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EL COFRE DEL CID

EL COFRE DEL CID se guarda en una pared de la Capilla del Corpus Christi de la Catedral. Según cuenta la tradición es una de las arcas supuestamente llena de monedas, pero que en realidad estaba llena de arena, con las que el Cid avalaba el dinero necesitado para mantener su mesnada y que pidió prestado a los prestamistas judios burgaleses -Raquel y Vidas- al salir de Burgos camino del destierro.

En este caso, se dice que Rodrigo Díaz de Vivar al ser exiliado por orden de Alfonso VI, tenía la urgente necesidad de fondos con los que la cubrir la empresa de pagar a los trescientos caballeros que le acompañan en su el exilio. Sin contar con los activos para cubrir esos gastos, se fue a la casa de los Judios citados a los que convenció en el préstamo dejando a cambio  un seguro cofre que garantizaba, contenía todas sus joyas.

Los Judios aceptaron el trato y, creyendo que habría mucho más dinero que el prestado, se  apresuraron a adelantarle la cantidad reclamada. Rodrigo después de recibir el importe de inmediato salió de la ciudad con sus hombres, y los Judios ingenuos, al abrir la caja fuerte para ver los tesoros que habían adquirido, vieron que dentro no había más que piedras y arena sin valor perdiendo la oportunidad de deshacer el trato.

Cuentan los analistas del Poema del Cid, que en el panegírico del caballero burgalés se trata de reseñar este hecho como un castigo a la codicia desmesurada de los prestamistas judios.

DOÑA JIMENA -esposa del Cid-

DOÑA JIMENA DÍAZ era hija del conde de Asturias don Diego Fernández de las Asturias (hacia 1034), y de la condesa Doña Cristina Fernández.

Su madre era hija de Fernando Gundemárez (hacia 1002 – 1052) y Jimena Alfónsez (hacia 1010 – 1037), princesa de León, hija de Alfonso V de León (hacia 1004 – 1057) y de la princesa Urraca de Navarra, hija de García Sáncehz II el Temblón (hacia 964 – 999), rey de Navarra, Conde de Aragón en 994.

Entre los varios hermanos que pareció tener figuran:

Rodrigo Díaz de las Asturias, conde de Asturias. Fernando Díaz de las Asturias, conde de Asturias. Bernardo Díaz Meneses, quien confirma privilegios en 1119. Casó con N. Alonso, hija de Alonso Téllez, Señor de Montealegre, Mayordomo Mayor del Rey Alfonso VI de León.

La familia de su padre el conde Diego Rodriguez, es menos conocida pero era de las más poderosas e influyentes de Asturiasen el sigloXI. Se conoce la carta de arras del matrimonio del Cid con Jimena. La fecha de tal documento es el 19 de julio de 1074, y en él se dice:

Ego vero denique Rodericus Didaz accepi usoren nomine Scemenam filiam Didaco Ducis de terra Asturiensi […] Ego quoque scemena Didaz similiter faciam tibi vir meus Rodericus Didaz.[…]

Pasa Jimena la primera época de su matrimonio en compañia de sus hijos, Maria, Cristina y Diego, en el convento de San Pedro de Cardeña. Más tarde pasa a vivir a Valencia, donde muere su hijo Diego a los 19 años de edad.

JIMENA; Fue mujer de Rodrigo Diaz de Vivar, el Cid Campeador. No es seguro que naciera en Nava ( algunos la suponen nacida en Oviedo) , pero si que vivió en dicha villa en reiteradas ocasiones. Descendía Jimena de los reyes asturianos por línea que alcanza hasta Alfonso I ( 739-57 ).

El 21 de mayo de 1101, en un diploma escrito de su puño y letra por Jimena, se confirma que aún vivia; y en octubre del mismo año defiende Valencia, con ayuda de su primo el rey Alfonso VI, de los ataques del guerrero moro Emir-Al Munemin Yusuf. Jimena abandona Valencia por orden de Alfonso VI y se marcha a su refugio de San Pedro de Cardeña, y en 1113 se sabe que vende una heredad procedente de las tierras adquiridas por arras, y otorga documento fechado en Cardeña.

Después de dicha fecha, nada más se sabe de ella.

