron a las tropas del rey huir hasta el Castillo de Consuegra (Toledo), donde consiguieron estar a salvo durante algo más de una semana aunque, finalmente, cayeron ante el enemigo y en este asedio Diego resultó muerto.

Sobre la relación de Diego con su padre y la presencía del mismo en el Cantar del Mio Cid hay diversas teorías, la más desarrollada es la siguiente cuyo autor es Marjoire Ratcliffe:

No hay mención de la vida de Diego en ningún texto, con la excepción del muy fabuloso y anacronístico poema del siglo XVI escrito por Ximénez de Ayllón ~. Hay que preguntarse, ¿por qué no?, ¿por qué no estaba Diego en  Cardeña con su madre y hermanas cuando el Cid fue exiliado por primera vez en 1081? A unos seis años de edad, Diego estaba en edad de marcharsede su madre y de su casa para educarse en otra parte. Como era de costumbre que los sobrinos se criaran en casa de sus tíos maternos , es posible que Diego estuviera en Asturias en la corte de su tío Rodrigo, ahora conde de Oviedo. Otras teorías son posibles: quizá se crió en la corte de Alfonso VI.

Cuando el Cid, voluntariamente, se fue a Zaragoza y Barcelona entre 1083 y 1087, sus vasallos Alvar Fáñez y Pedro Bermúdez se quedaron en Castilla con su rey. El hijo del Cid, quizá, hizo lo mismo. O, como hijo de previo matrimonio, Diego, según la ley, habría sido criado por sus parientes maternos como era el caso con todos los hijos de segundos matrimonios. En esta última situación, no había razón para estar él en Cardeña con Jimena y sus hijas. Menéndez Pidal mantiene que no salió al exilio con su padre.

Al empezar el segundo exilio, la Historia Rodericí indica que Diego, ahora de catorce años de edad, sí fue encarcelado en 1089 por Alfonso VI con Jimena y las hijas: «suam uxorem et liberos in custodia alía queatos cmdeliter retrudi». Como hijo heredero del Cid, la muy seria acusación de traición y la posterior confiscación de todos los bienes familiares, también tenian implicación para Diego. Al salir de la cárcel, en 1090, posiblemente acompafió a sus parientes femeninas a Valencia para vivir con su padre y asumir su papel de caballero y heredero del Cid. A la inversa, también es posible que Diego se alineó contra su padre al lado del rey; en oposición a su padre, de la misma manera que hicieron los habitantes de Burgos, según el Cantar de Mio Cid.

Como vasallo leal del rey, el joven Diego actuaría dentro de la ley. Padre e hijo se reconciliarían más tarde, en 1092, cuando el Cid fue perdonado por el rey. Jimena viajó entre Valencia y Burgos en esta época y quizá fue agente de esta reconciliación entre padre e hijo si no del vasallo y su rey. Esta teoría añadiría otro motivo a la necesidad abrumadora del Cid de conciliarse con su rey y, por ende, con su hijo. Aunque no citado, la idea expresada por el verso «Mas a grand ondra tomaremos a Castiella», refleja la desesperación del Cid. La valentía y el éxito guerrero de Rodrigo durante el segundo exilio, a lo mejor fueron alentados por su deseo de recobrar y asegurar la fidelidad, futura herencia y afecto de su hijo. 

En 1097, junto con Alvar Fáñez; Diego a los veintiún años de edad, fue mandado a Consuegra a fin de socorrer a Alfonso VI, en lugar del Cid, quien no podía ausentarse de Valencia. En la batalla de Consuegra y posterior asedio, Diego murió. Su padre, Rodrigo Diaz de Vivar, murió dos años más tarde. Alvarez, en su libro El Cid y Cardeña, explica que Berganza halló un documento fechado en 1296 en que se dice que un tal Diego Alonso Martínez de Olivera fue descendiente del Cid. Alvarez también creyó que Diego tuvo un hijo llamado Juan 1097, Diego ya tenía edad para tener hijo. La identidad de la madre del hijo es desconocida y no hay recuerdo legal de matrimonio. A pesar de estas ideas, hay poca duda de que la línea directa de descendencia masculina desde el juez de Castilla, Lain Calvo, hasta Rodrigo Díaz de Vivar murió en Consuegra con Diego.

Es sorprendente que el Cantar de Mio Cid no nombre a Diego, especialmente cuando, con frecuencia, nomina correctamente a personajes sin importancia. El hijo del Cid no es desconocido por sus fuentes ni por textos posteriores. Como ya se dijo, la Historia Roderici de principios del siglo XII, menciona su encarcelamiento con Jimena en 1089. El Liber Regnum de principios del siglo XIII cuenta su muerte en Consuegra y provee la fecha exacta de sábado, 15 de agosto .