ALVAR FÁÑEZ DE MINAYA

Fue ALVAR FAÑEZ un miembro más de la familia del Cid, Rodrigo Díaz de Vivar. Concretamente, sobrino, por parte de la mujer del burgalés. Por lo tanto, algo más joven que éste desde su infancia también, formó parte de la casa y luego mesnada del Campeador. Y siempre le veremos, por más joven y valeroso, si cabe, junto al héroe castellano, codo con codo en las batallas, unidos en la desgracia y el destierro, en la conquista y el éxito. Será precisamente el «Cantar del Mío Cid», la gesta poética y heróica de Castilla, la que mayor cantidad de datos y mejor perfil humano de Alvar Fáñez nos aporten. Otros detalles proceden de los documentos históricos que, en escaso número, nos hablan de su peripecia vital y de sus cargos. Finalmente, la tradición prendida en las consejas y decires del pueblo, nos lo traen hasta hoy con un latido mágico, viviente, sonoro de metálicas andaduras y difíciles pasos de guerra.

Como un joven ayudante o alférez de la mesnada personal del Cid aparece Alvar Fáñez. Ya desde el momento del destierro de Burgos se dibuja su figura. El poeta le señala una y otra vez por sus méritos y virtudes: «el bueno de Minaya», le adjetiva, y el mismo abad del monasterio de Cardeña así le llama: «Minaya, caballero de prestar». El mismo Rodrigo Díaz en varias ocasiones, le dedica alabanzas sentidas, fiel dato de su aprecio: «Vos Minaya Albar Fañez/ el mio braço mejor» o «Venides Alvar Fañez / una fortida lança». El carácter de Minaya como caballero de gran prestancia, valentía y fuerza se repite a lo largo del poema. Cuando se preparan campañas o correrías por tierras de moros, dice el vate en primer lugar: «Primero fabló Minaya, un caballero de prestar», y al describir las batallas suele salir alguna referencia al castellano, como, por ejemplo, cuando se narra la lucha de la mesnada del Cid contra los moros Galve y Fáriz, en el valle del Jalón: 

«Cavalgó Minaya
el espada en la mano
por estas fuerças
fuertemientre lidiando
a los que alcança
valos delibrando.»
 

Y luego se entretiene el anónimo cantor en reseñar algunos otros detalles, sangrientos y hermosos, del batallar de Alvar Fáñez. En una ocasión, tan valerosamente pelea que la sangre de los moros que mata le va chorreando por el codo: 

«A Minaya Alvar Fáñez
bien le anda el cavallo,
daquestos moros
mató treinta y quatro:
espada tajador
sangriento trae el braço
por el cbodo ayuso
la sangre destellando.»
 

Pero también como político, como buen mediador, como hombre con quien se puede hablar y con el que todos logran entenderse, le describe el «Cantar». Primero declara su lealtad al Cid en el momento del destierro. Rodrigo Díaz obliga al rey de Castilla a jurar ante la Biblia que no ha tenido intervención en la muerte de su hermano Sancho. Esta jura de Santa Gadea es la prueba de que los hombres castellanos tienen un claro deseo y visión de su independencia frente a la Corte leonesa. Por ello, Alfonso VI será recibido de uñas, aunque lueao demuestre ser también un castellano de raza. Alvar Fáñez es fiel al Cid. Le acompaña, se pone en cuerpo y alma al servicio de su pariente y señor. Con él atravesará la extremadura castellana, el Duero, y remontará la sierra central, dejando a un lado Miedes y el fortísimo castillo de Atienza, todavía en poder de los árabes. Bajarán el Henares hasta Castejón de Abajo (hoy jadraque) y allí harán su primer gran conquista, quedando dueños del castillo y la población. Después, bajando por Molina hasta Valencia, la conquisía de esta plaza será una muestra renovada de la valentía del Cid y su mesnada.

Los meses siguientes servirán para demostrar el genio político de Alvar Fáñez. Es encomendado por el Cid para volver a Burgos y gestionar el perdón; él, personalmente, lo consigue, y para el Cid lo obtiene en un segundo viaje. Gestiona el matrimonio de las hijas del Cid con los infantes de Carrión, y, aunque queda como uno de los capitanes más destacados de la corte castellana, alcaide de algunas plazas fuertes, y brazo derecho del rey Alfonso, sigue también como ayuda principal del Cid en Valencia, defendiendo con él la ciudad del ataque repetido de los almorávides de Yuçuf. Esos oficios diplomáticos gustaron al Cid tanto o más que su fuerza guerrera. Cuando volvió de la Corte de Castilla con el perdón logrado, Rodrigo Díaz le dice: 

«Ya Alvar Fáñez
bivades muchos días,
más valedes que nos
tan buena mandadería!»
 