La Primera Crónica General generalmente sigue fielmente al Cantar de Mio Cid, en asuntos cidianos pero, puesto que los compiladores de la crónica alfonsina también se aprovechaban de otros textos, proporciona información verdaderamente distinta del Cantar. Además de recordar la muerte de Diego; <<En este anno lidio el rey don Alfonso con Abenalhage en Consuegra et fue vencido el rey Alffonsso, et metiosse en esse castiello de Consuegra. En aquella batalla murio Diag Royz fijo de Roy Diaz mio Cid >>.

También nos dice que, mientras el Cid moría, su difunto padre e hijo se le aparecieron siete veces en visiones, exorándole que dejara este mundo de dolor y les acompañara en el paraíso:

La mas de siete noches que visiones me siguen, ca veo mi padre Diego Laynez et a mi fijo Diego Ruiz et cada vez que les veo dizenme: «mucho avedes morado aqui! crednos, et vayamosnos a las asomadas perdurables»

La portuguesa Crónica Geral de Espanha de 1344 repite esta información. De todos los tempranos romances que tratan de Rodrigo Díaz de Vivar, y a pesar de su acostumbrado interés en aspectos emocionales más que históricos, sólo un romance menciona su hijo. Su fuente es obviamente la Primera Crónica General.

<<Diego Lames mi padre Y mi hijo aparecian Dicen: «Mucho habeis durado En aquesta triste vida»

¿Por qué, pues, no aparece Diego en el Cantar de Mio Cid? Según Horrent, no se le menciona, al hijo, sencillamente, porque no estaba en Cardeña con Jimena y sus hijas cuando el Cid dejó Castilla. Sin embargo, es posible que el poeta original, airado por la lealtad de Diego hacia Alfonso VI en contra de su padre, muy a propósito eligiera no mencionarle en el Poema. Cualquier mención de Diego hubiera requerido una explicación de su ausencia, lo que no hubiera contribuido al próposito del autor: la glorificación del Cid. Si el Cantar de Mio Cid hubiera sido compuesto, con la estructura fija que tenemos, en 1140 cuando los contemporáneos de Diego estaban aún vivos, su ausencia no les hubiera sido aceptable y hubiera denigrado la veracidad que el autor tanto buscaba retraer.

Von Richthofen en su «El problema estructural del Poema del Cid» y «Nuevas aportaciones críticas sobre la estructura del Poema del Cid», demuestra conclusivamente que el poema fue compuesto de manera triparita. La primera parte a ser recitada hubiera sido el llamado «Cantar de las Bodas», extendiéndose desde el incipit «Aquis compieca la gesta de mio Cid el de Bivar» (y. 1085), terminando con los versos:

<<Mio Cid Hoy Diaz que en ora buena nació en aquella día del rey so huesped fo; non sc puede fartar dél, tantól querie de coraqon; catándol sedie la barba que tan ainal creció Maravillanse de mio Cid quantos que y son. (2056-2060).>> 

El explicit y invocatio Dei también se incluirían; Las coplas deste cantar aquis van acabando El Criador vos vala con todos los sos santos. (2216-2277)

Seguramente se añadieron más tarde los versos contenidos dentro del texto actual que se refieren a los Infantes de Carrión (vv. 1372-1377, 1385-1390, 1879-1909). Como otros textos épicos, esta primitiva porción del Cantar de Mio Cid que relata sus aventuras en el exilio, la conquista de Valencia y su reconciliación con su rey, forma una unidad y podría leerse separadamente.

Con este cantar terminan todos los aspectos verdaderamente históricos del Cantar de Mio Cid. Probablemente fue una gesta, algo parecido a la Historia Roderici pero en romance, quizá basada en un diario de guerra o canto noticiero. A esta base, después, se añadieron las otras partes.

Otro poeta puede haber agregado el «Cantar del Destierro» a los versos existentes. Un segundo o tercer autor interpoló los episodios más imaginativos —digamos ficticios— como el arca de Raquel y Vidas, la huelga de hambre del conde de Barcelona, etc., y contribuyó con toda la sección del Afrenta de Comes al poema. La teoría de Von Richthofen resuelve los problemas de estructura, cronología e historicidad presentados por los críticos.

La crítica reciente pone más énfasis en los aspectos literarios y artísticos del Cantar de Mio Cid. Colin Smith cree que material histórico fue recogido y usado por un autor del siglo XIII a fin de que su público creyera su cuento, para proyectar la verdad. La teoría de Von Richthofen y la contienda de Smith de que «Whatever history there is in the poem has been transformed into something much finer by a powerful poetic imagination» >, no se contradicen. Es precisamente en las últimas secciones añadidas más tarde donde hay menos interés en elementos históricos y más desarrollo de aspectos literarios y artísticos.

El último autor de] Cantar de Mio Cid, sin conocer la Historia Roderici, no sabía de la existencia de Diego. Este autor, consciente de la entidad artística que esperaba proporcionar, crea una situación ficticia —algo parecido a los romances corteses franceses del siglo XII— en la cual, la pesquisa del Cid iniciada en la fase de aventura culmina en una vuelta, completando el círculo espacial y marcando el colmo de un ser perfeccionado. El poema sólo habría sido más imponente si el autor hubiera desechado la invención innecesaria de los episodios de los Infantes de Carrión, personificando el tema de honor perdido y honor recobrado mediante la figura atractiva de Diego. Los primeros versos tan emotivos del Cantar:

De los sos ojos tan luertemientre llorando, tomava la cabeza i esiávalos catando.Vió puedas abiertas e usos sin canados, alcándaras vazias sin pielles e sin mantos e sin falcones e sin adtores mudados. Sospiró mio Cid ca mucho aria grandes cuidados.

Con fuerza expresan el sentido de pérdida pero son mucho menos dramáticos que la pérdida de un hijo, un hijo perdido por traidores pero recobrado por valor personal sólo para perderse de nuevo, en la muerte. Usando a Diego, el último autor no hubiera tenido que recurrir a la fabricación histórica y episodios problemáticos tales como las primeras bodas y el Afrenta de Corpes. El último autor del Cantar de Mio Cid no podía usar la imagen de Diego, porque, para 1207, ya se le había olvidado el hijo del Cid.

Puedes ver la representación que de la muerte de Diego Rodriguez se hace en Consuegra (Toledo).

LA JURA DE SANTA GADEA

Rodrigo Díaz de Vivar, desde joven estudiaba, servía y luego guerreaba con Sancho, hijo de Fernando I, quien, a su muerte, 1065, dividió su reino entre sus hijos: Galicia a Ramiro, Castilla a Sancho, León a Alfonso, Zamora a Urraca y Toro a Elvira. Sancho II pretendía unir aquellos reinos. Ganado León, en el sitio de Zamora fue asesinado por el traidor Bellido Dolfos. Cuentan algunas fuentes que han estudiado el romance; que el CID viendo de lejos huir al asesino y sospechando lo sucedido, montó a caballo y salió en su persecución, pero al no llevar espuelas en ese momento no pudo alcanzarlo. Por eso, irritado, maldijo a todo caballero que cabalgase sin ellas.

Alfonso VI se convirtió en rey de Castilla y León, pero El Cid  le exigió, en la iglesia burgalesa de Santa Gadea, que jurara; acto éste que humillaba a un rey que estaba por encima de lo divino y lo humano.

LA JURA DE SANTA GADEA se constituye en leyenda literaria basada en hechos históricos presuntos , a través de los acontecimientos ocurridos en el año 1072, año en el que como sabemos Rodrigo Díaz hace jurar al rey que éste no había sido el inductor del asesinato de su hermano Sancho durante el sitio al que se sometió a Zamora dominada por la Infanta Urraca.

Según la narración romance, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, sometió frente al altar a jura a Alfonso VI «el Bravo», rey de Castilla y León, en forma que certificase mediante el acto que no había tomado parte en el asesinato de su hermano, el rey Sancho II de Castilla,  asesinado vilmente frente a la muralla de la ciudad de Zamora. El núcleo de población se encontraba bajo el mandato de la hermana de ambos, la cual defendía los intereses de su hermano Alfonso, que a su vez se encontraba refugiado en la ciudad de Toledo.

Muchos historiadores cren que este episodio de la Jura de Santa Gadea nunca ocurrió, y que se constituye en épica y leyenda a través de la literatura romance. Este hecho es uno de los mitos más sobresalientes de la cultura hispana.

El romance al respecto dice literalmente:

<<…En Santa Gadea de Burgos
do juran los fijosdalgo,
allí toma juram
ento
el Cid al rey castellano,
sobre un cerrojo
de hierro
y una ballesta
de palo.
Las juras eran tan recias
que al buen rey po
nen espanto...>>

Puedes ver un vídeo sobre el romance.