En su aspecto puramente guerrero, activo como capitán de su propia mesnada, le vemos primero haciendo una correría Henares abajo, desde Jadraque, donde acampaba con el Cid. Recorrió en pocas jornadas, con 200 hombres de confianza, los campos de Henares asaltando Hita, Guadalajara y Alcalá. No llegó a la conquista definitiva, pero entre la población árabe, muy numerosa, del valle quedó su figura como de héroe legendario en plena juventud. La morisma le temía y le admiraba al mismo tiempo. Siguiendo junto al Cid, participa en su sonada conquista de Alcocer. Es en Molina huésped ilustre del rey moro Abengalbón, del que consigue que pague tributos al Cid, su señor. 

Como capitán de Castilla, Alvar Fáñez desplegará una gran actividad guerrera. Un año antes que el rey Alfonso VI haga suyo Toledo, Minaya conquista la importante ciudad de Guadalajara, punto clave de la defensa del reino moro toledano. Es el año 1085. Al mismo tiempo caerá todo el valle del Jarama y del Henares, como paso previo a la conquista del Tajo. También diversos puntos fuertes de la Alcarria quedan en poder de Castilla. La tradición lo señala así en Horche, donde dicen que Alvar Fáñez entró victorioso la noche antes de hacerlo en Guadalajara. El caso es que él participó también en la recuperación difícil de Zorita y su castillo, en la conquista de Santaver, legendaria atalaya fortificada de los árabes, y aun en la conquista de Toledo. En 1111 se reconquistó, fugazmente, la ciudad de Cuenca, y es a Alvar Fáñez a quien señalan por autor de este hecho. Lo cierto es que él figuró como alcaide de la fortaleza de Zorita, y capitán o delegado regio en Peñafiel, Toledo, Santaver y Cuenca. La ciudad de Guadalajara, aunque por él conquistada, tuvo por primer alcaide a don Fernando García de Hita, familiar del rey, y su delegado en Medinaceli, Uceda Talamanca, Hita ,etc. 

Se sabe que Alvar Fáñez de Minaya murió el año 1114 quizás en una pelea civil con los del concejo de Segovia. Está enterrado, como lo estuvo el Cid antes de su traslado a la catedral de Burgos, en el burgalés monasterio de Cardeña. 

TORREÓN DE ALVAR FAÑEZ EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA DE LA CUAL FUE PRINCIPAL RECONQUISTADOR.

Su nombre y su leyenda han quedado prendidas por numerosos lugares por los que su vida y su acción pasaron. En la provincia de Cuenca, todavía comarca de la Alcarria, un pequeño pueblo lleva su nombre. En Alcocer de junto al Guadiela, una de las puertas de su muralla, hoy ya caída, también era denominada con su apelativo. 

Ya hemos mencionado la tradición que existe en Horche de haber sido tomado el pueblo por las tropas de Alvar Fáñez. Y en Romanones mantienen la leyenda de que el héroe y conquistador pasó allí una temporada, quedando de su estancia algunos restos de armas y un pilón donde-dicen-comía su caballo. En realidad son los restos de la ermita de los Santos Viejos. También en Labros, en las alturas molinesas, y junto al recuerdo del Cid aparece el de Alvar Fáñez, poseedores cada uno de un monte en las cercanías. Finalmente Guadalajara, la ciudad que es cabeza y Capitana del «valle de castillos» que su nombre indica, tiene por su conquistador a este hombre. Nada documental queda sobre el tema. Ni fecha exacta, ni forma de adquisición, ni hora ni lugar. 

La tradición del pueblo ha dado bella forma a este hecho. Y así lo damos nosotros, tal como en el rodar de los siglos fue tomando su forma y su melodía: en una noche resplandeciente de San Juan, cuando el verano se inicia y las estrellas son más altas y limpias que nunca, un grupo de cristianos se acercan a la fuerte y amurallada ciudad de Guadalajara, donde los árabes llevan ya más de trescientos años dando culto a Alá, y haciendo una cultura propia y magnífica. 

Se aproximan los soldados, guiados por su capitán Alvarfáñez, al costado sur de la muralla. Atraviesan un hondo barranco y entran sin fuerza por el portón agudo que nadie defiende. Tienen buen cuidado todos de poner las herraduras de sus caballos al revés, y se introducen sin ruido en las casas de la ciudad. A la mañana siguiente, los jerarcas árabes oyen algo de que durante la noche se vieron cristianos por las calles, pero observan que las huellas de sus caballos apuntan hacia afuera: es señal de que se han ido. 

Por si acaso, cierran las puertas. Y en ese momento las tropas de Alvar Fáñez salen de sus escondites y acaban con la vida de los jefecillos moros, quedando la ciudad conquistada, y como una perla más del reino de Castilla. La puerta por donde entraron. que también se llamó «de la Feria» quedó enseguida con el apellido de Alvar Fáñez. La fecha, un 24 de junio de 1085, grabada en todas las historias arriacenses. Y la leyenda, de labio en labio, como un relato de las Mil y Una noches, primer cápítulo de tan larga y fructífera historia. 

Descárgate el libro sobre su vida e historia.

IGLESIA DE SANTA GADEA ó SANTA ÁGUEDA

La iglesia de SANTA GADEA o SANTA ÁGUEDA como también se conoce, debe su fama a un suceso histórico. El juramento hecho por Alfonso VI ante el Cid Campeador de no haber participado en el asesinato de su hermano don Sancho, rey de castilla.

El juramento se hizo en esta pequeña iglesia ya que a Santa Gadea se encomendaba de un modo especial la fidelidad de los juramentos. El rito consistía en repetir una fórmula sacramental tocando con la mano algún objeto sagrado que, en el caso de Burgos, era el cerrojo.

La antigua pieza se retiro en el año 1500 y, actualmente, recuerda la tradición otro cerrojo de reciente factura, realizado por Ángel Cuevas.
El juramento de Santa Gadea se rememora también en el interior del templo. Lo hace, por ejemplo, en una vidriera recientemente restaurada que adorna una original capilla situada a la derecha del ábside.

La capilla fue costeada por D. Hernando de Escalada, cuyo escudo adorna uno de los laterales. Junto a él, la Virgen de la Soledad, una imagen conocida sobradamente por los burgaleses que cada año asisten a las procesiones de Semana Santa.

El resto del templo es extremadamente sencillo, lo que le confiere una belleza especial. Se observan diferentes etapas constructivas, la del gótico del siglo XIV de algunas de sus bóvedas, la del XV de la del ábside y la del XVII del arco del coro.

Pero la obra maestra de Santa Águeda es el baptisterio. Una posible obra de Juan de Vallejo, autor del cimborrio de la catedral.

En él fue bautizado el Hermano Rafael, monje trapense beatificado en 1992. Su imagen la encontramos frente al baptisterio, en una vidriera recientemente construida.

Salpican las paredes del templo, obras de gran categoría artística. Entre ellas, la Coronación de la Virgen, de estilo barroco, restaurada hace unos años, y el cuadro atribuido al maestro Cerezo que representa a San Juan de Sahagún dando limosna a los pobres.

Puedes verla.

EL CID CAMPEADOR -La estatua-

En la Plaza de Mio Cid de Burgos se erige la estatua monumento a RODRIGO DIAZ DE VIVAR -El Cid Campeador-.

Ya en el año 1904 se constituye una comisión al efecto para su realización. Alfonso XIII coloca la primera piedra el año 29 de Agosto de 1905 con motivo de su presencia en la ciudad para observar el eclipse solar. Pese a todo ello la obra se demora hasta el año 1947 en que se vuelve a crear otra nueva comisión para, con motivo del milenario de Castilla, levantar por fin la deseada figura en bronce.

 La estatua ecuestre en bronce del Cid fue esculpida por Juan Cristóbal González Quesada [nacido en 1897 en Ohanes (Almería), fallecido en 1961 en Madrid].

La obra se realiza en bronce con una altura aproximada de cuatro metros, izada sobre un pedestal de planta cuadrangular (5´2 x  4´7 x 6´3 m.) y conformado por distintos materiales: el zócalo de granito gris, el cuerpo central de granito rosáceo y  la parte superior se remata con piedra caliza, todo ello impregna al conjunto un relevante cromatismo contrastando con el pardo metal de la escultura.

La obra fue inaugurada por el jefe del estado de la época; General Francisco Franco, un 23 de Julio de 1955 siendo por aquel entonces alcalde de la ciudad Florentino Díaz Reig.

La imagen ecuestre con Babieca como montura, posee una actitud de partida hacia el destierro, y completa ésta, las ocho figuras cidianas que simbólicamente le acompañan a lo largo del puente San Pablo justo delante.