DIEGO LAINEZ -Padre del Cid Campeador-

DIEGO LAINEZ  (1023-1058) era miembro de la nobleza menor de Castilla y natural de Vivar (luego del Cid) en Burgos. Aunque no hay certeza histórica es posible que fuera descendiente de Laín Calvo, uno de los dos Jueces de Castilla junto a Nuño Rasura y también descendiente de la estirpe de Diego Porcelos, fundador y repoblador de Burgos.

Casado con Teresa Rodríguez que era hija del conde de Oviedo Rodrigo Álvarez de Amaya, e hija de una hija ilegítima del Rey de León. Con ella engendraría a Rodrigo Díaz de Vivar que más tarde se convertiría en El Cid Campeador.

Fuera del matrimonio, con una campesina tuvo a Fernando Díaz, quien se casaría con una hija de Martín Antolínez, vasallo de El Cid que se enfrentó y venció a Diego González, infante de Carrión.

El padre del Cid, tuvo que luchar contra las tropas del Rey de Navarra que se acercaban casi hasta el Oriente del Valle del Ubierna, a la muerte de Sancho III el mayor. Sin duda el padre del Cid viviría en un asentamiento fronterizo y tenía una numerosa mesnada para sostener la cual tenía que disponer de pastos, agua, molinos con los que poder seguir manteniendo su estatus noble y la preservación de sus bienes.

MONASTERIO DE SAN PEDRO DE CARDEÑA

Ubicado a escasos kilómetros de la ciudad de Burgos, el Monasterio de San Pedro de Cardeña está muy vinculado a la vida del Cid. En este monasterio fue acogida la familia de Rodrigo Díaz durante sus destierros. Aquí se encuentran aquí las tumbas sin cuerpos del Cid y Dª Jimena, su esposa.

Poco queda del templo románico primitivo. Aparte de la torre, lo más interesante es el claustro del siglo XII, denominado «Claustro de los Mártires». Las arquerías alternan los colores rojo y blanco, colores que sin duda recuerdan los arcos de la Mezquita de Córdoba. El resto de las dependencias del Monasterio de Cardeña son, en su mayoría, obra del siglo XV.

La iglesia, de tres naves, es obra de Pedro del Burgo y data de estas fechas. Tiene una sillería de estilo gótico-mudéjar. La Sala Capitular, del siglo XIII, alberga el museo. La iglesia Abacial es esbelta, blanca de luz, desnuda…. al estilo cisterciense.  Construida en el siglo XV (1447-1457) con piedra de sillería caliza y grisácea en los paramentos, blanca -de las canteras burgalesas de Hontoria- en columnas y crucerías.  De cuatro recios pilares, cada uno de ellos con dos metros de diámetro, arrancan las nervaduras de los arcos, en cuyas dovelas centrales se suspenden unos escudos de armas policromados, entre los que figuran el del Papa Eugenio IV -Pontífice que gobernaba el orbe católico el año que comenzaron las obras de construcción de la iglesia de Cardeña-, el escudo del Cid, el de Castilla y León, y el de Cardeña.

La iglesia tiene siete capillas; la capilla Mayor, la que hace de cabecera del templo es pura luz, gracias a sus cinco ventanales de tracería gótica; no hay retablo en el ábside, pero debajo de los tres ventanales frontales destacan tres imágenes: la Virgen de la Asunción, patrona de la Orden Cisterciense (centro), San Bernardo (izquierda) y San Benito (derecha).

San Pedro de Cardeña se constituye como uno de los monasterios benedictinos más antiguos de la península, siendo fundado en el año 899.

Como dato interesante se mantiene en su exterior una lapida donde se supone enterrado Babieca, caballo del CID.

La fachada principal contiene el portalón de entrada al monasterio en el que sobresale un original retablo de estilo barroco, en piedra coloreada.  Destaca en el centro una figura ecuestre del Cid «matamoros», de gran tamaño.  Completan la ornamentación el escudo de armas de Cardeña, con las palmas del martirio en los lados y otro de Castilla y León sostenido por leones rampantes.

El Claustro interior también llamado «De los mártires» es el relicario abierto de Cardeña. Bello, silencioso, acogedor tiene un pozo con brocal.  El ala más antigua que se conserva es de estilo románico (siglo XII), con capiteles originales labrados en piedra de arenisca roja, todos ellos decorados con motivos vegetales.

En sus arcadas se alternan dovelas de color blanco y rojo, un efecto que a muchos evoca, de inmediato, la mezquita cordobesa.  En este claustro fue donde, según la tradición, se produjo el martirio de los 200 monjes de Cardeña hacia el año 834.  Muy próxima a uno de sus ángulos todavía sigue manando una fuente de aguas vivas y frescas.

La Sacristía Mayor es de traza gótica cisterciense, del mismo estilo que la iglesia, Desde ella se accede, después de atravesar otra pequeña pieza -una segunda sacristía con precioso lavabo en forma de concha de peregrino, destinado desde 1547 a las abluciones litúrgicas-, al antiguo archivo monacal y a la Sala Capitular (Museo)  Llegar hasta el archivo tiene un atractivo especial: hay que subir una escalera de caracol del siglo XVI, sin eje central, perfectamente labrada; los escalones encajan a la perfección el uno con el otro.  Esta escalera es una primorosa obra de maestro cantero desconocido.

Puedes verlo en vídeo

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EL CANTAR O POEMA DEL MIO CID

La obra literaria EL CANTAR DE MIO CID es uno de los llamados cantares de gesta. El Poema del Cid es la más antigua canción de gesta conservada casi íntegramente. Narra la vida de un personaje histórico y activo durante la etapa de la reconquista de la Península, Rodrigo Díaz de Vivar (¿1.040-1.099?), desde el momento en que cae en desgracia ante Alfonso VI hasta su muerte, pasando por sus momentos de mayor gloria

Está escrito en castellano medieval y compuesto alrededor del año 1200. No se sabe cuál era el título original, aunque probablemente se llamaría gesta o cantar, términos con los que el autor describe su obra en los versos 1.085 y 2.276, respectivamente.

En 1.779 Tomás Antonio Sánchez lleva a cabo la primera edición a partir del único manuscrito que se conservaba
y que todavía hoy existe. Éste, que data de 1.307, es la primera copia conocida, el llamado Manuscrito del Per Abbat (juglar o copista) al que falta una hoja del comienzo y dos en la parte central. Se cree que la composición del poema debió realizarse hacia 1.207.

COMPOSICIÓN

.-Cantar PRIMERO

El Destierro del Cid
El rey de Castilla Alfonso VI manda al Cid a Andalucía a cobrar las parias o tributos de los reyes moros de Córdoba y Sevilla. Almutamiz, rey de Sevilla, estaba en guerra con Almudafar, rey de Granada, a quien ayudan el conde García Ordóñez y otros nobles castellanos.

 El Cid, Amparando a Almutamiz, vasallo del rey de afrentosamente, “mesándole la barba”.vuelto Rodrigo a castilla con las parias, los enemigos lo indisponen con el rey, y éste lo destierra. Estos hechos no aparecen en el poema, que empiezan con la despedida del Cid, de vivar y su palacio, yermos y desheredados”. Luego se dirige, con los vasallos que lo siguen, a Burgos, donde nadie osa recibirlo, por haberlo prohibido el rey, según lo explica una niña.

Se detiene por unos momentos en la catedral de dicha ciudad, y prosigue después su camino hacia el monasterio de san pedro de Cardeña, donde están su mujer, doña Jimena, y sus hijas, niñas aún, doña Elvira y doña Sol.
En Cardeña se despide de éstas, que quedan confiadas al abad don sancho. Y sigue en marcha forzada hasta la frontera de castilla, pues están por expirar los nueve días de plazo por el rey.

Ya en tierra de moros, el Cid entra en guerra con ellos, a los que gana las ciudades de Castejón y Alcocer, y avanzando en sus conquistas hacia Teruel y Zaragoza, llega hasta el condado de Barcelona, donde vence y toma prisionero al conde de dicho lugar, don Ramón Berenguer, ocasión esta en que ganó la famosa espada Colada. Después de tenerlo tres días en su poder y ante la decisión de éste de dejarse morir de hambre, el Cid lo puso en libertad.

.-Cantar SEGUNDO

Bodas de las Hijas del Cid
El Cid se dirige luego hacia el mediterráneo, tomando la costa entre Castellón y Murviedro, y ganando después la ciudad de Valencia. En el poema se expresa el júbilo y la ganancia de tan grande conquista:

Grandes con los gozos que van por lograr es cuando Mio Cid gañó a Valencia e entró en la ciudad.
Los que foron de pie caballeros se frazen en oro e plata ¿Quién vos lo podrie contar?