En el citado pedestal, y en sus flancos, dos piedras calizas exponen las siguientes inscripciones:

A la derecha:

El Campeador llevando
consigo siempre la Victoria
fue por su nunca fallida
clarividencia
por la prudente firmeza
de su carácter y por su
heroica bravura
un milagro de los grandes
milagros del Creador.

A la izquierda.

Año 1099 : en España
dentro en Valencia murió
el Conde Rodrigo Díaz.
Su muerte causó el más
grave duelo
en la Cristiandad
y gozo grande entre
sus enemigos.

 

Puedes verlo.

LA ESPADA TIZONA DEL CID

 

LA TIZONA es una de las dos espadas -Colada y Tizona– más célebres de El Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar (1043-1099), capturada al Rey Búcar de Marruecos en Valencia, y que más tarde regaló a su sobrino, Pedro Bermúdez.

En el cantar de Mío Cid se cita la lucha de El Cid con Ramón Berenguer II, Conde de Barcelona, en Tevar (Morella), al cuál vence, le hace prisionero y se apodera de la espada Colada.

Otra de las espadas de El Cid, según un romance anónimo, perteneció al caballero castellano Mudarra, con la que El Cid se enfrentó y dio muerte al conde Lozano para vengar a su padre.

En el año 1503, Gonzalo de Bricio, por mandato de la Reina Isabel La Católica, realiza un inventario de las armas que se hallaban en el Alcázar de Segovia, y entre las que se describe «La Tizona».

Entre los años 1560 y 1621, Fray Prudencio de Sandoval en su crónica de los Reyes de Castilla y León, menciona la Tizona que tienen en su mayorazgo los marqueses de Falces, y que al parecer le fue cedida por el Rey Fernando El Católico como premio a sus servicios, con la condición de llevarla a Palacio para que jurasen los Reyes de España, como así lo harán también los Falces en la transmisión del Marquesado.

Con los marqueses permanece hasta 1936, en que desaparece de su domicilio, con los documentos de otorgación y legitimación. La espada volvió a aparecer tras la Guerra Civil, en 1939, en el castillo de Figueras, desde donde fue traslada al Museo del Ejército en Madrid.

Su hoja mide 0’785 m. de largo por 0’045 m. de ancho.

Según los estudios realizados en la Universidad Complutense, la hoja es contemporánea del Cid y de gran calidad, no así la empuñadura, que parece datar de la época de los Reyes Católicos. 

Lleva inscritas dos leyendas:

IO SOI TISONA FUE FECHA EN LA ERA DE MILE QUARENTA

AVE MARIA GRATIA PLENA DOMINUS TECUM

La Tizona presidía la Sala de Armas del Museo del Ejército en una urna vertical negra acristalada, hasta que fue adquirida por la junta de Castilla y León ayudada por donaciones particulares por 1,6 millones de euros. El destino final de la misma  será la Catedral de Burgos donde están enterrados los restos del campeador.

Puedes verlo en vídeo

BABIECA

Cualquiera que haya leído el Cantar del Mío Cid recordará a «BABIECA» como un caballo posiblemente de raza andaluza y pelaje blanco criado en un convento español.

La batalla más conocida que disputaron juntos fue la última batalla que ganó Rodrigo Díaz de Vivar (1043 – 1099). Cuenta la historia que el Cid había caído pero para su ejército él era la moral de las tropas. Así que decidieron atarlo a la silla del caballo y “Babieca” galopó. De esta manera levantó sus tropas creyéndolo vivo cargaron a su lado y atemorizó a los moros que pensaron que el Cid había resurgido de la muerte para luchar contra ellos.

Tras morir Rodrigo Díaz, “Babieca” no volvió a ser montado por nadie y murió dos años más tarde a la edad de 40 años.

Sobre como se hizo Rodrigo Díaz con BABIECA hay dos teorías históricas. La primera, y probablemente cierta, dice que el caballo fue regalado al caballero por su padrino, un sacerdote llamado «Gran Pedro».

 La segunda expone que  fue regalado por la marquesa de Aguilar de Campoo al Cid, y Babieca le puso como nombre por el comentario de la Marquesa al elegir el guerrero a dicho animal entre los grandes y portentosos caballos que la Marquesa tenía en su cuadra. Pues ésta le dijo » ¿esa babieca quieres…?« pues sea.  Babieca se usaba mucho para definir algo que se creia flojo o inferior.

BABIECA se convirtió sin embargo en un noble, obediente, ágil y generoso corcel en el campo de batalla; lo que le convirtió en una auténtica máquina de guerrear, y pasó indefectiblemente ya a la historia con la de su jinete. 

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