También vence al rey moro de Sevilla, que había ido en auxilio del de Valencia, y previo permiso del rey, a quien había enviado varios presentes de caballos, lo que prueba su condición de buen vasallo, mas tarde vence al rey de Marruecos, Yuguf que había ido a recuperar a Valencia. Son tantos los triunfos del Cid, que sus enemigos sienten acrecentar su envidia, y dos parientes del conde García Ordóñez, los infantes de Carrión, don Diego y don Fernando, desean casarse con sus hijas, codiciosos de las riquezas del héroe.

El Cid no ve con gustos estos casamientos, pero requerido por el rey, accede lleno de recelos, y se dirige con los suyos a Valencia, donde las bodas se realizan con grandes fiestas que duran quince días.

.- Cantar TERCERO:
La Afrenta de Corpes
Los infantes de Carrión han revelado su cobardía en varios episodios: el miedo de los infantes ante un león del Cid, escapado de su jaula, y la huída del infante don Fernando, al ser embestido por el moro Aladraf. El Cid, en cambio, va de triunfo en triunfo, y gana la espada Tizona en un famoso encuentro con el rey Búcar de Marruecos, a quien vence después de un magnífico combate individual.

Los infantes de Carrión deciden vengarse del Cid, a quien envidian, y se llevan a sus esposas a tierras de Carrión, deteniéndose en el robledal de Corpes, donde las vejan y maltratan brutalmente. Enterado el Cid de esta afrenta pide justicia al rey. Éste, dolido por la mala acción de los infantes convoca a las cortes de Toledo.
En ella son condenados los infantes quienes se ven obligados a devolver las espadas Colada y Tizona, obsequios del Cid, a reintegrar la dote, ya consumida en parte, y batirse en duelo con vasallos del Cid.

El poema termina con llegada de emisarios de los infantes de Navarra y Aragón quienes solicitan para ambos las manos de doña Elvira y doña sol, a los que el Cid accede satisfecho por la honra que esto significa para las mismas.

Puedes conocerlo en vídeo.

LA ESPADA COLADA DEL CID

LA ESPADA COLADA fue junto a la espada Tizona una de las dos que tuvo el CID en sus campañas, hasta que éste se las regaló a sus yernos los Infantes de Carrión. La espada había sido ganada en combate por el guerrero burgalés al Conde de Barcelona y, pese a que fue regalada a sus yernos los Infantes, la misma fue devuelta por éstos tras la afrenta cometida sobre sus hijas doña Elvira y Doña Sol en la localidad de Corpes y que dio lugar al nombre de la afrenta que narra el cantar de Mio Cid.

Tras el incidente  El Cid había sido deshonrado y pide justicia al rey. El juicio culmina con el «riepto» o duelo en el que los representantes de la causa del Cid vencen a los infantes. Éstos quedan deshonrados en justa pública y se anulan sus bodas devolviendo también las espadas. Siendo Colada regalada de nuevo por el Cid a su caballero Martín Antolinez.

Martín Antolínez, mio vassallo de pro,
prended a Colada, ganéla de buen señor,
del conde Remont Verengel, de Barcilona la mayor;
por esso vos la dó, que la bien curiedes vós
.

El nombre según los historiadores puede deber su etimología a -Acero Colado-, o lo que es lo mismo, limpio y ausente de impurezas. Los historiadores asimismo dudan de que la custodiada en el Palacio Real de Madrid y mostrada como la espada Colada real sea en efecto la auténtica.

En relación a la espada y a su último poseedor; según el cantar Martín Antolinez, ésta es reseñada en el libro de autor anónimo de la  siguiente manera:

Martin Antolinez mano metio al espada.

Relumbra tod el campo: tanto es limpia e clara.
Diol vn colpe, de trauiessol tomaua.
El casco de somo apart gelo echaua.
Las moncluras del yelmo todas gelas cortaua.
Alla leuo el almofar, fata la cofia legaua.
La cofia e el almofar todo gelo leuaua.
Raxol los de la cabeça, bien a la carne legaua.
Lo vno cayo en el campo e lo al suso fincaua.
Quando este colpe a ferido Colada la preçiada.
Vio Diego Gonçalez que no escaparie con el alma.
Boluio la rienda al cauallo por tornasse de cara.
Esora Martin Antolinez reçibiol con el espada:
Un colpel dio de plano, con lo agudo nol tomaua.
Ya Gonçalez espada tiene en mano, mas non la ensayaua.
Esora el ynfante tan grandes voces daua:

— ¡Valme, Dios glorioso, Señor, cúriam deste espada!